“Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra” (Nuestra Madre en Fátima)

jueves, 1 de octubre de 2020

EL AVEMARÍA

 

¿Te debates en la miseria del pecado? Invoca a la excelsa María y dile: ¡Ave! Que quiere decir: ¡Te saludo con profundo respeto a ti que eres sin pecado, ni desgracia! Ella te librará de la desgracia de tus pecados.

¿Te envuelven las tinieblas de la ignorancia o del error? Recurre a María y dile: ¡Ave María! Es decir, iluminada con los rayos del sol de justicia. Ella te comunicará sus luces.

¿Caminas extraviado, fuera de la senda del cielo? Invoca a María, que quiere decir Estrella del mar y Estrella polar, que guía nuestro peregrinar por este mundo. Ella te conducirá al puerto de salvación. ¿Estás afligido? Acude a María, que quiere decir mar  amargo, pues fue llena de amarguras en este mundo y actualmente en el cielo se ha convertido en mar de purísimas dulzuras. Ella convertirá tu tristeza en gozo y tus aflicciones en consuelo.

¿Has perdido la gracia? Honra la abundancia de gracias de que Dios llenó a la Santísima Virgen y dile llena de gracia y de todos los dones del Espíritu Santo. Ella te dará sus gracias.

¿Te sientes solo y abandonado de Dios? dirígete a María y dile el Señor es contigo más noble y está más íntimamente que en los justos y los santos, porque eres con Él una misma cosa, pues siendo Él tu Hijo, su carne es carne tuya. Y dado que eres su Madre, estás con el Señor en semejanza perfecta y mutua caridad. Dile finalmente: Toda la Santísima Trinidad está contigo, pues eres su precioso templo. Ella te colocará bajo la protección y salvaguardia del Señor.

¿Te has convertido en objeto de la maldición divina? Dile: bendita tu entre todas las mujeres. Te aclaman todas las naciones por tu pureza y fecundidad, tú cambiaste las maldiciones divinas en bendición. Ella te bendecirá.

¿Estás hambriento del pan de la gracia y del pan de la vida? Acércate a quien llevó el pan vivo descendido del cielo. Dile bendito es el fruto de tu vientre, el que concebiste sin detrimento de tu virginidad, que llevaste sin trabajo y diste a luz sin dolor. Bendito Jesús, que rescató al mundo esclavizado, curó al mundo enfermo, resucitó al hombre muerto, hizo volver al hombre desterrado, justificó al hombre criminal y salvó al hombre condenado. Ciertamente tu alma será saciada del pan de la gracia en esta vida y de la vida eterna en la otra. Amén.

Concluye tu plegaria con la Iglesia y di: Santa María; santa en cuerpo y alma, santa por tu singular y eterna abnegación en el servicio de Dios, santa en tu calidad de Madre de Dios que te dio una santidad eminente como convenía a esta infinita dignidad.

Madre de Dios y también Madre nuestra, Abogada y Mediadora nuestra, Tesorera y Dispensadora de las gracias de Dios: Alcánzanos pronto el perdón de nuestros pecados y la reconciliación con la divina Majestad.

Ruega por nosotros, pecadores: pues tienes tanta compasión de los miserables, que no desprecias ni rechazas a los pecadores, sin los cuales no serías la Madre del Salvador. Ruega por nosotros ahora, durante el tiempo de nuestra vida corta, frágil y miserable. Ahora, porque sólo nos pertenece el momento presente. Ahora, cuando somos acometidos y estamos rodeados, noche y día, de poderosos y crueles enemigos.

En la hora de nuestra muerte, tan terrible y peligrosa, cuando se agoten nuestras fuerzas, cuando nuestro cuerpo y espíritu estarán abatidos por el dolor y el espanto. En la hora de nuestra muerte, cuando Satanás redoblará sus esfuerzos a fin de arruinarnos para siempre. En esa hora en que se decidirá nuestra suerte para toda una eternidad, dichosa o infeliz. Ven en ayuda de tus pobres hijos, Madre compasiva, abogada y refugio de los pecadores. Aleja de nosotros en la hora de la muerte a los demonios, enemigos y acusadores nuestros, cuyo horroroso aspecto nos espanta. Ven a iluminarnos en las tinieblas de nuestra muerte. Guíanos y acompáñanos ante el tribunal de nuestro Juez, que es Hijo tuyo. Intercede por nosotros para que nos perdone y reciba en el número de los elegidos en la mansión de la gloria eterna. ¡Amén, que así sea!


