Flos Carmeli vitis florigera, splendor coeli, Virgo puerpera, singularis. Mater mitis, sed viri nescia, Carmelitis esto propitia, Stella maris

jueves, 2 de julio de 2020

2 DE JULIO, VISITACIÓN DE NUESTRA MADRE A SU PRIMA SANTA ISABEL


HOMILÍA DE SAN AMBROSIO, OBISPO

Consideremos que el superior se dirige al inferior para serle útil: María a Isabel; Jesucristo a Juan. De un modo semejante, el Señor acudirá más tarde al bautismo de Juan para santificar este bautismo. Consideremos también que los beneficios de la venida de María y de la divina presencia no tardan en manifestarse. Procuremos discernir todas estas cosas y aquilatar el significado propio de cada palabra. Isabel, conforme al orden de la naturaleza, fue la primera en oír la voz; mas Juan, conforme a la economía del misterio, fue el primero en recibir la gracia. Isabel sintió la proximidad de María; Juan, la del Señor. Isabel y María hablan de la gracia; sus respectivos hijos la producen en el interior de ambas; efecto de una piedad filial que se anuncia por los beneficios que ambos procuran a sus madres; un doble misterio hace que las dos profeticen bajo la inspiración de sus respectivos hijos. Juan se sintió lleno de gozo; Isabel, del Espíritu Santo; esta plenitud no fue otorgada primeramente a la madre, sino al hijo para que inmediatamente se la comunicara a ella.

“¿De dónde me viene que la madre de mi Señor se digne visitarme?” Lo cual significa: ¡Qué bien tan grande es para mí la visita de la Madre de mi Señor! Yo veo el milagro y me explico el misterio: la que aquí es llamada Madre del Señor ha concebido al Verbo, está llena de la divinidad. “María permaneció tres meses con Isabel, después de los cuales regresó a su casa”. Con muy buen acuerdo el Evangelista nos presenta a la Virgen Santísima cumpliendo un deber de caridad, y fijando la duración de su permanencia conforme a un número consagrado. En efecto, ella no permaneció durante este tiempo cerca de Isabel con el único objeto de gozar de su intimidad: hízolo además en provecho de aquel gran Profeta; porque si ya en el primer momento se produjo un efecto tan maravilloso de la gracia, a saber, al saltar Juan de gozo en el seno de su madre y el quedar ésta llena del Espíritu Santo, ¡cuántas nuevas gracias les obtendría la presencia de María durante todo el tiempo de su visita! Así fue como recibió el Precursor la unción del Espíritu Santo, y se ejercitó desde el seno materno como un atleta esforzado. Así fue como se preparó su vigor para los más rudos combates.

Del Oficio de Maitines,
del “Breviario Romano”
(Gubianas-1940)



miércoles, 1 de julio de 2020

EL ESCAPULARIO DE NUESTRA MADRE DEL CARMEN Y LOS SANTOS


El mismo día que San Simón Stock recibió de María el escapulario y la promesa, él fue llamado a asistir a un moribundo que estaba desesperado. Cuando llegó puso el escapulario sobre el hombre, pidiéndole a la Virgen que mantuviera la promesa que le acababa de hacer. Inmediatamente el hombre se arrepintió, se confesó y murió en gracia de Dios.

San Alfonso Ligorio y San Juan Bosco tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y usaban el escapulario. Cuando murieron los enterraron con sus vestiduras sacerdotales y con su escapulario. Muchos años después cuando abrieron sus tumbas encontraron que sus cuerpos y todas las vestimentas estaban hechas polvo, sin embargo sus escapularios estaban intactos. El escapulario de San Alfonso está en exhibición en su Monasterio en Roma. San Alfonso Ligorio nos dice: "Herejes modernos se burlan del uso del Escapulario. Lo desacreditan como una insignificancia vana y absurda."

