Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

sábado, 21 de mayo de 2022

SÚPLICA A NUESTRA MADRE MARÍA PARA EL MES DE MAYO

 


San Bernardo llama a María “camino real para hallar al Salvador y la salvación”. Si es cierto, Reina mía, que eres, como el mismo dice, quien conduce nuestras almas a Dios, no esperes que yo vaya a Dios si no me llevas en tus brazos. Llévame, sí; y si me resisto, llévame a la fuerza. Con los dulces atractivos de tu amor fuerza cuanto puedas a mi alma, a mi rebelde voluntad, para que deje a las criaturas y busque sólo a Dios y su voluntad santísima. Muestra a los cielos cuán poderosa eres; muestra, entre tantos prodigios, esta otra maravilla de tu misericordia uniendo enteramente con Dios a quien tan lejos de Él está.

¡María, puedes hacerme santo; de Ti lo espero!


ORACIÓN

¡Inmaculada Virgen y Madre mía Santísima! A Ti, que eres la “Madre de mi Señor”, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza y el refugio de los pecadores, acudo en este día yo que soy el más necesitado de todos. Te alabo, Madre de Dios y te agradezco todas las gracias que hasta ahora me has hecho, especialmente la de haberme librado del infierno que tantas veces he merecido.  Te amo, Señora y Madre mía, y por el amor que te tengo te prometo servirte siempre y hacer todo lo posible para que seas también amada de los demás. En Ti pongo mi esperanza y mi eterna salvación.  Madre de misericordia, acéptame por tu hijo y acógeme bajo tu manto, y ya que eres tan poderosa ante Dios, líbrame de las tentaciones y dame fuerza para vencerlas hasta la muerte. Te pido el verdadero amor a Jesucristo. De Ti espero la gracia de una buena muerte.  Madre mía, por el amor que tienes a Dios, te ruego que siempre me ayudes, pero mucho más en el último momento de mi vida. No me desampares mientras no me veas a tu lado en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad. Amén.



sábado, 14 de mayo de 2022

SÚPLICA A NUESTRA MADRE MARÍA PARA EL MES DE MAYO

 


La caridad de María para con nosotros, según nos lo afirma san Bernardo, no puede ser ni mayor ni más poderosa de lo que es. Por lo cual se compadece siempre generosamente de nosotros con su cariño y nos socorre con su poder. Siendo, por tanto, Purísima Reina mía, rica en poder y rica en misericordia, puedes y deseas salvamos a todos. Te diré, pues, hoy y siempre, con el devoto Blosio: “María Santísima, en esta gran batalla que con el infierno tengo empeñada ayúdame siempre, y cuando veas que me hallo vacilante y próximo a caer, tiéndeme entonces, Señora mía, más pronto tu mano y sostenme con más fuerza”. ¡Dios mío, cuántas tentaciones tendré que vencer hasta la hora de mi muerte! María, esperanza, refugio y fortaleza mía, no permitas que pierda la gracia de Dios, pues propongo acudir siempre a ti en todas las tentaciones, diciendo:

 

Ayúdame, María; María, ayúdame.


ORACIÓN

¡Inmaculada Virgen y Madre mía Santísima! A Ti, que eres la “Madre de mi Señor”, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza y el refugio de los pecadores, acudo en este día yo que soy el más necesitado de todos. Te alabo, Madre de Dios y te agradezco todas las gracias que hasta ahora me has hecho, especialmente la de haberme librado del infierno que tantas veces he merecido.  Te amo, Señora y Madre mía, y por el amor que te tengo te prometo servirte siempre y hacer todo lo posible para que seas también amada de los demás. En ti pongo mi esperanza y mi eterna salvación.  Madre de misericordia, acéptame por tu hijo y acógeme bajo tu manto, y ya que eres tan poderosa ante Dios, líbrame de las tentaciones y dame fuerza para vencerlas hasta la muerte. Te pido el verdadero amor a Jesucristo. De ti espero la gracia de una buena muerte.  Madre mía, por el amor que tienes a Dios, te ruego que siempre me ayudes, pero mucho más en el último momento de mi vida. No me desampares mientras no me veas a tu lado en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad. Amén.




sábado, 30 de abril de 2022

ORACIONES A NUESTRA MADRE

 

Santísima Virgen María:

Haced que al poner el Señor en mi boca las palabras de David, lleguen al cielo limpias y transparentes, y no manchadas por mis impuros labios, indignos de pronunciarlas.

