Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

viernes, 30 de noviembre de 2018

HUMILDAD DE MARÍA

María Santísima fue ciertamente la mujer más honrada por el Señor, la más elevada las criaturas, y sin embargo, ninguna se ha rebajado y humillado tanto como Ella. Se diría que parece existir una porfía entre Dios y María: cuanto más la ensalza Dios más se oculta María en su humildad


¡Oh Virgen, tallo glorioso! ¿Hasta qué sublime altura levantas tu corola? Hasta Aquel que está sentado en el Trono, hasta el Señor de la Majestad. No me sorprende que llegues a tanta altura, porque sé que estás profundamente enraizada en la humildad. Dios te salve, María, llena de gracia. Verdaderamente llena de gracia, porque agradas a Dios, a los Ángeles, a los hombres; a los hombres por tu maternidad, a Dios por tu humildad. Precisamente con tu humildad atraes la mirada del Señor, de Aquel que se inclina sobre los humildes, mientras mira desde lejos a los soberbios. Los ojos de satanás se fijan en todo lo que es alto y soberbio, pero los ojos de Dios se fijan en todo lo que es bajo y humilde.

San Bernardo



martes, 27 de noviembre de 2018

27 DE NOVIEMBRE, NUESTRA MADRE DE LA MEDALLA MILAGROSA

Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a Ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección, y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa

En una medianoche iluminada con luz celeste como de Nochebuena -la del 18 de julio de 1830- aparecióse por primera vez la Virgen Santísima a Santa Catalina Labouré, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl.

Y le habló a la Santa de las desgracias y calamidades del mundo con tanta pena y compasión que se le anudaba la voz en la garganta y le saltaban las lágrimas de los ojos.

¡Cómo nos ama nuestra Madre del Cielo! ¡Cómo siente las penas de cada uno de sus hijos! Que tú recuerdo y tu medalla, Virgen Milagrosa, sean alivio y consuelo de todos los que sufren y lloran en desamparo.


De las manos de María Milagrosa, como de una fuente luminosa, brotaban en cascada los rayos de luz. Y la Virgen explicó: "Es el símbolo de las gracias que Yo derramo sobre cuantas personas me las piden", haciéndome comprender -añade Santa Catalina- lo mucho que le agradan las súplicas que se le hacen, y la liberalidad con que las atiende.


La Virgen Milagrosa es la Madre de la Divina Gracia que quiere confirmar y afianzar nuestra fe en su omnipotente y universal mediación. ¿Por qué, pues, no acudir a Ella en todas nuestras necesidades?



sábado, 24 de noviembre de 2018

ORACIÓN PIDIENDO EL FAVOR DE MARÍA

Desde mi reconocida indignidad me atrevo a saludarte: “Dios te salve, María, llena eres de gracia...” 



Inmaculada Virgen y Madre mía, María, criatura la más humilde y la mayor ante Dios, Él te exaltó hasta hacerte Madre suya y Reina del cielo. ¡Bendito sea Dios que quiso ensalzarte tanto!

Desde mi reconocida indignidad me atrevo a saludarte: “Dios te salve, María, llena eres de gracia...” Tú que posees la plenitud de gracia, dame parte de ella.

“El Señor está contigo...” ya desde que te creó, y por entero al hacerse Hijo tuyo.

“Bendita tú entre todas las mujeres...” alcánzame del Señor su divina bendición.

“Y bendito es el fruto de tu vientre...” ¡Venerable planta que diste al mundo fruto tan noble y santo!

“Santa María, Madre de Dios...” me asombra la grandeza de tu maternidad divina, y estoy dispuesto a morir por defender esta verdad.


“Ruega por nosotros, pecadores...” al ser Madre de Dios, eres Madre de nuestra salvación, porque Dios se hizo hombre en ti para salvarnos, tu oración de Madre por nosotros todo lo puede.