San Pedro Claver, se hizo esclavo de los esclavos por amor. Cada mes llegaba a Cartagena, Colombia, un barco con esclavos. San Pedro se esforzaba por la salvación de cada uno. Organizaba catequistas, los preparaba para el bautismo y los investía con el escapulario. Algunos clérigos acusaron al santo de celo indiscreto. Sin embargo él continuó su obra hasta tener más de 300.000 conversos.

San Claudio de Colombiere, (director de St. Margarita María), "Yo quería saber si María en realidad se había interesado en mí, y en el escapulario Ella me ha dado la seguridad más palpable. Sólo necesito abrir mis ojos, Ella ha otorgado su protección a este escapulario: -Quien muera vestido en él no sufrirá el fuego eterno-" Dijo también: "Debido a que todas las formas de amar a la Santísima Virgen y las diversas maneras de expresar ese amor no pueden ser igualmente agradables a ella y por consiguiente no nos ayudan en el mismo grado para alcanzar el cielo, lo digo sin vacilar ni un momento, ¡El Escapulario Carmelita es su predilecto!", y agrega, "Ninguna devoción ha sido confirmada con mayor número de milagros auténticos que el Escapulario Carmelita"



sábado, 27 de junio de 2020

CONOCIENDO A MARÍA

Nuestra Señora del Prado - Ciudad Real

NOTAS HISTÓRICAS ALREDEDOR DE LA IMAGEN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL PRADO, AQUÍ




HIMNO DE LA VIRGEN DEL PRADO


Santa María del Prado

Reina de Ciudad Real

A quien siempre han invocado

Tus hijos de fe filial;

¡Líbranos de todo mal!



Salve Virgen escogida,

Salve bienaventurada,

sin mancilla concebida

por los siglos preservada

Inmaculada

para ser por tu humildad

de la Santa Humanidad

custodia, templo y morada.



Siempre casta, siempre pura,

toda hermosa, toda plena

de bondad y de dulzura,

lámpara de gracia llena,

Azucena

que en tu candor mereciste

poner fin a nuestra triste

desventura condena.



Fuiste la verga y el tallo

de donde surgió la flor,

alba que no rompió el rayo

nido que abrigó el Amor

Redentor

de nuestra tierra maldita

que te proclamo bendita

lumbrera de su dolor.



Bendita entre las mujeres,

digna de inmensa alabanza,

de canto y de amor, pues eres

la salud y la esperanza

Sin tardanza

que tu hijo nuestra Luz,

en los brazos de la Cruz

nos dejara por fianza.



Hija del eterno Padre,

del Santo Espíritu Esposa,

acuérdate que eres Madre,

no sólo de Dios gloriosa

más piadosa

Madre de los pecadores

¡Oh mejor de las mejores

sin igualdad poderosa!



Muéstrate Madre, María,

por la tu virginidad

nos dejes de ser la guía

de toda la cristiandad,

Ten piedad

de nosotros en tal suerte

que nos depare la muerte

la eterna felicidad.

Historia del Himno, AQUÍ



sábado, 20 de junio de 2020

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

"Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo, prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás"

Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos. Os venero, ¡oh gran Reina! y os doy gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido. Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo, prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás. Pongo en Vos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, ¡oh Madre de Misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor a Jesucristo. Espero de Vos tener una buena muerte. Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo, para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero. Así sea.

San Alfonso María de Ligorio

A los fieles que rezaren devotamente esta oración delante de una imagen de la Virgen, se les concede:
Indulgencia de tres años.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre, si se reza esta oración, durante un mes entero, todos los días. (Pío IX, Rescr. Manu Propr., 7 sept. 1854; S. Pen. Ap., 18 mayo 1934.)



viernes, 19 de junio de 2020

CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS POR MEDIO DE NUESTRA MADRE MARÍA


¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo (N. N.), aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados, el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud, todo lo poquito bueno que yo haga o por mí ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo, quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda, no estar, a ser posible, un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que, ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.



sábado, 13 de junio de 2020

A NUESTRA MADRE MARÍA...

