Oh, Corazón dulcísimo de mi Madre concededme vivir dignamente, aquí en la tierra, a fin de merecer la inefable dicha de ir a celebrarlo a vuestro mismo lado en el Cielo. Amén, amén.¡Oh, Corazón de María, Templo de la Beatísima Trinidad, amabilísimo sobre todos los corazones humanos, amantísimo más que el de todas las madres, puro más que los cielos, santo más que los espíritus de la gloria, imagen perfectísima del Corazón de vuestro Hijo! ¡Quién pudiese tributaros todo el honor a que os hacen acreedor vuestras excelencias y grandezas! ¡Quién pudiese abrazarse en las llamas de vuestro amor como merece vuestra incomparable amabilidad! ¡Quién pudiese desagraviaros de las injurias de que os han hecho y se os están haciendo por los enemigos de vuestro santísimo Hijo, que son también enemigos nuestros!Más no siéndome posible en mi pequeñez cumplir con Vos los deberes que me impone la justicia, la gratitud y el amor, os ofrezco los honores que os han tributado en todos los tiempos los Santos en la tierra y los Ángeles en el cielo, y sobre todo lo que os rindió en su vida mortal y os rinde en su vida gloriosa vuestro Hijo Jesucristo; os ofrezco el amor que ellos os han profesado, os profesan y os profesarán por toda la eternidad, para suplir la insuficiencia de mi amor, para reparar mis tibiezas y descuidos en vuestro servicio y consolar a vuestro Corazón, tan ofendido y menospreciado por muchos de vuestros mismos hijos.
Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!
sábado, 25 de septiembre de 2021
COLOQUIOS CON NUESTRA MADRE
sábado, 11 de septiembre de 2021
SÚPLICA A NUESTRA MADRE DE LOS DOLORES
sábado, 4 de septiembre de 2021
PRIMER SÁBADO DE MES/EL INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA y III
Oh, Corazón de mi dulce Madre, pues yo no puedo reparar dignamente tantas injurias, ruego que lo hagan por mí los Santos y los Ángeles de la gloria, a los cuales me uno también con deseo de amaros y ensalzaros como ellos os aman y ensalzan.
Desagraviemos al Corazón de María.- Considera cómo aunque el
Corazón de María es digno de la veneración de todas las criaturas y del amor de
todos los corazones, no todos le veneran, no todos le aman.
El infierno, lleno de rabia y
furor contra la Mujer fuerte que quebrantó su poder y humilló su orgullo, no
cesa de suscitar entre los hombres enemigos a la Virgen para vengarse de ella del
modo que le es posible.
Y muchos hombres
¡desgraciados! Se prestan a esta obra de iniquidad, y niegan los privilegios y
prerrogativas de María, y, desprecian su culto, blasfeman su Nombre Benditísimo,
y profanan sus imágenes y de otros mil modos desahogan el odio y despecho que sienten
contra Ella. Ellos no lograrán, es cierto, disminuir un punto la gloria de
María, ni amenguar su amor en el corazón de los verdaderos fieles; más entre
tanto nuestra amabilísima Madre es ofendida, y su Corazón amantísimo es blanco
de continuas saetas que se clavan en Él, y lo atraviesan. Si este mes de agosto
es el momento de grandes demostraciones de amor al Corazón de María, es también
el tiempo de los grandes desagravios por las ofensas que recibe: todo ha de ir
dirigido a tan santo y noble fin.
Padre Ribera
martes, 31 de agosto de 2021
EL INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA II
![]() |
Pidamos la gracia de honrar
dignamente al Corazón de María. |
Oh, Corazón amantísimo y amabilísimo de María, toda lengua cante el himno de agradecimiento a vuestras bondades, todo corazón se abrase y se derrita en vuestro amor: a las alabanzas del cielo y de la tierra, al amor de los bienaventurados, uno mis alabanzas y mi amor, empezando así a hacer en esta vida lo que espero hacer en la eterna.
