Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 3 de mayo de 2017

MES DE MAYO, MES DE MARÍA (con el Santo Padre Benedicto XVI)

Santa María, Virgen humilde

“Escucha, hija, mira: olvida a tu pueblo y la casa paterna; prendado está el Rey de tu belleza; póstrate ante Él que Él es tu Señor” (Sal. 44, 11-12)

Podemos preguntarnos: ¿por qué entre todas las mujeres Dios escogió precisamente a María de Nazaret? La respuesta está oculta en el misterio insondable de la Voluntad Divina. Sin embargo, hay un motivo que el Evangelio pone de relieve: su humildad. Lo subraya bien Dante en el último canto del “Paraíso”: ”Virgen Madre, hija de tu Hijo, la más humilde y más alta de todas las criaturas, término fijo del designio eterno” (Paraíso XXXIII, 1-3). Lo dice la Virgen misma en el “Magnificat”, su cántico de alabanza: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, (…) porque ha mirado la humildad de su esclava” (S. Lc. 1, 46-48). Si Dios quedó prendado de la humildad de María, que encontró gracia a sus ojos. Así llegó a ser Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundir a toda la familia humana.

Esta “bendición” es Jesucristo. Él es la fuente de la gracia, de la que María quedó llena desde el primer instante de su existencia. Acogió con fe a Jesús y con amor lo donó al mundo. Esta es también nuestra vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a Cristo en nuestra vida y donarlo al mundo “para que el mundo se salve por Él” (S. Jn. 3 17)

De las palabras de SS Benedicto XVI en el rezo del Ángelus,
el día 8 de diciembre de 2006


Propuesta de una flor a la Virgen: Invita a alguna persona a rezar el rosario contigo.



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