Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

sábado, 31 de agosto de 2019

EL CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA y III

Pues bien, convéncete: la devoción al Corazón de María es de una actualidad urgente, es de una necesidad perentoria; no podemos ni debemos desperdiciar estos momentos

La Voluntad de Dios.- No hay una expresión explícita de esta voluntad de Dios que nos mande o nos invite a honrar al Corazón de la Virgen. De todos modos, es evidente que Dios así lo quiere y ardientemente lo desea. ¿No sabemos que su voluntad es que vayamos a Él por medio de María? ¿No es, por otra parte, cierto que nos invita a entrar y fijar nuestra morada en su Divino Corazón? Y ¿cómo hemos de ir a ese Corazón? ¿Quién nos abrirá la puerta y nos introducirá en Él sino la Santísima Virgen?

La devoción al Corazón Inmaculado de María es el mejor camino. La mejor preparación para llegar a practicar la devoción al Corazón de Jesús. Pues bien, la voluntad de Dios de que honremos a su Divino Corazón es clara, terminante; luego también es clara, aunque implícitamente contenida en aquella, la voluntad Divina de que honremos al Corazón Inmaculado de su Madre. “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres”, dice Jesús, para lanzarnos a su amor. Idénticas palabras podemos decir de la Virgen. Después del de Jesús, ningún corazón nos ha amado como el de María, ningún corazón nos ha enseñado a amar a Jesús como el de la Virgen, ningún corazón puede servirnos de modelo como el suyo.

En esa queja amorosísima del Corazón de Jesús, en la que manifiesta lo que le hace sufrir el desamor y la ingratitud de los hombres, en esa queja repito, entramos todos sin excepción. Al pronunciar esas palabras el Corazón de Jesús pensaba en todos nosotros, a todos nos las aplicaba, a la conducta de todos se refería, ¿no es verdad?, ¿no te dice tu corazón que, efectivamente, así es por lo que respecta a ti? Pero mira, el corazón de María no es así, es el único en el que no pensaba Jesús al lanzar esa queja de amor. Jesús no tiene ninguna queja del Corazón de su Madre. ¡Qué gusto! ¡Qué satisfacción para nosotros mirar, estudiar, aprender ese modelo, para aprender con ese Corazón y por su medio, a amar al Corazón de Cristo! ¿No ha de querer Dios esto, no nos lo ha mandado? ¿Pero es que hacía falta mandar una cosa como esta?

Tu corazón debe encerrarse en el de Jesús; luego debes encerrarle entes en el de tu Madre. La devoción, por tanto, al Corazón de Jesús, te exige una devoción tierna al Corazón de la Santísima Virgen. Esta es la voluntad de Dios. Pero hay más y es que esta voluntad del Señor se ha manifestado especialmente y precisamente en estos tiempos actuales; la vida de estos tiempos se caracteriza por el egoísmo; el corazón humano ha ido cada vez más reconcentrándose en sí mismo, buscándose a sí mismo, olvidándose de Dios y del prójimo. ¿Quién se sacrifica hoy día por amor de Dios y de las almas? ¿Qué ideales persigue el mundo moderno? Aun las almas que practican la vida de devoción y que se creen quizás muy buenas y muy santas, ¿qué amor de caridad tienen? ¿No las ves cómo buscan su provecho, su utilidad, en fin, su egoísmo en todo? ¡Qué asco! ¡Qué repugnancia tiene que causar esto al Corazón Sacratísimo de Jesús!

Él busca el corazón del hombre, le pide su corazón y su amor y no encuentran más que egoísmos por doquier. Por eso ha esperado a estos tiempos para curar al mundo de esta falta de amor; por eso rasga su pecho, le muestra su Corazón y le invita al amor con el ejemplo de ese mismo Corazón. La devoción al Corazón de Jesús es la solución, el remedio que Dios tenía reservado para curar las enfermedades actuales del corazón humano. Pues bien, convéncete: la devoción al Corazón de María es de una actualidad urgente, es de una necesidad perentoria; no podemos ni debemos desperdiciar estos momentos, ni desperdiciar este llamamiento que al corazón del hombre hace el Señor, por medio de su Corazón y el de su Santísima Madre.



sábado, 24 de agosto de 2019

EL CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, II

Él, que quería que fuéramos coherederos del reino del Padre, no desdeñará a los coherederos con el amor de su Madre

LECCIÓN IV. Sermón de San Bernardino de Siena. Sermón 9 sobre la Visitación.

