Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

sábado, 2 de julio de 2022

VISITACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA / PRIMER SÁBADO DE MES

Hoy es la Fiesta de la Visitación de Nuestra Madre a su prima Santa Isabel.


DIOS TE SALVE; MARÍA, MADRE DE DIOS


Dios te salve, María, Madre de Dios, tesoro veneradísimo de todo el orbe, antorcha inextinguible, corona de virginidad, cetro de recta doctrina, templo indestructible, habitación de Aquél que es inabarcable, Virgen y Madre, por quien nos ha sido dado Aquél que es llamado bendito por excelencia, y que ha venido en nombre del Padre.

Salve a ti, que en tu santo y virginal seno has encerrado al Inmenso e Incomprehensible.

Por quien la Santísima Trinidad es adorada y glorificada, y la preciosa Cruz se venera y festeja en toda la tierra.

Por quien exulta el Cielo, se alegran los ángeles y arcángeles, huyen los demonios.

Por quien el tentador fue arrojado del Cielo y la criatura caída es llevada al Paraíso.

Por quien todos los hombres,  aprisionados por el engaño de los ídolos, llegan al conocimiento de la verdad.

Por quien el santo Bautismo es regalado a los creyentes, se obtiene el óleo de la alegría, es fundada la Iglesia en todo el mundo, y las gentes son movidas a penitencia.

¿Y qué más puedo decir?

Por quien el Unigénito Hijo de Dios brilló como Luz sobre los que yacían en las tinieblas y sombras de la muerte. Por quien los Profetas preanunciaron las cosas futuras. Por quien los Apóstoles predicaron la salvación a los gentiles. Por quien los muertos resucitan y los reyes reinan, por la Santísima Trinidad.

¿Quién de entre los hombres será capaz de alabar como se merece a María, que es digna de toda alabanza? Es Virgen

Madre, ¡oh cosa maravillosa! Este milagro me llena de estupor.

¿Quién ha oído decir que al constructor de un templo se le prohíba habitar en él?

¿Quién podrá ser tachado de ignominia por el hecho de que tome a su propia Esclava por Madre?

Así, pues, todo el mundo se alegra (...);

También nosotros hemos de adorar y respetar la unión del Verbo con la carne, temer y dar culto a la Santa Trinidad, celebrar con nuestros himnos a María, siempre Virgen, templo santo de Dios, y a su Hijo, el Esposo de la Iglesia, Jesucristo Nuestro Señor. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 



SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, Homilía
pronunciada en el Concilio de Efeso.







sábado, 18 de junio de 2022

PASTORA, NO JORNALERA

¡Dichosas ovejas, que tal Pastora tenían y tal pasto recibían por medio de Ella! Pastora, no jornalera que buscase su propio interés, pues que amaba tanto a las ovejas que, después de haber dado por la vida de ellas la vida de su amantísimo Hijo, diera de muy buena gana su vida propia, si necesidad de Ella tuvieran.

 

¡Cristianos! Ovejas sois de Jesucristo, y él es vuestro pastor. ¡Oh dichosas ovejas, que tienen tal pastor! Mis ovejas –dice el Señor– oyen mi voz; y yo las conozco, y ellas me siguen a mí, y yo les daré la vida eterna, y no perecerán para siempre jamás, y no habrá nadie tan poderoso que me las arrebate de la mano. ¡Oh bendito tan buen Pastor! ¡Bendito tal Señor, rey y pastor!

Hacía Dios, a todos los principales, pastores; a todos los ocupaba en guardar ovejas, y de allí sacaba unos para profetas, otros para patriarcas, otros para reyes. Querría significar que Jesucristo había de ser profeta de los profetas, patriarcas, rey y pastor. También las mujeres de aquel tiempo, como era Rebeca y Lía y Raquel y otras muchas, denotaban a la Virgen sin mancilla, que, después de Jesucristo, no ha habido otra pastora, ni hay quien así guarde las ovejas de Jesucristo, y pues la Virgen sin mancilla es nuestra pastora después de Dios, supliquémosle que nos apaciente, alcanzándonos gracia.

