Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

sábado, 13 de mayo de 2017

MES DE MAYO, MES DE MARÍA (con el Santo Padre Benedicto XVI)

María, lugar de encuentro con Dios

“Aconteció, que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: Bendita Tú entre las mujeres y Bendito el fruto de tu vientre” (S. Lc. 1, 41-42)

El episodio de la Visitación no representa un simple gesto de cortesía, sino que reconoce con gran sencillez el encuentro del Antiguo con el Nuevo Testamento. Las dos mujeres, ambas embarazadas, encarnan, en efecto, la espera y el Esperado. La anciana Isabel simboliza a Isabel que espera el Mesías, mientras que la joven María lleva en sí la realización de tal espera, para beneficio de toda la humanidad. En las dos mujeres se encuentran y se reconocen, ante todo, los frutos de su seno, Juan y Cristo. Comenta el poeta cristiano Prudencio: “El niño contenido en el vientre anciano saluda, por boca de su madre, al Señor Hijo de la Virgen”. El júbilo de Juan en el seno de Isabel es el signo del cumplimiento de la esperanza: Dios está a punto de visitar a su pueblo. En la Anunciación el Arcángel Gabriel había hablado a María del embarazo de Isabel como prueba del poder de Dios: la esterilidad, a pesar de la edad avanzad, se había transformado en fertilidad.

Isabel, acogiendo a María, reconoce que se está realizando la promesa de Dios a la humanidad y exclama “¡Bendita Tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre”! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” (S. Lc. 1, 42-43). La expresión “bendita Tú entre las mujeres” en el Antiguo Testamento se refiere a Yael (Jue 5, 24) y a Judit (Jdt. 13, 18), dos mujeres guerreras que se ocupaban de salvar a Israel. Ahora, en cambio, se dirige a María, joven pacífica que va a engendrar al Salvador del mundo. Así también el estremecimiento de alegría de Juan remite a la danza que el rey David hizo cuando acompañó el ingreso del Arca de la Alianza en Jerusalén. El Arca, que contenía las tablas de la Ley, el maná y el cetro de Aarón, era el signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. El que está por nacer, Juan, exulta de alegría ante María, Arca de la Nueva Alianza, que lleva en su seno a Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre.

La escena de la Visitación expresa también la belleza de la acogida: donde hay acogida recíproca, escucha, espacio para el otro, allí está Dios y la alegría que viene de Él. Imitemos a María, visitando a cuantos viven en dificultad, en especial a los enfermos, los presos, los ancianos y los niños. E imitemos también a Isabel que acoge al huésped como a Dios mismo: sin desearlo, no conoceremos  nunca al Señor; sin esperarlo, no lo encontraremos; sin buscarlo, no lo encontraremos. Con la misma alegría de María que va deprisa donde Isabel, también nosotros vayamos al encuentro del Señor que viene. Oremos para que todos los hombres busquen a Dios, descubriendo que es Dios mismo quien viene antes a visitarnos.  

De las palabras de SS Benedicto XVI en el rezo del Ángelus,
del día 16 de diciembre de 2012

Propuesta de una flor a la Virgen: Visita a un anciano y llévale una estampa de la Virgen




miércoles, 10 de mayo de 2017

MES DE MAYO, MES DE MARÍA (con el Santo Padre Benedicto XVI)

Santa María, Madre de la Esperanza

“El amor es paciente. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca” (I Cor. 13, 4a. 7.8ª)