San Luis María Grignion de Montfort
“El Secreto Admirable del Santísimo Rosario”



lunes, 28 de septiembre de 2020

NOVENA A NUESTRA MADRE DEL ROSARIO (del 28/9 al 6/10)

 


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La Iglesia celebra a la Virgen bajo esta advocación el 7 de octubre. Su fiesta fue instituida por San Pío V en agradecimiento a la Virgen por su ayuda en la victoria sobre los turcos en Lepanto. En 1716 Clemente XI extendió esta fiesta a toda la Iglesia. León XIII acrecentó su importancia litúrgica con la publicación de nueve encíclicas dedicadas al Rosario.



sábado, 26 de septiembre de 2020

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

 

“Sus lazos, cordón de púrpura violeta” (Eccli., 6, 31) Dice el devoto Perbarto que la devoción a María es cadena de predestinación. Pidamos a Nuestra Señora que nos ate siempre con las cadenas del amor a la confianza de su amparo.


¡Oh, mi poderosa protectora y mi verdadero consuelo, después de Dios, en este mundo! Vos, que sois el celeste rocío que endulza mis penas, Vos que sois la luz de mi alma cuando está rodeada de tinieblas, Vos que sois mi guía en mis flaquezas, mi tesoro en mi pobreza, mi remedio en mis heridas, mi alegría en todos mis pesares, mi refugio en todos mis peligros, la esperanza de mi vida y de mi salvación, dignaos escuchar mis súplicas, interesaros por mis males y tened compasión de mí como conviene a la Madre de un Dios que tiene tanta bondad y amor para con los hombres; que es su Padre y os ha designado para ser Madre suya. Ponedme en el número de vuestros queridos hijos y obtenedme de Dios todas las gracias que veis ser necesarias para la salvación de mi alma.

 

San Germán 



sábado, 19 de septiembre de 2020

EL PODER DE NUESTRA MADRE NUESTRA ARMA EL SANTO ROSARIO


Mientras Santo Domingo predicaba cerca de Carcasona, le presentaron un albigense poseído del demonio. El Santo lo exorcizó en presencia de una gran muchedumbre. Se cree que estaban presentes más de doce mil personas. Los demonios que poseían a este infeliz fueron obligados a responder, a pesar suyo, a las preguntas del Santo y confesaron:

1. que eran quince mil los que poseían el cuerpo de aquel miserable, porque había atacado los quince misterios del Rosario;

2. que con el Rosario que Santo Domingo predicaba causaba terror y espanto a todo el infierno, y que era el hombre más odiado por ellos a causa de las almas que les arrebataba con la devoción del Rosario;

3. Revelaron, además, muchos otros particulares.

Santo Domingo arrojó su Rosario al cuello del poseso y les preguntó que de todos los santos del cielo a quien temían más y a quién debían amar y honrar más los mortales… Los espíritus malignos, para no responder comenzaron a llorar y lamentarse…

El Santo, sin inmutarse ante las dolientes palabras de los espíritus, les respondió que no dejaría de atormentarlos hasta que hubieran respondido a sus preguntas. Dijéronle los demonios, que responderían pero en secreto y al oído, no ante todo el mundo. Insistió el Santo y les ordenó que hablaran en voz alta. Pero su insistencia fue inútil: los diablos no quisieron decir palabra.

Entonces, el Santo se puso de rodillas y elevó a la Santísima Virgen esta plegaria: “¡Oh Poderosísima Virgen María! ¡Por virtud de tu salterio y Rosario, ordena a estos enemigos del género humano que respondan a mi pregunta!”… Los diablos gritaron entonces: “Domingo, te rogamos por la pasión de Jesucristo y los méritos de su Santísima Madre y de todos los santos, que nos permitas salir de este cuerpo sin decir palabra. Los ángeles, cuando tú lo quieras, te lo revelarán ¿Por qué darnos crédito? No nos atormentes más: ¡ten piedad de nosotros!”

“¡Infelices, son indignos de ser oídos!” –respondió Santo Domingo–. Y arrodillándose elevó esta plegaria a la Santísima Virgen: “Madre dignísima de la Sabiduría, te ruego en favor del pueblo aquí presente. ¡Obliga a estos enemigos tuyos a confesar la plena y auténtica verdad al respecto!”

