Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

viernes, 31 de agosto de 2018

¡OH CORAZÓN DULCÍSIMO DE MARÍA!

"Os consagraré los Primeros Sábados de mes, comulgando fervorosamente en honor vuestro"

¡Reparación, reparación! Sí, os la quiero ofrecer siempre. ¡Os amo tanto! ¡Me duelen tan de veras la ingratitud y las continuas ofensas con que los hombres corresponden a vuestro amor!

¡Oh Corazón Dulcísimo de María!, la espada cruel que os atraviesa nos habla de la pasión y muerte de Jesús y de los pecados de los hombres que os colman de amargura; pero desde hoy yo he de consolaros. Bendecid mis resoluciones. Yo amaré siempre a Jesús, para que no se pierda en mí el fruto de su sangre...; yo os prometo morir antes que pecar, porque no quiero renovar vuestros dolores...; yo pensaré en Vos, por los que os olvidan...; os alabaré por los que os blasfeman; yo os amaré con todas las fuerzas de mi alma...

Por vuestro amor, ¡oh Corazón Inmaculado!, me apartaré de aquella ocasión..., mortificaré mis sentidos...; haré que mis ojos, mis oídos, mi lengua, mis manos..., imiten vuestros ejemplos de modestia, de caridad, de servicialidad...

¡Oh Corazón de mi Madre!, para reparar las injurias que los hombres os hacen, me impondré entre día algunos pequeños sacrificios..., os ofreceré diariamente el rezo del Santo Rosario..., os consagraré los Primeros Sábados de mes, comulgando fervorosamente en honor vuestro...



miércoles, 29 de agosto de 2018

LA HUMILDAD DE MARÍA

¡Oh María, la más humilde entre todas las criaturas! Haz humilde mi corazón

«No es difícil —dice San Bernardo— ser humildes en el silencio de una vida oscura, pero es raro y verdaderamente hermoso conservarse tales en medio de los honores» María Santísima fue ciertamente la mujer más honrada por el Señor, la más elevada las criaturas, y sin embargo, ninguna se ha rebajado y humillado tanto como ella. Se diría que parece existir una porfía entre Dios y María: cuanto más la ensalza Dios más se oculta María en su humildad. El ángel la saluda «llena de gracia» y María se «turba» (Lc 1, 28-29). Explica San Alfonso: «Se turbó porque, siendo tan humilde, aborrecía toda alabanza propia y deseaba que solo Dios fuese alabado». El ángel le revela la sublime misión que le ha confiado el altísimo y María se declara «esclava del Señor» (Ib, 38). Su mirada no se detiene ofuscada en el honor inmenso que redundará en su persona por haber sido escogida entre todas las mujeres para ser Madre del Hijo de Dios; sino que contempla extasiada el misterio infinito de un Dios que quiere encarnarse en el seno de una pobre criatura. Si Dios quiere descender a tal profundidad como es hacerse hijo suyo, ¿hasta dónde tendrá que descender y abajarse su pobre esclava? Cuanto más comprende la grandeza del misterio, la inmensidad del don más se humilla, ocultándose en su nada. Idéntica actitud sorprendemos en la Virgen cuando Isabel la saluda: «bendita -entre todas las mujeres» (Ib. 42, 18). María no se extraña al oír estas palabras porque ya es Madre de Dios, sin  embargo, queda fija y como clavada en su profunda humildad: todo lo atribuye al Señor, cuya misericordia ensalza, confesando la bondad con que «ha mirado la bajeza de su esclava» (ib. 48). Dios ha obrado en ella a cosas: lo sabe, lo reconoce, pero en lugar de gloriarse en su grandeza. Todo lo dirige profundamente a la gloria de Dios. Con razón exclama San Bernardo: «Así como ninguna criatura después del Hijo de Dios ha sido elevada a una dignidad y gracia iguales a María, del mismo modo ninguna ha descendido tanto en el abismo de la humildad». Este debe ser el efecto que deben producir en nosotros las gracias y los favores divinos: hacernos siempre más humildes, siempre más conscientes de nuestra nada.



lunes, 27 de agosto de 2018

¡OH CORAZÓN DULCÍSIMO DE MARÍA!