Santa María, Tú fuiste una de aquellas almas humildes y grandes en Israel que, como Simeón, esperó “el consuelo de Israel” (S. Lc. 2, 38) y esperaron, como Ana, “la redención de Jerusalén” (S. Lc. 2, 38). Tú viviste en contacto íntimo con las Sagradas Escrituras de Israel, que hablaban de la esperanza, de la promesa hecha a Abrahán y a su descendencia. Así comprendemos el santo temor que te sobrevino cuando el Ángel de Dios entró en tu aposento y te dijo que darías a luz a Aquel que era la Esperanza de Israel y la Esperanza del mundo. Por Ti, por tu “sí”, la esperanza de milenios debía hacerse realidad, entrar en este mundo y su historia. Tú te has inclinado ante la grandeza de esta misión y has dicho “sí”: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (S. Lc. 1, 38). Cuando llena de santa alegría fuiste aprisa por los montes de Judea para visitar a tu parienta Isabel, te convertiste en la imagen de la futura Iglesia que, en su seno, lleva la Esperanza del mundo por los montes de la historia. Pero junto con la alegría que, en tu “Magnificat”, con las palabras y el canto, has difundido en los siglos, conocidas también las afirmaciones oscuras de los Profetas sobre el sufrimiento del Siervo de Dios en este mundo. Sobre su nacimiento en el establo de Belén brilló el resplandor de los Ángeles que llevaron la buena nueva a los pastores, pero al mismo tiempo se hizo de sobra palpable la pobreza de Dios en este mundo. El anciano Simeón te habló de la espada que traspasaría tu Corazón, del signo de contradicción que tu Hijo sería en este mundo. Cuando comenzó después la actividad pública de Jesús, debiste quedarte a un lado para que pudiera crecer la nueva familia que Él había venido a instituir y que se desarrollaría con la aportación de los que hubieran escuchado y cumplido su palabra. No obstante toda la grandeza y la alegría de los primeros pasos de la actividad de Jesús, ya en la sinagoga de Nazaret experimentaste la verdad de aquella palabra sobre el “signo de contradicción”. Así has visto el poder creciente de la hostilidad y el rechazo que progresivamente fue creándose en torno a Jesús hasta la hora de la cruz, en la que viste morir como un fracasado, expuesto al escarnio, entre los delincuentes, al Salvador del mundo, el heredero de David, el Hijo de Dios. Recibiste entonces la palabra: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (S. Jn. 19, 26). Después de la cruz recibiste una nueva misión. A partir de la cruz te convertiste en Madre de una manera nueva: Madre de todos los que quieren creer en tu Hijo Jesús y seguirlo. La espada del dolor traspasó tu Corazón. ¿Había muerto la esperanza? ¿Se había quedado el mundo definitivamente sin luz, la vida sin meta? Probablemente habrás escuchado de nuevo en tu interior en aquella hora la palabra del Ángel, con la cual respondió a tu temor en el momento de la Anunciación.: “No temas, María” (S. Lc. 1, 30). ¡Cuántas veces el Señor, tu Hijo, dijo lo mismo a sus discípulos: no temáis! En la noche del Gólgota, oíste una vez más estas palabras en tu Corazón. A sus discípulos, antes de la hora de la traición. Él les dijo: “Tened Vlor: Yo he vencido al mundo” (S. Jn. 14, 33). “No tiemble vuestro corazón ni se acobarde” (S. Jn. 14, 27) “No temas, María”. En la hora de Nazaret el Ángel también te dijo: “Su reino no tendrá fin” (S. Lc. 1, 33) ¿Acaso había terminado antes de empezar? No, junto a la Cruz, según las palabras de Jesús mismo, te convertiste en Madre de los creyentes. Con esta fe, que en la oscuridad del Sábado Santo fue también certeza de la esperanza, te has ido a encontrar con la mañana de Pascua. La alegría de la Resurrección ha conmovido tu Corazón y te ha unido de modo nuevo a los discípulos, destinados a convertirse en familia de Jesús mediante la fe. Así, estuviste en la comunidad de los creyentes que en los días después de la Ascensión oraban unánimes en espera del don del Espíritu Santo, que recibieron el día de Pentecostés. El “reino” de Jesús era distinto de como lo habían podido imaginar los hombres. Este “reino” comenzó en aquella hora y ya nunca tendría fin. Por eso Tú permaneces con los discípulos como Madre suya, como Madre de la Esperanza. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.