Haced, Señora, que sea atendida mi oración... Yo os la ofrezco para que Vos se la presentéis al Señor... Purificad mi intención... perdonad las faltas..., y así, al pasar por vuestras purísimas manos, haréis el milagro de transformar mis débiles alabanzas en canto purísimo que recree a Jesús y se digne a escucharme.

Todo lo espero de Vos..., pues, ¿quién soy yo para atreverme a tanto? Pero si tú intercedes..., entonces me atrevo a todo.

¿Y cómo no me vas a oír, si ya sabes que tu pobre trapense tanto te quiere?

¡Oh dulce! ¡oh Virgen María! Ruega por mí y por todos los pecadores como yo. No te olvides, Madre mía, que aunque el más pequeño, soy tu hijo.

 

San Rafael Arnáiz Barón




Oración de consagración y despedida a María de Montserrat

Gracias infinitas os doy, Madre mía queridísima, por haberme traído a este monte santo. Trono de vuestras gracias y de vuestra gloria y Paraíso de vuestras delicias, para hablarme al corazón en estos tres días de felicidad, y serenar mi ánimo y devolverme la paz perdida. Gracias infinitas os doy por haberme facilitado el subir a esta Montaña santa, símbolo de vuestra grandeza, reflejo de vuestra hermosura y emblema de vuestra fecunda virginidad. Vos, oh María, siempre, pero más en estos tres días, habéis sido para mi alma vida, dulzura y esperanza, luz, consuelo, salud y paz. Una vez más, Madre mía de mi alma, habéis probado en mí que jamás se ha oído decir que ni uno sólo de los que han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro haya sido desatendido en sus justos clamores. Os doy gracias muy rendidas por tanta bondad y misericordia, y en compensación de ellas, yo os consagro mi alma con todas sus potencias, mi cuerpo con todos sus sentidos: todo cuanto tengo y valgo os lo ofrezco; guardadme, pues, oh María, como cosa y posesión vuestra, y no piense sino en Vos, ni hable sino de Vos, ni pretenda sino hallaros a Vos con Jesús, fruto bendito de vuestro vientre, ahora y en la hora de mi muerte. Amén. 

Vengo a daros el último adiós, oh María, Madre mía de mi alma, Madre mía de mi corazón.

 San Enrique de Ossó





sábado, 16 de abril de 2022

RECUERDA LOS DOLORES DE TU MADRE

 


"La imagen de María, inclinada por el sufrimiento en el Calvario, nos enseña, que en la tierra el sufrimiento es la hermana gemela del amor"


Quien ama a María debe recordar también sus dolores, pues son, por así decirlo, dolores de parto por los que nos dio la gracia de la vida sobrenatural. En el Antiguo Testamento, antes de su muerte, Tobías le dio a su hijo el siguiente consejo, que nosotros también deberíamos tener en cuenta: "Honra a tu madre todos los días de su vida, pues sé consciente de las aflicciones que sufrió por ti" Las mismas palabras nos fueron dirigidas por Cristo cuando habló desde la cruz: “¡He aquí tu Madre!” El gran dolor, que sufrió por nosotros especialmente bajo la cruz, merece nuestra simpatía y reconocimiento. María Santísima dijo una vez a Santa Brígida de Suecia: "Mire a los hijos de los hombres para ver si alguien siente compasión por mí, pero oh, veo a muy pocos. Si tantos me olvidan, al menos tú, hija mía, no me olvides. Considera lo mucho que he sufrido"

El aspecto principal y que hay que destacar aquí es claramente su compasión durante la Pasión y especialmente bajo la Cruz: Aquí la Madre de Dios se convierte en Corredentora y Reina de los mártires, aquí da a luz espiritualmente a sus hijos.