Vuestro nombre ¡oh Santa Madre de Dios!, contiene todas las gracias y todas las bendiciones divinas

¡Oh divina Madre de la Gracia! Por Vos ha venido hasta nosotros el Autor de todas las gracias. Vos las poseéis todas desde el principio de vuestra Inmaculada Concepción, y el Señor nos las comunica por vuestro conducto. Pero ¡ah! el pecado nos ha despojado de ellas; tened Señora misericordia de nosotros, y obtenednos todas las gracias que necesitamos. Amén.



sábado, 6 de junio de 2020

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES


Para más información, pinchar AQUÍ y AQUÍ




EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS

La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo: 

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»

En seguida dijo la Santísima Virgen: 

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

LA INTENCIÓN REPARADORA

Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.








domingo, 31 de mayo de 2020

MES DE MAYO, MES DE MARÍA / SANTA MARÍA REINA


María, Sancta María, Santa María.- Sólo Dios puede reivindicar el atributo de la santidad, por lo cual cantamos: Tu solus sanctus, “Sólo tú eres santo”. Entendemos por santidad la ausencia de todo lo que mancha, empaña y degrada a una naturaleza racional, todo lo que es más contrario y más opuesto al pecado y a la falta.

Decimos que sólo Dios es santo, pues en verdad todos sus atributos infinitamente elevados son poseídos por Él con aquella plenitud, que hace que podamos decir con verdad que sólo Él los posee. Así, en cuanto a la bondad, el mismo Señor dijo a un joven: “Nadie es bueno sino Dios”. De la misma manera, sólo Dios es Poder, sólo Él es Sabiduría, sólo Él es Providencia, Amor, Misericordia, Justicia, Verdad. Pero la santidad queda aparte, como su prerrogativa especial, porque, no sólo señala más que los otros atributos su superioridad sobre todas las criaturas, sino también afirma su distinción con respecto a ellas. Por eso esto leemos en el libro de Job: “¿Puede el hombre ser justificado, si se compara con Dios, y puede parecer puro el nacido de mujer? He aquí que la misma luna no brilla, ni las estrellas son ya puras ante sus ojos” “He aquí que entre sus santos ninguno es inmutable y los cielos no son puros en su presencia”

Esto es lo que debemos aceptar y entender en primer lugar. Mas en seguida sabemos también que Dios, en su misericordia, ha comunicado sus grandes atributos, en diferentes medidas, a sus criaturas racionales; y, ante todo, por ser el más necesario, el de la santidad. Así Adán, desde el momento de su creación, estuvo dotado, aparte de otras cosas y por encima de su naturaleza humana de la gracia de Dios, habiéndole sido dada esta gracia para unirlo con su Creador y hacerlo santo. Por esta razón la gracia se llama la santa gracia; por ser santa, forma el lazo que une al hombre con Dios. Adán, en el paraíso terrenal, podía poseer la inteligencia, otros talentos y muchas virtudes, pero estos dones no lo unían con su Creador. Era la santidad lo que lo unía con Él, porque, como dice San Pablo: “Sin la santidad ningún hombre verá a Dios” Después que el hombre perdió esta santa gracia, todavía continuó poseyendo muchos dones de Dios; pudo aún ser veraz, misericordioso, amante y justo; pero estas virtudes no lo unían con Dios: le faltaba la santidad; por lo cual el primer acto de la bondad de Dios para con nosotros es, según el Evangelio, librarnos, por el sacramento del Bautismo de esta condición de extraños a la santidad, y, por la gracia que entonces se nos da, abrir de nuevo las comunicaciones, durante tanto tiempo cerradas, entre el alma y el cielo.