Gracias, Corazón bondadosísimo. Vos sois manantial de las divinas bendiciones; de Vos he recibido favores sin número. ¡Y cuántas veces, sin darme cuenta de ello!


Vos, Corazón compasivo, ¿qué habéis recibido de mí? ¡Oh!, lo sabéis Vos, y yo también lo sé, para confusión mía.

A vuestro amor y ternura he respondido con fría ingratitud. Esa espada que os atraviesa de parte a parte, ¡oh Corazón de María!, os la he clavado yo, hijo ingrato...; y no una, sino muchas veces.

Aquellas miradas..., aquellos sentimientos..., aquellas intenciones inconfesables..., aquella soberbia oculta..., aquella sensualidad..., aquel escándalo.. Que os hubiese ofendido otro menos favorecido de vuestro amor, sería tolerable; pero que os haya disgustado yo, después de pruebas tan elocuentes y repetidas de vuestro amor... ¡Oh Corazón Santísimo de María!, yo me confundo y arrepiento; yo os pagaré amor con amor..., yo arrancaré la espada cruel que os atormenta.



sábado, 25 de agosto de 2018

DE DORMITIONE MARIAE VIRGINIS y III

"El Cuerpo de la Santísima Virgen no fue en Ella, como en nosotros, ocasión de pecado, ni en él se desbordaron jamás las pasiones, ni, en fin, hubo en él, la más pequeña rebeldía contra el espíritu"


La Resurrección.- Más, la misma incorrupción era aún poco para terminar el triunfo definitivo de la Santísima Virgen. Este complemento no podía ser otro, que la nueva vida de una resurrección gloriosa, de una inmortalidad comunicada por el alma a su cuerpo para vivir una vida que fuera como la de Cristo, para nunca más morir. Si hemos dicho que María es un comienzo de Cristo y que por lo mismo no es posible separar a esta Madre de su Hijo, resulta que era natural que Cristo terminara aquel estado de violencia, por decirlo así, en que Él se encontraba con relación a María, al estar separados los dos, haciendo que resucitara cuanto antes y que de nuevo se juntaran en el Cielo, los que tan íntimamente habían vivido unidos en la tierra.

Además, el Cuerpo de la Santísima Virgen no fue en Ella, como en nosotros, ocasión de pecado, ni en él se desbordaron jamás las pasiones, ni, en fin, hubo en él, la más pequeña rebeldía contra el espíritu. ¡Qué armonía! ¡Qué conjunto tan ordenado y perfecto formaron siempre el cuerpo y el alma de María! ¡Qué obediencia! ¡Qué sumisión tan completa la de aquella carne purísima a aquel espíritu tan endiosado! Pues justo era que no estuvieran separados ahora, sino que en premio de esa sumisión, volviera Dios a unirlos para que juntos continuaran sirviendo y alabando al Señor.

Imagínate, por tanto, aquel dichosísimo instante en que por la virtud y omnipotencia de su Hijo Divino, el cuerpo de la Virgen, recibiendo de su alma una vida nueva, se levanta vivo, glorioso, triunfante del sepulcro. ¡Qué gozoso estaría aquel sacratísimo cuerpo, viéndose unido, ya inseparablemente, a aquella alma bendita! ¡Cuál sería su hermosura, si ya era tan hermosa, aun en su cuerpo, antes!

Contempla el estupor de los Apóstoles cuando de mañana, según costumbre en aquellos días, fueran a visitar el sepulcro y se encontraran tan solo con el perfume que su cuerpo allí había dejado. ¡Cómo se renovaría en ellos la impresión de la Resurrección de Cristo! ¡Cómo se alegrarían de que así hubiera resucitado a su Madre! Alégrate también tú, da otra vez la enhorabuena al Hijo y a la Madre, y pídeles de nuevo participación en aquella su unión inseparable, y eterna, prometiéndoles no apartarte jamás de Ellos, ni en las penas ni en las alegrías, ni en la lucha, ni en el triunfo.




miércoles, 22 de agosto de 2018

22 DE AGOSTO, INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA

¡Madre de Consolación, causa de nuestra alegría!

Amor con amor se paga. Y, ¿qué amor más tierno y más eficaz que el que nos tiene María? María es nuestra Madre. Esta palabra que en el transcurso de veinte siglos bastó para suscitar tantos latidos, para secar tantas lágrimas, para aliviar tantos dolores.