Aunque María Santísima permaneció ilesa en su cuerpo, es sin embargo venerada como Reina de los Mártires. Su dolor en la Pasión consistía en su compasión por el Salvador, que era una compasión del más alto grado, por lo que naturalmente habría muerto. Como su amor por Jesús era indeciblemente grande, también lo era su compasión. Mientras que los mártires se sienten reconfortados por la íntima unión con Jesús durante su sufrimiento, para María esta misma unión se convirtió en la fuente de sufrimiento: Fue precisamente la contemplación de su Hijo en la cruz lo que le causó mayor dolor. Esta mirada de una madre a su tan amable y único Hijo, al que dedicó toda su vida; la mirada de la Inmaculada sobre su Dios, a quien había prometido su "Fiat" y se había entregado en amor virginal desde su nacimiento.

¿Puede imaginarse un amor más grande en la tierra? Fue la voluntad de Dios que se convirtiera en la Corredentora bajo la Cruz, para que se convirtiera en nuestra Madre, consoladora de los afligidos, auxilio de los cristianos y refugio de los pecadores. Su unión con la pasión de Cristo era tan íntima que San Alfonso dice: "Dos colgados en una cruz"




Bendíceme, Madre, y ruega por mí sin cesar. Aleja de mí, hoy y siempre, el pecado. Si tropiezo, tiende tu mano hacia mí. Si cien veces caigo, cien veces levántame. Si yo te olvido, Tú no te olvides de mí. Si me dejas, Madre, ¿qué será de mí? En los peligros del mundo, asísteme. Bajo tu manto quiero vivir y morir. Quiero que mi vida te haga sonreír. Mírame con compasión, no me dejes, ¡Madre mía! Y al fin, sal a recibirme y llévame junto a Ti. Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén.




sábado, 2 de abril de 2022

LOS DOLORES DE UNA MADRE

 


Encuentro de Jesús con su Madre.- Los soldados levantan con brutalidad al divino cautivo que sucumbía, más aún bajo el peso de nuestros pecados, que bajo el del instrumento de su suplicio. Acaba de reanudar su marcha vacilante y al punto se encuentra con su Madre llorosa. La mujer fuerte, cuyo amor maternal es invencible, ha salido al encuentro de su Hijo; quiere verle, seguirle, unirse a Él hasta que expire. Su dolor está por encima de toda ponderación humana. Las inquietudes de estos últimos días han agotado sus fuerzas; todos los sufrimientos de su Hijo le han sido manifestados por revelación; se ha asociado a ellos y los soporta todos y cada uno en particular. Sin embargo de eso, no puede permanecer por más tiempo lejos de la vista de los hombres; el sacrificio avanza en su curso, su consumación se acerca; es necesario estar con su Hijo y nada podrá detenerla en este momento. Magdalena está cerca de ella llorosa; Juan, María, madre de Santiago y Salomé la acompañan también; éstas lloran por su Maestro; mas ella llora por su Hijo. Jesús la ve y no puede consolarla, pues todo esto no es sino el comienzo de los dolores. El sentimiento de agonía que experimenta en este momento el corazón de la más tierna de las madres acaba de oprimir con un nuevo peso el corazón del más amante de los hijos. Los verdugos no concedieron un momento de espera en la marcha, en favor de la madre de un condenado; si quiere, puede seguir el funesto cortejo; sin embargo, el encuentro de Jesús y María en el camino del calvario señalará para siempre la cuarta estación.

María, nuestra Madre.- Entre tanto María se ha acercado a la cruz en que está clavado Jesús. Para una madre no hay tinieblas que impidan conocer a su Hijo. El tumulto se ha apaciguado, desde que el sol ocultó su luz, y los soldados no ponen obstáculo a esta aproximación. Jesús mira tiernamente a María, ve su desolación; y el dolor de su corazón que parecía haber llegado a su más alto grado se acrecienta más aún. Va a abandonar esta vida; y su madre no puede subir hasta Él, estrecharle entre sus brazos y prodigarle sus últimas caricias.

De repente, en medio de un silencio interrumpido sólo por los sollozos, la voz de Jesús muriente resuena por tercera vez: Dirigiéndose a su Madre: “Mujer, la dice (porque no se atreve a llamarla su madre, a fin de no revolver la espada en la llaga de su corazón), mujer, he ahí a tu hijo.” Con esta palabra designaba a Juan. Después volviéndose a éste añade: “Hijo, he ahí a tu madre.”

