Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

sábado, 29 de enero de 2022

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

 

Totalmente semejante a su Hijo Jesús es María, su Madre, que siendo Madre de misericordia, goza cuando socorre y consuela a los míseros. Tanto es el deseo que tiene esta Madre de dispersar gracias a todos, que dice Bernardino de Bustos que más desea Ella hacernos bien y concedernos mercedes, que nosotros recibirlas.


Os saludo, ¡oh María! Vos sois la esperanza de los cristianos, y por eso me dirijo a Vos. Recibid, ¡oh tierna Madre!, la plegaria que os hace un pecador, pero un pecador arrepentido que os honra y que, después de Dios, pone en Vos toda la esperanza de su conversión y de su salvación. Estoy en deuda con Vos por tantas gracias; volvedme a poner en la gracia y amistad de vuestro divino Hijo. Sois el consuelo de los afligidos. Dignaos, pues, interceder por mí ante el Señor, para que Él me libre del peso de mis pecados, disipe las tinieblas de mi espíritu, destierre los afectos desordenados de mi corazón, reprima las acometidas y las tentaciones de mis enemigos, a fin de que ayudado por su gracia, en adelante, ordene mi vida de tal forma, que pueda con su auxilio y bajo vuestra protección llegar al feliz puerto de la vida eterna.

 

San Juan Damasceno




lunes, 24 de enero de 2022

INVOCACIÓN A MARÍA, de San Ildefonso de Toledo

 

Ayer, Solemnidad de San Ildefonso de Toledo, Patrono de la Archidiócesis Primada de España, fue de Primera Clase. Y aprovechando paso esta, preciosísima, “Invocación a María” dentro de su obra sobre Nuestra Madre “La Perpetua Virginidad de María”.

Señora mía y dueña mía, adueñada de mí, Madre de mi Señor, sierva de tu Hijo, engendradora del Creador, yo te ruego, te rezo, te suplico que tenga el espíritu de tu Hijo, el espíritu de mi Redentor, para que entienda acerca de Ti lo verdadero y lo digno, hable sobre Ti lo verdadero y lo digno y ame todo lo que sea verdadero y digno de Ti.

¡Oh Tú, la elegida de Dios, la acogida por Dios, la llamada por Dios, cercana a Dios, adherida a Dios y a Dios unida; Tú, la visitada por el ángel, saludada por el ángel, bendecida por el ángel, alegrada por el ángel, ruborosa ante sus palabras, atónita en tu pensamiento, estupefacta por el saludo, admirada por el anuncio de la promesa!

Oyes que hallaste gracia ante Dios, se te manda no temer, eres confirmada en tu fe, instruida en el conocimiento de prodigios, llevada a la gloria de una novedad inaudita. Con referencia a un hijo es advertido tu pudor, y con el nombre del Hijo certificada tu virginidad. Se predice que el Santo que nacerá de Ti será llamado Hijo de Dios y se te anuncia cual será el poder del que nace.

« ¿Cómo se hará?», preguntas… ¿Interrogas sobre el origen?; ¿indagas la razón?; ¿quieres conocer el hecho y el modo de realizarse? Escucha un oráculo inaudito, considera una operación sin precedentes, advierte un desconocido arcano, presta atención al hecho jamás visto: El Espíritu Santo vendrá sobre Ti, y el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc. 1,35).

Toda la Trinidad realizará en Ti invisiblemente la concepción; pero solo la Persona del Hijo de Dios, que nacerá corporalmente, de Ti tomara carne. Y, por tanto, lo que será concebido en Ti y nacerá de Ti, lo que saldrá de Ti engendrado por Ti y por Ti parido será llamado Santo, Hijo de Dios. Este será el gran Dios de las virtudes, Este el Rey de los siglos, Este el creador de todas las cosas.

He aquí que Tú eres dichosa entre las mujeres, virgen entre las parturientas, señora entre las siervas, reina entre las hermanas. He aquí que desde ahora te proclaman dichosa todas las gentes, dichosa te reconocen las virtudes celestes, te predican todos los profetas, te celebran todas las naciones.

Feliz Tú para mi fe, feliz para mi alma, feliz para mi amor, feliz en mi alabanza y predicación. Que yo te predique cuanto mereces ser predicada, que yo te ame cuanto mereces ser amada, que te ensalce en todo lo que eres loable, que te sirva en cuanto se debe servir a tu gloria. Tú, recibiendo a Dios solo, eres posterior al Hijo de Dios, pero, engendrando a Dios hecho a la vez Hombre, eres anterior al Hijo del Hombre; al cual, por solo acogerle, Dios se hospeda en Ti, mas, por concebirle, el Hombre que a la vez es Dios habita en Ti.

En el pasado limpia para Dios, en el presente llena del Hombre-Dios, en el futuro Madre del Hombre-Dios; alegre por la concepción y la doncellez, gozosa por el hijo y la intacta pureza, tan fiel al Hijo como al esposo. De tal modo fiel al Hijo que ni El mismo conociera progenitor carnal; fiel de tal modo al esposo que el mismo te reconociera madre sin concurso de varón.