Había apenas terminado esta oración, cuando vio a su lado a la Santísima Virgen, rodeada de multitud de ángeles, que con una varilla de oro en la mano golpeaba al poseso y le decía: “¡Responde a Domingo, mi servidor!” Nótese que nadie veía ni oía a la Santísima Virgen, fuera de Santo Domingo.

Entonces los demonios comenzaron a gritar: “¡Oh enemiga nuestra! ¡Oh ruina y confusión nuestra! ¿Por qué viniste del cielo a atormentarnos en forma tan cruel? ¿Será preciso que por Ti, ¡oh abogada de los pecadores a quienes sacas del infierno!, ¡oh camino seguro del cielo!, seamos obligados –a pesar nuestro– a confesar delante de todos lo que es causa de nuestra confusión y ruina? ¡Ay de nosotros! ¡Maldición a nuestros príncipes de las tinieblas!”

“¡Oigan, pues, cristianos! Esta Madre de Cristo es omnipotente y puede impedir que sus siervos caigan en el infierno. Ella, como un sol, disipa las tinieblas de nuestras astutas maquinaciones. Descubre nuestras tentaciones. Nos vemos obligados a confesar que ninguno que persevere en su servicio se condena con nosotros. Un solo suspiro que Ella presente a la Santísima Trinidad vale más que todas las oraciones, votos y deseos de todos los santos. Le tememos más que a todos los bienaventurados juntos y nada podemos contra sus fieles servidores”.

“Tengan también en cuenta que muchos cristianos que la invocan al morir y que deberían condenarse, según las leyes ordinarias, se salvan, gracias a su intercesión. ¡Ah! si esta Marieta –así la llamaban en su furia– no se hubiera opuesto a nuestros designios y esfuerzos, ¡hace tiempo habríamos derribado y destruido a la Iglesia y precipitado en el error y la infidelidad a todas sus jerarquías! Tenemos que añadir, con mayor claridad y precisión –obligados por la violencia que nos hacen– que nadie que persevere en el rezo del Rosario, se condenará. Porque Ella obtiene para sus fieles devotos la verdadera contrición de los pecados, para que los confiesen y alcancen el perdón e indulgencia de ellos”.

Entonces, santo Domingo hizo rezar el Rosario a todos los asistentes, muy lenta y devotamente. Y, a cada Avemaría que recitaban –¡cosa sorprendente!– salían del cuerpo del poseso gran multitud de demonios, en forma de carbones encendidos. Cuando salieron todos los demonios y el hereje quedó completamente liberado, la Santísima Virgen dio su bendición –aunque invisiblemente– a todo el pueblo, que con ello experimentó sensiblemente gran alegría. Este milagro fue causa de la conversión de muchos herejes que llegaron a ingresar en la cofradía del Santo Rosario.


San Luis María Grignon de Montfort, 
"El secreto admirable del Santísimo Rosario"


 


martes, 15 de septiembre de 2020

15 DE SEPTIEMBRE, LOS DOLORES DE NUESTRA MADRE MARÍA


Retírense del cielo astros
de la noche, y aterrizado
el sol precipite su carrera, mientras
yo recuerdo el oprobio de
una muerte inhumana, la muerte
de un Dios.

Allí estabais Vos, ¡oh Madre!,
presenciando el suplicio, agobiada
de males; y los soportabais
con inalterable firmeza de corazón,
mientras vuestro Hijo suspendido
en la Cruz exhalaba
grandes gemidos.

¡Con qué dardos tan penetrantes
os atraviesa el alma la
contemplación de vuestro Hijo
pendiente ante vuestra mirada,
con el cuerpo magullado por los
azotes, surcado todo de heridas!

¡Ah! ¡De cuántas maneras y
cuán cruelmente oprimían vuestro
amoroso Corazón los salivazos,
las bofetadas, los golpes, las heridas,
la hiel, el ajenjo, la esponja,
la lanza, la sed, las espinas
y la sangre!

Sin embargo, más intrépida
que los mismo mártires, la Virgen
se mantiene en pie: por un
prodigio inaudito, ¡oh Madre!, en
medio de tantos dolores mortales,
continuáis viviendo.