San Pablo dice que daba leche y regalaba a sus hijos pequeños y que, para ganar a todos, se hacía todas las cosas a todos; ¡cuánto más verdaderamente haría el oficio de madre esta Virgen sagrada, pues sin ninguna comparación les tenía mayor caridad que san Pablo! Sus entrañas santísimas se henchían de consolación viendo que el fruto de la pasión de su benditísimo Hijo no salía en balde, pues por el mérito de ella tanta gente se convertía a él. Y parecíale que acoger y regalar, enseñar y esforzar a los que a ella venían, era recoger la sangre de su Hijo bendito, que delante los ojos de ella se había derramado por ellos. Alababa a la divina bondad, y ningún trabajo le parecía pesado, y ninguna hora era fuera de hora para recoger aquel ganado que entendía que el Señor le enviaba para que lo aceptase en la gracia del Señor.

Muy bien supo el Señor lo que hizo en dejar tal Madre en la tierra, y muy bien se cumplió lo que estaba escrito de la buena mujer, que confió en ella el corazón de su marido. Porque lo que su Esposo e Hijo Jesucristo había ganado en el monte Calvario derramando su sangre, ella lo guardaba y cuidaba y procuraba de acrecentar como hacienda de sus entrañas, por cuyo bien tales y tantas prendas tenía metidas.

¡Dichosas ovejas, que tal pastora tenían y tal pasto recibían por medio de ella! Pastora, no jornalera que buscase su propio interés, pues que amaba tanto a las ovejas que, después de haber dado por la vida de ellas la vida de su amantísimo Hijo, diera de muy buena gana su vida propia, si necesidad de ella tuvieran. ¡Oh, qué ejemplo para los que tienen cargo de almas! Del cual pueden aprender la saludable ciencia del regimiento de almas, la paciencia para sufrir los trabajos que en apacentarlas se ofrecen. Y no sólo será su maestra que los enseña, mas, si fuere con devoción de ellos llamada, les alcanzará fuerzas y lumbre para hacer bien el oficio.

 

San Juan de Ávila



sábado, 11 de junio de 2022

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

 


¡Oh María! Vos, que tan ardientemente deseáis que amemos a vuestro divino Hijo, alcanzadme un amor verdadero para este adorable Salvador. Vos, que alcanzáis cuanto os place, escuchad mis súplicas y atraedme de tal manera a Jesús, que nunca cese de amarle. Alcanzadme también un grande amor hacia Vos, que sois la más amable de las criaturas y la más amada de Dios. Amén.

 San Alfonso María de Ligorio

 

El Papa Pío VII, por su rescripto de 12 de Julio de 1816, concedió a todos los que recen esta oración 100 días de indulgencia aplicable a las ánimas del Purgatorio.

 

 

 ORACIÓN

 

¡Oh María, fiel Mediadora de nuestra salvación! Haced que todos los cristianos, según la bella expresión de San Bernardo, consigan la dicha de honraros con todo su corazón, y os amen con toda su alma. Dignaos otorgarnos la gracia de que las súplicas que dirigimos al Señor le sean presentadas por vuestras sagradas manos y sean oídas favorablemente bajo vuestros auspicios. Amén.



martes, 31 de mayo de 2022

SÚPLICA A NUESTRA MADRE MARÍA PARA EL MES DE MAYO / SANTA MARÍA REINA

 


Dice el Beato Amadeo que la bienaventurada Reina María está continuamente ejercitando en la presencia de Dios el oficio de abogada nuestra e intercediendo con sus oraciones, que son para con Dios poderosísimas. Porque como ve nuestras miserias y peligros, la Clementísima Señora se compadece de nosotros y nos socorre con amor de Madre. De suerte que ahora mismo, ¡Madre y Abogada mía!, ves las miserias de mi alma y los peligros que me rodean y estás rezando por mí. Ruega y ruega y no dejes nunca de hacerlo hasta que me veas salvo y dándote humildes gracias en el cielo. Dice el devoto Blosio que Tú, ¡dulcísima María!, eres, después de Jesús, la salvación segura de vuestros siervos fieles. Yo te pido hoy esta gracia: concédeme la dicha de ser tu siervo hasta la muerte, para que después de esta vida vaya a bendecirte en el cielo, seguro ya de que jamás habré de apartarme de tus pies mientras Dios sea Dios.

María, Madre mía, haz que sea yo siempre tuyo.


