Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 29 de mayo de 2013

MES DE MAYO, MES DE LAS FLORES, MES DE MARÍA

DOLORES DE MARÍA

Contempla a María al pie de la Cruz.
¡Dadme a sentir vuestro dolor, Virgen María!
Después que la Virgen hubo recibido en sus brazos el cuerpo lacerado de su adorado Hijo Jesús, apretóle fuertemente en su pecho, metió su cara entre las espinas de la sagrada cabeza, juntóse rostro con rostro, tiñóse la cara de la Madre con la Sangre del Hijo, y regóse la del Hijo con las lágrimas de la Madre¡Oh Virgen Santísima! ¡qué diferente abrazo es éste a los que dabais a Jesús en el portal de Belén y camino de Egipto!... ¡oh Belén y Jerusalén! ¡qué diferentes días y recuerdos traéis a su memoria!...  Contempla esta Virgen, muda y silenciosa, el destrozo sangriento que en aquel Cuerpo Sacratísimo habían hecho mis pecados; miraba los huesos desencajados, besaba los agujeros de las manos y enderezaba los dedos encogidos… Registraba con amor y solicitud maternal las llagas del cotado y de los pies, quedando su espíritu herido con la vista de estas llagas, lleno de amargura y embriagado con ajenjos, y después de haber adorado las llagas, limpiado el rostro y quitado la corana de espinas, recogióla con los clavos como haz de mirra muy amarga y joyel muy precioso… Lloraban entretanto las santas mujeres, lloraban aquellos nobles varones, lloraban todas las criaturas, y los cielos y la tierra acompañaban el llanto de la Virgen Madre… Lloraba sobre todo el Discípulo amado, lloraba la Magdalena penitente, regando y lavando con lágrimas el cuerpo de su Señor… ¿Y tú no llorarás, alma mía, que con tus culpas eres la causa principal de estas lágrimas?

Llegada la hora de la sepultura, ungieron con la mirra el Santo Cuerpo, lo envolvieron en una sábana limpia y la cabeza en un sudario, y puesto encima de un lecho caminan con Él toda aquella devota compañía de mujeres llorando, con la Madre del Difunto, al lugar del sepulcro, y allí depositan aquel precioso tesoro… Únete a tan devota y atribulada comitiva, y llora con tu Madre la Virgen María, ya que eres la causa de su llanto con tus pecados.

El sepulcro se cubrió con una losa, y el corazón de la Madre con una obscura niebla de tristeza… Allí de despidió por última vez de su Hijo, allí comienza a sentir su soledad, allí queda sepultado su corazón, donde lo está su tesoro… Allí María queda sola… ¡Oh Madre desolada! ¡Oh Virgen afligida! Grande como el mar es tu quebranto; ¿quién te consolará?... Aceptad, Madre mía, mi consuelo, si en algo puede serviros en medio de vuestro dolor; soy vuestra hija, aunque pecadora. No me desechéis, Madre mía de mi alma, y Madre de Dolores por mi amor.

Fruto.- No pasaré día sin agradecer a María, mi Madre, lo que padeció por mí, compadeciéndola en sus penas.

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