De la Carta Encíclica “Spe salvi”,
de SS Benedicto XVI, 50


Propuesta de una flor a la Virgen: Repite a lo largo del día esta jaculatoria: “Madre de la Esperanza, fortalece nuestra Esperanza” 


lunes, 8 de mayo de 2017

MES DE MAYO, MES DE MARÍA (con el Santo Padre Benedicto XVI)

La Virgen María ama con Amor de Dios (II)

“El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús en pie gritó: El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva” (S. Jn. 7, 37)

La vida de los Santos no comprende sólo su biografía terrena, sino también su vida y actuación en Dios después de la muerte. En los Santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos. En nadie lo vemos mejor que en María. La palabra del Crucificado al discípulo –a San Juan y, por medio de él, a todos los discípulos de Jesús: “Ahí tienes a tu Madre” (S. Jn. 19, 27)- se hace de nuevo verdadera en cada generación. María se ha convertido efectivamente en Madre de todos los creyentes. A su bondad materna, así como a su pureza y belleza virginal, se dirigen los hombres de todos los tiempos y de todas las partes del mundo en sus necesidades y esperanzas, en sus alegrías y contratiempos, en su soledad y en su convivencia. Y siempre experimentan el don de su bondad; experimentan el amor inagotable que derrama desde lo más profundo de su corazón. Los testimonios de gratitud, que le manifiestan en todos los continentes y en todas las culturas, son el reconocimiento de aquel amor puro que no se busca a sí mismo, sino que sencillamente quiere el bien. La devoción de los fieles muestra al mismo tiempo la intuición infalible de cómo es posible este amor: se alcanza merced a la unión más íntima con Dios, en virtud de la cual se está embargado totalmente de Él, una condición que permite a quien ha bebido en el manantial del amor de Dios convertirse a sí mismo en un manantial “del que manarán torrentes de agua viva” (S. Jn. 7, 38). María, la Virgen, la Madre, nos enseña qué es el amor y dónde tiene su origen, su fuerza siempre nueva. A Ella confiamos la Iglesia, su misión al servicio del amor.

De la Carta Encíclica “Deus Cáritas est”,
de SS Benedicto XVI, 42


Propuesta de una flor a la Virgen: Entrega una limosna para los pobres.


domingo, 7 de mayo de 2017

MES DE MAYO, MES DE MARÍA (con el Santo Padre Benedicto XVI)

La Virgen María ama con Amor de Dios (I)

“María se levantó y se puso en camino a prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa” (S. Lc. 39, 40-56)

Entre los Santos, sobresale María, Madre del Señor y espejo de toda santidad. El Evangelio de San Lucas la muestra atareada en un servicio de caridad a su prima Santa Isabel, con la cual permaneció “unos tres meses” (1, 56) para atenderla durante el embarazo. “Magnificat ánima mea Dóminum”, dice con ocasión de esta visita –“proclama mi alma la grandeza del Señor”- (S. Lc. 1, 46), y con ello expresa todo el programa de su vida: no ponerse a sí misma en el centro, sino dejar espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oración como en el servicio al prójimo; sólo entonces el mundo se hace bueno. María es grande precisamente porque enaltece a Dios en lugar de a sí misma. Ella es humilde: no quiere ser sino la sierva del Señor. Sabe que contribuye a la salvación del mundo, no con una obra suya, sino sólo poniéndose plenamente a disposición de la iniciativa de Dios. Es una mujer de esperanza: sólo porque cree en las promesas de Dios y espera la salvación de Israel, el ángel puede presentarse a Ella y llamarla al servicio total de estas promesas. Es una mujer de fe: “¡Dichosa Tú, que has creído!” le dice Santa Isabel (S. Lc. 1, 45). (…) María es, en fin una mujer que ama. ¿Cómo podría ser de otro modo? Como creyente, que en la fe piensa con el pensamiento de Dios y quiere con la voluntad de Dios, no puede ser más que una mujer que ama. Lo intuimos en sus gestos silenciosos que nos narran los relatos evangélicos de la infancia. Lo vemos en la delicadeza con la que en Caná se percata de la necesidad en la que se encuentran los esposos, y lo hace presente a Jesús. Lo vemos en la humildad con que acepta ser como olvidada en al periodo de la vida pública de Jesús, sabiendo que el Hijo tiene que fundar ahora una nueva familia y que la hora de la Madre llegará solamente en el momento de la cruz, que será la verdadera hora de Jesús. Entonces, cuando los discípulos hayan huido, Ella permanecerá al pie de la cruz; más tarde, en el momento de Pentecostés, será ellos los que se agrupen en torno a Ella en espera del Espíritu Santo.