Cambio doloroso para el corazón de María, pero sustitución que asegura para siempre a Juan, y en él a la raza humana, el beneficio de una madre. Hemos descrito esta escena más detalladamente en el Viernes de la Semana de Pasión. Hoy, en este aniversario aceptemos este generoso testamento de nuestro Salvador, que por su Encarnación nos había procurado la adopción de su Padre Celestial y en este momento nos da a su propia Madre.

Jesús, bajado de la Cruz.- María tu Madre, permanece al pie de la cruz; y nada puede separarla de tus restos mortales. Magdalena está atada a tus pies. Juan y las santas mujeres forman en derredor tuyo un cortejo de desolación. Adoramos una vez más tu cuerpo sagrado, tu sangre preciosa y tu cruz que nos ha salvado.

María ha sentido hasta en el fondo de su alma la punta de esa lanza cruel; los sollozos y las lágrimas se renuevan en torno suyo. ¿Cómo terminará esta triste jornada? ¿Qué manos descenderán de la cruz al Cordero que en ella está suspendido? ¿Quién, finalmente, le devolverá a su Madre?

La Madre de Jesús recibe de sus manos al Hijo de su ternura; riega con sus lágrimas, recorre con sus besos las innumerables y crueles llagas de que está cubierto su cuerpo, Juan, Magdalena y las otras santas mujeres compadecen a la Madre de los dolores; pero urge el tiempo de embalsamar estos restos inanimados. María estrecha entre sus brazos una vez más el cuerpo inerte de su amado, que pronto va a ocultarse a sus miradas, bajo los pliegues del velo y de las vendas.

Nuestra Señora de los Dolores.- El sol está a punto de ponerse y va a comenzar el gran Sábado con sus severas prescripciones. Magdalena y las otras mujeres han observado los lugares y la disposición del cuerpo en el sepulcro. Suspenden sus lamentaciones y descienden apresuradamente hacia Jerusalén. Su intento es comprar perfumes y prepararlos, a fin de que, terminado el sábado, puedan volver a la tumba, el Domingo de madrugada, y completar el embalsamamiento demasiado precipitado del cuerpo de su Maestro. María, después de saludar por última vez la tumba que encierra el objeto de su ternura, sigue al cortejo que camina hacia la ciudad. Juan, su hijo de adopción, está junto a ella. Desde este momento será el custodio de aquella que, sin dejar de ser Madre de Dios, se hace en él madre de los hombres. Pero, ¡a precio de qué crueles sufrimientos ha obtenido este nuevo título! ¡Qué herida ha recibido su corazón en el momento en que la hemos sido confiados! Acompañémosla nosotros también fielmente durante esas horas crueles, que deberán trascurrir antes que la Resurrección de Jesús venga a consolar su inmenso dolor.



viernes, 25 de marzo de 2022

LA FRAGANCIA DEL LÍBANO

 


Yo seré como rocío para Israel; florecerá como un lirio y extenderá sus raíces como cedro; se expandirán sus ramas; tendrán la magnificencia del olivo y la fragancia del Líbano (Os. 14, 6 – 7)

La fragancia del Líbano.- Y tendrá la fragancia del Líbano. Líbano significa <<blancura>>, y significa el candor de la inocente vida de la Virgen, cuyo aroma, difundido por todas partes, devuelve a los muertos la vida, a los desesperados el perdón, a los penitentes la gracia, a los justos la gloria.

Por las oraciones y los méritos de la Virgen, nos sea concedido que el rocío del Espíritu Santo triga refrigerio al ardor de nuestro espíritu, nos otorgue el perdón de los pecados y nos conceda la gracia de merecer llegar a la gloria de la vida eterna e inmortal, por el don de Aquel que es bendito por los siglos de los siglos. ¡Amén!

 

San Antonio de Padua,
en la Anunciación: II, 114-120




Contestad presto, Señora, no retardéis más la salvación del mundo, que depende ahora de vuestro consentimiento.

“He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”

¡Oh respuesta más hermosa, más humilde y más prudente de cuantas hubiera podido inventar toda la sabiduría de los hombres y de los Ángeles juntos, aun cuando la hubieran pensado un millón de años! 