Como Corazón de la madre de
los hombres es la personificación o expresión sensible de la Misericordia y
amor infinito de Dios a la desgraciada humanidad, todo ternura y compasión
hacia nosotros, todo generosidad, sin retroceder, a trueque de contribuir a
nuestra Redención ante el sacrificio de la vida misma de Su Hijo. Todo oídos para
escuchar nuestras súplicas, todo interés para procurar la salvación eterna de
nuestra alma. ¿Qué sería de nosotros si el Corazón de nuestra Madre no hubiese
cooperado tan eficazmente a los designios amorosos del Señor, si Ella no
hubiese interpuesto su poderoso valimiento en favor nuestro, si ella no hubiese
detenido el brazo de Dios levantado para castigar nuestras rebeldías e
ingratitudes?
Padre Ribera
sábado, 28 de agosto de 2021
EL INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA
![]() |
| Representémonos al Corazón de María lleno de la gloria de Dios, como sol brillantísimo del Cielo. |
Oh, Corazón de María, pues sois tan acreedor de los cielos y de la tierra, yo os venero con el más profundo respeto y me gozo contemplando en Vos el milagro de la Omnipotencia divina, digno de toda bendición y alabanza por los siglos de los siglos.
Veneremos al Corazón de María – Considera cuán digno de la más profunda veneración es el Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María. Después de la humanidad de Jesús, la obra más estupenda que salió de las manos de Dios fue el cuerpo y el alma de esta Virgen celestial, en cuya perfección y embellecimiento empleó todos sus divinos atributos, agotando en cierto modo los tesoros de su poder y sabiduría, las riquezas de su infinita bondad. Más pondera cómo la parte más noble del cuerpo santísimo de María es su Corazón Inmaculado. Principio de la vida de la Madre de Dios, fuente de la Sangre que se formó el Corazón de Jesucristo, vaso preciosísimo donde estuvo depositado el precio de nuestra Redención: Cristo Jesús.
Este Corazón fue el
instrumento de aquella alma santísima, superior en perfección sobrenatural a
las naturalezas angélicas; el relicario donde guardaba María las palabras de su
Hijo; el centro de los dolores que sufrió en la Pasión, espejo del Corazón de
Jesús, horno de su inmensa caridad hacia Dios, fuente de su compasión hacia los
hombres, sus hijos, asiento de sus virtudes soberanas, jardín de las delicias
de la adorable Trinidad.
Padre Ribera
sábado, 14 de agosto de 2021
LA SOLEDAD DE NUESTRA MADRE DURANTE LA VIDA PÚBLICA DE NUESTRO SEÑOR
El papel de la Santísima Virgen durante la vida pública de su Hijo estaba totalmente oculto: una vida de contemplación amorosa, oración y sacrificio. Una parte esencial de este sacrificio fue su soledad.
¡Pero qué soledad! Pensemos en una pobre viuda cuyo único hijo está en la guerra: ¡qué angustia! Se le dice que debe participar en una batalla muy peligrosa, ¡qué agonía! Y por fin se le dice que la muerte es inevitable, ¡qué tortura! Qué amarga soledad para una tal madre, cuya vida puede compararse a un camino abandonado que termina en el desierto.
¿Pero qué son estos ejemplos
de soledad humana comparados con la vida de la Madre de Dios? ¡Para ella, su
hijo Jesús y su esposo, San José, lo eran todo! San José había fallecido y su
único hijo la dejó para cumplir su obra de redención. Ella sabía muy bien que
esto consistía en una tremenda lucha que evidentemente terminaría en la más
horrible muerte.
Cuando había perdido a Jesús a
la edad de doce años, San José estaba allí para apoyarla y consolarla, pero
ahora no tiene a nadie. En aquel entonces el dolor duró tres días, ahora dura
años.