Gloria, alabanza y honor a la
Trinidad Todopoderosa; a ella
pido humildemente y con vivas
instancias, la gracia de imitar la
fortaleza de ánimo de la Virgen
con mi valor en la adversidad. Amén

Del Oficio de Maitines,
del “Breviario Romano”
(Gubianas-1940)



sábado, 12 de septiembre de 2020

12 DE SEPTIEMBRE, SANTO Y DULCE NOMBRE DE NUESTRA MADRE MARÍA


¡Madre de Dios y Madre mía María!
Yo no soy digno de pronunciar Tu Nombre;
pero Tú que deseas y quieres mi salvación,
me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura,
que pueda llamar en mi socorro
Tu Santo y Poderoso Nombre,
que es ayuda en la vida y salvación al morir.

¡Dulce Madre, María!
haz que Tu nombre, de hoy en adelante,
sea la respiración de mi vida.
No tardes, Señora, en auxiliarme
cada vez que te llame.

Pues en cada tentación que me combata,
y en cualquier necesidad que experimente,
quiero llamarte sin cesar; ¡María!
Así espero hacerlo en la vida,
y así, sobre todo, en la última hora,
para alabar, siempre en el Cielo Tu Nombre amado:

“¡Oh Clementísima, oh Piadosa,
oh Dulce Virgen María!”
¡Qué aliento, dulzura y confianza,
qué ternura siento
con sólo nombrarte y pensar en Ti!

Doy gracias a Nuestro Señor y Dios,
que nos ha dado para nuestro bien,
este Nombre tan Dulce, tan Amable y Poderoso.

Señora, no me contento
con sólo pronunciar Tu Nombre;
quiero que Tu Amor me recuerde
que debo llamarte a cada instante;
y que pueda exclamar con San Anselmo:
“¡Oh Nombre de la Madre de Dios,
Tú eres el amor mío!”

Amada María y amado Jesús mío,
que vivan siempre en mi corazón y en el de todos,
Vuestros Nombres salvadores.

Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre,
para acordarme sólo y siempre,
de invocar Vuestros Nombres adorados.

Jesús, Redentor mío, y Madre mía María,
cuando llegue la hora de dejar esta vida,
concédedme entonces la gracia de deciros:

“Os amo, Jesús y María;
Jesús y María,
os doy el corazón y el alma mía”

San Alfonso María de Ligorio



martes, 8 de septiembre de 2020

8 DE SEPTIEMBRE, NATIVIDAD DE NUESTRA MADRE MARÍA

Vuestro nacimiento, Santa Madre de Dios, anunció la alegría a todo el mundo

Dice San Alfonso María de Ligorio que, así como después de las tinieblas y de la tristeza de la noche, el alba nos trae la alegría, de la misma manera después del pecado, que, por espacio de tantos siglos tenía dominado al mundo, antes de la venida de Cristo, el despuntar de nuestra aurora, es decir la natividad de María, devolvió la alegría al mundo. Al nacer María, comenzó el alba, dice un Santo Padre. La aurora es el heraldo del sol, y María, fue el heraldo del Verbo Encarnado, Sol de justicia y Redentor nuestro, que con su muerte nos libró de la muerte eterna. Y, así como María fue el principio de nuestro gozo, así es también su cumplimiento, pues dice San Bernardo, que Jesucristo ha puesto en las manos de María todo el precio de sus méritos, para que todo el bien que recibimos, lo recibamos de María.

No nos hemos de desalentar a la vista de nuestros pecados y miserias, antes al contrario, cuanto más miserables nos sintamos, tanto más nos hemos de alegrar por la natividad de la Virgen, pues por Ella nos vendrá la liberación del mal.

Ábrase, pues, nuestro corazón a la alegría y a la confianza, que con estos afectos honramos, en gran manera, a la Virgen, y celebramos, su entrada en este mundo. Si los Ángeles del cielo se alegraron de la entrada de María en la Gloria, como canta la Iglesia: Assumpta est María in coelum, gaudent angeli, ¿cómo será posible que no nos alegremos por su entrada en este, nuestro mundo?