ORACIÓN

¡Inmaculada Virgen y Madre mía Santísima! A Ti, que eres la “Madre de mi Señor”, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza y el refugio de los pecadores, acudo en este día yo que soy el más necesitado de todos. Te alabo, Madre de Dios y te agradezco todas las gracias que hasta ahora me has hecho, especialmente la de haberme librado del infierno que tantas veces he merecido.  Te amo, ¡Señora y Madre mía!, y por el amor que te tengo te prometo servirte siempre y hacer todo lo posible para que seas también amada de los demás. En Ti pongo mi esperanza y mi eterna salvación.  Madre de misericordia, acéptame por tu hijo y acógeme bajo tu manto, y ya que eres tan poderosa ante Dios, líbrame de las tentaciones y dame fuerza para vencerlas hasta la muerte. Te pido el verdadero amor a Jesucristo. De Ti espero la gracia de una buena muerte.  Madre mía, por el amor que tienes a Dios, te ruego que siempre me ayudes, pero mucho más en el último momento de mi vida. No me desampares mientras no me veas a tu lado en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad. Amén.




sábado, 28 de mayo de 2022

SÚPLICA A NUESTRA MADRE MARÍA PARA EL MES DE MAYO

 


Cuanto alivio siento en mis miserias y cuanto consuelo en mis tribulaciones y qué esfuerzo recibo en la tentación no bien pienso en Ti e imploro tu socorro, ¡dulcísima Madre María! Razón tenéis, santos del cielo, en llamar a la Virgen “puerto de atribulados” -como san Efrén-; “alivio de nuestras miserias y consuelo de los desgraciados” -como san Buenaventura-; “remedio de nuestro llanto” -como san Germán. Consuélame, ¡Madre mía!, pues me veo lleno de pecados, cercado de enemigos, tibio en el amor de Dios. Consuélame, pero que la consolación que me des sea el hacerme empezar una vida nueva que verdaderamente agrade a tu Hijo y a Ti.

Conviérteme, transfórmame, Madre mía, que Tú puedes hacerlo.


ORACIÓN

¡Inmaculada Virgen y Madre mía Santísima! A Ti, que eres la “Madre de mi Señor”, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza y el refugio de los pecadores, acudo en este día yo que soy el más necesitado de todos. Te alabo, Madre de Dios y te agradezco todas las gracias que hasta ahora me has hecho, especialmente la de haberme librado del infierno que tantas veces he merecido. Te amo, Señora y Madre mía, y por el amor que te tengo te prometo servirte siempre y hacer todo lo posible para que seas también amada de los demás. En Ti pongo mi esperanza y mi eterna salvación.  Madre de misericordia, acéptame por tu hijo y acógeme bajo tu manto, y ya que eres tan poderosa ante Dios, líbrame de las tentaciones y dame fuerza para vencerlas hasta la muerte. Te pido el verdadero amor a Jesucristo. De Ti espero la gracia de una buena muerte.  ¡Madre mía!, por el amor que tienes a Dios, te ruego que siempre me ayudes, pero mucho más en el último momento de mi vida. No me desampares mientras no me veas a tu lado en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad. Amén.




sábado, 21 de mayo de 2022

SÚPLICA A NUESTRA MADRE MARÍA PARA EL MES DE MAYO

 


San Bernardo llama a María “camino real para hallar al Salvador y la salvación”. Si es cierto, Reina mía, que eres, como el mismo dice, quien conduce nuestras almas a Dios, no esperes que yo vaya a Dios si no me llevas en tus brazos. Llévame, sí; y si me resisto, llévame a la fuerza. Con los dulces atractivos de tu amor fuerza cuanto puedas a mi alma, a mi rebelde voluntad, para que deje a las criaturas y busque sólo a Dios y su voluntad santísima. Muestra a los cielos cuán poderosa eres; muestra, entre tantos prodigios, esta otra maravilla de tu misericordia uniendo enteramente con Dios a quien tan lejos de Él está.

¡María, puedes hacerme santo; de Ti lo espero!