Por aquí vemos el alcance del título que damos a nuestra Señora, cuando la llamamos Santa María. Cuando Dios quiso preparar una madre humana para su Hijo, la hizo Inmaculada en su Concepción. No comenzó, pues, concediéndole el don del amor, de la verdad, de la dulzura o de la devoción; poseía ya estos dones como consecuencia de su privilegio. Inauguró su grandiosa obra, aun antes de que Ella hubiera nacido, antes de que pudiera pensar, hablar, obrar, haciéndola santa, y, por lo mismo, aunque hija de la tierra, dándole derecho de ciudadanía en el cielo. Tota pulchra es María! Nada de la deformidad del pecado tuvo jamás parte en Ella. Difiere, por esto, de todos los santos. Ha habido grandes misioneros, confesores, obispos, doctores y pastores en la Iglesia. Han realizado grandes obras y han llevado en pos de sí al cielo innumerables penitentes y una inmensa cosecha de almas; han sufrido mucho y han ganado sobreabundantes méritos. Pero María se parece de tal suerte a Jesús, que poniendo la santidad de su divino Hijo aparte de todas las criaturas, también la plenitud de la gracia que hay en Ella, la pone aparte de todos los ángeles y santos.

John Henry, Cardenal, Newman




LA REALEZA DE MARÍA


Esta fiesta de la Santísima Virgen, establecida por el Papa Pío XII el primero de noviembre de 1954, aniversario de la proclamación del Dogma de la Asunción, pone de manifiesto uno de los títulos más gloriosos de la Madre de Dios. Todos los siglos de la era cristiana han desfilado ante el Trono de la Reina del Universo, y en un “crescendo” continuo, cada vez más entusiasta, la han reconocido y saludado como a su Soberana, María es Reina de los Ángeles y de los hombres, porque aventaja en perfección y en dignidad a todos los seres criados. Y, como Reina, ejerce sus funciones desde el Cielo. Aun cuando nosotros no nos acordemos de Ella ni le rindamos pleitesía y vasallaje, no por eso deja de prodigarnos sus favores, de interceder por nosotros y de alcanzarnos las gracias que necesitamos para servir a su Hijo con lealtad y honrarle a Él en Ella. 



sábado, 30 de mayo de 2020

MES DE MAYO, MES DE MARÍA


María, Virgo Veneranda, Virgen digna de veneración.- Nos servimos generalmente de la palabra venerable, para calificar lo que es viejo. Por esta causa, sólo la vejez posee comúnmente aquellas cualidades que mueven a reverencia y veneración.

Un gran rasgo histórico, un carácter noble, la madurez en la virtud, la bondad, la experiencia, mueven a respeto, y estas cualidades no pertenecen ordinariamente a la juventud.

Mas esto deja de ser verdad cuando consideramos a los santos. Para ellos una vida breve es una larga vida. He aquí lo que dice la Sagrada Escritura: “La vejez venerable no es la del tiempo, y no se cuenta por el número de años, sino que la prudencia del hombre suple por las canas, y es edad anciana la vida inmaculada. Si el justo es arrebatado por una muerte prematura, vivirá en el reposo. Con lo poco que vivió, llenó la carrera de una larga vida”  (Del Libro de la Sabiduría)

Un escritor pagano, que nada sabía de los santos, dice que se debe un gran respeto a los niños, porque todavía son inocentes. Este sentimiento aparece difundido y expresado en todos los países, de tal manera que ha ocurrido, a veces, que la vista de los que no han pecado (es decir de los que por falta de edad suficiente todavía no han podido caer en el pecado mortal) y aun el solo encanto del sonreír de su inocencia, han sido bastantes para turbar a hombres miserables, que se disponían a cometer algún crimen, y para detenerles, por un temor saludable, que les ha conducido, sino al arrepentimiento, a lo menos a la renuncia de sus culpables designios.

