Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 11 de abril de 2015

SUB TUUM PRAESÍDIUM CONFÚGIMUS, SANCTA DEI GÉNITRIX

Beáta víscera Maríae Vírginis, quae portavérunt aetérni Patris Fílium.
El beáta úbera, quae lactavérunt Christum Dóminum.

Invioláta, íntegra et casta es, María:
Quae es effécta fúlgida caeli porta.
O Mater alma Christi caríssima!:
Súscipe pia laudum praecónia.
Te nunc flágitant, dévota corda et ora;
Nostra ut pura péctora sint et córpora.
Tua per precáta dulcísona;
Nobis concédas véniam per saecula.
O benígna!, o Regína!, o María!
Quae sola invioláta permansísti.

Sub tuum praesídium confúgimus, sancta Dei Génitrix: nostras deprecatiónes ne despícias in necessitátibus, seb a perículis cunctis líbera nos semper, Virgo gloriósa et benedícta.


 ¡Oh María!, eres siempre Virgen, sin mancha y pura,
Que has sido hecha resplandeciente puerta del cielo.
¡Oh excelsa y amada Madre de Cristo!
Recibe el piadoso homenaje de nuestras alabanzas.
Nuestros corazones y labios te suplican ahora,
Que nuestras almas y cuerpos sean puros.
Por tus melodiosos ruegos
Concédenos la gracia para siempre.
¡Oh benigna! ¡Oh Reina! ¡Oh María!
La única que ha permanecido sin mancha.

Bajo tu amparo nos ponemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; mas líbranos siempre de todo peligro, Virgen gloriosa y bendita.





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