ORACIÓN

¡Inmaculada Virgen y Madre mía Santísima! A Ti, que eres la “Madre de mi Señor”, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza y el refugio de los pecadores, acudo en este día yo que soy el más necesitado de todos. Te alabo, Madre de Dios y te agradezco todas las gracias que hasta ahora me has hecho, especialmente la de haberme librado del infierno que tantas veces he merecido.  Te amo, Señora y Madre mía, y por el amor que te tengo te prometo servirte siempre y hacer todo lo posible para que seas también amada de los demás. En Ti pongo mi esperanza y mi eterna salvación.  Madre de misericordia, acéptame por tu hijo y acógeme bajo tu manto, y ya que eres tan poderosa ante Dios, líbrame de las tentaciones y dame fuerza para vencerlas hasta la muerte. Te pido el verdadero amor a Jesucristo. De Ti espero la gracia de una buena muerte.  Madre mía, por el amor que tienes a Dios, te ruego que siempre me ayudes, pero mucho más en el último momento de mi vida. No me desampares mientras no me veas a tu lado en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad. Amén.



sábado, 14 de mayo de 2022

SÚPLICA A NUESTRA MADRE MARÍA PARA EL MES DE MAYO

 


La caridad de María para con nosotros, según nos lo afirma san Bernardo, no puede ser ni mayor ni más poderosa de lo que es. Por lo cual se compadece siempre generosamente de nosotros con su cariño y nos socorre con su poder. Siendo, por tanto, Purísima Reina mía, rica en poder y rica en misericordia, puedes y deseas salvamos a todos. Te diré, pues, hoy y siempre, con el devoto Blosio: “María Santísima, en esta gran batalla que con el infierno tengo empeñada ayúdame siempre, y cuando veas que me hallo vacilante y próximo a caer, tiéndeme entonces, Señora mía, más pronto tu mano y sostenme con más fuerza”. ¡Dios mío, cuántas tentaciones tendré que vencer hasta la hora de mi muerte! María, esperanza, refugio y fortaleza mía, no permitas que pierda la gracia de Dios, pues propongo acudir siempre a ti en todas las tentaciones, diciendo:

 

Ayúdame, María; María, ayúdame.


ORACIÓN

¡Inmaculada Virgen y Madre mía Santísima! A Ti, que eres la “Madre de mi Señor”, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza y el refugio de los pecadores, acudo en este día yo que soy el más necesitado de todos. Te alabo, Madre de Dios y te agradezco todas las gracias que hasta ahora me has hecho, especialmente la de haberme librado del infierno que tantas veces he merecido.  Te amo, Señora y Madre mía, y por el amor que te tengo te prometo servirte siempre y hacer todo lo posible para que seas también amada de los demás. En ti pongo mi esperanza y mi eterna salvación.  Madre de misericordia, acéptame por tu hijo y acógeme bajo tu manto, y ya que eres tan poderosa ante Dios, líbrame de las tentaciones y dame fuerza para vencerlas hasta la muerte. Te pido el verdadero amor a Jesucristo. De ti espero la gracia de una buena muerte.  Madre mía, por el amor que tienes a Dios, te ruego que siempre me ayudes, pero mucho más en el último momento de mi vida. No me desampares mientras no me veas a tu lado en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad. Amén.




sábado, 30 de abril de 2022

ORACIONES A NUESTRA MADRE

 

Santísima Virgen María:

Haced que al poner el Señor en mi boca las palabras de David, lleguen al cielo limpias y transparentes, y no manchadas por mis impuros labios, indignos de pronunciarlas.

Haced, Señora, que sea atendida mi oración... Yo os la ofrezco para que Vos se la presentéis al Señor... Purificad mi intención... perdonad las faltas..., y así, al pasar por vuestras purísimas manos, haréis el milagro de transformar mis débiles alabanzas en canto purísimo que recree a Jesús y se digne a escucharme.

Todo lo espero de Vos..., pues, ¿quién soy yo para atreverme a tanto? Pero si tú intercedes..., entonces me atrevo a todo.

¿Y cómo no me vas a oír, si ya sabes que tu pobre trapense tanto te quiere?

¡Oh dulce! ¡oh Virgen María! Ruega por mí y por todos los pecadores como yo. No te olvides, Madre mía, que aunque el más pequeño, soy tu hijo.