Mujer, que has de ser glorificada en el Hijo tanto cuanto, estando libre de todo contacto varonil, has sido instruida en lo que debías conocer, enseñada en lo que debías creer, asegurada en lo que debías esperar y confirmada en lo que, sin detrimento alguno, debías conservar.




domingo, 16 de enero de 2022

MARÍA, APÓSTOL DE LA GLORIA DE JESÚS

 


En el cenáculo, María se entregaba toda entera a la gloria eucarística de Jesús. Sabía muy bien que era deseo del Padre que la Eucaristía fuera conocida, amada y servida de todos, que el corazón de Jesús sentía necesidad de comunicar a los hombres todos sus dones de gracia y de gloria. Porque la Iglesia fue instituida para darse Jesucristo al mundo como rey y como Dios y para conquistar todas las naciones de la tierra. Por eso todo su deseo era conocer y glorificar a Jesús en el santísimo Sacramento. Su inmenso amor al hijo de sus entrañas necesitaba dilatarse, abnegarse, para así aliviarse algún tanto de la pena que le producía la imposibilidad en que se veía de glorificarle bastante por sí misma.

Por otra parte, los hombres se hicieron hijos suyos en el calvario y ella los amaba con entrañas de madre, queriendo el bien de ellos tanto como el suyo propio. Por eso ardía en deseos de dar a conocer a Jesús en el santísimo Sacramento, de abrasar los corazones en su amor, de ver a todos atados y encadenados a su amable servicio, de formar para Él una guardia eucarística, una corte de fieles y abnegados adoradores.

Para lograr esta gracia, María cumplía una misión perpetua de oración y penitencia a los pies de la adorable Eucaristía, en la cual trataba de la salvación del mundo rescatado por la sangre divina. Con su celo inmenso abarcaba las necesidades de los fieles de todos los tiempos y lugares, que recibirían la herencia de la divina Eucaristía.

Pero el oficio de que más gustaba su alma era orar continuamente para que produjesen mucho fruto las predicaciones y trabajos de los apóstoles y demás miembros del sacerdocio de Jesucristo. Por eso no hay por qué extrañarse al ver que los primeros obreros evangélicos convertían tan fácilmente reinos enteros, pues allá estaba María al pie del trono de misericordia suplicando por ellos a la bondad del Salvador. Predicaba con su oración y con su oración convertía almas. Y como quiera que toda gracia de conversión es fruto de oración y la petición de María no podía ser desestimada, en esta Madre de bondad tenían los apóstoles su mejor auxiliadora.

“Bienaventurado aquel por quien ora María”. Los adoradores participan de la vida y del oficio de oración de María a los pies del santísimo Sacramento, que es ciertamente el oficio más hermoso y el que menos peligros presenta. Es también el más santo, porque es ejercicio de todas las virtudes. Es el más necesario para la Iglesia, que necesita más almas de oración que predicadores, más hombres de penitencia que de elocuencia. Hoy más que nunca hacen falta varones, que, con su propia inmolación, aplaquen la cólera de Dios, irritado por los crímenes siempre crecientes de las naciones. Hacen falta almas que con sus instancias vuelvan a abrir los tesoros de gracia cerrados por la indiferencia general. Hacen falta adoradores verdaderos, esto es, hombres de fuego y de sacrificio. Cuando éstos sean numerosos cerca de su divino jefe, Dios será glorificado y Jesús amado, las sociedades se harán cristianas, serán conquistadas para Jesucristo por el apostolado de la oración eucarística.

 

San Pedro Julián Eymard



sábado, 1 de enero de 2022

AÑO NUEVO CON NUESTRA MADRE

 

Tres motivos integran la fiesta de hoy; la octava de  Navidad; la Circuncisión del Señor; la Maternidad de María.

Este día está consagrado de una manera especial a la Santísima Virgen. Quizás sea la más antigua de sus fiestas. La Iglesia muéstrale su agradecimiento por la gran parte que ha tomado en la Encarnación del Señor. ¿En qué aspecto considera la liturgia a María? En el aspecto de Madre de Dios y de Virgen. Debemos citar, en primer lugar, las antífonas de Vísperas de corte oriental. Son ricas en pensamientos y van recorriendo todo el Antiguo Testamento, poniendo de relieve diversas profecías: Gedeón y el vellocino, la zarza ardiendo, la raíz de Jesé, la estrella de Jacob. La liturgia no se abandona a discusiones sentimentales, no se pregunta si María sufrió o lloró en la Circuncisión. María es una sacerdotisa que alegre y apenada, ofrece con Nuestro Señor las primicias de su Sacrificio. María es también figura de la Iglesia, y nos enseña su parte y la nuestra en la obra de la redención. Hoy, y en todos los tiempos, la Iglesia, nuestra Virgen-Madre, está allí; ella hace correr por medio de las manos de los sacerdotes la Sangre Redentora en el corazón de sus hijos. Nuestra alma puede y debe desempeñar hoy el papel de María, debe hacer correr en la Santa Misa la Sangre del Salvador, para sí y para las almas de sus hermanos.

El primer derramamiento de sangre del Señor nos trae a la memoria al último derramamiento en la Cruz. En las dos ocasiones María “estuvo de pie”. La Preciosa Sangre que brilla en el Cáliz que está sobre el Altar es la que Nuestro Señor vertió por primera vez, es la sangre de la Santísima Virgen.