María es nuestra Madre, y para que nadie lo pudiese dudar en lo más mínimo, he aquí que Jesús mismo lo aseguró desde la Cruz con su propia boca, próximo a exhalar el último suspiro, o sea en el momento más solemne de su vida mortal: He ahí tu Madre.

Se la llama Madre de Misericordia, y es lo mismo que decir Madre de Consuelo. Es su título de Reina, porque Ella no quiere sino volcar sobre nuestras miserias todas las riquezas de su Corazón de Madre. La miseria es la ignorancia y el error, fuente de nuestros desvíos; la miseria es la tentación, misteriosa agonía de nuestras fuerzas espirituales; la miseria es el pecado, muerte de la gracia, envilecimiento de nuestra naturaleza y esclavitud de la libertad; la miseria es la angustia del espíritu, es la aflicción del corazón. La miseria es la privación de las cosas necesarias para la vida, el dolor y la enfermedad del cuerpo; la miseria es la persecución de los malvados. Y bien, para todas estas miserias está el remedio en el Corazón de María. Luz, fuerza, perdón, estímulo, consuelo, asistencia, protección, salud, todo podemos pedir y todo podemos esperar de nuestra Madre de los Cielos: Madre de Consolación, causa de nuestra alegría.

Beato Juan Bautista Scalabrini


sábado, 18 de agosto de 2018

DE DORMITIONE MARIAE VIRGINIS, II

¿Cómo iba a entrar la corrupción en un cuerpo de donde brotó la vida?

Incorrupción del cuerpo Inmaculado.- El triunfo de María sobre la muerte exigía la incorrupción del sepulcro. Esta gracia singular ha concedido Dios a muchos cuerpos santos, ¿podría negársela a su Madre? Con mucha razón dice el Damasceno: “¿Cómo iba a entrar la corrupción en un cuerpo de donde brotó la vida?”. María, se ha dicho, que es un Cristo comenzado, por tanto, ¿cómo iba Él, que ya estaba en el Cielo, sentado a la diestra del Padre, rodeado de la majestad de la Gloria Divina, a permitir que aquel cuerpo, que era algo suyo, fuera invadido de la corrupción del sepulcro?

Además, la corrupción del cuerpo tiene su razón de ser en el pecado; este es la semilla de aquella. Por consiguiente, María concebida sin pecado original, preservada de toda mancha, y hasta de la sombra del pecado, tuvo que carecer de la más mínima corrupción y, sobre todo, ¿cómo podía unirse la Pureza Virginal de aquel cuerpo Inmaculado, con esa sucia y asquerosa corrupción? ¿No merecía un premio especialísimo, aun aquí en la tierra, aquel cuerpo que fue el primero en consagrarse a Dios con el voto de virginidad? El Arca del Antiguo Testamento fue fabricada en madera incorruptible y aquello fue solo una figura. La realidad es el alma y el cuerpo incorruptible de María, Arca verdadera del Nuevo Testamento. Suplica a la Virgen te dé a participar de esa incorruptibilidad del pecado, que es la que a ti más te importa.  



miércoles, 15 de agosto de 2018

DE DORMITIONE MARIAE VIRGINIS

Mira los Apóstoles y a todos los allí presentes, besar reverentes aquellas manos y aquellos pies y despidiéndose de aquellos sagrados despojos


Sepultura.- El triunfo de María no había terminado con su santísima y envidiable muerte. Semejante a su Hijo en todo, también debía de serlo en la gloria de su sepulcro y en el triunfo de su Resurrección. El hombre, al morir, cae vencido por el poder inexorable de la muerte, que le lleva a corromperse y a deshacerse en un sepulcro. Por eso es tan frío, tan triste, tan humillante para nosotros el sepulcro. Pero no fue así para María; su sepulcro no tuvo nada de repugnante y repulsivo. Si es muy  corriente ante el cadáver de una persona que ha muerto en olor de santidad, sentir gusto y cierto atractivo, ¿qué no ocurriría ante aquel cuerpo muerto, sí, pero siempre Virgen e Inmaculado de María?

