Te rogamos encarecidamente, ¡oh Madre!, que por tus lágrimas, por la triste muerte de tu Hijo y por la Sangre de sus heridas, imprimas en nuestros corazones el dolor que llena el tuyo.

sábado, 11 de septiembre de 2021

SÚPLICA A NUESTRA MADRE DE LOS DOLORES

 



Nuestra Señora de los Dolores, te presento todas mis necesidades, angustias, tristezas, miserias y sufrimientos.

¡Oh Madre de los dolores y reina de los mártires!, que tanto sufriste al ver a tu Hijo flagelado, escarnecido y muerto para salvarme, acoge mis plegarias. ¡Madre amable!, concédeme una verdadera contrición de mis pecados y un sincero cambio de vida.

Nuestra Señora de los Dolores, que estuviste presente en el calvario de Nuestro Señor Jesucristo, permanece también presente en mis calvarios. Te suplico esta gracia de la que tanto necesito:

(Haz tu petición)

Por piedad, ¡oh abogada de los pecadores!, no dejes de amparar mi alma en aflicción y en el combate espiritual que estoy atravesando en todo momento. Nuestra Señora de los Dolores, cuando los dolores y los sufrimientos lleguen, no me dejes que me desanime. Madre de los dolores, envuélveme en tu sagrado manto y ayúdame a pasar por el valle de lágrimas. Permanece con nosotros y danos tu auxilio, para que podamos convertir las luchas en victorias, y los dolores en alegrías. Ruega por nosotros, ¡oh Madre!, porque no eres sólo la Madre de los dolores, sino también la Señora de todas las gracias.

Nuestra Señora de los Dolores, fortaléceme en los sufrimientos de la vida. Amén.




sábado, 4 de septiembre de 2021

PRIMER SÁBADO DE MES/EL INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA y III

 

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Oh, Corazón de mi dulce Madre, pues yo no puedo reparar dignamente tantas injurias, ruego que lo hagan por mí los Santos y los Ángeles de la gloria, a los cuales me uno también con deseo de amaros y ensalzaros como ellos os aman y ensalzan.

 

Desagraviemos al Corazón de María.- Considera cómo aunque el Corazón de María es digno de la veneración de todas las criaturas y del amor de todos los corazones, no todos le veneran, no todos le aman.

El infierno, lleno de rabia y furor contra la Mujer fuerte que quebrantó su poder y humilló su orgullo, no cesa de suscitar entre los hombres enemigos a la Virgen para vengarse de ella del modo que le es posible.

Y muchos hombres ¡desgraciados! Se prestan a esta obra de iniquidad, y niegan los privilegios y prerrogativas de María, y, desprecian su culto, blasfeman su Nombre Benditísimo, y profanan sus imágenes y de otros mil modos desahogan el odio y despecho que sienten contra Ella. Ellos no lograrán, es cierto, disminuir un punto la gloria de María, ni amenguar su amor en el corazón de los verdaderos fieles; más entre tanto nuestra amabilísima Madre es ofendida, y su Corazón amantísimo es blanco de continuas saetas que se clavan en Él, y lo atraviesan. Si este mes de agosto es el momento de grandes demostraciones de amor al Corazón de María, es también el tiempo de los grandes desagravios por las ofensas que recibe: todo ha de ir dirigido a tan santo y noble fin.


Padre Ribera



martes, 31 de agosto de 2021

EL INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA II

Pidamos la gracia de honrar dignamente al Corazón de María.


Oh, Corazón amantísimo y amabilísimo de María, toda lengua cante el himno de agradecimiento a vuestras bondades, todo corazón se abrase y se derrita en vuestro amor: a las alabanzas del cielo y de la tierra, al amor de los bienaventurados, uno mis alabanzas y mi amor, empezando así a hacer en esta vida lo que espero hacer en la eterna.