“Ahora y en la hora de nuestra muerte...” Ayúdanos en el presente cargado de peligros, pero aún más en nuestra última hora. Salvados por los méritos de Jesucristo y con tu intercesión, podremos saludarte y alabarte con tu Hijo en el cielo. Amén.



miércoles, 21 de noviembre de 2018

21 DE NOVIEMBRE, PRESENTACIÓN DE NUESTRA MADRE EN EL TEMPLO

Tan tierno y delicado es este misterio de la vida de la Santísima Virgen, cuanto sumamente práctico por las grandes enseñanzas que encierra para nuestras almas

Prontitud en seguir la vocación de Dios.- He aquí una de los enseñanzas más admirables de este paso. Contempla a la Virgen niña, de edad de tres años, desprenderse de sus padres, subir corriendo las gradas del Templo, sin volver la vista hacia atrás y ofrecerse al servicio de Dios en el Santuario. ¡Qué detalles más divinos! ¡A los tres años! Profundiza bien en esto ¡Qué prisa se da la Virgen por consagrarse al Señor! Por un milagro excepcional, María, a esa edad, tenía todo el uso de su razón y con esa razón, deliberadamente, dándose cuenta de lo que hacía, ¡a los tres años!, corre al Templo. No tenía ningún peligro en su casa, que era de Santos. No repara en su tierna edad, en que aún son tan necesarios los cuidados de un padre y sobre todo de una madre. No piensa en el dolor que va a causar a sus padres, ni le preocupa el nuevo género de vida que desconoce.

Todo eso, son razones de la prudencia humana. Ella ha oído la voz de Dios e inmediatamente corre a seguirla, ¡Cuánto antes mejor! Todo le parece demasiado tarde y por eso, sube corriendo las gradas del Santuario. ¡Qué lección de fervor nos da esta Niña! Compárate con Ella y mira si así sirves tú al Señor. ¿Qué haces con las inspiraciones y llamamientos de Dios? ¿Los sigues con esa prontitud? ¿Te arrojas así de ciegamente, sin pensar en nada, así de confiadamente, sin preocuparte por nada, como María en brazos del Señor, y dejando a Él el cuidado de todas las cosas? ¡Cuándo llegaremos a este desprendimiento de todo, hasta de nosotros mismos, de nuestro modo de ver las cosas, de nuestro propio parecer, para obrar solo como Dios quiere!



sábado, 17 de noviembre de 2018

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA

El rezo del Ave María transforma a un joven

Cuán solícita es nuestra buena Madre, no sólo para sacarnos del pecado, sino también para librarnos del peligro de nuevas caídas

Es famoso lo que refiere el P. Señeri en su libro “El Cristiano Instruido”. El P. Nicolás Zuchi fue a confesar en Roma a un joven cargado de pecados deshonestos y malos hábitos. El confesor lo acogió con caridad, y compadecido de su estado lamentable, le dijo que la devoción a nuestra Señora podía librarlo de ese malhadado vicio, y le impuso de penitencia que hasta la próxima confesión, cada mañana y por la noche, al levantarse y antes de acostarse rezara un Ave María a la Virgen, ofreciéndole sus ojos, sus manos y todo su cuerpo, pidiéndole que le custodiara como suyo, y que besara tres veces el suelo. El joven practicó la penitencia, al principio con poca enmienda. Pero el padre continuó inculcándole que no dejara esa costumbre piadosa, animándole a confiar en la protección de la Virgen.

Andando el tiempo, el joven penitente se fue con otros compañeros a recorrer mundo durante varios años. Vuelto a Roma, fue en busca de su confesor, el cual, con gran júbilo y asombro, lo encontró del todo cambiado y libre de las antiguas manchas. “Pero hijo, ¿cómo has obtenido de Dios tan hermosa transformación?” “Padre –le dijo el joven–, nuestra Señora me consiguió la gracia debido a aquella devoción que me enseñó”.