De la Carta Encíclica “Deus Cáritas est”,
de SS Benedicto XVI, 41

Propuesta de una flor a la Virgen: Visita a un enfermo, y proponle la confesión y la comunión eucarística. Avisando al sacerdote lo antes posible, si aceptara.



sábado, 6 de mayo de 2017

MES DE MAYO, MES DE MARÍA (con el Santo Padre Benedicto XVI)

La Fe de la Virgen María

“Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: Así será tu descendencia” (Rom. 4, 18)


El Evangelista San Lucas narra la vicisitud de María a través de un fino paralelismo con la vicisitud de Abrahán. Como el gran Patriarca es el Padre de los creyentes, que ha respondido a la llamada de Dios para que saliera de la tierra donde vivía, de sus seguridades, a fin de comenzar el camino hacia una tierra desconocida y que poseía sólo en la promesa divina, igual María se abandona con plena confianza en la palabra que le anuncia el mensajero de Dios y se convierte en modelo y madre de todos los creyentes.

Quisiera subrayar otro aspecto importante: la apertura del alma a Dios y su acción en la fe incluye también el elemento de la oscuridad. La relación del ser humano con Dios no cancela la distancia entre Creador y criatura, no elimina cuanto afirma el apóstol San Pablo ante las profundidades de la sabiduría de Dios: “¡Que insondable sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!”(Rm. 11, 33). Pero precisamente quien –como María- está totalmente abierto a Dios, llega a aceptar el querer divino incluso si es misterioso, también si a menudo no corresponde al propio querer y es una espada que traspasa el alma, como dirá proféticamente el anciano Simeón a María, en el momento de la Presentación de Jesús en el Templo (S. Lc. 2, 35). El camino de fe de Abrahán comprende el momento de alegría por el don del hijo Isaac, pero también el momento de oscuridad, cuando debe subir al monte Moria para realizar un gesto paradójico: Dios le pide que sacrifique el hijo que le había dado. En el monte el ángel le ordenó: “No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo” (Gn. 22, 12). La plena confianza de Abrahán en el Dios fiel a las promesas no disminuye incluso cuando su palabra es misteriosa y difícil, casi imposible, de acoger. Así es para María; su fe vive la alegría de la Anunciación, pero pasa también a través de la oscuridad de la Crucifixión del Hijo para poder llegar a la luz de la Resurrección.

No es distinto incluso para el camino de fe de cada uno de nosotros: encontramos momentos de luz, pero hallamos también momentos en los que Dios parece ausente, su silencio pesa en nuestro corazón y su voluntad no corresponde a la nuestra, a aquello que nosotros quisiéramos. Pero cuando más nos abrimos a Dios, acogemos el don de la fe, podemos totalmente en Él nuestra confianza –como Abrahán y como María-, tanto más Él nos hace capaces, con su presencia, de vivir cada situación de la vida en la paz y en la certeza de su fidelidad y de su amor. Sin embargo, esto implica salir de uno mismo y de los propios proyectos para que la Palabra de Dios sea la lámpara que guíe nuestros pensamientos y nuestras acciones.

De la Audiencia General de SS Benedicto XVI,
el día 19 de diciembre de 2012

Propuesta de una flor a la Virgen: Reza el Credo por los niños y jóvenes que se encuentran en las catequesis de Iniciación Cristiana.




HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES



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miércoles, 3 de mayo de 2017

MES DE MAYO, MES DE MARÍA (con el Santo Padre Benedicto XVI)

Santa María, Virgen humilde

“Escucha, hija, mira: olvida a tu pueblo y la casa paterna; prendado está el Rey de tu belleza; póstrate ante Él que Él es tu Señor” (Sal. 44, 11-12)

Podemos preguntarnos: ¿por qué entre todas las mujeres Dios escogió precisamente a María de Nazaret? La respuesta está oculta en el misterio insondable de la Voluntad Divina. Sin embargo, hay un motivo que el Evangelio pone de relieve: su humildad. Lo subraya bien Dante en el último canto del “Paraíso”: ”Virgen Madre, hija de tu Hijo, la más humilde y más alta de todas las criaturas, término fijo del designio eterno” (Paraíso XXXIII, 1-3). Lo dice la Virgen misma en el “Magnificat”, su cántico de alabanza: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, (…) porque ha mirado la humildad de su esclava” (S. Lc. 1, 46-48). Si Dios quedó prendado de la humildad de María, que encontró gracia a sus ojos. Así llegó a ser Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundir a toda la familia humana.

