Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

domingo, 16 de febrero de 2014

¡OH REINA DE LOS ÁNGELES!


¡Oh Reina de los Ángeles, bendita Señora!

Y como vos de aquí adelante habéis de ser también mi Patrona, Señora y Madre, cierto que ya no tengo de tener temor ni miedo de hablar con vos y pediros acudáis a mis necesidades, pues soy ya siervo y esclavo y de la Santísima  Trinidad, de quien vos sois esposa, madre del Hijo y sagrario divino del Espíritu Santo.

Con tal Señora y Abogada, contentísimo debo estar y muy confiado que las suertes que me faltan, de aquí a que yo goce de este bien en el cielo, me han de salir ciertas y a mi favor.

¡Ojalá jamás fuese yo ya flaco, tibio ni flojo, pues tantas son más las obligaciones que me corren!

¡En ti, Dios mío, espero. En vos Virgen Benditísima, confío!

Santa Juan Bautista de la Concepción



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