Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

viernes, 20 de noviembre de 2015

LA FUERZA DEL AMOR...

Al pie de la Cruz, junto a María, a la que el amor y el dolor hicieron Reina de los Mártires, aprendamos el secreto del amor fuerte

El alma más fuerte en el padecer, es la más fuerte en el amor. Ninguna criatura en el mundo amó ni amará más a Dios que María Santísima y ninguna fue ni será más fuerte que Ella en el sufrimiento. Hela al pie de la Cruz. Es Madre y asiste voluntariamente al atroz suplicio del Hijo; ve los clavos hundirse en las carnes, oye los golpes sordos del martillo, ve la cabeza coronada de espinas buscar en vano un instante de reposo en el duro leño, ve alzarse la Cruz y al Hijo colgar suspendido entre la tierra y el cielo, desfigurado por el dolor, sin el más pequeño alivio. María tiene el Corazón traspasado, y con todo, repite su "fiat" con la misma plenitud con que lo pronunció al anuncio jubiloso de su maternidad, y en el amor encuentra ánimo para ofrecer al Hijo amado por la salvación de sus verdugos. ¿Qué madre podrá emular la fortaleza de la Virgen?  Y sin embargo, su sacrificio supera inmensamente el sacrificio de cualquier madre, porque sólo Ella puede decir: el Hijo que inmolo es mi Dios.


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