Ne tímeas, María: invenísti grátiam apud Dóminum: ecce concípies et páries fílium. Allelúia

jueves, 8 de diciembre de 2022

ADVIENTO, TIEMPO DE PAZ EN MARÍA

 

En este tiempo de Adviento, contemplemos cómo la humildad siempre va acompañada de la Paz, ese silencio plácido que invade el alma y la hace descender a las profundidades del Inmaculado Corazón de María.


El hombre humilde calla, calla sobre sí mismo ante Dios y ante los hombres. Y este silencio lo pacifica y produce en él el desapego y la confianza. El desprendimiento de la creación y la confianza en Dios, el recogimiento en Dios. De todas las criaturas, la Virgen María es obviamente la que ha alcanzado el más alto grado de confianza en Dios, la más contemplativa y la más plácida.

Sin embargo, lo que la humildad produce en nosotros se produce de manera incomparablemente más perfecta en María.

De hecho, la paz que nuestro Rex pacificus causó en nuestras almas a través de su cruz, la causó poniendo las cosas en orden. Sin embargo, en la Virgen María no había necesidad de restaurar el orden, ya que Ella es la Inmaculada. No sólo está en paz, sino que Ella misma es completamente pacificada. Se podría decir que Ella es la paz misma.

En las letanías es llamada “La Reina de la Paz”. De hecho, Ella lleva este título en el sentido completo de la palabra: Al lado de Dios, que es la Paz, la Virgen María es una imagen de esta paz de Dios. Y entonces, a nuestro lado, la Virgen María es la causa de nuestra paz. La Virgen María es pacificada porque todo en ella está perfectamente en orden.

Cada Ecce que pronunciaba era seguido por el Fiat del consentimiento, de la aceptación. Ella era perfectamente sumisa, perfectamente dependiente de Dios. Siempre permanecía en su lugar. Nunca le negó nada a Dios. Siempre consintió, siempre aceptó. Confiaba sin preocuparse por nada. Siempre estaba en paz sin que nada la molestara o perturbara. Todas las pruebas de su vida, todas esas espadas que atravesaron su alma, a lo largo de su existencia, a lo largo de su vida con Jesús, siempre la encontraron perfectamente dispuesta, completamente en paz, inclinada a aceptar la Voluntad de Dios tal como se manifestaba. Y precisamente esto le da una majestad extraordinaria. No sólo es pacificada, es la Reina de la Paz. Parece como si el Rex pacificus le hubiera comunicado su encanto real.

La Virgen María, no sólo es completamente pacificada, sino que ella misma nos pacifica. Cuando la miramos es como cuando miramos a una reina, una mujer que nos comunica su paz. Ella nos pacifica, nos pone en nuestro lugar. Su mirada nos endereza, nos ordena, nos limpia, nos hace dependientes de Dios.

¿Crees que amar a Dios es darle algo? Dale acceso, no pide nada más. Esto es lo que hace la Virgen María. Amar a Dios es ofrecerse a la generosidad de su amor, es permitirle que nos ame. Esto es lo que la Virgen María hizo y esta es la verdadera Paz que el mundo no puede dar y que sólo la humildad enseña.








Hubo una vez una más pura que las demás en un rincón de Galilea.
Porque las otras eran puras, pero María era la flor de la pureza.
La voz eterna del Arcángel iluminó su obscuridad y su pobreza.
Ave María (le decía como nosotros le decimos), gratia plena.
Su corazón, que era un prodigio, quedó suspenso al escuchar la voz aquella.
La criatura se asombraba de ver a Dios Nuestro Señor pendiente de ella.
Adán oía entre las sombras y entre las sombras escuchaban los Profetas.
Los pobres muertos, en su patria de polvo y siglos, esperaban la respuesta.

Cuando la niña abrió los labios, el paraíso lentamente abrió sus puertas.
Y Dios bajó, para salvarnos, al vientre puro de su Madre, la Doncella.





¡Virgen y Reina Inmaculada, Corona y Gloria de la creación y embeleso de la Santísima Trinidad!



sábado, 19 de noviembre de 2022

MARÍA

 


EL PODER DE MARÍA


“El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres hijos que Ella suscitará para hacerle la guerra. Serán pequeños y pobres a juicio del mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracias de Dios, que María les distribuirá con abundancia; grandes y elevados en santidad delante de Dios; superiores a cualquier otra creatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino, que, con la humildad de su calcañar y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo”.

