Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

sábado, 19 de febrero de 2022

SOBRE EL INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA

 

Considerad y honrad al Corazón sacratísimo de la Bienaventurada Virgen María como retra­to vivo e imagen perfecta del Corazón adorable del eterno Padre. Porque así como el divino Corazón del Padre do Jesús es el primer origen de la encarnación y del nacimiento de su Hijo en la tierra, así también el santísimo Corazón de la Madre de Jesús es el segundo principio. En efecto, como fue el amor de ese Padre de las misericordias el que lo llevó a enviar a su Hijo al mundo y a hacerlo nacer en la tierra para la salvación de los hombres, así también el amor purísimo v ardentísimo en que estaba abrasado para con Dios y para con nuestras almas, el Co­razón virginal de la Madre de gracia, fue el que atrajo al Hijo de Dios desde el seno de su Padre; el que lo hizo descender a las benditas entrañas de la Virgen y el que lo hizo nacer en este mun­do para realizar la obra de nuestra salvación.

Luego, como Jesús es el fruto primero del Co­razón adorable de su Padre, también lo es del Corazón amabilísimo de su Madre. Porque con el solo hecho, dice San Agustín, de concebirlo en su Corazón antes que en sus entrañas, se hizo digna de concebirlo en su seno; y lo concibió primero en su Corazón por la humildad, la pu­reza y el amor.

Esta Madre admirable formó y llevó a su Hijo Jesús más santamente, por más largo tiempo y más temprano en el Corazón que en las entra­ñas; pues la santidad de las entrañas benditas tiene su origen en la caridad del Corazón. Lo llevó en su seno sólo durante nueve meses, lo ha llevado y lo llevará eternamente en su Corazón; tanto es así, que el Salvador es más perfectamen­te en cierta manera el fruto de ese Corazón que de ese seno.

¡Oh prodigio admirable! Este Corazón sin par, es entre las meras criaturas, la obra más ex­celente de la Omnipotente bondad de Jesús, y por un milagro incomprensible, este mismo Je­sús es la Obra maestra del Corazón de María. Este Corazón, por su humildad y por su amor, saca a Jesús del seno adorable del Padre, en don­de nace eternamente, para hacerlo nacer en la plenitud de los tiempos en el seno virginal de su Madre.

Por consiguiente, como el Unigénito de Dios ha sido siempre y será eternamente el objeto único del amor y de las complacencias del Pa­dre, así el Unigénito de María ha sido siempre y será siempre, el centro de todos los afectos del Corazón maternal.

¡Oh Corazón admirable entre todos los co­razones! Sois el primero que atrajisteis al Verbo eterno del seno del Padre, al seno Virginal de la Madre, y también el primero que fuisteis digno de recibirlo, cuando salió del seno del Padre y vino a este mundo a obrar nuestra salvación.

¡Oh, cuánta obligación tenemos de honraros y alabaros! Alabanzas eternas os sean tributadas por todas las criaturas.


San Juan Eudes



sábado, 12 de febrero de 2022

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

 

¡Oh María! ¡Mujer bendita entre todas las mujeres! ¡Vos sois el honor del género humano y la salvación de las naciones! ¡Vos sois la dispensadora de todas las gracias, el ornamento y la gloria de la Iglesia! ¡Vos sois el modelo de los justos, el consuelo de los Santos y el manantial de nuestra felicidad! He aquí, ¡oh Madre de bondad!, todo lo que sabemos decir en vuestra alabanza. Dignaos suplir a nuestra insuficiencia y bendecir nuestro trabajo. Inculcad vuestro amor en todos nuestros corazones, para que después de haber honrado y amado a vuestro divino Hijo sobre la tierra podamos alabarle y bendecirle con Vos en el cielo. Amén.

 

San Bernardino de Siena



sábado, 29 de enero de 2022

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

 

Totalmente semejante a su Hijo Jesús es María, su Madre, que siendo Madre de misericordia, goza cuando socorre y consuela a los míseros. Tanto es el deseo que tiene esta Madre de dispersar gracias a todos, que dice Bernardino de Bustos que más desea Ella hacernos bien y concedernos mercedes, que nosotros recibirlas.