 

San Rafael Arnáiz Barón




Oración de consagración y despedida a María de Montserrat

Gracias infinitas os doy, Madre mía queridísima, por haberme traído a este monte santo. Trono de vuestras gracias y de vuestra gloria y Paraíso de vuestras delicias, para hablarme al corazón en estos tres días de felicidad, y serenar mi ánimo y devolverme la paz perdida. Gracias infinitas os doy por haberme facilitado el subir a esta Montaña santa, símbolo de vuestra grandeza, reflejo de vuestra hermosura y emblema de vuestra fecunda virginidad. Vos, oh María, siempre, pero más en estos tres días, habéis sido para mi alma vida, dulzura y esperanza, luz, consuelo, salud y paz. Una vez más, Madre mía de mi alma, habéis probado en mí que jamás se ha oído decir que ni uno sólo de los que han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro haya sido desatendido en sus justos clamores. Os doy gracias muy rendidas por tanta bondad y misericordia, y en compensación de ellas, yo os consagro mi alma con todas sus potencias, mi cuerpo con todos sus sentidos: todo cuanto tengo y valgo os lo ofrezco; guardadme, pues, oh María, como cosa y posesión vuestra, y no piense sino en Vos, ni hable sino de Vos, ni pretenda sino hallaros a Vos con Jesús, fruto bendito de vuestro vientre, ahora y en la hora de mi muerte. Amén. 

Vengo a daros el último adiós, oh María, Madre mía de mi alma, Madre mía de mi corazón.

 San Enrique de Ossó





sábado, 16 de abril de 2022

RECUERDA LOS DOLORES DE TU MADRE

 


"La imagen de María, inclinada por el sufrimiento en el Calvario, nos enseña, que en la tierra el sufrimiento es la hermana gemela del amor"


Quien ama a María debe recordar también sus dolores, pues son, por así decirlo, dolores de parto por los que nos dio la gracia de la vida sobrenatural. En el Antiguo Testamento, antes de su muerte, Tobías le dio a su hijo el siguiente consejo, que nosotros también deberíamos tener en cuenta: "Honra a tu madre todos los días de su vida, pues sé consciente de las aflicciones que sufrió por ti" Las mismas palabras nos fueron dirigidas por Cristo cuando habló desde la cruz: “¡He aquí tu Madre!” El gran dolor, que sufrió por nosotros especialmente bajo la cruz, merece nuestra simpatía y reconocimiento. María Santísima dijo una vez a Santa Brígida de Suecia: "Mire a los hijos de los hombres para ver si alguien siente compasión por mí, pero oh, veo a muy pocos. Si tantos me olvidan, al menos tú, hija mía, no me olvides. Considera lo mucho que he sufrido"

El aspecto principal y que hay que destacar aquí es claramente su compasión durante la Pasión y especialmente bajo la Cruz: Aquí la Madre de Dios se convierte en Corredentora y Reina de los mártires, aquí da a luz espiritualmente a sus hijos.

Aunque María Santísima permaneció ilesa en su cuerpo, es sin embargo venerada como Reina de los Mártires. Su dolor en la Pasión consistía en su compasión por el Salvador, que era una compasión del más alto grado, por lo que naturalmente habría muerto. Como su amor por Jesús era indeciblemente grande, también lo era su compasión. Mientras que los mártires se sienten reconfortados por la íntima unión con Jesús durante su sufrimiento, para María esta misma unión se convirtió en la fuente de sufrimiento: Fue precisamente la contemplación de su Hijo en la cruz lo que le causó mayor dolor. Esta mirada de una madre a su tan amable y único Hijo, al que dedicó toda su vida; la mirada de la Inmaculada sobre su Dios, a quien había prometido su "Fiat" y se había entregado en amor virginal desde su nacimiento.

¿Puede imaginarse un amor más grande en la tierra? Fue la voluntad de Dios que se convirtiera en la Corredentora bajo la Cruz, para que se convirtiera en nuestra Madre, consoladora de los afligidos, auxilio de los cristianos y refugio de los pecadores. Su unión con la pasión de Cristo era tan íntima que San Alfonso dice: "Dos colgados en una cruz"




Bendíceme, Madre, y ruega por mí sin cesar. Aleja de mí, hoy y siempre, el pecado. Si tropiezo, tiende tu mano hacia mí. Si cien veces caigo, cien veces levántame. Si yo te olvido, Tú no te olvides de mí. Si me dejas, Madre, ¿qué será de mí? En los peligros del mundo, asísteme. Bajo tu manto quiero vivir y morir. Quiero que mi vida te haga sonreír. Mírame con compasión, no me dejes, ¡Madre mía! Y al fin, sal a recibirme y llévame junto a Ti. Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén.