Y, pasando de nuestra bajeza al Altísimo, ¿qué diremos del Eterno Padre, sino que precisamente porque es eterno, es siempre joven, sin comienzos, y, por esta causa, sin mudanza, y que, en la perfección y en la plenitud de sus atributos incomprensibles, es ahora exactamente el que era hace un millón de años? Con verdad se llama en la Escritura “Anciano de días”, y por esto mismo es infinitamente venerable. Luego para ser venerable no tiene necesidad alguna de la edad, ni nada posee de aquellos atributos humanos y de aquellos títulos materiales que los escritores sagrados le prestan de una manera figurada, para hacernos sentir en su presencia aquel profundo abatimiento y aquel respetuoso temor, que su sola idea debería siempre inspirarnos.

 Lo mismo se diga de la Madre de Dios, en la medida que una criatura puede ser semejante al Creador. Su inefable pureza y su entera inmunidad de la sombra del más leve pecado, su Inmaculada Concepción, su Virginidad Perpetua, todas sus prerrogativas, (a pesar de su extremada juventud en el momento en que Gabriel le fue enviado), son de tal naturaleza, que han de hacernos exclamar, con una mezcla de alegría y de temor, empleando las palabras proféticas de la Escritura: “¡Tú eres la gloria de Jerusalén y el gozo de Israel! ¡Tú eres el honor de nuestro pueblo! Por esto, la mano del Señor te ha robustecido, y eres bendita para siempre” (Del Libro de Judith)

John Henry, Cardenal, Newman



miércoles, 27 de mayo de 2020

MES DE MAYO, MES DE MARÍA


María, Rosa mystica, Rosa Mística.- ¿Cómo llegó a ser María Rosa mystica, la flor escogida, la flor delicada y perfecta de la creación? Fue al nacer, al ser alimentada y protegida en el jardín místico o paraíso de Dios. La Escritura emplea la figura de un jardín, siempre que quiere hablar del cielo y de sus bienaventurados habitantes. Un jardín es un terreno cultivado, reservado para las plantas y los árboles bienhechores y variados, para los frutos agradables al gusto y para las flores perfumadas, cosas todas éstas o hermosas a la vista o útiles como alimento. Por consiguiente, en sentido espiritual, hay que entender por jardín la morada de los espíritus bienaventurados y de aquellas almas santas, que viven en comunidad, almas que llevan a la vez las flores y los frutos, que han producido por la providencia de Dios, flores y frutos de gracias, flores más bellas y más perfumadas que las de jardín alguno, frutos más exquisitos y más deliciosos de cuantos pueden madurar por el cultivo de la tierra.

Todo lo que Dios ha hecho habla de su Creador; las montañas hablan de su eternidad, el sol y los vientos de su omnipotencia y de su inmensidad. Asimismo, las flores y los frutos hablan de su santidad, de su amor y de su providencia; y si tales son las flores y los frutos, tal debe ser el lugar donde se encuentran. Un jardín también ha de tener sus propias excelencias que nos hablen de Dios. No sería natural encontrar hermosas flores en las desnudas rocas y frutos sabrosos en los desiertos. Puesto que, en sentido místico, los frutos y las flores significan las gracias y los dones del Espíritu Santo, hay que entender místicamente por jardín un lugar de reposo espiritual, de tranquilidad, de paz, de refrigerio y de deliciosos encantos.

Así, nuestros primeros padres fueron colocados en un “jardín de delicias”, a la sombra de árboles “agradables a la vista, que producían frutos sabrosos al paladar”; el Árbol de la Vida estaba en medio de este jardín, y un río lo regaba. Nuestro Señor, hablando de lo alto de la Cruz al ladrón arrepentido, llama “paraíso” al lugar bendito, al cielo, adonde le conducirá. Por esta causa, también San Juan, en el Apocalipsis, habla del cielo, del palacio de Dios, como de un jardín o paraíso, en el cual el Árbol de la Vida da sus frutos todos los meses.

