Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

sábado, 27 de junio de 2020

CONOCIENDO A MARÍA

Nuestra Señora del Prado - Ciudad Real

NOTAS HISTÓRICAS ALREDEDOR DE LA IMAGEN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL PRADO, AQUÍ




HIMNO DE LA VIRGEN DEL PRADO


Santa María del Prado

Reina de Ciudad Real

A quien siempre han invocado

Tus hijos de fe filial;

¡Líbranos de todo mal!



Salve Virgen escogida,

Salve bienaventurada,

sin mancilla concebida

por los siglos preservada

Inmaculada

para ser por tu humildad

de la Santa Humanidad

custodia, templo y morada.



Siempre casta, siempre pura,

toda hermosa, toda plena

de bondad y de dulzura,

lámpara de gracia llena,

Azucena

que en tu candor mereciste

poner fin a nuestra triste

desventura condena.



Fuiste la verga y el tallo

de donde surgió la flor,

alba que no rompió el rayo

nido que abrigó el Amor

Redentor

de nuestra tierra maldita

que te proclamo bendita

lumbrera de su dolor.



Bendita entre las mujeres,

digna de inmensa alabanza,

de canto y de amor, pues eres

la salud y la esperanza

Sin tardanza

que tu hijo nuestra Luz,

en los brazos de la Cruz

nos dejara por fianza.



Hija del eterno Padre,

del Santo Espíritu Esposa,

acuérdate que eres Madre,

no sólo de Dios gloriosa

más piadosa

Madre de los pecadores

¡Oh mejor de las mejores

sin igualdad poderosa!



Muéstrate Madre, María,

por la tu virginidad

nos dejes de ser la guía

de toda la cristiandad,

Ten piedad

de nosotros en tal suerte

que nos depare la muerte

la eterna felicidad.

Historia del Himno, AQUÍ



sábado, 20 de junio de 2020

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

"Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo, prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás"

Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos. Os venero, ¡oh gran Reina! y os doy gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido. Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo, prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás. Pongo en Vos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, ¡oh Madre de Misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor a Jesucristo. Espero de Vos tener una buena muerte. Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo, para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero. Así sea.

San Alfonso María de Ligorio

A los fieles que rezaren devotamente esta oración delante de una imagen de la Virgen, se les concede:
Indulgencia de tres años.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre, si se reza esta oración, durante un mes entero, todos los días. (Pío IX, Rescr. Manu Propr., 7 sept. 1854; S. Pen. Ap., 18 mayo 1934.)



viernes, 19 de junio de 2020

CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS POR MEDIO DE NUESTRA MADRE MARÍA


¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo (N. N.), aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados, el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud, todo lo poquito bueno que yo haga o por mí ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo, quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda, no estar, a ser posible, un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que, ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.



sábado, 13 de junio de 2020

A NUESTRA MADRE MARÍA...

Vuestro nombre ¡oh Santa Madre de Dios!, contiene todas las gracias y todas las bendiciones divinas

¡Oh divina Madre de la Gracia! Por Vos ha venido hasta nosotros el Autor de todas las gracias. Vos las poseéis todas desde el principio de vuestra Inmaculada Concepción, y el Señor nos las comunica por vuestro conducto. Pero ¡ah! el pecado nos ha despojado de ellas; tened Señora misericordia de nosotros, y obtenednos todas las gracias que necesitamos. Amén.



sábado, 6 de junio de 2020

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES


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EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS

La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo: 

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»

En seguida dijo la Santísima Virgen: 

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

LA INTENCIÓN REPARADORA

Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.