¡Oh poderosa respuesta que alegraste al cielo, e hiciste descender sobre la tierra un mar inmenso de gracias y de bienes!



sábado, 19 de marzo de 2022

NUESTRO SEÑOR Y PATRIARCA SAN JOSÉ

 

SÚPLICA A SAN JOSÉ


José dulcísimo y Padre amantísimo de mi corazón, a Ti te elijo como mi protector en vida y en muerte; y consagro a tu culto este día, en recompensa y satisfacción de los muchos que vanamente he dado al mundo, y a sus vanísimas vanidades. Yo te suplico con todo mi corazón que por tus siete dolores y goces me alcances de tu adoptivo Hijo Jesús y de tu verdadera esposa, María Santísima, la gracia de emplearlos a mucha honra y gloria suya, y en bien y provecho de mi alma. Alcánzame vivas luces para conocer la gravedad de mis culpas, lágrimas de contrición para llorarlas y detestarlas, propósitos firmes para no cometerlas más, fortaleza para resistir a las tentaciones, perseverancia para seguir el camino de la virtud; particularmente lo que te pido en esta oración (hágase aquí la petición) y una cristiana disposición para morir bien. Esto es, Santo mío, lo que te suplico; y esto es lo que mediante tu poderosa intercesión, espero alcanzar de mi Dios y Señor, a quien deseo amar y servir, como tú lo amaste y serviste siempre, por siempre, y por una eternidad. Amén.

San Enrique de Osso




sábado, 5 de marzo de 2022

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES

 

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EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS

La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo: 

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»

En seguida dijo la Santísima Virgen: 

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

LA INTENCIÓN REPARADORA

Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.










sábado, 26 de febrero de 2022

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

 


Dice la Excelsa Reina: Conmigo están las riquezas y la gloria… para enriquecer a los que me aman (Prov., 8, 18 – 21). Amemos a María si queremos ser enriquecidos con gracias. El sabio Idiota la llamaba Tesorera de las gracias. ¡Bienaventurado el que con amor y confianza recurre a María! ¡Madre mía, esperanza mía! Vos me podéis hacer santo y lo espero de Vos.


¡Salve, oh María, llena de gracia! El Señor es contigo. ¡Salve, oh fuente de nuestra alegría!, por quien la sentencia de nuestra condenación fue revocada y cambiada en un juicio de bendición. ¡Salve, oh Templo de la Gloria de Dios!, mansión Sagrada del Rey de los Cielos. ¡Salve, oh Princesa de nuestra alegría! Vos sois verdaderamente bendita entre todas las mujeres, ya que sois la única escogida para ser la Madre de vuestro Creador. Todas las naciones os llamarán bienaventurada.

¡Oh María!, al poner en Vos una santa confianza, lo espero todo para mi salvación. Si os dignáis recibirme bajo vuestra protección, nada tengo que temer de los ataques de mis enemigos. Estar enteramente consagrado a Vos es tener armas seguras para combatir y vencer. Recibidme, pues, en el número de vuestros hijos, como yo os escojo para que seáis mi tierna Madre.

 

San Andrés de Creta



sábado, 19 de febrero de 2022

SOBRE EL INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA

 

Considerad y honrad al Corazón sacratísimo de la Bienaventurada Virgen María como retra­to vivo e imagen perfecta del Corazón adorable del eterno Padre. Porque así como el divino Corazón del Padre do Jesús es el primer origen de la encarnación y del nacimiento de su Hijo en la tierra, así también el santísimo Corazón de la Madre de Jesús es el segundo principio. En efecto, como fue el amor de ese Padre de las misericordias el que lo llevó a enviar a su Hijo al mundo y a hacerlo nacer en la tierra para la salvación de los hombres, así también el amor purísimo v ardentísimo en que estaba abrasado para con Dios y para con nuestras almas, el Co­razón virginal de la Madre de gracia, fue el que atrajo al Hijo de Dios desde el seno de su Padre; el que lo hizo descender a las benditas entrañas de la Virgen y el que lo hizo nacer en este mun­do para realizar la obra de nuestra salvación.

Luego, como Jesús es el fruto primero del Co­razón adorable de su Padre, también lo es del Corazón amabilísimo de su Madre. Porque con el solo hecho, dice San Agustín, de concebirlo en su Corazón antes que en sus entrañas, se hizo digna de concebirlo en su seno; y lo concibió primero en su Corazón por la humildad, la pu­reza y el amor.