Represéntate como mejor puedas la escena que se desarrollaría en el entierro de la Virgen. ¡Qué pena y qué desconsuelo para todos al ver cerrados aquellos dulcísimos ojos, enmudecidos aquellos labios que tantas palabras de consuelo pronunciaron, inmóviles aquellas virgíneas manos que tantas bendiciones y gracias habían repartido y a la vez qué consuelo, qué satisfacción, qué gusto recibirían todos ante la placidez y el brillo sobrenatural de aquel cadáver, con el perfume que exhalaba, con el aroma que despedía y todo lo embalsamaba!

Mira los Apóstoles y a todos los allí presentes, besar reverentes aquellas manos y aquellos pies y despidiéndose de aquellos sagrados despojos, acompañarla al lugar de su sepultura, encender antorchas, quemar perfumes, esparcir flores, mientras los Ángeles dejan oír sus celestiales cánticos, no de luto, ni de llanto, sino de gloria triunfal. Y así colocada como su Hijo, en un sepulcro nuevo, la dejaron los Apóstoles, quedando como guardianes del mismo, los Ángeles del Cielo. Quédate tú también a acompañar el Santo Cuerpo y formar parte de los Coros de los Ángeles para cantar con ellos, las alabanzas de tu Madre, Pídele que también, con los Ángeles, las puedas contar un día en el Cielo.



sábado, 11 de agosto de 2018

CONFIANZA EN NUESTRA MADRE MARÍA

¡Dulcísima María!, es inconveniente que yo, polvo y ceniza, mejor dicho más vil que el polvo por ser pecador y muy propenso a toda perversidad, me atreva a detenerme para considerar tu belleza y tu magnificencia


¿Qué te pasa, hijo? , ¿Quién quiere hacerte daño? No temas; yo me haré cargo de eso. Para el caso, cuenta conmigo y con mi Hijo, tu hermano, quien está a la derecha del Padre y es fiel mediador e intercesor por tus pecados. Debes tener total confianza en Él, porque es Él quien da la vida, es Él quien vence a la muerte. Habiendo asumido carne de mí en el tiempo, engendrado por el Padre desde la eternidad, ha sido enviado para la salvación de todo el mundo. De Él proceden la esperanza y el consuelo, la fe y la victoria. Por eso, acuérdate siempre de Jesús y de María, y no sentirás miedo de ningún enemigo.


Yo soy la Madre del noble amor, del casto y santo temor, del piadoso alivio y del suavísimo consuelo. Por lo cual, al oír mi nombre, regocíjate de todo corazón. Inclínate con respeto y salúdame con alegría, porque al honrar a la Madre honras también al Hijo, que tiene a Dios por Padre. Yo soy María, la Madre de Jesús, y este será por siempre mi nombre. ¿Y quién es Jesús? Es el Cristo, el Hijo del Dios vivo, el Salvador del mundo, el Rey del cielo y de la tierra, el Señor de los ángeles y el Redentor de los fieles, el Juez de vivos y muertos.

De la "Imitación de María",
del Beato Tomás de Kempis





miércoles, 8 de agosto de 2018

¡OH CORAZÓN DULCÍSIMO DE MARÍA!

Y Vos, Corazón compasivo, ¿qué habéis recibido de mí? ¡Oh!, lo sabéis Vos, y yo también lo sé, para confusión mía

Corazón Inmaculado de María, Madre nuestra; acordaos que Jesús, pendiente de la Cruz, os constituyó Madre de los hombres y nos puso bajo vuestro cuidado. Mostrad ser nuestra Madre.

Cuando Jesús me redimía en el Calvario, allí estabais Vos, juntando vuestra compasión a sus dolores, y vuestras lágrimas al torrente de su sangre redentora.


miércoles, 1 de agosto de 2018

¡OH CORAZÓN DULCÍSIMO DE MARÍA!

Gracias, Corazón bondadosísimo. Vos sois manantial de las divinas bendiciones; de Vos he recibido favores sin número. ¡Y cuántas veces, sin darme cuenta de ello!


Corazón Inmaculado de María, Madre de Dios, os venero y bendigo por esta excelsa prerrogativa, que os ensalza sobre todos los hombres y ángeles. Por ella os pido que os compadezcáis de mí en mis necesidades.