Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

sábado, 23 de marzo de 2019

A LOS NIÑOS

Así pues, que sabios e ignorantes, justos y pecadores, grandes y pequeños, alaben y saluden noche y día a Jesús y María con el Santo Rosario


A ustedes, queridos niños, les ofrezco un hermoso capullo de rosas: el granito de su Rosario, que les parece tan insignificante. Pero... ¡Oh! ¡Qué grano tan precioso! ¡Qué capullo tan admirable! y ¡cómo se desarrollará, si recitan devotamente el Avemaría! Quizás sea mucho pedirles que recen un Rosario todos los días. Recen, por lo menos, una tercera parte, con devoción. Será una linda diadema de rosas que colocarán en las sienes de Jesús y de María. ¡Créanmelo! Escuchen ahora y recuerden esta hermosa historia.

Dos niñitas, hermanas, estaban a la puerta de su casa recitando el Rosario devotamente. Se les aparece una hermosa Señora, que acercándose a la más pequeña -de sólo seis años- la toma de la mano y se la lleva. La hermana mayor, llena de turbación, la busca y no habiendo podido hallarla, vuelve a casa llorando y diciendo que se habían llevado a su hermana. El padre y la madre la buscan inútilmente durante tres días. Pasado este tiempo, la encuentran en la casa con el rostro alegre y gozoso. Le preguntan de dónde viene. Ella responde que la Señora a quien rezaba el Rosario la había llevado a un lugar hermoso, y le había dado a comer cosas muy buenas y había colocado en sus brazos un bellísimo Niño a quien había cubierto de besos. El padre y la madre, recién convertidos a la fe, llaman al padre Jesuita que les había instruido en ella y en la devoción del Rosario, y le relatan lo que había pasado. El mismo nos lo contó. Ocurrió en el Paraguay

Imiten, queridos niños, a estas fervorosas niñas. Recen todos los días la tercera parte del Rosario y merecerán ver a Jesús y a María, si no durante esta vida, sí después de la muerte durante la eternidad. Amén.


Del “Secreto Admirable del Santo Rosario”,
de San Luis María Grignión de Montfort





sábado, 16 de marzo de 2019

A TI MADRE SANTÍSIMA DE LOS DOLORES

¡Oh Virgen la más dolorosa del mundo después de tu Hijo!, a cuyos dolores estuviste perpetuamente asociada: te ruego que me alcances fortaleza para sufrir por mis pecados


¡Oh Virgen Dolorosa!, siendo Tú árbol florido y fructuoso, fuiste tan afligida, y yo árbol seco e inútil, quiero vivir regalado y soy impaciente de toda molestia y adversidad. Te ruego me concedas espíritu de penitencia, humildad y mortificación cristiana para imitarte a Ti y a tu amado Hijo, crucificado por mí… Salve Regína