 San Luis María Grignon de Monfort





LA VIRGEN AL MEDIODÍA



No tengo nada que ofrecerte,
nada que solicitarte…
Vengo solamente, ¡oh María!,
para contemplarte…,
contemplar tu rostro,
dejar al corazón que cante
en tu propio lenguaje…


Porque Tú eres hermosa,
porque eres Inmaculada,
la Mujer de la Gracia
finalmente restaurada,
la criatura en su primigenio honor
y en su florecimiento definitivo,
tal como salió de Dios
en la mañana de su original esplendor.


Inefablemente intacta
porque Tú eres la Madre de Jesucristo,
que es la verdad entre tus brazos,
y la única esperanza y el único fruto.


Porque Tú eres la mujer, el Edén
de la antigua ternura olvidada…
¡Que toda la creación te cante agradecida,
Madre de Jesucristo,
simplemente porque existes!

 

Paul Claudel




sábado, 29 de octubre de 2022

CUANDO DIGO EL AVEMARÍA...

 

Refiere el Beato Alano, en su Salterio, que una religiosa muy devota del Rosario se apareció después de su muerte a una de sus hermanas y le dijo:

"Si pudiera volver a mi cuerpo para decir solamente un avemaría, aun cuando fuera sin mucho fervor, por tener el mérito de esa oración, sufriría con gusto cuantos dolores padecí antes de morir."

Hay que advertir que había sufrido durante varios años crueles dolores.


"Que quien te ama, ¡oh excelsa María!, escuche esto y se llene de gozo: El cielo exulta de dicha, y de admiración la tierra, cuando digo Ave María. Mientras aborrezco al mundo, en amor de Dios me inundo cuando digo Ave María. Mis temores se disipan, mis pasiones se apaciguan, cuando digo Ave María. Se aumenta mi devoción y alcanzo la contrición cuando digo Ave María. Se confirma mi esperanza, mi consuelo se agiganta, cuando digo Ave María. Mi alma de gozo palpita, mi tristeza se disipa, cuando digo Ave María, porque la dulzura de esta suavísima salutación es tan grande que no hay término apropiado para explicarla debidamente, y después que hubiera uno dicho de ella maravillas, resultaría aún tan escondida y profunda que no podríamos descubrirla. Es corta en palabras, pero grande en misterios; es más dulce que la miel y más preciosa que el oro. Es preciso tenerla frecuentemente en el corazón para meditarla y en la boca para leerla y repetirla devotamente."

 

Beato Alano de la Roche, a la Santísima Virgen.





sábado, 15 de octubre de 2022

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

 

¡Yo os saludo, oh María, esperanza de los cristianos! Escuchad la humilde plegaria de un pecador que os honra y os ama. A Vos os debo la vida: Vos sois mi esperanza, y la prenda de mi salvación. Os suplico que me libréis del peso de mis iniquidades, disipes las tinieblas de mi espíritu y extirpéis en mi corazón las afecciones terrestres. Reprimid las tentaciones de mis enemigos y arreglad de tal modo mi vida, que por vuestra mediación y bajo vuestra dirección, pueda yo llegar a la eterna bienaventuranza. Amén.


San Alfonso María de Ligorio



martes, 11 de octubre de 2022

11 DE OCTUBRE, MATERNIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

 


EL CORAZÓN DE MARÍA ES EL CORAZÓN DE NUESTRA MADRE

El Corazón Inmaculado de María es el Corazón de aquella que es Madre de Dios, pero también Madre de todos los hombres. En la persona del discípulo amado, al pie de la Cruz, Jesús entregó su Madre a toda la Iglesia y a la misma humanidad:

“Hijo, ahí tienes a tu madre”

En el Corazón santísimo de María todos los hombres tienen cabida, a todos nos ama como a hijos suyos; siendo siempre para todos amor, ayuda, consuelo, fortaleza y compasión. Decía el Santo Cura de Ars:

“El Corazón de María es tan grande para con nosotros que, si reuniéramos el amor de los corazones de todas las madres, ese amor, con ser tan grande, parecería un pedazo de hielo comparado con el inmenso amor que en el Corazón de María arde hacia nosotros sus hijos”.

