Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

martes, 4 de octubre de 2016

¡OH, REINA DE LOS ÁNGELES!

Sí, dulcísima Madre mía, quiero arder en vuestro amor y propongo exhortar a otros a que os amen también

¡Oh Sacratísima Reina de los ángeles, Madre de Dios y Señora nuestra, la más excelente y amable de todas las criaturas! Cierto es que hay en el mundo muchos que ni os aman ni os conocen, mas en el Cielo tenéis millares y millares de ángeles  y santos que os aman y alaban incesantemente. También en la tierra se encuentran almas felices, enardecidas en vuestro amor y prendadas de vuestra bondad.

¡Oh si yo os amase igualmente! ¡Si de continuo estuviese pensando en cómo serviros mejor y ensalzaros y veneraros, procurando mover a otros al mismo amor y veneración!

El Eterno se enamoró de vuestra incomparable hermosura, con tanta fuerza, que le hizo como desprenderse del seno del Padre y escoger esas virginales entrañas para hacerse Hijo vuestro. ¿Y yo, gusanillo de la tierra, no he de amaros?

Sí, dulcísima Madre mía, quiero arder en vuestro amor y propongo exhortar a otros a que os amen también. Aceptad mis deseos y ayudadme a lograrlos. Sé que a vuestros amantes los mira Dios con particular benevolencia, no deseando nada tanto, después de la dilatación de su gloria, como veros amada, honrada y servida de todo el mundo. Con este convencimiento procuraré amaros más y más, y esperaré de Vos toda mi dicha.

Vos me habéis de conseguir el perdón de mis pecados; Vos, la perseverancia final; Vos me habéis de asistir a la hora de mi muerte; Vos me habéis de sacar de las penas del purgatorio, y Vos habéis de llevar mi alma en vuestros brazos maternales hasta presentarla ante el trono de la Santísima Trinidad.

Todo esto esperan vuestros hijos de Vos, y ninguno de ellos queda jamás burlado. Pues lo mismo espero yo, que os amo con todo mi corazón y después de Dios, sobre todas las cosas.



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