Os saludo, ¡oh María! Vos sois la esperanza de los cristianos, y por eso me dirijo a Vos. Recibid, ¡oh tierna Madre!, la plegaria que os hace un pecador, pero un pecador arrepentido que os honra y que, después de Dios, pone en Vos toda la esperanza de su conversión y de su salvación. Estoy en deuda con Vos por tantas gracias; volvedme a poner en la gracia y amistad de vuestro divino Hijo. Sois el consuelo de los afligidos. Dignaos, pues, interceder por mí ante el Señor, para que Él me libre del peso de mis pecados, disipe las tinieblas de mi espíritu, destierre los afectos desordenados de mi corazón, reprima las acometidas y las tentaciones de mis enemigos, a fin de que ayudado por su gracia, en adelante, ordene mi vida de tal forma, que pueda con su auxilio y bajo vuestra protección llegar al feliz puerto de la vida eterna.

 

San Juan Damasceno




lunes, 24 de enero de 2022

INVOCACIÓN A MARÍA, de San Ildefonso de Toledo

 

Ayer, Solemnidad de San Ildefonso de Toledo, Patrono de la Archidiócesis Primada de España, fue de Primera Clase. Y aprovechando paso esta, preciosísima, “Invocación a María” dentro de su obra sobre Nuestra Madre “La Perpetua Virginidad de María”.

Señora mía y dueña mía, adueñada de mí, Madre de mi Señor, sierva de tu Hijo, engendradora del Creador, yo te ruego, te rezo, te suplico que tenga el espíritu de tu Hijo, el espíritu de mi Redentor, para que entienda acerca de Ti lo verdadero y lo digno, hable sobre Ti lo verdadero y lo digno y ame todo lo que sea verdadero y digno de Ti.

¡Oh Tú, la elegida de Dios, la acogida por Dios, la llamada por Dios, cercana a Dios, adherida a Dios y a Dios unida; Tú, la visitada por el ángel, saludada por el ángel, bendecida por el ángel, alegrada por el ángel, ruborosa ante sus palabras, atónita en tu pensamiento, estupefacta por el saludo, admirada por el anuncio de la promesa!

Oyes que hallaste gracia ante Dios, se te manda no temer, eres confirmada en tu fe, instruida en el conocimiento de prodigios, llevada a la gloria de una novedad inaudita. Con referencia a un hijo es advertido tu pudor, y con el nombre del Hijo certificada tu virginidad. Se predice que el Santo que nacerá de Ti será llamado Hijo de Dios y se te anuncia cual será el poder del que nace.

« ¿Cómo se hará?», preguntas… ¿Interrogas sobre el origen?; ¿indagas la razón?; ¿quieres conocer el hecho y el modo de realizarse? Escucha un oráculo inaudito, considera una operación sin precedentes, advierte un desconocido arcano, presta atención al hecho jamás visto: El Espíritu Santo vendrá sobre Ti, y el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc. 1,35).

Toda la Trinidad realizará en Ti invisiblemente la concepción; pero solo la Persona del Hijo de Dios, que nacerá corporalmente, de Ti tomara carne. Y, por tanto, lo que será concebido en Ti y nacerá de Ti, lo que saldrá de Ti engendrado por Ti y por Ti parido será llamado Santo, Hijo de Dios. Este será el gran Dios de las virtudes, Este el Rey de los siglos, Este el creador de todas las cosas.

He aquí que Tú eres dichosa entre las mujeres, virgen entre las parturientas, señora entre las siervas, reina entre las hermanas. He aquí que desde ahora te proclaman dichosa todas las gentes, dichosa te reconocen las virtudes celestes, te predican todos los profetas, te celebran todas las naciones.

Feliz Tú para mi fe, feliz para mi alma, feliz para mi amor, feliz en mi alabanza y predicación. Que yo te predique cuanto mereces ser predicada, que yo te ame cuanto mereces ser amada, que te ensalce en todo lo que eres loable, que te sirva en cuanto se debe servir a tu gloria. Tú, recibiendo a Dios solo, eres posterior al Hijo de Dios, pero, engendrando a Dios hecho a la vez Hombre, eres anterior al Hijo del Hombre; al cual, por solo acogerle, Dios se hospeda en Ti, mas, por concebirle, el Hombre que a la vez es Dios habita en Ti.

