Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

jueves, 22 de agosto de 2019

EL CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Era aquel Corazón el centro y el foco de la vida de la Santísima Virgen; todos sus latidos y pulsaciones, todos sus más mínimos movimientos, participaron de los méritos incalculables que en cada instante de su vida, mereció María

Excelencia de esta devoción.- Penetremos más en particular en los motivos que deben movernos a tener esta devoción tierna y encendida al Purísimo Corazón de la Santísima Virgen y sea el primero lo excelente que es en sí misma es devoción preciosa. En cuanto a su objeto material, ¡el Corazón mismo de la Virgen!, salta a la vista cuán digno es de Ella; es el instrumento del que se valió el Espíritu Santo principalmente para la obra de la Encarnación. De aquel Purísimo e Inmaculado Corazón, brotó la Sangre Preciosísima de la que se formó el Cuerpo Sacrosanto y hasta ¡el mismo Corazón Sacratísimo de Cristo! De allí tomó el Señor aquella Sangre que había de ofrecer en la Cruz por la salvación de la humanidad.

Era aquel Corazón el centro y el foco de la vida de la Santísima Virgen; todos sus latidos y pulsaciones, todos sus más mínimos movimientos, participaron de los méritos incalculables que en cada instante de su vida, mereció María. Recorre los pasos principales de esta vida y contempla a la vez al Corazón de la Virgen acusando todas sus impresiones. ¡Cómo se estremecería en la Anunciación cuando lanzó la sangre a colorear aquellas mejillas que se turbaron ente la presencia del Ángel y al escuchar sus palabras! ¡Qué emoción en la Nochebuena, cuando contempló el rostro de Jesús por primera vez! ¡Qué encogimiento y ahogo en los sobresaltos de la huida a Egipto!

Y cuando el anciano Simeón le clavó aquella espada de dolor, ¡qué latidos tan apresurados no daría aquel Corazón! Y ¡cómo aún hubieron de acrecentarse estos latidos en la pérdida del niño y sobre todo en la Pasión y muerte de su Hijo! Es claro que no podemos concebir ningún misterio de la vida de la Virgen, sin que a la vez veamos cómo repercuten y cómo corresponden en este Corazón nuevos latidos, nuevos movimientos. ¡Ah! y ¡cuántas veces se hubiera parado y hubiera dejado de sostener a aquella preciosísima vida contraído y apretado por la fuerza de la alegría unas veces o por la violencia del dolor otras, si Dios no la hubiera sostenido y a veces hasta llegando a echar mano milagrosamente de su Omnipotencia para conservar una vida que, naturalmente, no se podía sostener! ¿No te parece que todo es más que suficiente para hacer amable y excelente a esta devoción?

Y, sin embargo, sube de punto este razonamiento, si contemplas al Corazón de la Virgen, como al órgano sensible de su amor, como al instrumento que recibía todas las impresiones de su cuerpo y de su alma para convertirlas en amor, para encenderse y abrasarse más y más en el fuego del amor. Esto sí que es difícil que lo puedas conocer, mejor será sentirlo. Penetra en Aquel abrasado Corazón y suplica a la Virgen te encienda en Él y abrase también el tuyo, que tu corazón participe, algo al menos, de aquel amor en que el Purísimo Corazón de María rebosa.  



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