En ese momento su corazón
estuvo sin duda atormentado por el inmenso misterio y por el miedo a una
desgracia, pero ahora estaba atormentado por la certeza de que la muerte
desgarradora llegaría pronto.
Cuanto más profundamente se
contempla la vida solitaria de María, tanto más uno se asombra y se estremece
por el inagotable dolor y las muchas lágrimas que nuestra Madre celestial unió
para nuestra salvación, al sudor, al esfuerzo y el dolor de Jesús en su vida
pública.
En la muerte o ausencia de un
ser querido, el sufrimiento es tanto mayor, cuanto más larga sea la convivencia,
cuanto mayor sea la intimidad, la armonía, la comprensión mutua, y cuanto más
duren las pruebas sufridas juntos.
La separación, por lo tanto,
provoca la disolución de un denso entramado de hábitos, entendimientos y
afectos, que habían sido firmemente consolidados por innumerables recuerdos
familiares. Así, la vida entera parece perder su sostén natural y disolverse.
Pensemos aquí en la estrecha
intimidad de María en los largos años de Nazaret con su amado esposo y el Hijo
Divino, que estuvo “sujeto” a ella hasta los treinta años. Hay que recordar que
los niños suelen dejar la casa paterna mucho antes.
En las personas, los recuerdos
del pasado se desvanecen con el paso del tiempo, y así se alivia el dolor.
¿Pero cómo se puede imaginar esto en un alma tan profunda como la de María?
La gente puede dirigir su
mente a otras cosas y ser absorbida por nuevas impresiones que facilitan el
olvido. Pero, ¿qué podría atraer más la atención de María sino sólo Jesús?
Normalmente los que están
solos tienen otras personas (hijos, parientes y amigos) para consolarlos, para
María sólo estaba Jesús, que era su todo. En cuanto a sus parientes y amigos,
aprendemos de las Sagradas Escrituras que por su incredulidad le causaron mucho
sufrimiento a la Madre de Dios.
A través de su soledad durante
la vida pública de Jesús, la Santísima Virgen obtuvo innumerables gracias para
nosotros. Se presenta ante nosotros como Corredentora, profundamente unida en
sus sacrificios al sacrificio de vida de su Hijo para nuestra salvación eterna.
sábado, 7 de agosto de 2021
PRIMER SÁBADO DE AGOSTO, MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
![]() |
| ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, en Vos confiamos; no nos dejéis en este valle de lágrimas hasta vernos seguros junto a Vos en el Cielo. Así sea. |
“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”
Jesús, Hijo único de Dios e Hijo único de María, al escoger a esta Virgen incomparable entre las demás criaturas por Madre nutricia y Señora, y al dárnosla, en su infinita bondad, por Reina, Madre y refugio en toda necesidad, ha querido que la honremos como Él la honra y que la amemos con el amor con que Él la ama. Y, pues, la ha exaltado y honrado sobre todos los hombres y sobre todos los Ángeles, quiere que también nosotros la rindamos mayor respeto y veneración que a los Ángeles y a los hombres. Y, pues, es nuestra cabeza y nosotros miembros suyos que debemos estar animados de su espíritu, seguir sus inclinaciones, caminar por sus sendas, y continuar su vida en la tierra cultivando las virtudes por Él practicadas, desea igualmente que nuestra devoción hacia su divina Madre sea una prolongación de la que Él le profesó, es decir, que procuremos en nosotros los sentimientos de honra, de sumisión Y amor que en este mundo observó para con Ella y que ha de observar por toda la eternidad en el Cielo. La Virgen ha ocupado y ocupará siempre el primer puesto en su Corazón siendo, como hasta ahora por toda la eternidad, el objeto primero de su amor, después del Padre Eterno. Y ansía, por tanto, que después de Dios, sea ella el principal objeto de nuestras devociones y el primero de nuestra veneración. Así es que, después de los servicios que a su Divina Majestad debemos, ninguno tan grato ni mejor podemos hacerle que servir y honrar a su dignísima Madre.