¿Será posible que un hombre, con su boca impía, pueda decir algo acerca de la verdadera Madre del Dios Hombre, si no es a raíz de la Revelación? Más aún si se piensa que el Padre la ha predestinado a ser Virgen, el Hijo la eligió como Madre y el Espíritu Santo la predispuso a ser el hogar de cada gracia. Y yo, un hombrecillo, ¿con qué palabras puedo expresar los sentimientos del corazón de la Virgen, si ni siquiera el lenguaje de un ángel es suficiente para describirlos? El Señor dijo: «Un hombre bueno saca un tesoro del cofre de su corazón». ¿Y quién puede pensar que es más adecuado hablar del corazón de la Virgen, si no es la Virgen misma, la que mereció convertirse en la Madre de Dios y que recibió al mismo Dios en su corazón y en su vientre durante nueve meses? ¿Y qué tesoro más apropiado que el amor divino en sí mismo, que inflamó el corazón de la Virgen cual horno?

LECCIÓN V

De este corazón, como de un horno de amor divino, la Virgen hizo fluir buenas palabras, es decir, palabras inflamadas de amor. Como de una ánfora llena de buen vino, no puede salir más que buen vino; y como un horno incandescente no puede salir más que calor intenso, de la Madre de Cristo no puede salir ninguna palabra que no estuviera llena de amor y ardor divino. La mujer sabia usa palabras bellas y sensibles: por lo tanto, leemos que la bendita Madre de Cristo pronunció en siete momentos diferentes, siete palabras llenas de significado y eficacia: esto también significa que estaba llena de los siete dones del Espíritu Santo. Ella habló dos veces con el ángel, dos con Isabel, dos con su Hijo (una en el templo y la otra durante la boda), una vez con los sirvientes. Y en estas ocasiones siempre habló con modestia: se debe excluir el caso en el que elogió y agradeció a Dios, cuando prolongó su discurso diciendo: «Mi alma magnifica al Señor». En este caso, habló no con los hombres, sino con Dios. Estas siete palabras fueron pronunciadas según un orden y mostraban las siete formas de proceder y actuar del amor. Eran como siete llamas de su corazón ardiente.

LECCIÓN VI. De documentos eclesiásticos.

El culto litúrgico con el cual el Corazón Inmaculado de la Virgen María recibe el honor, y que muchos hombres y mujeres santos fueron preparando el camino de la misma Sede Apostólica, fue aprobado por primera vez a principios del siglo XIX, cuando Pío VII instituyó la fiesta del Corazón Inmaculado de la Virgen, para ser celebrada santa y piadosamente por aquellas diócesis y familias religiosas que lo habían solicitado; luego Pío IX agregó su Oficio y Misa. Después el Sumo Pontífice Pío XII, aceptando amablemente el celo ardiente y el deseo, ya desde el siglo XVII y la mayor implantación, para conseguir que la fiesta se celebrara con mayor solemnidad ya que se había hecho común en toda la Iglesia, en 1942, cuando una guerra atroz se extendía por todo el mundo, teniendo compasión por las infinitas miserias de los pueblos, por su piedad y confianza en la Madre celestial, consagró solemnemente el género humano a su Corazón benignísimo y estableció que la fiesta se celebrara para siempre y en todas partes en honor a su Corazón Inmaculado con Misa y Oficio propios.

LECCIÓN VII. Santo Evangelio según San Juan 19, 25-27

En aquel tiempo: Estaba junto a la Cruz de Jesús, su Madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Y lo que sigue...

Homilía de San Roberto Belarmino. De la séptima palabra de Cristo en la Cruz, cap. 12.

El deber de cuidar a la Virgen Madre era un yugo muy suave para San Juan, impuesto por el Señor. ¿Quién no habría vivido voluntariamente junto a esa Madre, que portó al Verbo Encarnado durante nueve meses y vivió con Él durante treinta años completos? ¿Quién no envidia al amado de Jesús, porque, ausente el Hijo de Dios, obtuvo la presencia de la Madre de Dios? Sin embargo, también podemos recibir con nuestras oraciones de Aquél que se encarnó por nosotros y fue crucificado por nuestro amor, la gracia que Él nos dice: He ahí a tu Madre; y nos señala diciendo a su Madre: Aquí tienes a tu hijo.

LECCIÓN VIII

El Señor no es tacaño con las gracias, si nos acercamos a su trono de gracia con fe y confianza y no con engaño, sino con amor verdadero y sincero. Él, que quería que fuéramos coherederos del reino del Padre, no desdeñará a los coherederos con el amor de su Madre. Tampoco la muy benevolente Virgen se verá exacerbada por la multitud de hijos, teniendo un corazón tan grande y un ardiente deseo de que nadie perezca de aquellos que el Hijo redimió con tan preciosa sangre. Por lo tanto, vayamos con confianza al trono de la gracia de Cristo, y suplicantes y no sin lágrimas para pedir que cada uno le diga a su Madre: He ahí a tu hijo; y cada uno le diga: He aquí a tu madre.