 

Amemos al Corazón de María.- Considera que después del Corazón amabilísimo de Jesús no hay en el cielo y en la tierra objeto más digno de amor que el Corazón de María. Basta para convencernos de ello decir que es el Corazón de la Madre de Dios y de la Madre de los hombres, nobilísimo por el primer título, amantísimo por el segundo, y por ambos dignísimo del amor de todos los corazones. Como Corazón de la Madre de Dios reúne en grado eminentísimo todas las cualidades, todos los atractivos, todos los títulos que pueden hacer amable a un corazón: la dignidad, la grandeza, el poder, la bondad, la belleza, la santidad.

Como Corazón de la madre de los hombres es la personificación o expresión sensible de la Misericordia y amor infinito de Dios a la desgraciada humanidad, todo ternura y compasión hacia nosotros, todo generosidad, sin retroceder, a trueque de contribuir a nuestra Redención ante el sacrificio de la vida misma de Su Hijo. Todo oídos para escuchar nuestras súplicas, todo interés para procurar la salvación eterna de nuestra alma. ¿Qué sería de nosotros si el Corazón de nuestra Madre no hubiese cooperado tan eficazmente a los designios amorosos del Señor, si Ella no hubiese interpuesto su poderoso valimiento en favor nuestro, si ella no hubiese detenido el brazo de Dios levantado para castigar nuestras rebeldías e ingratitudes?


Padre Ribera




sábado, 28 de agosto de 2021

EL INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA

Representémonos al Corazón de María lleno de la gloria de Dios, como sol brillantísimo del Cielo.

Oh, Corazón de María, pues sois tan acreedor de los cielos y de la tierra, yo os venero con el más profundo respeto y me gozo contemplando en Vos el milagro de la Omnipotencia divina, digno de toda bendición y alabanza por los siglos de los siglos.

Veneremos al Corazón de María – Considera cuán digno de la más profunda veneración es el Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María. Después de la humanidad de Jesús, la obra más estupenda que salió de las manos de Dios fue el cuerpo y el alma de esta Virgen celestial, en cuya perfección y embellecimiento empleó todos sus divinos atributos, agotando en cierto modo los tesoros de su poder y sabiduría, las riquezas de su infinita bondad. Más pondera cómo la parte más noble del cuerpo santísimo de María es su Corazón Inmaculado. Principio de la vida de la Madre de Dios, fuente de la Sangre que se formó el Corazón de Jesucristo, vaso preciosísimo donde estuvo depositado el precio de nuestra Redención: Cristo Jesús.

Este Corazón fue el instrumento de aquella alma santísima, superior en perfección sobrenatural a las naturalezas angélicas; el relicario donde guardaba María las palabras de su Hijo; el centro de los dolores que sufrió en la Pasión, espejo del Corazón de Jesús, horno de su inmensa caridad hacia Dios, fuente de su compasión hacia los hombres, sus hijos, asiento de sus virtudes soberanas, jardín de las delicias de la adorable Trinidad.

Padre Ribera

 


sábado, 14 de agosto de 2021

LA SOLEDAD DE NUESTRA MADRE DURANTE LA VIDA PÚBLICA DE NUESTRO SEÑOR

 


El papel de la Santísima Virgen durante la vida pública de su Hijo estaba totalmente oculto: una vida de contemplación amorosa, oración y sacrificio. Una parte esencial de este sacrificio fue su soledad.

¡Pero qué soledad! Pensemos en una pobre viuda cuyo único hijo está en la guerra: ¡qué angustia! Se le dice que debe participar en una batalla muy peligrosa, ¡qué agonía! Y por fin se le dice que la muerte es inevitable, ¡qué tortura! Qué amarga soledad para una tal madre, cuya vida puede compararse a un camino abandonado que termina en el desierto.

¿Pero qué son estos ejemplos de soledad humana comparados con la vida de la Madre de Dios? ¡Para ella, su hijo Jesús y su esposo, San José, lo eran todo! San José había fallecido y su único hijo la dejó para cumplir su obra de redención. Ella sabía muy bien que esto consistía en una tremenda lucha que evidentemente terminaría en la más horrible muerte.

Cuando había perdido a Jesús a la edad de doce años, San José estaba allí para apoyarla y consolarla, pero ahora no tiene a nadie. En aquel entonces el dolor duró tres días, ahora dura años.