sábado, 2 de abril de 2022

LOS DOLORES DE UNA MADRE

 


Encuentro de Jesús con su Madre.- Los soldados levantan con brutalidad al divino cautivo que sucumbía, más aún bajo el peso de nuestros pecados, que bajo el del instrumento de su suplicio. Acaba de reanudar su marcha vacilante y al punto se encuentra con su Madre llorosa. La mujer fuerte, cuyo amor maternal es invencible, ha salido al encuentro de su Hijo; quiere verle, seguirle, unirse a Él hasta que expire. Su dolor está por encima de toda ponderación humana. Las inquietudes de estos últimos días han agotado sus fuerzas; todos los sufrimientos de su Hijo le han sido manifestados por revelación; se ha asociado a ellos y los soporta todos y cada uno en particular. Sin embargo de eso, no puede permanecer por más tiempo lejos de la vista de los hombres; el sacrificio avanza en su curso, su consumación se acerca; es necesario estar con su Hijo y nada podrá detenerla en este momento. Magdalena está cerca de ella llorosa; Juan, María, madre de Santiago y Salomé la acompañan también; éstas lloran por su Maestro; mas ella llora por su Hijo. Jesús la ve y no puede consolarla, pues todo esto no es sino el comienzo de los dolores. El sentimiento de agonía que experimenta en este momento el corazón de la más tierna de las madres acaba de oprimir con un nuevo peso el corazón del más amante de los hijos. Los verdugos no concedieron un momento de espera en la marcha, en favor de la madre de un condenado; si quiere, puede seguir el funesto cortejo; sin embargo, el encuentro de Jesús y María en el camino del calvario señalará para siempre la cuarta estación.

María, nuestra Madre.- Entre tanto María se ha acercado a la cruz en que está clavado Jesús. Para una madre no hay tinieblas que impidan conocer a su Hijo. El tumulto se ha apaciguado, desde que el sol ocultó su luz, y los soldados no ponen obstáculo a esta aproximación. Jesús mira tiernamente a María, ve su desolación; y el dolor de su corazón que parecía haber llegado a su más alto grado se acrecienta más aún. Va a abandonar esta vida; y su madre no puede subir hasta Él, estrecharle entre sus brazos y prodigarle sus últimas caricias.

De repente, en medio de un silencio interrumpido sólo por los sollozos, la voz de Jesús muriente resuena por tercera vez: Dirigiéndose a su Madre: “Mujer, la dice (porque no se atreve a llamarla su madre, a fin de no revolver la espada en la llaga de su corazón), mujer, he ahí a tu hijo.” Con esta palabra designaba a Juan. Después volviéndose a éste añade: “Hijo, he ahí a tu madre.”

Cambio doloroso para el corazón de María, pero sustitución que asegura para siempre a Juan, y en él a la raza humana, el beneficio de una madre. Hemos descrito esta escena más detalladamente en el Viernes de la Semana de Pasión. Hoy, en este aniversario aceptemos este generoso testamento de nuestro Salvador, que por su Encarnación nos había procurado la adopción de su Padre Celestial y en este momento nos da a su propia Madre.

Jesús, bajado de la Cruz.- María tu Madre, permanece al pie de la cruz; y nada puede separarla de tus restos mortales. Magdalena está atada a tus pies. Juan y las santas mujeres forman en derredor tuyo un cortejo de desolación. Adoramos una vez más tu cuerpo sagrado, tu sangre preciosa y tu cruz que nos ha salvado.

María ha sentido hasta en el fondo de su alma la punta de esa lanza cruel; los sollozos y las lágrimas se renuevan en torno suyo. ¿Cómo terminará esta triste jornada? ¿Qué manos descenderán de la cruz al Cordero que en ella está suspendido? ¿Quién, finalmente, le devolverá a su Madre?

La Madre de Jesús recibe de sus manos al Hijo de su ternura; riega con sus lágrimas, recorre con sus besos las innumerables y crueles llagas de que está cubierto su cuerpo, Juan, Magdalena y las otras santas mujeres compadecen a la Madre de los dolores; pero urge el tiempo de embalsamar estos restos inanimados. María estrecha entre sus brazos una vez más el cuerpo inerte de su amado, que pronto va a ocultarse a sus miradas, bajo los pliegues del velo y de las vendas.