¿Cuál es el deseo del hijo hacia su Madre? Corresponder a su amor. Amor con amor se paga, solemos decir. Por eso la devoción y veneración al Corazón Inmaculado de María ha de ser un verdadero deseo de corresponder a su amor, de ser un fiel y amante hijo de la Virgen. El verdadero devoto de la Virgen María quiere ser santo imitándola a Ella en todo.

San Antonio María Claret se decía a sí mismo:

“Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abraza por donde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos”.



 

sábado, 8 de octubre de 2022

HUMILDAD A SEMEJANZA DE LA VIRGEN

 


Para que Dios se digne más fácilmente concederte tanto favor, toma por abogada y protectora a la Santísima Virgen. San Bernardo dice que María se ha humillado más que ninguna otra criatura y que, siendo Ella la más grande de todas, se ha hecho la más pequeña por el profundísimo abismo de su humildad. Por tal razón, María ha recibido la plenitud de la gracia y ha sido digna de ser Madre de Dios. María, al mismo tiempo es Madre de misericordia y de ternura, a la cual nunca se recurre en vano. Entrégate lleno de confianza a su seno maternal; suplícale encarecidamente que quiera obtenerte la virtud que le fue de tanto aprecio y no temas que no quiera cuidar del lodo. María pedirá por ti al Dios que cría al humilde y aniquila al soberbio; y ya que María es además omnipotente con su Hijo, será de Él ciertamente oída. Acude a Ella en todas tus cruces, en todas tus necesidades, en todas tus tentaciones: María será tu apoyo, María será tu consuelo; pero la principal gracia que debes pedirle es la santa humildad. Jamás calles ni dejes de pedírsela hasta que la hayas conseguido y no temas importunarla demasiado. ¡Oh; cuánto agrada a María esta importunidad por la salvación de tu alma y para hacerte más aceptable a su divino Hijo! Finalmente, le rogarás por su humildad, que fue causa de su elevación a la dignidad de Madre de Dios, y por su divina Maternidad, que fue el fruto inefable de su humildad, te sea siempre propicia.



Del libro "Práctica de la humildad", del 
entonces Cardenal Pecci, posteriormente S.S. 
el Papa León XIII, cuando era obispo de Perugia.





viernes, 7 de octubre de 2022

RESTAURACIÓN DE LA PRÁCTICA DEL ROSARIO

 


La malicia y envidia del demonio han contribuido, sin duda, a la menor estimación del Santo Rosario, para detener los torrentes de gracia de Dios que esta devoción atraía al mundo. Como ejemplo sirva el hecho de como decayó la Cofradía del Santo Rosario fundada por santo Domino y, por ello, la justicia divina afligió todos los reinos de Europa el año 1349 con la peste más horrible que se recuerda, la cual desde Levante se extendió a Italia, Alemania, Francia, Polonia y Hungría y desoló casi todos estos territorios, pues de cien hombres apenas quedaba uno vivo; las poblaciones, las villas, las aldeas y los monasterios quedaron casi desiertos durante los tres años que duró la epidemia. Este azote de Dios fue seguido de otros dos: la herejía de los flagelantes y un desgraciado cisma el año 1376.

Luego que, por la misericordia de Dios, cesaron estas calamidades, la Santísima Virgen ordenó al Beato Alano de la Roche, célebre doctor y famoso predicador de la Orden de Santo Domingo renovar la antigua Cofradía del Santo Rosario, que empezó a trabajar en esta gran obra después que Nuestro Señor Jesucristo, se le manifestó un día en la Sagrada Hostia: "¿Por qué me crucificas tú de nuevo?" "¿Cómo, Señor?", le contestó el Beato Alano enteramente sorprendido. "Son tus pecados los que me crucifican, le respondió Jesucristo, y preferiría ser crucificado otra vez a ver a mi Padre ofendido por los pecados que has cometido. Y me crucificas aún, porque tienes ciencia y cuanto es necesario para predicar el Rosario de mi Madre y por este medio instruir y desviar muchas almas del pecado; tú los salvarías, impidiendo grandes males, y, no haciéndolo, eres culpable de los pecados que ellos cometen" Estos reproches terribles resolvieron al Beato Alano a predicar incesantemente el Rosario.