LECCIÓN IX

¿Qué ventaja tiene al estar protegido por esta Madre? ¿Quién puede arrancarnos de sus pechos? ¿De qué dificultades nos librará si confiamos en la ayuda de la Madre de Dios? No somos los primeros en disfrutar de estas ventajas: ya otros, antes que nosotros, estaban sujetos al mecenazgo especial y materno de esta Virgen, y nadie se fue decepcionado o triste, y todos se fueron felices y tranquilos de la protección de esta Madre. Estaba escrito sobre ella: Te aplastará la cabeza. Los que confían en Ella pisarán seguros serpientes y basiliscos, y aplastarán leones y dragones. Tampoco parece que pueda perecer de quien Jesús le dijo a la Virgen: «He aquí a tu hijo», siempre que no esté sordo a las palabras de Jesús que le dice: «He ahí a tu madre».

Del Oficio de Maitines,
del “Breviario Romano”



jueves, 22 de agosto de 2019

EL CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Era aquel Corazón el centro y el foco de la vida de la Santísima Virgen; todos sus latidos y pulsaciones, todos sus más mínimos movimientos, participaron de los méritos incalculables que en cada instante de su vida, mereció María

Excelencia de esta devoción.- Penetremos más en particular en los motivos que deben movernos a tener esta devoción tierna y encendida al Purísimo Corazón de la Santísima Virgen y sea el primero lo excelente que es en sí misma es devoción preciosa. En cuanto a su objeto material, ¡el Corazón mismo de la Virgen!, salta a la vista cuán digno es de Ella; es el instrumento del que se valió el Espíritu Santo principalmente para la obra de la Encarnación. De aquel Purísimo e Inmaculado Corazón, brotó la Sangre Preciosísima de la que se formó el Cuerpo Sacrosanto y hasta ¡el mismo Corazón Sacratísimo de Cristo! De allí tomó el Señor aquella Sangre que había de ofrecer en la Cruz por la salvación de la humanidad.

Era aquel Corazón el centro y el foco de la vida de la Santísima Virgen; todos sus latidos y pulsaciones, todos sus más mínimos movimientos, participaron de los méritos incalculables que en cada instante de su vida, mereció María. Recorre los pasos principales de esta vida y contempla a la vez al Corazón de la Virgen acusando todas sus impresiones. ¡Cómo se estremecería en la Anunciación cuando lanzó la sangre a colorear aquellas mejillas que se turbaron ente la presencia del Ángel y al escuchar sus palabras! ¡Qué emoción en la Nochebuena, cuando contempló el rostro de Jesús por primera vez! ¡Qué encogimiento y ahogo en los sobresaltos de la huida a Egipto!

Y cuando el anciano Simeón le clavó aquella espada de dolor, ¡qué latidos tan apresurados no daría aquel Corazón! Y ¡cómo aún hubieron de acrecentarse estos latidos en la pérdida del niño y sobre todo en la Pasión y muerte de su Hijo! Es claro que no podemos concebir ningún misterio de la vida de la Virgen, sin que a la vez veamos cómo repercuten y cómo corresponden en este Corazón nuevos latidos, nuevos movimientos. ¡Ah! y ¡cuántas veces se hubiera parado y hubiera dejado de sostener a aquella preciosísima vida contraído y apretado por la fuerza de la alegría unas veces o por la violencia del dolor otras, si Dios no la hubiera sostenido y a veces hasta llegando a echar mano milagrosamente de su Omnipotencia para conservar una vida que, naturalmente, no se podía sostener! ¿No te parece que todo es más que suficiente para hacer amable y excelente a esta devoción?

Y, sin embargo, sube de punto este razonamiento, si contemplas al Corazón de la Virgen, como al órgano sensible de su amor, como al instrumento que recibía todas las impresiones de su cuerpo y de su alma para convertirlas en amor, para encenderse y abrasarse más y más en el fuego del amor. Esto sí que es difícil que lo puedas conocer, mejor será sentirlo. Penetra en Aquel abrasado Corazón y suplica a la Virgen te encienda en Él y abrase también el tuyo, que tu corazón participe, algo al menos, de aquel amor en que el Purísimo Corazón de María rebosa.  



sábado, 17 de agosto de 2019

CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA

Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y de María, os pido que me concedáis la gracia de una conversión verdadera


Santísimos Corazones de Jesús y María, unidos en el amor perfecto, como nos miráis con misericordia y cariño, consagramos nuestros corazones, nuestras vidas y nuestras familias a Vosotros.

Conocemos que el ejemplo bello de Vuestro hogar de Nazaret fue un modelo para cada una de nuestras familias.

Esperamos obtener con Vuestra ayuda, la unión y el amor fuerte y perdurable que Os disteis.

Que nuestro hogar sea lleno de gozo, que el afecto sincero, la paciencia y el respeto mutuo sean dados libremente a todos.

Que nuestras oraciones incluyan las necesidades de los otros, no solamente las nuestras y que siempre estemos cerca de los Sacramentos.