Nuestra Señora de los Dolores.- El sol está a punto de ponerse y va a comenzar el gran Sábado con sus severas prescripciones. Magdalena y las otras mujeres han observado los lugares y la disposición del cuerpo en el sepulcro. Suspenden sus lamentaciones y descienden apresuradamente hacia Jerusalén. Su intento es comprar perfumes y prepararlos, a fin de que, terminado el sábado, puedan volver a la tumba, el Domingo de madrugada, y completar el embalsamamiento demasiado precipitado del cuerpo de su Maestro. María, después de saludar por última vez la tumba que encierra el objeto de su ternura, sigue al cortejo que camina hacia la ciudad. Juan, su hijo de adopción, está junto a ella. Desde este momento será el custodio de aquella que, sin dejar de ser Madre de Dios, se hace en él madre de los hombres. Pero, ¡a precio de qué crueles sufrimientos ha obtenido este nuevo título! ¡Qué herida ha recibido su corazón en el momento en que la hemos sido confiados! Acompañémosla nosotros también fielmente durante esas horas crueles, que deberán trascurrir antes que la Resurrección de Jesús venga a consolar su inmenso dolor.



viernes, 25 de marzo de 2022

LA FRAGANCIA DEL LÍBANO

 


Yo seré como rocío para Israel; florecerá como un lirio y extenderá sus raíces como cedro; se expandirán sus ramas; tendrán la magnificencia del olivo y la fragancia del Líbano (Os. 14, 6 – 7)

La fragancia del Líbano.- Y tendrá la fragancia del Líbano. Líbano significa <<blancura>>, y significa el candor de la inocente vida de la Virgen, cuyo aroma, difundido por todas partes, devuelve a los muertos la vida, a los desesperados el perdón, a los penitentes la gracia, a los justos la gloria.

Por las oraciones y los méritos de la Virgen, nos sea concedido que el rocío del Espíritu Santo triga refrigerio al ardor de nuestro espíritu, nos otorgue el perdón de los pecados y nos conceda la gracia de merecer llegar a la gloria de la vida eterna e inmortal, por el don de Aquel que es bendito por los siglos de los siglos. ¡Amén!

 

San Antonio de Padua,
en la Anunciación: II, 114-120




Contestad presto, Señora, no retardéis más la salvación del mundo, que depende ahora de vuestro consentimiento.

“He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”

¡Oh respuesta más hermosa, más humilde y más prudente de cuantas hubiera podido inventar toda la sabiduría de los hombres y de los Ángeles juntos, aun cuando la hubieran pensado un millón de años! 

¡Oh poderosa respuesta que alegraste al cielo, e hiciste descender sobre la tierra un mar inmenso de gracias y de bienes!



sábado, 19 de marzo de 2022

NUESTRO SEÑOR Y PATRIARCA SAN JOSÉ

 

SÚPLICA A SAN JOSÉ


José dulcísimo y Padre amantísimo de mi corazón, a Ti te elijo como mi protector en vida y en muerte; y consagro a tu culto este día, en recompensa y satisfacción de los muchos que vanamente he dado al mundo, y a sus vanísimas vanidades. Yo te suplico con todo mi corazón que por tus siete dolores y goces me alcances de tu adoptivo Hijo Jesús y de tu verdadera esposa, María Santísima, la gracia de emplearlos a mucha honra y gloria suya, y en bien y provecho de mi alma. Alcánzame vivas luces para conocer la gravedad de mis culpas, lágrimas de contrición para llorarlas y detestarlas, propósitos firmes para no cometerlas más, fortaleza para resistir a las tentaciones, perseverancia para seguir el camino de la virtud; particularmente lo que te pido en esta oración (hágase aquí la petición) y una cristiana disposición para morir bien. Esto es, Santo mío, lo que te suplico; y esto es lo que mediante tu poderosa intercesión, espero alcanzar de mi Dios y Señor, a quien deseo amar y servir, como tú lo amaste y serviste siempre, por siempre, y por una eternidad. Amén.

San Enrique de Osso