En el pasado limpia para Dios, en el presente llena del Hombre-Dios, en el futuro Madre del Hombre-Dios; alegre por la concepción y la doncellez, gozosa por el hijo y la intacta pureza, tan fiel al Hijo como al esposo. De tal modo fiel al Hijo que ni El mismo conociera progenitor carnal; fiel de tal modo al esposo que el mismo te reconociera madre sin concurso de varón.

Mujer, que has de ser glorificada en el Hijo tanto cuanto, estando libre de todo contacto varonil, has sido instruida en lo que debías conocer, enseñada en lo que debías creer, asegurada en lo que debías esperar y confirmada en lo que, sin detrimento alguno, debías conservar.




domingo, 16 de enero de 2022

MARÍA, APÓSTOL DE LA GLORIA DE JESÚS

 


En el cenáculo, María se entregaba toda entera a la gloria eucarística de Jesús. Sabía muy bien que era deseo del Padre que la Eucaristía fuera conocida, amada y servida de todos, que el corazón de Jesús sentía necesidad de comunicar a los hombres todos sus dones de gracia y de gloria. Porque la Iglesia fue instituida para darse Jesucristo al mundo como rey y como Dios y para conquistar todas las naciones de la tierra. Por eso todo su deseo era conocer y glorificar a Jesús en el santísimo Sacramento. Su inmenso amor al hijo de sus entrañas necesitaba dilatarse, abnegarse, para así aliviarse algún tanto de la pena que le producía la imposibilidad en que se veía de glorificarle bastante por sí misma.

Por otra parte, los hombres se hicieron hijos suyos en el calvario y ella los amaba con entrañas de madre, queriendo el bien de ellos tanto como el suyo propio. Por eso ardía en deseos de dar a conocer a Jesús en el santísimo Sacramento, de abrasar los corazones en su amor, de ver a todos atados y encadenados a su amable servicio, de formar para Él una guardia eucarística, una corte de fieles y abnegados adoradores.

Para lograr esta gracia, María cumplía una misión perpetua de oración y penitencia a los pies de la adorable Eucaristía, en la cual trataba de la salvación del mundo rescatado por la sangre divina. Con su celo inmenso abarcaba las necesidades de los fieles de todos los tiempos y lugares, que recibirían la herencia de la divina Eucaristía.

Pero el oficio de que más gustaba su alma era orar continuamente para que produjesen mucho fruto las predicaciones y trabajos de los apóstoles y demás miembros del sacerdocio de Jesucristo. Por eso no hay por qué extrañarse al ver que los primeros obreros evangélicos convertían tan fácilmente reinos enteros, pues allá estaba María al pie del trono de misericordia suplicando por ellos a la bondad del Salvador. Predicaba con su oración y con su oración convertía almas. Y como quiera que toda gracia de conversión es fruto de oración y la petición de María no podía ser desestimada, en esta Madre de bondad tenían los apóstoles su mejor auxiliadora.

“Bienaventurado aquel por quien ora María”. Los adoradores participan de la vida y del oficio de oración de María a los pies del santísimo Sacramento, que es ciertamente el oficio más hermoso y el que menos peligros presenta. Es también el más santo, porque es ejercicio de todas las virtudes. Es el más necesario para la Iglesia, que necesita más almas de oración que predicadores, más hombres de penitencia que de elocuencia. Hoy más que nunca hacen falta varones, que, con su propia inmolación, aplaquen la cólera de Dios, irritado por los crímenes siempre crecientes de las naciones. Hacen falta almas que con sus instancias vuelvan a abrir los tesoros de gracia cerrados por la indiferencia general. Hacen falta adoradores verdaderos, esto es, hombres de fuego y de sacrificio. Cuando éstos sean numerosos cerca de su divino jefe, Dios será glorificado y Jesús amado, las sociedades se harán cristianas, serán conquistadas para Jesucristo por el apostolado de la oración eucarística.

 

San Pedro Julián Eymard



sábado, 1 de enero de 2022

AÑO NUEVO CON NUESTRA MADRE

 

Tres motivos integran la fiesta de hoy; la octava de  Navidad; la Circuncisión del Señor; la Maternidad de María.