La Natividad de la Virgen María es el acontecimiento más glorioso para el linaje humano. El honor mayor para éste es el haber querido encarnarse en él el Verbo Divino. Pero, tratándose de personas puramente humanas, la Virgen Santísima es nuestro mayor timbre de gloria. Esta gloria de nuestra raza la corrobora el evangelio de hoy, al consignar aquellas largas generaciones, por las cuales podemos descender desde Adán hasta nuestro Salvador. Pero después de Jesús, a los cristianos incorporados al Cuerpo Místico de Jesucristo y, por lo tanto hijos de María, ya no nos interesan estas genealogías: todos, por la gracia de Dios, hemos entrado a formar parte de la estirpe divina. En esta gloriosa genealogía del pueblo de Israel, aparecen consignados los antepasados por sus propios nombres, hasta cerrarlas con la dulce gracia de aquellos tres nombres suavísimos: José, esposo de María, de la cual nació Jesús.




sábado, 5 de septiembre de 2020

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES




































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EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS

La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo: 

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»

En seguida dijo la Santísima Virgen: 

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

LA INTENCIÓN REPARADORA

Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.







sábado, 29 de agosto de 2020

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

Os diré con San Agustín: “Único refugio de los pecadores, ¡ten misericordia de mí!

“Lleguemos, pues, con segura confianza al trono de la gracia, para que alcancemos misericordia y hallemos la gracia a fin de ser socorridos en el tiempo oportuno”

Dice San Antonio que ese trono es María, en el que Dios dispensa todas las gracias. ¡Oh Reina amabilísima!, si tanto deseáis ayudar a los pecadores, aquí tenéis un gran pecador que a Vos acude; ayudadme con todo vuestro poder y hacedlo pronto.




¡Oh Poderosa Reina del Universo, Soberana llena de ternura y de bondad para todos los que os invocan! Vos sois cerca de Dios la abogada de los pecadores, el puerto seguro de los que han naufragado; sois la fuerza de los débiles, el consuelo de los afligidos, el refugio y el asilo de todos los que confían en Vos. ¡Oh Virgen Madre llena de gracias! Interceded por mí ante vuestro Divino Hijo, y con vuestra intercesión iluminad mi entendimiento, abrasad mi corazón y desatad mi lengua para que pueda celebrar vuestras alabanzas y cantar este angélico canto tan digno de Vos y tan dulce para los que os aman. ¡Salve, oh obra maestra de las manos del Omnipotente!, ¡paraíso de delicias, fuente inagotable de gracias, mediadora entre Dios y los hombres! El cielo y la tierra celebren por siempre tus alabanzas. Yo me uno a ellas para ofreceros el homenaje de un corazón que para siempre os quedará consagrado.

San Efrén



sábado, 22 de agosto de 2020

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA


Fuentes de gracias actuales.- Todas las almas, aun las más santas, necesitan de esos auxilios divinos, llamados gracias actuales sin las que no es posible practicar acto alguno sobrenatural y meritorio. Estas gracias son, sin duda, un regalo cariñosísimo de la bondad divina, pues sin merecerlas el hombre, Dios se las da abundantemente y generosamente. La fuente de donde brotan es el mismo Corazón Divino de Jesús, que de este modo nos manifiesta, sin cesar, el amor que nos tiene y el canal por donde descienden, es siempre la Santísima Virgen, en cuyo Purísimo Corazón se encuentran todas esas gracias, como represadas y depositadas, para luego repartirlas entre las almas.

¿Comprendes bien a dónde has de ir a buscar estas gracias? No al Trono de la Justicia, pues de justicia nada se te debe sino al Trono de la Bondad y Misericordia del Corazón mismo de Dios; pero ese Trono, ¿cuál es?, ¿dónde está?, ¿dónde encontrarlo fácilmente? Es evidente que en el Corazón Inmaculado de tu Madre querida.

Todo pues, depende de ti, el que sepas y quieras ir a esas fuente, a ese depósito, a buscar esas gracias que necesitas y que Dios está deseando darte y se las da en miles de ocasiones aun sin tú pedírselas. Pero mira, medita bien en este punto. Dios siempre te concede suficientísimas gracias actuales conforme a tu estado y condición, de suerte que por parte suya, nunca queda el que tú te salves o te condenes, te santifiques o te endurezcas en el pecado; esto depende únicamente de ti, porque tú, con tu conducta, con tus correspondencias a esas gracias, puedes hacer que sean o eficaces o ineficaces y aun totalmente inútiles. Nunca olvides que esto sólo depende de ti, sólo a ti se te imputarán algún día tus caídas y pecados; sólo a ti se te pedirá cuenta estrechísima del uso o del abuso, del aprecio, o desprecio que hiciste de tales gracias. ¿Quién no querrá, pues, convertir en eficaces y aprovechables las gracias que Dios le concede?