 

Del libro; El secreto admirable del Rosario”,
de San Luis María Grignión de Montfort.





sábado, 24 de septiembre de 2022

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

 

Los que obran por Mí, no pecarán (Eccli., 24,30) Los que me esclarecen tendrán vida eterna (Eccli., 24. 31), dice María. Los que se esfuerzan por darme a conocer y amar a los demás serán predestinados. Promete, siempre que puedas, hablar, en público o en privado, de las glorias de la devoción a María.


¡Oh Soberana mía, oh Madre de mi Salvador!, Vos sois bienaventurada entre todas las mujeres, pura entre todas las vírgenes, Reina de todas las criaturas. He aquí que todas las naciones os llaman por excelencia bienaventurada. Haced que yo publique vuestra grandeza cuando pueda publicarla, que os ame cuando amaros, que os invoque cuando pueda invocaros, que contribuya a hacer que os honren cuanto a ello puedan contribuir mis fuerzas, mi celo, mi amor. Quisiera ver todo el universo prosternado a vuestros pies, todo los corazones abrasados en vuestro amor, y que todos amasen a vuestro divino Hijo como Vos lo amasteis en este mundo y le ameréis por toda la eternidad. Instantemente os pido para mí esta gracia, aunque yo sea indigno de obtenerla. Así sea.

 San Ildefonso



sábado, 17 de septiembre de 2022

FIESTAS DE NUESTRA MADRE

 


Tu Natividad, ¡oh Virgen y Madre de Dios!, anunció la alegría al mundo entero: porque de Ti ha nacido el Sol de Justicia, Cristo, nuestro Dios, que borrando la maldición, nos trajo la bendición del cielo, y, confundiendo a la muerte, nos dio la vida perdurable.

Así como la primera Eva, radiante de vida e inocencia, salió del costado de Adán, la Virgen María, resplandeciente e Inmaculada, salió del corazón del Verbo eterno, quien, por obra y gracia del Espíritu Santo, como lo enseña la liturgia, quiso formar ese cuerpo y esa alma que algún día le servirían como tabernáculo y altar.

Esta fiesta tiene su origen en oriente, donde se le menciona en las homilías de Andrés de Creta. Por el contrario, en Roma, todavía en la época de Honorio I (625-638), se seguía celebrando este día la fiesta de San Adrián. Por lo tanto, la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen en occidente aparece únicamente hasta el papado de Sergio I (687-701).

Éste es el día de cantar con la Santa Iglesia: "Tu nacimiento, ¡oh Virgen gloriosa!, anuncia para el mundo la más pura de las alegrías". Porque esta Niña que hoy nace es la mujer predestinada de quien se dijeron esas palabras de una profundidad insondable: “María, de qua natus est Jesus”. María es inseparable de Jesús, y las gentes decían: "¿No es éste el Hijo de María?" En relación con Jesús la predestinó Dios Padre desde toda la eternidad, la formó el Verbo Creador, y la enriqueció y hermoseó el Espíritu Santificador.




«No fue inventado en la tierra el nombre santísimo de MARÍA, sino que descendió del cielo por divina ordenación». Después del santo nombre de Jesús, es el de MARÍA tan rico en bienes soberanos, que ni en la tierra ni en el cielo resuena otro con el que experimenten las almas piadosas tantas avenidas de gracia, confianza y dulzura.

Escribe San Ambrosio, es vuestro nombre, María, bálsamo lleno de celestial fragancia, y así, Virgen piadosísima, os pido que descienda hasta lo íntimo de mi corazón, concediéndome que lo traiga siempre estampado en él con amor y confianza, pues quien os tenga y os nombre así, puede estar seguro de haber alcanzado ya la gracia divina, o, al menos, prenda segura de haberla de poseer pronto.

La misma bienaventurada Virgen reveló a Santa Brígida que no hay en esta vida pecador tan tibio en el amor divino que, invocando su Santo Nombre, con propósito de enmendarse, no ahuyente luego de él al demonio. Y se lo confirmó diciéndole que todos los demonios de t a l modo veneran su nombre y lo temen, que al oírlo resonar sueltan luego del alma las uñas con que la tenían asida.

Atestigua San Germán de Constantinopla que, así como la respiración es señal de vida, así también el pronunciar a menudo el nombre de María es señal, o de vivir ya en la divina gracia o de que presto vendrá la vida; pues este poderoso nombre tiene la virtud de alcanzar el auxilio y la vida a quien devotamente lo invocare.