Y no acaban aquí las cosas portentosas. El mismo confesor narró desde el púlpito el suceso. Lo oyó un capitán que, desde hacía muchos años vivía en mal estado con una mujer. Él también se resolvió a practicar la misma devoción para librarse de aquella terrible cadena que lo tenía esclavo del demonio. Esta intención de librarse del pecado es necesario tener para que la Virgen pueda ayudar al pecador. Pero ¿qué pasó? Al cabo de medio año, presumiendo el capitán de sus propias fuerzas se dirigió en busca de aquella mujer para ver si ella también había cambiado de vida. Pero al llegar a la puerta de aquella casa donde corría manifiesto peligro de volver a pecar, se siente rechazado por una fuerza invisible y se encontró a más de cien metros de aquella casa y fue dejado a la puerta de la suya. Comprendió con toda claridad que María lo había librado de la perdición. De esto se deduce cuán solícita es nuestra buena Madre, no sólo para sacarnos del pecado si con esta buena intención nos encomendamos a ella, sino también para librarnos del peligro de nuevas caídas.

"Las Glorias de María"
San Alfonso María de Ligorio



sábado, 10 de noviembre de 2018

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

No quiera Dios, ¡oh intercesora de los hombres!, que mis pecados sean un obstáculo para que ejerzáis conmigo vuestra misericordia


A Vos recurro, ¡oh gloriosa Madre de Dios!, a quien la Santa Iglesia llama Madre de misericordia. Vos sois, ¡oh María!, la que nunca ha sufrido repulsa del Señor y cuya misericordia no ha faltado nunca a nadie, cuya clemencia no ha desoído la súplica del desdichado. No quiera Dios, ¡oh intercesora de los hombres!, y su única esperanza para con vuestro Hijo, que mis pecados sean un obstáculo para que ejerzáis conmigo vuestra misericordia. ¡Ah! ¡no! Yo espero que os dignareis acordarme la gracia de expiarlos y arrepentirme de ellos sinceramente. Amén.

San Guillermo de París




viernes, 2 de noviembre de 2018

A NUESTRA MADRE POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO



A Vos, Madre Nuestra amantísima, invocamos por Intercesora, esperando obtener por vuestros méritos lo que por nuestras solas oraciones no nos atreveríamos a esperar.

Vos, que sois Madre de todos, a todos protegednos, y librad con vuestros ruegos, a las Santas Almas del Purgatorio. Por los méritos de la Pasión de tu Santísimo Hijo y tus Dolores y lágrimas.

¡Oh Glorioso Patriarca San José!, intercede juntamente con tu Santísima Esposa ante tu Hijo, por las Almas del Purgatorio.



Por la Misericordia de Dios y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, las almas de los fieles difuntos descansen en paz. R/. Amén



jueves, 1 de noviembre de 2018

VIRGEN DE LA CONFIANZA, CONFIANZA EN MARÍA

Imagen de la Virgen de la Confianza,
venerada en la Capilla del Pontificio Seminario Romano

“La Divina Señora se dignó concederme que toda alma que con confianza se presente delante de este cuadro, experimentará una verdadera contrición de sus pecados, con verdadero dolor y arrepentimiento, y obtendrá de su Divinísimo Hijo el perdón general de todos sus pecados. Además esa mi Divina Señora, con amor de verdadera Madre, condescendió en asegurarme que a toda alma que contemple esta imagen, concederá una particular ternura y devoción hacia Ella”

Hna. Clara Isabel Fornari, Clarisa fallecida
en 1744 y con Proceso de Beatificación en curso





La devoción a la “Madonna della Fiducia” se muestra particularmente benéfica cuando se reza la jaculatoria “¡Madre mía, confianza mía!"

Muchos son aquellos que se fortalecen en la confianza, o la recuperan, apenas por contemplar esa bella pintura, sintiéndose inundados por la mirada materna, serena, cariñosa y alentadora de la Reina del Cielo.

Y el Divino Niño, también observando al fiel, apunta su índice a la Santísima Virgen, como diciendo: “Colócate bajo su protección, recurre a Ella, se enteramente de Ella y conseguirás llegar a Mí”