Tal fue el jardín en el cual la Rosa Mística, la Inmaculada María, habitó y fue criada para llegar a ser Madre del Dios de toda santidad, desde su nacimiento hasta sus desposorios con San José, es decir, hasta los trece años. Pasó tres de estos años en brazos de su madre, Santa Ana, y después pasó los otros diez en el Templo de Dios. En estos benditos jardines, si así puede decirse, vivió sola, visitada continuamente por la gracia de Dios, y creciendo de día en día como una flor celestial, hasta que quedó convertida en morada perfecta, digna de recibir al Santo de los Santos. Fue éste el resultado de la Inmaculada Concepción. A excepción de Ella, las más hermosas rosas del Paraíso han sido marchitas y han estado expuestas a los asaltos de los insectos; todas menos María. Ella fue, desde el principio, perfecta en su suave hermosura, y cuando el ángel Gabriel la visitó, la encontró “llena de gracia”, de aquella gracia, que por el santo uso que hizo, se acumuló y creció en Ella desde el primer momento de su existencia.

John Henry, Cardenal, Newman



lunes, 25 de mayo de 2020

MES DE MAYO, MES DE MARÍA


María, Mater amabilis, Madre amable.- ¿Por qué María es tan especialmente Amabilis? Porque no tiene pecado. El pecado, por su propia naturaleza, es una cosa odiosa; la gracia, en cambio, es una cosa bella y atractiva.

Sin embargo, podría objetarse que le ausencia del pecado no fue suficiente para hacer que María fuese amada durante su vida natural, y esto por dos razones: primeramente, porque no podemos amar a quien sea del todo diferente de nosotros; ahora bien, nosotros somos pecadores; en segundo lugar, porque la santidad no podía bastar para hacerla atractiva y agradable, pues santas personas, con quienes nos encontramos en las relaciones de la vida ordinaria, no siempre son agradables, y, con frecuencia, no podemos amarlas gustosamente, aunque sintamos por ellas admiración y respeto.

En cuanto a la primera de estas dos cuestiones, concedemos que los malos no aman, no pueden amar a los buenos; pero nuestra Bienaventurada Virgen es llamada Amabilis o Amable, por ser tal para los hijos de la Iglesia, y no para los de fuera, que no la conocen; y no hay ningún hijo de la Santa Iglesia, en cuya alma no quede algún vestigio de la gracia de Dios, la cual hace que entre Él y María subsista cierta semejanza, por remota que sea capaz de hacer posible que la ame. Podemos, pues dejar esta objeción. Mas, en cuanto a la segunda, ¿cómo podemos estar seguros de que Nuestra Señora, durante su vida en la tierra, atraía hacia sí los corazones de los que la rodeaban y de que era amada simplemente porque era Santa? Esto puede ser una dificultad, si se considera que, a veces, las personas más santas, no tienen el don de ganarse las simpatías naturales. Para explicar este punto, debemos recordar que es muy grande la diferencia entre el estado de un alma como la de la Bienaventurada Virgen María, que nunca tuvo pecado, y el de otra alma, por santa que sea, que haya estado un solo día bajo el peso del pecado de Adán; porque, aun después del bautismo y del arrepentimiento, esta alma padece necesariamente las heridas espirituales, que son la consecuencia de este pecado. Los santos nunca cometen pecado mortal; más aún, los hay que no han cometido un solo pecado mortal en todo el decurso de su vida. Pero la santidad de María fue mucho más lejos. Jamás cometió un solo pecado venial; y no sabemos que, excepto Ella, haya nadie gozado de tan especial privilegio.

Luego toda falta de amabilidad, de dulzura y de atractivo, que existe realmente en los santos, procede de los restos del pecado que subsiste en ellos, o también de la falta de una santidad suficientemente poderosa para dominar las imperfecciones de la naturaleza, ya en el alma, ya en el cuerpo. Mas, en cuanto a María, su santidad era tal, que, si se nos hubiese concedido el verla u oírla, a quienes nos hubiesen preguntado acerca del particular, no les hubiéramos podido responder otra cosa sino que era toda angélica, celestial y perfecta.