Sigamos, pues, siempre el admirable consejo de San Bernardo, que dice: En todos los peligros de perder la gracia divina pensemos en MARÍA, e invoquemos a MARÍA juntamente con el nombre de Jesús, pues estos dos nombres van estrechamente unidos. Jamás se aparten estos dos dulcísimos y poderosísimos nombres de nuestro corazón y de nuestra boca, porque ellos nos darán fuerza para no caer y para vencer todas las tentaciones. Son magníficas las gracias que Jesucristo ha prometido a los devotos del nombre de MARÍA.

San Efrén llega a decir que el nombre de MARÍA es la llave de la puerta del cielo para el que devotamente lo invoca. Y Tomás de Kempis asegura: Si queréis, hermanos, hallar consuelo en todos los trabajos, acudid a MARÍA, invocada MARÍA, obsequiada MARÍA, encomendaos a MARÍA. Alegraos con MARÍA, con MARÍA llorad, con MARÍA rogad, con MARÍA caminad, con MARÍA buscad a Jesús. Con Jesús y MARÍA, en fin, desead vivir y morir.

Después del más santo y adorable nombre de Jesús, no hay nombre más glorioso o más poderoso que el nombre de MARÍA. Ante la mención de este nombre los ángeles se regocijan y los demonios tiemblan; a través de esta invocación de este nombre, los pecadores obtienen la gracia y el perdón. Observa San Pedro Canisio.

En el Avemaría ya bendecimos el nombre de MARÍA, haciéndolo con siete alabanzas grandiosas, antes de llegar a pedirle su intercesión ante Dios: «ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte». Y también las Bendiciones en la adoración eucarística: «Bendito sea el nombre de MARÍA, Virgen y Madre».

Concluyamos con San Alfonso: Muy dulce es, por tanto, ya en esta vida el santísimo nombre de MARÍA para sus devotos, por las innumerables gracias que, como hemos visto, les alcanza. Pero más dulce lo hallarán en la hora suprema por la dulce y santa muerte que les obtendrá.



sábado, 27 de agosto de 2022

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

¡Ésta es toda mi confianza, ésta es toda la razón de mi esperanza!

Dichoso el hombre que me escucha, vigilando a mis puertas cada día, guardando las jambas de mi entrada (Prov., 8, 34) ¡Dichoso el que, como los pobres ante las puertas de los ricos, procura buscar limosna de gracias ante las puertas de la misericordia de María! ¡Y más dichoso quien procura imitar las virtudes que observa en María, especialmente su pureza y su humildad!

 

¡Oh Madre de misericordia! Cuando vivíais en la tierra merecíais ya el tributo de nuestra veneración y de nuestra confianza. Pero ahora que estáis elevada a lo más alto de los cielos, los verdaderos fieles os miran como el propiciatario de todas las naciones. Os suplicamos, pues, instantemente, ¡oh Virgen Santa!, que nos concedáis el socorro de vuestra intercesión y de vuestras plegarias ante Dios. Santas plegarias, que nos son más queridas y más preciosas que todos los tesoros de la tierra; plegarias eficaces, que nos obtienen de Dios la abundancia de sus gracias; plegarias poderosas, que detienen e inutilizan todos los esfuerzos de nuestros enemigos, siempre conjurados contra nosotros. Deshacedlos, ¡oh Madre de misericordia!; confundid sus proyectos, armad nuestra debilidad contra su malicia y mostrad que sois verdaderamente la Madre de todos los fieles que ponen en Vos su confianza. La mía os la entrego toda y hasta el último suspiro esperaré en Vos.

San Andrés de Creta





lunes, 22 de agosto de 2022

22 DE AGOSTO, FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

 

Fuentes de gracias son todas las fiestas que se celebran en la Iglesia; especialmente las de Nuestro Señor y su bendita Madre. Pero como el corazón es la sede del amor y de la caridad, y como la caridad es la reina de las demás virtudes y la fuente de todas las gracias, la fiesta del Purí­simo Corazón de la Madre admirable es como el corazón y la reina de todas las otras.


 Día de la fiesta

El Sacratísimo Corazón de la Bienaventurada Virgen, objeto de la fiesta.