¡Oh
Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los
pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!,
aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado
por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de
resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos
hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y
rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las
blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que
se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que
los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.
Aceptad,
¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo
reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en
adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar
vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que
viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la
gloria. Amén.
sábado, 31 de julio de 2021
LA REINA DE LA PRECIOSA SANGRE
![]() |
| Santa Madre de Dios y Madre nuestra, que las llagas del Señor queden grabadas en mi corazón |
Nuestra Señora es el regalo más hermoso que Dios nos ha dado, después de la eucaristía. Ella no sólo es la Madre de Dios, la obra maestra de la redención, la llena de gracia, la bendita entre las mujeres, ¡sino que también es nuestra dulce Madre! Los cristianos se regocijan con su nombre y se refugian a la sombra de su manto. Ahora bien, toda la grandeza de María brota de la Preciosísima Sangre: la Carne de Cristo es la carne de María, la Sangre de Cristo es la sangre de María; por ello la invocamos con el hermoso título de Reina de la Preciosísima Sangre. Concebida sin pecado original María fue la fuente más pura de la que brotaría la Sangre de Jesús, en anticipación de los méritos de la Preciosa Sangre. Alegrémonos de haber recibido de Dios una Madre tan excelente y dulce y mirémosla al pie de la Cruz, donde ofrece al eterno Padre la Sangre de su amado Hijo por nuestro rescate. Su alma está atravesada por la espada del dolor y sus lágrimas son las más amargas que una madre haya derramado en la tierra. ¡Miremos con cuánto amor acoge a toda la humanidad que Jesús le confía en la persona del apóstol San Juan! ¡Veamos cómo esa Sangre cae sobre Ella para derramarla sobre nosotros, pobres pecadores! Consideremos cómo Dios la convirtió en un canal de gracia, dispensadora de sus tesoros y digámosla:
¡Oh María Reina de la Preciosísima Sangre, haz que mi alma se tiña con la Sangre divina de tu Hijo, defiéndeme de los asaltos del diablo, especialmente en el momento de la muerte, obtén para mí la contrición de los pecados y la perseverancia final! Amén.
EJEMPLO
Una de las devociones más
entrañables de San Gaspar del Búfalo fue la de la reina de la Preciosa Sangre.
Tenía él una imagen de la Virgen pintada con el Niño Jesús sobre sus rodillas
sosteniendo el Cáliz de su Sangre en la mano. La Virgen demostró, con muchos
prodigios, lo querida que para ella era esa devoción a la Preciosa Sangre. En
muchas ocasiones, durante los sermones, el santo detuvo la lluvia bendiciendo
el cielo con esa imagen prodigiosa. A un grupo de devotos, que habían venido de
lejos para escucharlo y que no podían regresar porque había estallado una
furiosa tormenta, les entregó ese cuadro y ellos, mientras caminaban bajo la
lluvia, llegaron perfectamente secos a sus casas. Frente a esa efigie, tras la
recitación de tres Avemarías, instantáneamente curó a un granjero que se había
lastimado gravemente el dedo. En Albano, Laziale, invocando el Nombre de la
Virgen, salvó de una muerte segura a un hermano misionero que había caído en un
carruaje desde lo alto de un puente. Muchas veces mientras predicaba, se vio
una luz misteriosa que descendía del cielo e inundaba tanto la imagen de la
Virgen como el rostro del santo.