He aquí el interés principal de esta magnífica devoción. La devoción al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María te facilita y en cierto modo te asegura esto: si tu alma sabe encerrase en esos Corazones de Jesús y de María, no hay duda que sabrá aprovecharse de las gracias riquísimas que se le concederán, no porque se le quite el uso de su libertad, sino porque el Corazón de Jesús multiplicará sus gracias y le dará precisamente aquellas a las cuales, Él sabe que mejor el alma ha de corresponder.

¿No es esto lo que salta a la vista al leer las promesas del Divino Corazón? ¿No te has fijado en la multitud y variedad de gracias que allí se prometen, como si así quisiera el Corazón de Jesús asegurar su eficacia? Recuerda las promesas que hace para los pecadores, aun los más endurecidos, para las almas tibias y frías, para las fervorosas que aspiran a la santidad, para los seglares, para las comunidades religiosas, para los individuos y familias y naciones, para los sacerdotes y apóstoles, a todos promete, no ya solo una lluvia abundantísima de gracias, si no lo que es más importante, la eficacia de las mismas.

Él hará que para sus devotos, esas gracias no sean inútiles y vacías. ¡Oh! ¿Puedes pensar nada más importante, nada que tanto interese a tu alma como esto? ¿Cómo no lanzarte hasta por ese interés a tener esta verdadera y sólida devoción? Suplica al Corazón de la Virgen que así te la enseñe, que allí aprendas a conocer a amar al Divino Corazón de Jesús. 



sábado, 15 de agosto de 2020

15 DE AGOSTO, ASUNCIÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA

La Virgen María ha sido elevada a la mansión celestial. Donde el Rey de los reyes está sentado en un trono adornado de estrellas

SERMÓN DE SAN JUAN DAMASCENO
2º Sobre la Dormición de la Stma. Virgen

El arca santa y animada del Dios viviente, que concibió en su seno a su Criador, descansa hoy en el templo del Señor no construido por manos de hombre. David, su antepasado, se siente transportado de alegría; y juntamente con él, cántanle himnos los Ángeles, celébranla los Arcángeles, glorifícanla las Virtudes, estremécense de júbilo los Principados, regocíjanse con ellos las Potestades, manifiestan su alegría las Dominaciones, festéjanla los Tronos y repiten sus alabanzas los Serafines. Hoy es recibido en la celestial Edén el paraíso animado del nuevo Adán, en el cual fue revocada nuestra condenación, plantado el árbol de la vida y cubierta nuestra desnudez.


No ha sido devuelta hoy a la tierra aquella Virgen Inmaculada, que vivió ajena a todas las afecciones terrenas y con el pensamiento puesto en el cielo: como cielo viviente, ha sido colocada en los eternos tabernáculos. ¿Podía, en efecto, experimentar las ignominias de la muerte la que había sido fuente de donde manó para todos los hombres la verdadera vida? Cierto es que estuvo sujeta a la ley dictada por aquel mismo a quien engendró, y que como hija del viejo Adán debió someterse al antiguo decreto, del cual no se libró si su mismo Hijo, que es la vida por esencia. Pero su cualidad de Madre del Dios viviente le mereció justamente verse elevada cerca de Él.

Aquella Eva que había consentido en las sugestiones dela serpiente fue condenada a los dolores del parto y al castigo de la muerte, y tuvo que permanecer sepultada en el seno de la tierra. Pero ¿cómo podía ser presa de la muerte esta nueva Eva, verdaderamente dichosa, que escuchó dócilmente la palabra divina, fue fecundada por obra del Espíritu Santo, concibió, a la casta salutación del Arcángel, fuera de toda ley humana, al Hijo de Dios, dióle a luz sin dolor, y se consagró, por último, a Dios por entero? ¿Cómo habría podido acabar sepultada en el seno de la tierra? ¿Podría ser pasto de la corrupción un cuerpo escogido por la misma vida para encarnarse? A esta nueva Eva, abrióle Dios un camino recto, llano y fácil para subir al cielo. Porque si Jesucristo, vida y verdad, ha dicho: “Allí donde yo estuviere, estará también mi servidor”, con mucho mayor motivo debe estar con Él su Madre.

Del Oficio de Maitines,
del “Breviario Romano”
(Gubianas-1940)