Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

jueves, 21 de noviembre de 2019

PRESENTACIÓN DE NUESTRA MADRE EN EL TEMPLO


Cuando María entra por primera vez en el Templo, sabe que es la Casa de Dios, no menos santa que el Cielo. No vuelve la cabeza ni la vista hacia ninguna parte; no mira a nadie, sus ojos permanecen modestamente bajados. Mantiene un profundo silencio, sin hablar con nadie más que con Dios.

Todo su espíritu, todo su corazón, toda su voluntad, todas las potencias y todos los afectos de su alma se dirigen a Dios para contemplarlo, adorarlo, alabarlo, amarlo, glorificarlo, para ofrecerse, darse, consagrarse y sacrificarse enteramente a su divina Majestad. Le dedica las adoraciones y alabanzas más santas, las cuales son más agradables que todas las que ha recibido en ese Templo, desde que fue construido hace cerca de mil años.

San Juan Eudes, “La infancia admirable
de la Santísima Madre de Dios”



sábado, 16 de noviembre de 2019

EL AMOR A NUESTRA MADRE MARÍA


Son tantos los motivos que tenemos para amar a esta nuestra amorosa Reina, que si en toda la tierra se alabase a María, si en todas las predicaciones sólo se hablase de María, y todos los hombres dieran la vida por María, todo esto sería poco en comparación a la gratitud que le debemos por el amor tan excesivamente tierno que Ella tiene para todos los hombres, aunque sean los más miserables pecadores, si conservan para con Ella algún afecto y devoción.

San Alfonso María de Ligorio,
“Las Glorias de María”



sábado, 2 de noviembre de 2019

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES


Para más información, pinchar AQUÍ




EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS

La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo: 

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»

En seguida dijo la Santísima Virgen: 

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

LA INTENCIÓN REPARADORA

Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.