Imitemos a San Gaspar en esta
devoción tan poderosa, unamos nuestro amor a la Virgen a nuestro amor a la Preciosa Sangre y, sin duda, estaremos colmados de favores celestiales. Pero,
de manera especial, evitemos todo pecado, pues ellos renuevan las perforaciones
del adorable Corazón de nuestra Madre celestial.
sábado, 24 de julio de 2021
LA VIRGEN MARÍA, PRIMERA ADORADORA y II
María adoraba a Jesús Sacramentado
con el amor más ardiente y puro.- Después
de abismarse en la consideración de la grandeza y de la majestad divina,
levantaba los ojos hacia ese Tabor de amor, para contemplar su hermosura y
bondad inefables en el acto soberano de la Eucaristía. Ella sabía muy bien los
combates y los sacrificios que esta dádiva costó a su hijo y había compartido
las ansias de su corazón en la última cena. ¡Oh, qué contenta se vio cuando le
reveló Jesús que había llegado por fin la hora del triunfo de su amor, que iba
a instituir el adorable sacramento por cuyo medio sobreviviría perpetuamente en
la tierra y podrían todos, compartiendo la felicidad de la Madre de Dios,
recibir como ella su cuerpo, verle en alguna manera y disfrutar, merced al
estado sacramental, de todas las gracias y de todas las virtudes de los
misterios de su vida pasada; que una vez dada la Eucaristía, Dios ya no tendría
nada más que dar al hombre fuera del cielo! Al oír esto se echó María a los
pies de Jesús, bendiciéndole efusivamente por tanto amor a los hombres y a
ella, indigna sierva suya. Se ofreció para servirle en su adorable Sacramento y
consintió que se aplazara la hora del galardón para que siguiera siendo
adoradora en la tierra y le guardara y le amara y muriera luego junto al divino
sagrario.
Pues en las adoraciones del cenáculo, María reavivaba cada día estos
mismos sentimientos. A la vista de Dios anonadado por ella hasta las
apariencias de pan, prorrumpía en transportes de gratitud. Alababa con toda su
alma esa bondad que excede a toda alabanza, y bendecía y glorificaba al corazón
sagrado que inventara y realizara la maravilla del amor divino. Deshacíase en
perpetuos hacimientos de gracias por esta dádiva que excede a toda dádiva, por
esta gracia manantial de toda gracia. Abrasábase de puro amor ante la Hostia
santa y no pocas veces arrasábansele los ojos de ternura y gozo. No podía su
corazón contener el ardor de sus sentimientos por Jesús y hubiera querido morir
y consumirse de amor a sus pies.
María se ofrecía entera al
servicio de amor de Dios sacramentado.- Porque no pone condiciones ni reservas el amor perfecto, ni piensa en
sí, ni vive para sí, sino que es extraño a sí mismo para no vivir más que para
Dios, a quien ama de todo corazón. María lo ordenaba todo al servicio
eucarístico de Jesús como hacia su centro y a su fin. Una corriente de gracias
se establecía entre el corazón de Jesús sacramentado y el corazón de María
adoradora, produciendo como dos llamas que se unían en un mismo centro. En
verdad que fue Dios entonces perfectamente glorificado por su criatura.
A imitación de María, póngase también el adorador de hinojos en el templo
con el respeto más profundo. Recójase como María póngase a su lado para adorar.
Vaya ante nuestro Señor con aquella modestia, con aquel recogimiento interior y
exterior, que maravillosamente preparan al alma al oficio angelical de la
adoración.
Adore a Jesús debajo de las especies eucarísticas con la fe de María y de
la Santa Iglesia, dos madres que nos ha dado el amor del Salvador. Adore a Dios
como si lo viera y le oyera, pues una fe viva ve, oye, toca, abraza, con mayor
certidumbre que la de los sentidos.
Para apreciar bien el don de la adorable Eucaristía contemple a menudo,
como María, los sacrificios que exigió el amor de Nuestro Señor. La vista de
estos combates y de esa victoria le dirá la gratitud que debe a un Dios tan
bueno. Alabe, bendiga, ensalce la grandeza, la bondad, el triunfo del amor al
instituir la santísima Eucaristía como memorial siempre vivo, como don de sí
que siempre resulta nuevo.