Excelencia del Corazón de María.- Consideremos con atención cuál es el objeto de esta fiesta: es el Corazón Sagrado de la Reina del cielo y de la tierra; es el Corazón de la Su­prema Emperatriz del universo; es el Corazón de la Hija predilecta y muy amada del Padre; es el Corazón de la Madre de Dios; es el Corazón de la Esposa del Espíritu Santo; es el Corazón de la bondadosísima Madre de todos los fieles; es el Corazón más digno, más noble, más eleva­do, más generoso, más excelente, más caritativo, más amado, más amable y más amado de todos los corazones de las meras criaturas. Es un Co­razón del todo abrasado de amor a Dios y total­mente inflamado de caridad para con nosotros; merecería tantas fiestas como actos de amor hizo a Dios y actos de caridad hacia nosotros. Unid a Él, el Corazón de Jesús que no forma sino un solo corazón con el de su queridísima Madre, por unidad de espíritu, de afecto y de voluntad. Unidle también todos los corazones de todos los Ángeles y de todos los Santos que no forman entre sí y con el de su Padre y el de su Madre, sino un solo Corazón.

He aquí el objeto de esta fiesta: muy grande, muy admirable, y digno de veneración y de ala­banzas infinitas.

Concebid, pues, un gran deseo de celebrarla con toda la devoción que os sea posible.

El Corazón de María se nos ha sido dado.- Considerad que esta fiesta es un día de gozo extraordinario para nosotros, porque el Cora­zón de nuestra divina Madre nos pertenece por cuatro títulos:


1° porque el eterno Padre nos lo ha dado.
2° porque el Hijo de Dios nos lo ha dado.
3° porque el Espíritu Santo nos lo ha dado.
4º porque también Ella nos lo ha dado.

Y como el Corazón de Jesús, y todos los Cora­zones de los Ángeles y de los Santos no forman con ese Corazón que es nuestro, sino uno solo, todos esos Corazones también nos pertenecen.

¡Oh, el tesoro!, ¡oh la dicha y el bien nuestro! ¡Oh, cuán ricos somos! ¡Oh, qué gozosos y agra­decidos debemos estar!

¡Oh, queridísimo Jesús mío!, ¿qué os daré por tantos favores como recibo sin cesar de vuestra infinita bondad y de la caridad incomparable de vuestra Santísima Madre? Os ofrezco mi co­razón, que os pertenece por mil títulos. Pero... ¿qué es ofreceros el corazón de un pobre peca­dor? Os ofrezco el corazón de todos vuestros Ángeles y de todos vuestros Santos. Pero esto es poco todavía, comparado con el tesoro inmenso que me disteis al darme el Corazón de vuestra Santísima Madre.

Os ofrezco ese Corazón que os agrada más Él solo, que todos los corazones del universo. Pero esto no basta aún para cumplir, yo, íntegramen­te todas mis obligaciones. Os ofrezco vuestro Corazón adorable, todo abrasado de amor in­menso e infinito hacia Vos y hacia vuestro Padre divino.

¡Oh, Reina de mi corazón, os ofrezco tam­bién a Vos, ese Corazón de vuestro Hijo, infi­nitamente amoroso, en acción de gracias por el tesoro inestimable que me disteis al darme vues­tro maternal Corazón!





sábado, 20 de agosto de 2022

OS PIDO, MADRE MÍA...

"Nuestra Señora del Clero" Iglesia de Santa Cecilia, Sao Paulo (Brasil)

 


Madre mía, cuando Jesús estaba en vuestro claustro, Vos hallabais numerosas cosas que decirle; ved, sin embargo, ¡qué miserias le digo yo en el momento en que lo recibo en la Sagrada Eucaristía! Por eso os pido: Habladle por mí, Madre mía, y decidle todo lo que yo quisiera ser capaz de decir, pero no lo soy. Adoradlo como yo quisiera adorarlo; dadle la acción de gracias que yo quisiera darle; presentadle actos de reparación por mis pecados y por los del mundo entero, con un ardor de reparación que, desgraciadamente, no tengo.

Madre, pedid por mí y por todos los hombres todo lo que fuere necesario para que realicemos vuestra gloria; pues; Madre mía, lo que os pido más que nada es vuestra gloria, vuestro Reino. Amén.

Plinio Corrêa de Oliveira