Este día está consagrado de una manera especial a la Santísima Virgen. Quizás sea la más antigua de sus fiestas. La Iglesia muéstrale su agradecimiento por la gran parte que ha tomado en la Encarnación del Señor. ¿En qué aspecto considera la liturgia a María? En el aspecto de Madre de Dios y de Virgen. Debemos citar, en primer lugar, las antífonas de Vísperas de corte oriental. Son ricas en pensamientos y van recorriendo todo el Antiguo Testamento, poniendo de relieve diversas profecías: Gedeón y el vellocino, la zarza ardiendo, la raíz de Jesé, la estrella de Jacob. La liturgia no se abandona a discusiones sentimentales, no se pregunta si María sufrió o lloró en la Circuncisión. María es una sacerdotisa que alegre y apenada, ofrece con Nuestro Señor las primicias de su Sacrificio. María es también figura de la Iglesia, y nos enseña su parte y la nuestra en la obra de la redención. Hoy, y en todos los tiempos, la Iglesia, nuestra Virgen-Madre, está allí; ella hace correr por medio de las manos de los sacerdotes la Sangre Redentora en el corazón de sus hijos. Nuestra alma puede y debe desempeñar hoy el papel de María, debe hacer correr en la Santa Misa la Sangre del Salvador, para sí y para las almas de sus hermanos.

El primer derramamiento de sangre del Señor nos trae a la memoria al último derramamiento en la Cruz. En las dos ocasiones María “estuvo de pie”. La Preciosa Sangre que brilla en el Cáliz que está sobre el Altar es la que Nuestro Señor vertió por primera vez, es la sangre de la Santísima Virgen.



sábado, 18 de diciembre de 2021

18 DE DICIEMBRE, EXPECTACIÓN DEL PARTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

 

Esta Fiesta fue instituida en el Concilio X de Toledo (656). La Iglesia Española la celebraba hasta fines de la Edad Media con gran esplendor. Se le llama también “Fiesta de Nuestra Señora de la O” porque se comienzan a rezar en las Primeras Vísperas las Antífonas “O”. Hoy debemos considerar con gran recogimiento el misterio inefable que se obró en la Santísima Virgen el día de la Anunciación y los frutos que él nos ha reportado, frutos que van a reproducirse dentro de poco en nuestras almas.

 

ORACIÓN COLECTA DE LA SANCTA MISSA (Rorate Caeli)

 ¡Oh Dios!, que al anuncio del ángel has querido que tu Verbo tomase carne de las entrañas de la Bienaventurada Virgen María, concede a tus siervos que, pues la creemos verdadera Madre de Dios, gocemos ante Ti del apoyo de su intercesión. Por el mismo Señor Nuestro.



sábado, 11 de diciembre de 2021

EL FUNDAMENTO DE TODAS LAS GRANDEZAS DE NUESTRA MADRE

 