En ese momento su corazón estuvo sin duda atormentado por el inmenso misterio y por el miedo a una desgracia, pero ahora estaba atormentado por la certeza de que la muerte desgarradora llegaría pronto.

Cuanto más profundamente se contempla la vida solitaria de María, tanto más uno se asombra y se estremece por el inagotable dolor y las muchas lágrimas que nuestra Madre celestial unió para nuestra salvación, al sudor, al esfuerzo y el dolor de Jesús en su vida pública.

En la muerte o ausencia de un ser querido, el sufrimiento es tanto mayor, cuanto más larga sea la convivencia, cuanto mayor sea la intimidad, la armonía, la comprensión mutua, y cuanto más duren las pruebas sufridas juntos.

La separación, por lo tanto, provoca la disolución de un denso entramado de hábitos, entendimientos y afectos, que habían sido firmemente consolidados por innumerables recuerdos familiares. Así, la vida entera parece perder su sostén natural y disolverse.

Pensemos aquí en la estrecha intimidad de María en los largos años de Nazaret con su amado esposo y el Hijo Divino, que estuvo “sujeto” a ella hasta los treinta años. Hay que recordar que los niños suelen dejar la casa paterna mucho antes.

En las personas, los recuerdos del pasado se desvanecen con el paso del tiempo, y así se alivia el dolor. ¿Pero cómo se puede imaginar esto en un alma tan profunda como la de María?

La gente puede dirigir su mente a otras cosas y ser absorbida por nuevas impresiones que facilitan el olvido. Pero, ¿qué podría atraer más la atención de María sino sólo Jesús?

Normalmente los que están solos tienen otras personas (hijos, parientes y amigos) para consolarlos, para María sólo estaba Jesús, que era su todo. En cuanto a sus parientes y amigos, aprendemos de las Sagradas Escrituras que por su incredulidad le causaron mucho sufrimiento a la Madre de Dios.

A través de su soledad durante la vida pública de Jesús, la Santísima Virgen obtuvo innumerables gracias para nosotros. Se presenta ante nosotros como Corredentora, profundamente unida en sus sacrificios al sacrificio de vida de su Hijo para nuestra salvación eterna.




sábado, 7 de agosto de 2021

PRIMER SÁBADO DE AGOSTO, MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

¡Oh Inmaculado Corazón de María!, en Vos confiamos; no nos dejéis en este valle de lágrimas hasta vernos seguros junto a Vos en el Cielo. Así sea.


“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”


Jesús, Hijo único de Dios e Hijo único de María, al escoger a esta Virgen incomparable entre las demás criaturas por Madre nutricia y Señora, y al dárnosla, en su infinita bondad, por Reina, Madre y refugio en toda necesidad, ha querido que la honremos como Él la honra y que la amemos con el amor con que Él la ama. Y, pues, la ha exaltado y honrado sobre todos los hombres y sobre todos los Ángeles, quiere que también nosotros la rindamos mayor respeto y veneración que a los Ángeles y a los hombres. Y, pues, es nuestra cabeza y nosotros miembros suyos que debemos estar animados de su espíritu, seguir sus inclinaciones, caminar por sus sendas, y continuar su vida en la tierra cultivando las virtudes por Él practicadas, desea igualmente que nuestra devoción hacia su divina Madre sea una prolongación de la que Él le profesó, es decir, que procuremos en nosotros los sentimientos de honra, de sumisión Y amor que en este mundo observó para con Ella y que ha de observar por toda la eternidad en el Cielo. La Virgen ha ocupado y ocupará siempre el primer puesto en su Corazón siendo, como hasta ahora por toda la eternidad, el objeto primero de su amor, después del Padre Eterno. Y ansía, por tanto, que después de Dios, sea ella el principal objeto de nuestras devociones y el primero de nuestra veneración. Así es que, después de los servicios que a su Divina Majestad debemos, ninguno tan grato ni mejor podemos hacerle que servir y honrar a su dignísima Madre.


¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.



Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia
 del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.



sábado, 31 de julio de 2021

LA REINA DE LA PRECIOSA SANGRE

Santa Madre de Dios y Madre nuestra, que las llagas del Señor queden grabadas en mi corazón


Nuestra Señora es el regalo más hermoso que Dios nos ha dado, después de la eucaristía. Ella no sólo es la Madre de Dios, la obra maestra de la redención, la llena de gracia, la bendita entre las mujeres, ¡sino que también es nuestra dulce Madre! Los cristianos se regocijan con su nombre y se refugian a la sombra de su manto. Ahora bien, toda la grandeza de María brota de la Preciosísima Sangre: la Carne de Cristo es la carne de María, la Sangre de Cristo es la sangre de María; por ello la invocamos con el hermoso título de Reina de la Preciosísima Sangre. Concebida sin pecado original María fue la fuente más pura de la que brotaría la Sangre de Jesús, en anticipación de los méritos de la Preciosa Sangre. Alegrémonos de haber recibido de Dios una Madre tan excelente y dulce y mirémosla al pie de la Cruz, donde ofrece al eterno Padre la Sangre de su amado Hijo por nuestro rescate. Su alma está atravesada por la espada del dolor y sus lágrimas son las más amargas que una madre haya derramado en la tierra. ¡Miremos con cuánto amor acoge a toda la humanidad que Jesús le confía en la persona del apóstol San Juan! ¡Veamos cómo esa Sangre cae sobre Ella para derramarla sobre nosotros, pobres pecadores! Consideremos cómo Dios la convirtió en un canal de gracia, dispensadora de sus tesoros y digámosla:

¡Oh María Reina de la Preciosísima Sangre, haz que mi alma se tiña con la Sangre divina de tu Hijo, defiéndeme de los asaltos del diablo, especialmente en el momento de la muerte, obtén para mí la contrición de los pecados y la perseverancia final! Amén.

 

EJEMPLO

 

Una de las devociones más entrañables de San Gaspar del Búfalo fue la de la reina de la Preciosa Sangre. Tenía él una imagen de la Virgen pintada con el Niño Jesús sobre sus rodillas sosteniendo el Cáliz de su Sangre en la mano. La Virgen demostró, con muchos prodigios, lo querida que para ella era esa devoción a la Preciosa Sangre. En muchas ocasiones, durante los sermones, el santo detuvo la lluvia bendiciendo el cielo con esa imagen prodigiosa. A un grupo de devotos, que habían venido de lejos para escucharlo y que no podían regresar porque había estallado una furiosa tormenta, les entregó ese cuadro y ellos, mientras caminaban bajo la lluvia, llegaron perfectamente secos a sus casas. Frente a esa efigie, tras la recitación de tres Avemarías, instantáneamente curó a un granjero que se había lastimado gravemente el dedo. En Albano, Laziale, invocando el Nombre de la Virgen, salvó de una muerte segura a un hermano misionero que había caído en un carruaje desde lo alto de un puente. Muchas veces mientras predicaba, se vio una luz misteriosa que descendía del cielo e inundaba tanto la imagen de la Virgen como el rostro del santo.

Imitemos a San Gaspar en esta devoción tan poderosa, unamos nuestro amor a la Virgen a nuestro amor a la Preciosa Sangre y, sin duda, estaremos colmados de favores celestiales. Pero, de manera especial, evitemos todo pecado, pues ellos renuevan las perforaciones del adorable Corazón de nuestra Madre celestial.

 


sábado, 24 de julio de 2021

LA VIRGEN MARÍA, PRIMERA ADORADORA y II

 