Y en esto se ofrecerá como María su divina madre de todo corazón a Jesús
para adorarle, amarle y servirle como pago de tanto amor. Se consagrará a
honrar el estado sacramental del Salvador, copiando en su vida las virtudes que
Jesús continúa y glorifica en ella de modo admirable. Honra esa humildad tan
profunda que llega hasta anonadarse enteramente debajo de las Santas Especies;
esa abnegación de su gloria y de su libertad que le hace prisionero del hombre,
esa obediencia que le hace servidor de todos. En estos obsequios tomará a María
como modelo y protectora. La honrará y amará como reina del cenáculo y madre de
los adoradores, títulos que ella estima muchísimo y que son gloriosos para
Jesús.
sábado, 10 de julio de 2021
LA VIRGEN MARÍA, PRIMERA ADORADORA
María adoradora.- María fue siempre la primera adoradora de Jesús
en todos sus misterios. Convenía, en efecto, que este corazón purísimo tuviese
en todo la honra del primer homenaje rendido a Jesucristo y que recibiese la
primera gracia para comunicárnosla. Fue ella la primera que adoró al Verbo
encarnado en su seno virginal, y la que al nacer le ofreció el primer obsequio
del amor y la primera confesión de fe. En las bodas de Caná ella adoró antes
que nadie su poder y lo desató en favor de los hombres. María, finalmente,
adoró la primera a Jesús en la cruz y se unió a su sacrificio.
Pero la adoración de María
resplandece en toda su incomparable excelencia al pie del sagrario.
Aquí ella adora a Jesús en su estado permanente.- Y no en estados
transitorios. Aquí Jesús se muestra como rey en el trono perpetuo de su amor
fijado hasta el fin del mundo, en un misterio que resume y contiene todos los
demás.
Así que María pasaba los días
y las noches junto a la divina Eucaristía. Esta es su morada predilecta, porque
en ella vive y reina su Jesús. ¡Qué sociedad más dulce y amable entre Jesús y
su madre! Aunque sin la Eucaristía María no hubiera podido vivir en la tierra,
con ella la vida se le hace agradable, pues posee a Jesús y es su adoradora por
estado y por misión. Y los veinticuatro años que María pasará en el cenáculo
serán como veinticuatro horas del día en el ejercicio habitual de la adoración.
María adora a Jesús Sacramentado con la fe más viva y perfecta.- Como
nosotros, ella adoraba lo que no veía, en lo cual consiste la esencia y la
perfección de la fe. Tras ese velo obscuro y debajo de esas apariencias
inertes, ella reconocía a su Hijo y a su Dios con una certidumbre mayor que la
de los sentidos. Confesaba la realidad de su presencia y de su vida y la
honraba en todas sus cualidades y grandezas. Adoraba a Jesús oculto debajo de
formas extrañas; pero su amor traspasaba la nube e iba hasta los pies sagrados
de Jesús, que veneraba con el más cariñoso respeto, hasta sus santas y
venerables manos en que tomó el pan de vida, y bendecía la boca sagrada que
había proferido estas palabras adorables: Esto es mi cuerpo, comedlo; esto es
mi sangre, bebedla. Adoraba al corazón abrasado de amor de donde salió la
Eucaristía. Hubiera ella querido anonadarse ante esta divina majestad anonadada
en el Sacramento, para rendirle todo el honor y todos los homenajes que le son
debidos.
Por eso adoraba ella la
presencia de su hijo con el respeto exterior más piadoso y profundo. Ante el
sagrario, estaba de rodillas, con las manos juntas o cruzadas sobre su pecho, o
extendidas, cuando estaba sola, hacia Dios preso de amor. Todo en ella exhalaba
recogimiento; una modestia consumada componía todos sus sentidos.
Nada más que ver a María
adorando a Jesús despertaba la fe, inspiraba devoción y encendía el fervor de
los fieles.
miércoles, 7 de julio de 2021
sábado, 3 de julio de 2021
HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES
«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»
«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

