Mi Concepción Inmaculada, hijo mío, es el fundamento de todas mis grandezas, excelencias, gracias y glorias. Un edificio, por magnífico y precioso que sea, si no tiene buen fundamento siempre está en peligro de ruina; pero si tiene buen fundamento, subsiste y puede edificarse sobre él cuanto convenga. Pon por fundamento de mis glorias que he sido Inmaculada desde el primer instante de mi Concepción, y todas las gracias y privilegios que edificó el poder, sabiduría y amor de Dios sobre mí, tienen un buen asiento y conveniente explicación. Llámame Reina de los ángeles y de los hombres, llena de gracia, enemiga irreconciliable de la serpiente infernal y aplastadora de su cabeza, abismo de las gracias y Madre de Dios; todo se explica, todo sienta bien en mi alma. Si no hubiese sido Inmaculada, nada de esto se puede decir bien. Viste o adorna de pedrerías a una estatua preciosa que sea de oro; si le pones los pies de sucio barro, cuanto más la hermosees, si no corriges este defecto, peor lo harás. Pues así, hijo mío, por más que me reconocieras adornada de todos los tesoros y gracias del Rey de la gloria, si pusieres mis pies, mis fundamentos amasados y hechos de sucio barro del pecado original, más me afearías. Si mis pies son de oro purísimo, bien está que me adornes con ricas preseas. Más aún, hijo mío: si estuviese en la mano de un buen hijo el escoger para madre suya la madre más noble, más rica, más pura, más agraciada y santa, ¿podría caber en su entendimiento sano, que estando en su mano así escogerla con solo querer, la escogiese fea, necia, haraposa y mala? pues Cristo Jesús, Hijo de Dios e hijo de mis entrañas, que me poseyó ya en los principios de sus caminos, podía escogerme toda bella, hermosa, pura, agraciada y santa, porque es infinitamente poderoso, sabio y bueno. ¿Pudo hacerlo? ¿Supo hacerlo? ¿Era decoroso hacerlo? Luego lo hizo, luego me crió toda pura, toda santa, toda hermosa. Así discurrían, hijo mío, tus buenos padres, para quienes este misterio de mi Concepción Inmaculada fue misterio del corazón antes que misterio de fe: misterio de amor y de buen sentido católico, antes que misterio de creencia dogmática. Yo soy escogida con mi hijo Jesús y para mi hijo Jesús en otro orden de cosas y de predestinación que en el común de los hombres. Yo soy María, toda de Jesús y toda para Jesús, Hijo de Dios, y por ende Inmaculada siempre, purísima siempre, toda hermosa y santa. Dime, pues, siempre y repítelo muchas veces en este día, el más feliz y glorioso de mi vida, si quieres contentarme: Toda hermosa sois ¡oh María! y mancha original no hay en vos, y procura, para más agradarme, conservar también tu alma pura y limpia de todo pecado.

 

San Enrique de Ossó



miércoles, 8 de diciembre de 2021

INMACULA CONCEPCIÓN - 2021

 

Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por Ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser Madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su Sangre.



A la definición dogmática de la
Inmaculada Concepción. Pinchar AQUÍ




sábado, 27 de noviembre de 2021

DEVOCIÓN A LA REINA DEL CENÁCULO

 


De la devoción a María, Reina del Cenáculo.-   A devoción a la santísima e inmaculada virgen María es consecuencia rigurosa de la fe en Jesucristo nuestro Salvador. El culto de María fluye del amor a Jesús, su divino hijo.

Porque ¿cómo adorar a Jesucristo sin honrar a quien nos le ha dado? ¿Cómo amar a Jesús sin amar a María, divina y cariñosísima madre suya, a la que tanto amó Él mismo?

La devoción a María es, por tanto, deber filial de todo cristiano.

Grande y universal es su culto en la Iglesia. Cada uno de los misterios de su vida cuenta con una familia que la honra, cada una de sus virtudes tiene discípulos que de ella hacen regla y felicidad de su vida.

Pero entre los misterios de la vida de María hay uno que los resume todos, lo mismo en cuanto a sus enseñanzas que en cuanto a su santidad: es la vida de María en el cenáculo, honrando la vida eucarística de Jesús.

María se quedó en la tierra por espacio de veinticuatro años después de la ascensión de Jesús. El cenáculo donde Jesucristo instituyó la divina Eucaristía y donde fijó su primer sagrario fue su vivienda.

La ocupación habitual de María consistía en adorar a su divino hijo debajo de los velos eucarísticos, en ensalzarle por este don supremo de su amor, en unirse con Él en su estado de anonadamiento y de sacrificio, en orar por la extensión de su reino y por los hijos que tanto le costaron en el Calvario.

Por eso los adoradores deben honrar con un culto especial y hacer que todos honren la vida de adoración de María.

Necesitan un modelo y una madre en el ejercicio de su sublime vocación. Pues la santísima virgen María es su modelo perfecto. Ella fue en la tierra la primera y más perfecta adoradora de Jesús, y con sus adoraciones le dio más gloria que la que le puedan dar todos los ángeles y santos juntos

La divina madre de Jesús, tal es la madre de los adoradores. Jesús crucificado les ha cedido los propios derechos y el propio puesto sobre su corazón maternal tan bueno. El oficio de María es educar a los hijos del calvario, formarles según Jesús su Salvador, hacerles dignos de su amor y trocarles en perfectos adoradores de su adorable persona en el santísimo Sacramento del altar.