María adoraba a Jesús Sacramentado con el amor más ardiente y puro.- Después de abismarse en la consideración de la grandeza y de la majestad divina, levantaba los ojos hacia ese Tabor de amor, para contemplar su hermosura y bondad inefables en el acto soberano de la Eucaristía. Ella sabía muy bien los combates y los sacrificios que esta dádiva costó a su hijo y había compartido las ansias de su corazón en la última cena. ¡Oh, qué contenta se vio cuando le reveló Jesús que había llegado por fin la hora del triunfo de su amor, que iba a instituir el adorable sacramento por cuyo medio sobreviviría perpetuamente en la tierra y podrían todos, compartiendo la felicidad de la Madre de Dios, recibir como ella su cuerpo, verle en alguna manera y disfrutar, merced al estado sacramental, de todas las gracias y de todas las virtudes de los misterios de su vida pasada; que una vez dada la Eucaristía, Dios ya no tendría nada más que dar al hombre fuera del cielo! Al oír esto se echó María a los pies de Jesús, bendiciéndole efusivamente por tanto amor a los hombres y a ella, indigna sierva suya. Se ofreció para servirle en su adorable Sacramento y consintió que se aplazara la hora del galardón para que siguiera siendo adoradora en la tierra y le guardara y le amara y muriera luego junto al divino sagrario.

Pues en las adoraciones del cenáculo, María reavivaba cada día estos mismos sentimientos. A la vista de Dios anonadado por ella hasta las apariencias de pan, prorrumpía en transportes de gratitud. Alababa con toda su alma esa bondad que excede a toda alabanza, y bendecía y glorificaba al corazón sagrado que inventara y realizara la maravilla del amor divino. Deshacíase en perpetuos hacimientos de gracias por esta dádiva que excede a toda dádiva, por esta gracia manantial de toda gracia. Abrasábase de puro amor ante la Hostia santa y no pocas veces arrasábansele los ojos de ternura y gozo. No podía su corazón contener el ardor de sus sentimientos por Jesús y hubiera querido morir y consumirse de amor a sus pies.

María se ofrecía entera al servicio de amor de Dios sacramentado.- Porque no pone condiciones ni reservas el amor perfecto, ni piensa en sí, ni vive para sí, sino que es extraño a sí mismo para no vivir más que para Dios, a quien ama de todo corazón. María lo ordenaba todo al servicio eucarístico de Jesús como hacia su centro y a su fin. Una corriente de gracias se establecía entre el corazón de Jesús sacramentado y el corazón de María adoradora, produciendo como dos llamas que se unían en un mismo centro. En verdad que fue Dios entonces perfectamente glorificado por su criatura.

 

 

A imitación de María, póngase también el adorador de hinojos en el templo con el respeto más profundo. Recójase como María póngase a su lado para adorar. Vaya ante nuestro Señor con aquella modestia, con aquel recogimiento interior y exterior, que maravillosamente preparan al alma al oficio angelical de la adoración.

Adore a Jesús debajo de las especies eucarísticas con la fe de María y de la Santa Iglesia, dos madres que nos ha dado el amor del Salvador. Adore a Dios como si lo viera y le oyera, pues una fe viva ve, oye, toca, abraza, con mayor certidumbre que la de los sentidos.

Para apreciar bien el don de la adorable Eucaristía contemple a menudo, como María, los sacrificios que exigió el amor de Nuestro Señor. La vista de estos combates y de esa victoria le dirá la gratitud que debe a un Dios tan bueno. Alabe, bendiga, ensalce la grandeza, la bondad, el triunfo del amor al instituir la santísima Eucaristía como memorial siempre vivo, como don de sí que siempre resulta nuevo.

Y en esto se ofrecerá como María su divina madre de todo corazón a Jesús para adorarle, amarle y servirle como pago de tanto amor. Se consagrará a honrar el estado sacramental del Salvador, copiando en su vida las virtudes que Jesús continúa y glorifica en ella de modo admirable. Honra esa humildad tan profunda que llega hasta anonadarse enteramente debajo de las Santas Especies; esa abnegación de su gloria y de su libertad que le hace prisionero del hombre, esa obediencia que le hace servidor de todos. En estos obsequios tomará a María como modelo y protectora. La honrará y amará como reina del cenáculo y madre de los adoradores, títulos que ella estima muchísimo y que son gloriosos para Jesús.