Esta Madre admirable formó y llevó a su Hijo Jesús más santamente, por más largo tiempo y más temprano en el Corazón que en las entra­ñas; pues la santidad de las entrañas benditas tiene su origen en la caridad del Corazón. Lo llevó en su seno sólo durante nueve meses, lo ha llevado y lo llevará eternamente en su Corazón; tanto es así, que el Salvador es más perfectamen­te en cierta manera el fruto de ese Corazón que de ese seno.

¡Oh prodigio admirable! Este Corazón sin par, es entre las meras criaturas, la obra más ex­celente de la Omnipotente bondad de Jesús, y por un milagro incomprensible, este mismo Je­sús es la Obra maestra del Corazón de María. Este Corazón, por su humildad y por su amor, saca a Jesús del seno adorable del Padre, en don­de nace eternamente, para hacerlo nacer en la plenitud de los tiempos en el seno virginal de su Madre.

Por consiguiente, como el Unigénito de Dios ha sido siempre y será eternamente el objeto único del amor y de las complacencias del Pa­dre, así el Unigénito de María ha sido siempre y será siempre, el centro de todos los afectos del Corazón maternal.

¡Oh Corazón admirable entre todos los co­razones! Sois el primero que atrajisteis al Verbo eterno del seno del Padre, al seno Virginal de la Madre, y también el primero que fuisteis digno de recibirlo, cuando salió del seno del Padre y vino a este mundo a obrar nuestra salvación.

¡Oh, cuánta obligación tenemos de honraros y alabaros! Alabanzas eternas os sean tributadas por todas las criaturas.


San Juan Eudes



sábado, 12 de febrero de 2022

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

 

¡Oh María! ¡Mujer bendita entre todas las mujeres! ¡Vos sois el honor del género humano y la salvación de las naciones! ¡Vos sois la dispensadora de todas las gracias, el ornamento y la gloria de la Iglesia! ¡Vos sois el modelo de los justos, el consuelo de los Santos y el manantial de nuestra felicidad! He aquí, ¡oh Madre de bondad!, todo lo que sabemos decir en vuestra alabanza. Dignaos suplir a nuestra insuficiencia y bendecir nuestro trabajo. Inculcad vuestro amor en todos nuestros corazones, para que después de haber honrado y amado a vuestro divino Hijo sobre la tierra podamos alabarle y bendecirle con Vos en el cielo. Amén.

 

San Bernardino de Siena



sábado, 29 de enero de 2022

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

 

Totalmente semejante a su Hijo Jesús es María, su Madre, que siendo Madre de misericordia, goza cuando socorre y consuela a los míseros. Tanto es el deseo que tiene esta Madre de dispersar gracias a todos, que dice Bernardino de Bustos que más desea Ella hacernos bien y concedernos mercedes, que nosotros recibirlas.


Os saludo, ¡oh María! Vos sois la esperanza de los cristianos, y por eso me dirijo a Vos. Recibid, ¡oh tierna Madre!, la plegaria que os hace un pecador, pero un pecador arrepentido que os honra y que, después de Dios, pone en Vos toda la esperanza de su conversión y de su salvación. Estoy en deuda con Vos por tantas gracias; volvedme a poner en la gracia y amistad de vuestro divino Hijo. Sois el consuelo de los afligidos. Dignaos, pues, interceder por mí ante el Señor, para que Él me libre del peso de mis pecados, disipe las tinieblas de mi espíritu, destierre los afectos desordenados de mi corazón, reprima las acometidas y las tentaciones de mis enemigos, a fin de que ayudado por su gracia, en adelante, ordene mi vida de tal forma, que pueda con su auxilio y bajo vuestra protección llegar al feliz puerto de la vida eterna.

 

San Juan Damasceno




lunes, 24 de enero de 2022

INVOCACIÓN A MARÍA, de San Ildefonso de Toledo

 

Ayer, Solemnidad de San Ildefonso de Toledo, Patrono de la Archidiócesis Primada de España, fue de Primera Clase. Y aprovechando paso esta, preciosísima, “Invocación a María” dentro de su obra sobre Nuestra Madre “La Perpetua Virginidad de María”.

Señora mía y dueña mía, adueñada de mí, Madre de mi Señor, sierva de tu Hijo, engendradora del Creador, yo te ruego, te rezo, te suplico que tenga el espíritu de tu Hijo, el espíritu de mi Redentor, para que entienda acerca de Ti lo verdadero y lo digno, hable sobre Ti lo verdadero y lo digno y ame todo lo que sea verdadero y digno de Ti.