Esta “bendición” es Jesucristo. Él es la fuente de la gracia, de la que María quedó llena desde el primer instante de su existencia. Acogió con fe a Jesús y con amor lo donó al mundo. Esta es también nuestra vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a Cristo en nuestra vida y donarlo al mundo “para que el mundo se salve por Él” (S. Jn. 3 17)

De las palabras de SS Benedicto XVI en el rezo del Ángelus,
el día 8 de diciembre de 2006


Propuesta de una flor a la Virgen: Invita a alguna persona a rezar el rosario contigo.



lunes, 1 de mayo de 2017

MES DE MAYO, MES DE MARÍA (con el Santo Padre Benedicto XVI)

A Jesús por la Inmaculada

"Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: No les queda vino... Luego dice a los sirviente: haced lo que Él os diga" (S. Jn 2, 3-5)

Para llegar a Jesús, Luz Verdadera, Sol que disipó todas las tinieblas de la historia, necesitamos luces cercanas a nosotros, personas humanas que reflejen la Luz de Cristo e iluminen así el camino por recorrer. ¿Y qué persona más luminosa que María? ¿Quién mejor que Ella, aurora que anunció el día de la salvación, puede ser para nosotros estrella de esperanza?

Por eso la liturgia nos hace celebrar…, cerca de la Navidad, la fiesta solemne de la Inmaculada Concepción de María: el misterio de la gracia de Dios que envolvió desde el primer instante de su existencia a la Criatura destinada a convertirse en la Madre del Redentor, preservándola del pecado original. Al contemplarla, reconocemos la altura y la belleza del proyecto de Dios para todo hombre: ser santos e inmaculados en el amor, a imagen de nuestro Creador.

¡Qué gran don tener por Madre a María Inmaculada! Una Madre resplandeciente de belleza, transparente de amor de Dios. Pienso en los jóvenes de hoy, que han crecido en un ambiente saturado de mensajes que proponen falsos modelos de felicidad. Esos muchachos y muchachas corren el peligro de perder la esperanza, porque a menudo parecen huérfanos del verdadero amor, que colma de significado y alegría la vida.

De las palabras de SS Benedicto XVI en el rezo del Ángelus, 
el día 8 de diciembre de 2007

Propuesta de una flor a la Virgen: Haz un pequeño sacrificio ofreciéndolo para que entre los niños y jóvenes de tu pueblo surjan vocaciones a la vida consagrada y el sacerdocio.



sábado, 29 de abril de 2017

DICHOS DE LOS SANTOS EN ALABANZA DE LA VIRGEN

Pues este cuerpo de Cristo que Ella engendró y llevó en su seno...es el mismo Cuerpo que recibimos en el altar

Aquí, mis queridos hermanos, os pido que penséis cómo somos deudores de la Bienaventurada Madre de Dios, y qué de acciones de gracia le debemos rendir, después de a Dios, por tan gran beneficio. Pues este cuerpo de Cristo que Ella engendró y llevó en su seno, que envolvió en pañales, que alimentó con su leche con  una solicitud materna, es el mismo Cuerpo que recibimos en el altar; es su Sangre la que bebemos en el Sacramento de nuestra redención. Esto es lo que sostiene la Fe Católica, y lo que enseña la Santa Iglesia. No, no hay palabras humanas que sean capaces de alabar dignamente a Aquella de quien tomó su carne el Mediador entre Dios y los hombres. Cualquier honor que le pudiésemos dar, está por debajo de sus méritos, ya que Ella nos ha preparado en su casto seno la Carne Inmaculada que alimenta nuestras almas. Eva comió un fruto que nos privó del eterno festín; María nos presenta otro que nos abre la puerta del Banquete Celestial.

San Pedro Damiano


jueves, 27 de abril de 2017

VISITA ESPIRITUAL A LA VIRGEN DE MONTSERRAT

¡Virgen poderosa, más fuerte que un ejército en orden de batalla!

*** Entre paréntesis se ha puesto la expresión regional, para quien quiera rezarla por su propio territorio o con una intención general.