San Pedro Julián Eymard



sábado, 10 de julio de 2021

LA VIRGEN MARÍA, PRIMERA ADORADORA

 


María adoradora.- María fue siempre la primera adoradora de Jesús en todos sus misterios. Convenía, en efecto, que este corazón purísimo tuviese en todo la honra del primer homenaje rendido a Jesucristo y que recibiese la primera gracia para comunicárnosla. Fue ella la primera que adoró al Verbo encarnado en su seno virginal, y la que al nacer le ofreció el primer obsequio del amor y la primera confesión de fe. En las bodas de Caná ella adoró antes que nadie su poder y lo desató en favor de los hombres. María, finalmente, adoró la primera a Jesús en la cruz y se unió a su sacrificio.

Pero la adoración de María resplandece en toda su incomparable excelencia al pie del sagrario.

Aquí ella adora a Jesús en su estado permanente.- Y no en estados transitorios. Aquí Jesús se muestra como rey en el trono perpetuo de su amor fijado hasta el fin del mundo, en un misterio que resume y contiene todos los demás.

Así que María pasaba los días y las noches junto a la divina Eucaristía. Esta es su morada predilecta, porque en ella vive y reina su Jesús. ¡Qué sociedad más dulce y amable entre Jesús y su madre! Aunque sin la Eucaristía María no hubiera podido vivir en la tierra, con ella la vida se le hace agradable, pues posee a Jesús y es su adoradora por estado y por misión. Y los veinticuatro años que María pasará en el cenáculo serán como veinticuatro horas del día en el ejercicio habitual de la adoración.

María adora a Jesús Sacramentado con la fe más viva y perfecta.- Como nosotros, ella adoraba lo que no veía, en lo cual consiste la esencia y la perfección de la fe. Tras ese velo obscuro y debajo de esas apariencias inertes, ella reconocía a su Hijo y a su Dios con una certidumbre mayor que la de los sentidos. Confesaba la realidad de su presencia y de su vida y la honraba en todas sus cualidades y grandezas. Adoraba a Jesús oculto debajo de formas extrañas; pero su amor traspasaba la nube e iba hasta los pies sagrados de Jesús, que veneraba con el más cariñoso respeto, hasta sus santas y venerables manos en que tomó el pan de vida, y bendecía la boca sagrada que había proferido estas palabras adorables: Esto es mi cuerpo, comedlo; esto es mi sangre, bebedla. Adoraba al corazón abrasado de amor de donde salió la Eucaristía. Hubiera ella querido anonadarse ante esta divina majestad anonadada en el Sacramento, para rendirle todo el honor y todos los homenajes que le son debidos.

Por eso adoraba ella la presencia de su hijo con el respeto exterior más piadoso y profundo. Ante el sagrario, estaba de rodillas, con las manos juntas o cruzadas sobre su pecho, o extendidas, cuando estaba sola, hacia Dios preso de amor. Todo en ella exhalaba recogimiento; una modestia consumada componía todos sus sentidos.

Nada más que ver a María adorando a Jesús despertaba la fe, inspiraba devoción y encendía el fervor de los fieles.

 San Pedro Julián Eymard



sábado, 3 de julio de 2021

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES

 

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EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS

La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo: 

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»

En seguida dijo la Santísima Virgen: 

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

LA INTENCIÓN REPARADORA

Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.






sábado, 26 de junio de 2021

ALMA MARIANA

 

San Juan Bautista es un alma tan ardientemente mariana que, aún en el seno materno, rindió a Nuestra Señora un acto de devoción intensísimo. Es el apóstol, el discípulo fiel, el devoto perfecto de la Santísima Virgen, que oye su voz, en Ella discierne los primeros ecos de la voz del Cordero de Dios que debía anunciar y se estremece enteramente de gozo.

Debemos, por tanto, venerar en San Juan Bautista el modelo del verdadero y perfecto devoto de Nuestra Señora, pidiéndole que haga de nosotros perfectos devotos de Ella y tengamos un oído interior por donde, cuando oigamos la voz de María Santísima, estremezcamos de gozo también, de manera que nunca una petición de Ella nos encuentre de mala gana, tristes, enojados, con deseo de no atenderla. Al contrario, que su voz nos haga estremecer de alegría incluso cuando nos diga una palabra austera de renuncia, de sacrificio, de sufrimiento.

 

Plinio Corrêa de Oliveira