Estudien, pues, los adoradores la vida de María en el cenáculo, honren y sirvan a Jesús junto a María, y no tardarán en ser verdaderos y perfectos adoradores.

En el cenáculo la santísima Virgen se ocupa incesantemente en adorar a la sagrada Eucaristía, vive de la vida eucarística de Jesús, y se consagra a la gloria de Jesús y a su reinado eucarístico.

María, Apóstol de la Gloria de Jesús.- En el cenáculo, María se entregaba toda entera a la gloria eucarística de Jesús. Sabía muy bien que era deseo del Padre que la Eucaristía fuera conocida, amada y servida de todos, que el corazón de Jesús sentía necesidad de comunicar a los hombres todos sus dones de gracia y de gloria. Porque la Iglesia fue instituida para darse Jesucristo al mundo como rey y como Dios y para conquistar todas las naciones de la tierra. Por eso todo su deseo era conocer y glorificar a Jesús en el santísimo Sacramento. Su inmenso amor al hijo de sus entrañas necesitaba dilatarse, abnegarse, para así aliviarse algún tanto de la pena que le producía la imposibilidad en que se veía de glorificarle bastante por sí misma.

Por otra parte, los hombres se hicieron hijos suyos en el calvario y ella los amaba con entrañas de madre, queriendo el bien de ellos tanto como el suyo propio. Por eso ardía en deseos de dar a conocer a Jesús en el santísimo Sacramento, de abrasar los corazones en su amor, de ver a todos atados y encadenados a su amable servicio, de formar para Él una guardia eucarística, una corte de fieles y abnegados adoradores.

Para lograr esta gracia, María cumplía una misión perpetua de oración y penitencia a los pies de la adorable Eucaristía, en la cual trataba de la salvación del mundo rescatado por la sangre divina. Con su celo inmenso abarcaba las necesidades de los fieles de todos los tiempos y lugares, que recibirían la herencia de la divina Eucaristía.

Pero el oficio de que más gustaba su alma era orar continuamente para que produjesen mucho fruto las predicaciones y trabajos de los apóstoles y demás miembros del sacerdocio de Jesucristo. Por eso no hay por qué extrañarse al ver que los primeros obreros evangélicos convertían tan fácilmente reinos enteros, pues allá estaba María al pie del trono de misericordia suplicando por ellos a la bondad del Salvador. Predicaba con su oración y con su oración convertía almas. Y como quiera que toda gracia de conversión es fruto de oración y la petición de María no podía ser desestimada, en esta Madre de bondad tenían los apóstoles su mejor auxiliadora.

“Bienaventurado aquel por quien ora María”. Los adoradores participan de la vida y del oficio de oración de María a los pies del santísimo Sacramento, que es ciertamente el oficio más hermoso y el que menos peligros presenta. Es también el más santo, porque es ejercicio de todas las virtudes. Es el más necesario para la Iglesia, que necesita más almas de oración que predicadores, más hombres de penitencia que de elocuencia. Hoy más que nunca hacen falta varones, que, con su propia inmolación, aplaquen la cólera de Dios, irritado por los crímenes siempre crecientes de las naciones. Hacen falta almas que con sus instancias vuelvan a abrir los tesoros de gracia cerrados por la indiferencia general. Hacen falta adoradores verdaderos, esto es, hombres de fuego y de sacrificio. Cuando éstos sean numerosos cerca de su divino jefe, Dios será glorificado y Jesús amado, las sociedades se harán cristianas, serán conquistadas para Jesucristo por el apostolado de la oración eucarística.



sábado, 13 de noviembre de 2021

PENTECOSTÉS A LA LUZ DE NUESTRA MADRE MARÍA

 

Los Doctores de la Iglesia enseñan claramente lo esencial que es el descenso del Espíritu Santo para nuestra salvación. San Buenaventura, por ejemplo, dice: “Sin la acción del Espíritu Santo en nuestros corazones, que es el amor del Padre y del Hijo y que nos lleva al Padre y al Hijo, el envío del Hijo por el Padre y toda la obra redentora del Hijo habrían pasado de largo inútilmente” (Collationes de septem donis Spiritus Sancti).


