Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

viernes, 17 de mayo de 2013

LA MIRADA DE NUESTRA MADRE MARÍA

¡Dentro de esa mirada no se camina; se vuela!
¡Qué mirada! Ninguna es tan límpida, tan franca, tan pura, tan acogedora. Mientras más se camina dentro de esa mirada, tanto más atrae hacia un indescriptible ápice interior y profundo.

Es precisamente este ápice, donde se conjugan todas las perfecciones, lo que veo levantarse al fondo de esa mirada. Ápice desde lo alto del cual un imperativo cristalino, categórico, irresistible, excluye toda forma de mal, por más ligera y menuda que sea. Puede alguien pasarse la vida entera caminando dentro de esa mirada, sin llegar jamás a ese ápice.

¿Caminata inútil? No.

Dentro de esa mirada no se camina; se vuela. No se pasea; se peregrina. Cuando el peregrino cierra los ojos, juzga verla a la manera de una luz en los más profundo de sí mismo.

Tengo la impresión de que, si durante toda la vida fuera fiel en ese vuelo, cuando cierre definitivamente los ojos, esta luz brillará en el fondo de su alma por toda la eternidad.

Lector; te invito a que hagas a tu vez esta magnífica peregrinación
dentro de la mirada de la Virgen. Reza entonces por ti.

Reza por la Santa Iglesia perturbada y atormentada como nunca.

PLINIO CORREA DE OLIVEIRA

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