1. Virgen prodigiosa, trono purísimo en el que descansó la eterna Sabiduría  cuando vino al mundo a enseñar el camino de salvación, consigue para tus hijos (catalanes) aquella fe que hunde las montañas, llena los valles  y hace expedito el camino de la vida. Avemaría.

2. Madre castísima, espejo de pureza, flor de las vírgenes, que trajiste al mundo el bálsamo de incorrupción, a Jesús, Hijo de Dios, obtennos la honestidad de las costumbres públicas. Avemaría.

3. Profetisa admirable, que bendijiste y alabaste al Dios eterno más que todas las jerarquías angélicas juntas, hay que sea desterrado de este pueblo tuyo el espíritu de maledicencia y de blasfemia. Avemaría.

4. Rosa de caridad, fuego que, sin consumir, calienta, aleja (de Cataluña) el espíritu de discordia y reúne a todos sus hijos con un corazón de hermanos. Avemaria.

5. Santa Engendradora del Eterno, hija de tu hijo, haz que nunca se deshaga este pueblo (catalán) que tu engendraste espiritualmente. Avemaría.

6. Virgen poderosa, más fuerte que un ejército en orden de batalla, desde tu alto castillo de Montserrat, defiende de enemigos espirituales y temporales toda la tierra (catalana) que tienes encomendada. Avemaría.

7. Señora de Montserrat, que tiene tu santa montaña rodeada de olivos, signo de paz, concede a los pueblos (de Cataluña) una paz cristiana y perpetua. Avemaría.

OREMOS 

Oh Dios, que concedes todo los bienes y glorificas con un culto particular en la montaña escogida por la excelsa Madre de vuestro Hijo Único, haz que ayudados por tan poderosa protección de la Inmaculada Virgen María, podamos llegar con seguridad a la montaña que es Cristo. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


miércoles, 26 de abril de 2017

AL FIN MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARÁ. EL CORAZÓN INMACULADO DE NUESTRA MADRE

Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón para salvar a los pecadores

Misterio del corazón de María que encontramos ya en el Evangelio y que en estas apariciones Dios quiere que le demos su justo puesto. Pues el Corazón Inmaculado de María que nos da a conocer en Fátima es el mismo Corazón que lleno de Dios se apresura a auxiliar a su prima necesitada y exulta de gozo en el “Magnificat”, es el mismo corazón que guarda y medita los acontecimientos extraordinarios del nacimiento y de la infancia de Jesús, es el mismo corazón que sin comprender la respuesta del Niño Jesús se hace caja de secretos de los misterios de Dios, es el mismo corazón que en Caná se mueve a compasión hacia aquellos novios que no tienen vino, ese mismo Corazón que durante los tres años de vida pública de Jesús late al unísono con el de su Hijo, ese mismo corazón que es traspasado cruel y ferozmente por la espada de dolor en el Calvario al ver a su Hijo muerto, es ese mismo Corazón que rebosante de alegría goza ante la resurrección de su Hijo; y este corazón de la Virgen es el mismo que lleno de esperanza aúna a los discípulos de su Hijo en el cenáculo para implorar el don del Espíritu Santo…   

En el momento de las apariciones, estas crearon una gran expectación en la sociedad de la época: no sólo de la gente sencilla y popular, sino también entre las autoridades eclesiásticas, los políticos comarcales y regionales, los medios de comunicación… Pensemos que en la última aparición que tiene lugar el 13 de octubre de 1917, en aquel campo, explanada actual del santuario de Fátima, había miles de personas: de treinta a cuarenta mil personas… según la crónica de los periódicos de la época, nada proclives al mundo de lo religioso…

Son muchas las personas que han escuchado hablar de estas apariciones, son muchas las personas que han peregrinado y peregrinarán durante este año a aquel santuario, son muchos que se quedan admirados ante los fenómenos “más llamativos” de estos acontecimientos…. pero si en definitiva no descubren al Corazón Inmaculado de María no entenderán nada.

Recordemos cuatro puntos fundamentales de esta revelación de Dios acerca del Inmaculado Corazón de María y que han de ser para nosotros fundamentales si queremos conocer y hacer la voluntad de Dios.

· Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón para salvar a los pecadores. En la aparición del 13 de julio de 1917, la Virgen muestra en visión a los tres niños el infierno. Y les dice: “Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvar a los pecadores que Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón.” El Inmaculado Corazón de María es la expresión y el medio que Dios ofrece para salvar a los pecadores, pues “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.” Él ha querido entregar a su Madre el poder de salvación. Por ello, para la Iglesia y para nosotros se hace imperioso atraer las almas hacia la Virgen… de todas las formas y modos, hemos de ingeniárnoslas para que todos conozcan y amen más a la Virgen y acudan a ella. Esta es la nueva Evangelización a la que estamos llamados. Hemos de traer a todos a los pies de nuestra Señora, primer virtualmente rezando y ofreciendo sacrificios por ellos; pero también físicamente ante su altar, para que dirigiendo su mirada hacia aquella cuyos ojos son misericordiosos exclamen: Sálvame, María. Sálvame, Madre. 
· Dios quiere conceder la paz al mundo y las gracias a través de este mismo Corazón. Estas son las palabras de la beata Jacinta a su prima Lucía poco antes de morir con tan solo 9 años: “Ya falta poco para irme al cielo. Tú quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando vayas a decirlo, no te escondas. Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio del Inmaculado Corazón de María. Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a su lado se venere el Inmaculado Corazón de María, que pidan la paz al Inmaculado Corazón, que Dios la confió a Ella. Si yo pudiese meter en el corazón de toda la gente la luz que tengo aquí dentro en el pecho, que me está abrazando y me hace gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de María." Dios concede las gracias a través del Inmaculado Corazón de María. Nos concedió al que es el mismo autor de la gracia, Jesucristo Nuestro Señor, y nos concede todos los bienes espirituales y materiales a través de ella. Ella es la Madre de la Familia de Dios y por tanto es la Administradora, la que distribuye a cada uno lo que necesita, la que sabe y conoce como es cada uno de sus hijos… Ella es la Medianera de todas las gracias y, por ello, a ella debemos recurrir. 
· Dios quiere que reparemos el Corazón Inmaculado de María herido por los pecados de los hombres.  El niño Jesús, 8 años más tarde, en la ciudad de Pontevedra le dirá a Sor Lucía: “Ten compasión de Corazón de Tu Santísima Madre, que está rodeado con las espinas que los hombres ingratos constantemente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para quitárselas.” Un corazón herido al que debemos reparar con nuestro amor y nuestra verdadera devoción. Un corazón que sufre ante la frialdad y frivolidad del hombre moderno. Un corazón que nos ama y que solo podemos reparar amando. 
· Dios quiere que el Corazón de su Madre sea un refugio para las almas que buscan agradarle y el camino fácil, corto y seguro para llegar a él. Estas son las palabras de la Virgen a la niña Lucía cuando le anuncia su misión de ser apóstol de su Corazón: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios.” Sí, el corazón de María es el refugio ante las tempestades de las pasiones que se levantan en nuestra alma, ante las tempestades de los sufrimientos y golpes de la vida, el refugio ante el dolor de la enfermedad y de la soledad, el refugio seguro donde hallaremos paz, donde hallaremos descanso en nuestras fatigas.


“Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará” Son las palabras de la Virgen después de confiarles el tercer secreto a los niños de Fátima: sufrimientos y calamidades en el mundo, turbación y confusión en la Iglesia, sufrimiento y persecución del Papa y de los cristianos… pero al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará.

A la luz de los acontecimientos de la navidad, hemos de comprender este triunfo del Corazón de María que no vendrá con aparatosidad y magnificencia… sino mediante su reinado en las almas sencillas, “en medio del silencio”. Aquellos que sepan acoger a María como Madre y se consagran a su Inmaculado Corazón formarán el ejército de almas de las que ella se servirá para extender su reinado y preparar la venida definitiva de su Hijo. Sintiéndonos dichosos por haber sido escogidos entre ellos, “amémosla y hagámosla amar” –como decía el Padre Pío.



sábado, 22 de abril de 2017

¡OH MADRE DE FÁTIMA!

María, alivio de las almas del purgatorio

“Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”

¡Oh Santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro Maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.