¡Oh Tú, la elegida de Dios, la acogida por Dios, la llamada por Dios, cercana a Dios, adherida a Dios y a Dios unida; Tú, la visitada por el ángel, saludada por el ángel, bendecida por el ángel, alegrada por el ángel, ruborosa ante sus palabras, atónita en tu pensamiento, estupefacta por el saludo, admirada por el anuncio de la promesa!

Oyes que hallaste gracia ante Dios, se te manda no temer, eres confirmada en tu fe, instruida en el conocimiento de prodigios, llevada a la gloria de una novedad inaudita. Con referencia a un hijo es advertido tu pudor, y con el nombre del Hijo certificada tu virginidad. Se predice que el Santo que nacerá de Ti será llamado Hijo de Dios y se te anuncia cual será el poder del que nace.

« ¿Cómo se hará?», preguntas… ¿Interrogas sobre el origen?; ¿indagas la razón?; ¿quieres conocer el hecho y el modo de realizarse? Escucha un oráculo inaudito, considera una operación sin precedentes, advierte un desconocido arcano, presta atención al hecho jamás visto: El Espíritu Santo vendrá sobre Ti, y el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc. 1,35).

Toda la Trinidad realizará en Ti invisiblemente la concepción; pero solo la Persona del Hijo de Dios, que nacerá corporalmente, de Ti tomara carne. Y, por tanto, lo que será concebido en Ti y nacerá de Ti, lo que saldrá de Ti engendrado por Ti y por Ti parido será llamado Santo, Hijo de Dios. Este será el gran Dios de las virtudes, Este el Rey de los siglos, Este el creador de todas las cosas.

He aquí que Tú eres dichosa entre las mujeres, virgen entre las parturientas, señora entre las siervas, reina entre las hermanas. He aquí que desde ahora te proclaman dichosa todas las gentes, dichosa te reconocen las virtudes celestes, te predican todos los profetas, te celebran todas las naciones.

Feliz Tú para mi fe, feliz para mi alma, feliz para mi amor, feliz en mi alabanza y predicación. Que yo te predique cuanto mereces ser predicada, que yo te ame cuanto mereces ser amada, que te ensalce en todo lo que eres loable, que te sirva en cuanto se debe servir a tu gloria. Tú, recibiendo a Dios solo, eres posterior al Hijo de Dios, pero, engendrando a Dios hecho a la vez Hombre, eres anterior al Hijo del Hombre; al cual, por solo acogerle, Dios se hospeda en Ti, mas, por concebirle, el Hombre que a la vez es Dios habita en Ti.

En el pasado limpia para Dios, en el presente llena del Hombre-Dios, en el futuro Madre del Hombre-Dios; alegre por la concepción y la doncellez, gozosa por el hijo y la intacta pureza, tan fiel al Hijo como al esposo. De tal modo fiel al Hijo que ni El mismo conociera progenitor carnal; fiel de tal modo al esposo que el mismo te reconociera madre sin concurso de varón.

Mujer, que has de ser glorificada en el Hijo tanto cuanto, estando libre de todo contacto varonil, has sido instruida en lo que debías conocer, enseñada en lo que debías creer, asegurada en lo que debías esperar y confirmada en lo que, sin detrimento alguno, debías conservar.




domingo, 16 de enero de 2022

MARÍA, APÓSTOL DE LA GLORIA DE JESÚS

 


En el cenáculo, María se entregaba toda entera a la gloria eucarística de Jesús. Sabía muy bien que era deseo del Padre que la Eucaristía fuera conocida, amada y servida de todos, que el corazón de Jesús sentía necesidad de comunicar a los hombres todos sus dones de gracia y de gloria. Porque la Iglesia fue instituida para darse Jesucristo al mundo como rey y como Dios y para conquistar todas las naciones de la tierra. Por eso todo su deseo era conocer y glorificar a Jesús en el santísimo Sacramento. Su inmenso amor al hijo de sus entrañas necesitaba dilatarse, abnegarse, para así aliviarse algún tanto de la pena que le producía la imposibilidad en que se veía de glorificarle bastante por sí misma.