Bendecid a todos los presentes y también a los ausentes, tanto los difuntos como los vivientes; que tu Paz esté con nosotros, y cuando seamos probados, conceded la resignación cristiana a la Voluntad de Dios.

Mantened nuestras familias cerca de Vuestros Corazones; que Vuestra protección especial esté siempre con nosotros.

Sagrados Corazones de Jesús y María, escuchad nuestra oración. Amén





martes, 13 de agosto de 2019

NOVENA PREPARATORIA A LA FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

13 DE AGOSTO, NUESTRA MADRE DEL OLVIDO, TRIUNFO Y MISERICORDIAS


Pues a tu solicitud y cuidado dejo el culto y veneración de esta sagrada imagen mía con el título de Olvido, Triunfo y Misericordias. Ella será la  consoladora del mundo y todo afligido encontrará en Mí por la mediación de esta mi imagen, el consuelo. Al alma que rendida a sus pies me pidiese alguna cosa, jamás se la negará mi Amor. Será el consuelo del mundo y la alegría de la Iglesia Católica y, por su medio, mi Hijo y Yo recibiremos culto. Tú, hija mía, alcanzarás victoria del poder de Satanás, y tu Comunidad, perfección en servirme.

La Santísima Virgen a la Venerable
Madre Sor Patrocinio



sábado, 10 de agosto de 2019

ORACIÓN DEL PADRE PÍO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

"Rezad el Rosario todos los días y Ella lo pensará todo"
Santo Padre Pío 

Santísima Virgen Inmaculada y Madre mía María, a Ti que eres la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la Abogada, la Esperanza, el Refugio de los pecadores, recurro hoy, yo que soy el más miserable de todos, te venero, ¡oh gran Reina!, y te agradezco por todas las gracias me has dado hasta ahora, especialmente haberme librado del infierno, tantas veces merecido por mí.

Yo te amo, Señora amabilísima, y por el amor que te tengo, prometo querer servirte siempre y hacer todo lo que pueda para que Tú seas amada más por los demás.

Pongo en Ti, después de Jesús, todas mis esperanzas, toda mi salud, acéptame como tu siervo, y acógeme bajo tu manto, Tú, Madre de Misericordia.

Y ya que eres tan potente ante Dios, líbrame de todas las tentaciones u obtenme la fuerza de vencerlas hasta la muerte.

A Ti te pido el verdadero amor a Jesucristo, de Ti espero hacer una buena muerte, ¡Madre mía!, por el amor que tienes a Dios, te ruego me ayudes siempre, pero más en el último momento de mi vida. No me abandones hasta no verme salvo en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad. Amén.



lunes, 5 de agosto de 2019

5 DE AGOSTO, NUESTRA MADRE DE LAS NIEVES

Nuestra Señora de las Nieves - Sevilla

En las nonas de agosto, tiempo de los máximos calores en Roma, parte del monte Esquilino quedó cubierta de nieve durante la noche. Y en la misma noche, la Madre de Dios apareció en sueños, separadamente, al Patricio Juan y su esposa comunicándoles su voluntad de que edificasen una iglesia en el lugar que viesen cubierto de nieve, y la dedicasen con el nombre de la Virgen María: en esta forma quería constituirse en heredera de sus bienes, al no tener hijos a quienes hacer herederos de sus bienes, determinaron legar su hacienda a la Santísima Virgen; por eso suplicáronla ardientemente les diese a conocer de algún modo en qué obra debían emplear su fortuna. Juan lo puso todo en conocimiento del Pontífice Liberio (352-366), quien afirmó había tenido también el mismo sueño.

Dirigióse, en consecuencia. Liberio, a la colina nevada, en procesión de Letanías, acompañado del clero y del pueblo, señalando allí el sitio que debía ocupar la iglesia que en aquel lugar se edificó, gracias a la munificencia de Juan y de su esposa. Más adelante fue restaurada por Sixto III (432-440) y dedicada a la Santísima Virgen en 432 con motivo de la definición del Concilio de Éfeso (431), que proclamó su Divina Maternidad. Designósela primeramente con varios nombres: Basílica de Liberio, de Santa María del Pesebre. Mas habiendo ya en Roma muchas otras iglesias Consagradas a la Virgen María, acabó por llamársela "Santa María la Mayor", nombre que por sí solo ya indica la preeminencia que tenía sobre las demás, por lo insólito del milagro y por su mayor dignidad.

Cada año, en memoria de la nieve que en este día cayó milagrosamente, se celebra el aniversario de su dedicación.

Del Oficio de Maitines,
del “Breviario Romano”
(Gubianas-1940)



sábado, 3 de agosto de 2019

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES


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EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS

La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo: 

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»

En seguida dijo la Santísima Virgen: 

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

LA INTENCIÓN REPARADORA

Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.