La acción del Espíritu Santo abre nuestros corazones a la obra redentora de Cristo, efectúa en nosotros el influjo de la vida divina, es decir, de todas las gracias de conversión y santificación. El importante papel de María en la misión del Espíritu Santo ya está indicado en las Sagradas Escrituras, por la clara mención de su presencia entre los Apóstoles el día de Pentecostés (Hch 1,14).

El Papa Pío XII enseña que su ferviente súplica causó el descenso del Espíritu Santo (Encíclica Mystici Corporis). En efecto, si los Apóstoles “perseveraban en la oración unánime”, ¿cuán poderosa debió ser la súplica de la Llena de Gracia, a quien la Iglesia llama "omnipotencia intercesora", y a cuya súplica Dios nunca se resiste?

En consecuencia, María estaba “llena del Espíritu Santo” más que todos los demás juntos. Sólo ella recibió sus dones en abundancia, pero no sólo para su propia perfección. Los Doctores de la Iglesia dicen que su plenitud de gracia es como una fuente de la que fluyen todas las gracias del Espíritu Santo para todos nosotros.

San Bernardo, por ejemplo, escribe: “Quién podría decir que no estaba colmada a quien el ángel saluda como la llena de gracia. Y no sólo eso, sino que además el ángel afirma que el Espíritu Santo vendrá sobre ella. Con qué propósito, piensas, se hace esto, sino sólo para traerle también la superabundancia de la gracia.

“Puesto que ella ya había recibido el Espíritu para sí misma, y por tanto estaba llena de gracia por sí misma, el mismo Espíritu debía venir ahora sobre ella para nosotros también, para que ella rebosara y desbordara de gracia. De tal plenitud hemos recibido todos. Al fin y al cabo, es nuestra Medianera” (Sermo 2 in Assumptione BMV).

El padre Maximiliano Kolbe aclara esta verdad: “Toda gracia es fruto de la vida de la Santísima Trinidad: el Padre engendra eternamente al Hijo, y el Espíritu Santo procede de ellos. De este modo fluye toda la perfección en todos los órdenes hacia el mundo.

“Toda gracia viene del Padre, que engendra eternamente al Hijo, y la gracia en función del Hijo. El Espíritu Santo, que procede eternamente del Padre y del Hijo, forma esta gracia en la Inmaculada y por medio de ella moldea las almas a semejanza del Hombre-Dios primogénito.

“En adelante, el Espíritu Santo no envía ninguna gracia, y el Padre, a través del Hijo y del Espíritu, no infunde ninguna vida sobrenatural en el alma sino a través de la Medianera de todas las gracias, la Inmaculada, con su permiso, su cooperación. Todos los tesoros los recibe como propios, y los distribuye a quien y en la medida que ella misma quiere.” (Fragmento del libro inacabado sobre la Inmaculada).

Quien desee recibir los dones del Espíritu Santo debe recordar las palabras de San Luis María Grignion:

“Con María y en ella el Espíritu Santo produjo su obra maestra, que es un Dios hecho hombre, y produce todos los días hasta el fin del mundo a los elegidos y miembros de esta Cabeza adorable. Por ello, cuanto más encuentra a María, su querida e indisoluble Esposa, en una alma, tanto más poderoso y dinámico se muestra para producir a Jesucristo en esa alma y a ésta en Jesucristo.” (Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, n. 20).




sábado, 6 de noviembre de 2021

POR LAS AFLIGIDÍSIMAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

 

¿De qué trabajos puedo yo quejarme, Jesús dulcísimo, cuando os contemplo sensiblemente desamparado en la Cruz? El eterno Padre os dejaba padecer como si no fueseis su Hijo; y la vista lastimosa de vuestra afligidísima Madre os aumentaba más los dolores. ¡Oh, ejemplo que confunde mi impaciencia en los trabajos! Enviadme, Señor, los trabajos que os plazca; pero, al mismo tiempo, la paciencia, que es el camino real del cielo. Por el gran desamparo que sintió la Virgen pura cuando expirasteis delante de sus ojos, amparadme contra todas las tentaciones de la vida, amparadme en la hora de la muerte. Y por aquel mismo desamparo, amparad a las Almas del Purgatorio, que en vuestro amparo, y en el de la Virgen María, confían veros cara a cara en la gloria. Amén.