Su rostro era naturalmente el más hermoso que verse pudiera; pero, aunque lo hubiéremos visto, no podríamos recordar si lo era o no, y, tampoco, ninguno de sus rasgos, porque era su hermosa alma sin mácula la que miraba por sus ojos, hablaba por su boca, era oída en su voz y la penetraba toda entera; ya caminase, ya estuviese inmóvil, ya estuviese triste, ya sonriese, era su alma sin mácula la que atraía hacia Ella a todos aquellos que poseían algún grado de gracia y algún amor a las cosas santas. Había en todo lo que hacía y decía, en su fisonomía, en su aire, en su continente, una divina harmonía, que encantaba a cuantos podían acercársele. Su inocencia, su modestia, su humildad, su simplicidad, su sinceridad, su rectitud, su olvido de sí misma, su interés natural por todos aquellos a quienes encontraba durante su vida, su pureza, he aquí las virtudes que la hacían tan amable; y si se nos permitiese verla ahora, ni nuestro primero, ni nuestro segundo pensamiento se referirían a su intercesión por nosotros ante su Hijo (aunque esta intercesión nos sea tan útil), sino que nuestra primera impresión sería ésta: “¡Oh! ¡qué hermosa es!”, y la siguiente: “¡Qué odiosas y feas criaturas somos nosotros!”  

John Henry, Cardenal, Newman



sábado, 16 de mayo de 2020

MES DE MAYO, MES DE MARÍA


María, Domus aurea, Casa de oro.- ¿Por qué es comparada a una casa? ¿Por qué es llamada de oro? El oro es el más hermoso de todos los metales, el que tiene más valor. La plata, el cobre y el acero pueden ser bellos y brillantes a los ojos, pero el oro les aventaja en riqueza y esplendor. Tenemos pocas ocasiones de ver el oro en cantidad considerable; pero quien haya visto reunido un gran número de piezas de orfebrería, conoce el aspecto magnífico del oro. Por esta causa, en la Escritura, la Cuidad Santa es llamada de oro, en lenguaje figurado. “La Ciudad Santa, dice San Juan, era de oro puro, como cristal transparente” Quiere, sin duda, darnos una idea de la admirable hermosura del cielo, comparándola con la más bella de todas las substancias que vemos en la tierra.

Por eso, también María se llama de oro, porque sus gracias, sus virtudes, su inocencia, su pureza, tienen un brillo tan transcendental y una perfección tan deslumbradora, y son, por otra parte, tan exquisitas y tan raras, que los Ángeles no pueden, por decirlo así, apartar de Ella sus miradas, como nosotros no podríamos tampoco dejar de contemplarla indefinidamente una admirable obra hecha de oro purísimo.

Pero observad, además, que es una casa de oro, o mejor dicho, un palacio de oro. Imaginemos que contemplamos una gran iglesia o un palacio entero, hechos únicamente de oro, desde los cimientos hasta el techo; tal es María, en cuanto al número, a la variedad y a la extensión de sus excelencias espirituales.

Mas, ¿por qué es llamada casa o palacio? ¿De quién es palacio? Es del Gran Rey, del mismo Dios, igual al Padre, habita en Ella. Fue su huésped, y más que su huésped, porque un huésped va a una casa y después se marcha de ella. Mas Nuestro Señor nació realmente en esta Santa Casa. Tomo en ella su carne y su sangre de la carne y de las venas de María. Era, pues, justo que esta casa fuese hecha de oro, porque había de dar parte de este oro para formar el Cuerpo del Hijo de Dios. Fue de oro en su Concepción y de oro en su nacimiento. Pasó por el fuego del sufrimiento como el oro por el crisol, y, cuando subió a los cielos, fue, como lo dice nuestro himno, “elevada sobre todos los Ángeles en una gloria infinita, y colocada junto al Rey, ataviada con vestiduras de oro”

John Henry, Cardenal, Newman