Por otra parte, los hombres se hicieron hijos suyos en el calvario y ella los amaba con entrañas de madre, queriendo el bien de ellos tanto como el suyo propio. Por eso ardía en deseos de dar a conocer a Jesús en el santísimo Sacramento, de abrasar los corazones en su amor, de ver a todos atados y encadenados a su amable servicio, de formar para Él una guardia eucarística, una corte de fieles y abnegados adoradores.

Para lograr esta gracia, María cumplía una misión perpetua de oración y penitencia a los pies de la adorable Eucaristía, en la cual trataba de la salvación del mundo rescatado por la sangre divina. Con su celo inmenso abarcaba las necesidades de los fieles de todos los tiempos y lugares, que recibirían la herencia de la divina Eucaristía.

Pero el oficio de que más gustaba su alma era orar continuamente para que produjesen mucho fruto las predicaciones y trabajos de los apóstoles y demás miembros del sacerdocio de Jesucristo. Por eso no hay por qué extrañarse al ver que los primeros obreros evangélicos convertían tan fácilmente reinos enteros, pues allá estaba María al pie del trono de misericordia suplicando por ellos a la bondad del Salvador. Predicaba con su oración y con su oración convertía almas. Y como quiera que toda gracia de conversión es fruto de oración y la petición de María no podía ser desestimada, en esta Madre de bondad tenían los apóstoles su mejor auxiliadora.

“Bienaventurado aquel por quien ora María”. Los adoradores participan de la vida y del oficio de oración de María a los pies del santísimo Sacramento, que es ciertamente el oficio más hermoso y el que menos peligros presenta. Es también el más santo, porque es ejercicio de todas las virtudes. Es el más necesario para la Iglesia, que necesita más almas de oración que predicadores, más hombres de penitencia que de elocuencia. Hoy más que nunca hacen falta varones, que, con su propia inmolación, aplaquen la cólera de Dios, irritado por los crímenes siempre crecientes de las naciones. Hacen falta almas que con sus instancias vuelvan a abrir los tesoros de gracia cerrados por la indiferencia general. Hacen falta adoradores verdaderos, esto es, hombres de fuego y de sacrificio. Cuando éstos sean numerosos cerca de su divino jefe, Dios será glorificado y Jesús amado, las sociedades se harán cristianas, serán conquistadas para Jesucristo por el apostolado de la oración eucarística.

 

San Pedro Julián Eymard



sábado, 1 de enero de 2022

AÑO NUEVO CON NUESTRA MADRE

 

Tres motivos integran la fiesta de hoy; la octava de  Navidad; la Circuncisión del Señor; la Maternidad de María.

Este día está consagrado de una manera especial a la Santísima Virgen. Quizás sea la más antigua de sus fiestas. La Iglesia muéstrale su agradecimiento por la gran parte que ha tomado en la Encarnación del Señor. ¿En qué aspecto considera la liturgia a María? En el aspecto de Madre de Dios y de Virgen. Debemos citar, en primer lugar, las antífonas de Vísperas de corte oriental. Son ricas en pensamientos y van recorriendo todo el Antiguo Testamento, poniendo de relieve diversas profecías: Gedeón y el vellocino, la zarza ardiendo, la raíz de Jesé, la estrella de Jacob. La liturgia no se abandona a discusiones sentimentales, no se pregunta si María sufrió o lloró en la Circuncisión. María es una sacerdotisa que alegre y apenada, ofrece con Nuestro Señor las primicias de su Sacrificio. María es también figura de la Iglesia, y nos enseña su parte y la nuestra en la obra de la redención. Hoy, y en todos los tiempos, la Iglesia, nuestra Virgen-Madre, está allí; ella hace correr por medio de las manos de los sacerdotes la Sangre Redentora en el corazón de sus hijos. Nuestra alma puede y debe desempeñar hoy el papel de María, debe hacer correr en la Santa Misa la Sangre del Salvador, para sí y para las almas de sus hermanos.

El primer derramamiento de sangre del Señor nos trae a la memoria al último derramamiento en la Cruz. En las dos ocasiones María “estuvo de pie”. La Preciosa Sangre que brilla en el Cáliz que está sobre el Altar es la que Nuestro Señor vertió por primera vez, es la sangre de la Santísima Virgen.