¡Oh bendita entre todas las mujeres, que vences en pureza a
los ángeles, que superas a los santos en piedad! Mi espíritu moribundo aspira a
una mirada de tu gran benignidad, pero se avergüenza al espectro de tan hermoso
brillo. ¡Oh Señora mía!, yo quisiera suplicarte que, por una mirada de tu
misericordia, curases las llagas y úlceras de mis pecados; pero estoy confuso
ante ti a causa de su infección y suciedad. Tengo vergüenza, ¡oh Señora mía!,
de mostrarme a Ti en mis impurezas tan horribles, por temor de que Tú a tu vez
tengas horror de mí a causa de ellas, y sin embargo, yo no puedo, desgraciado
de mí, ser visto sin ellas.
Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!
lunes, 7 de julio de 2014
viernes, 4 de julio de 2014
4 DE JULIO, SANTA MARÍA REFUGIO DE LOS PECADORES
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| Nuestra Señora "Refugio de los Pecadores", Poggio Prato (Italia) |
Es indiscutible que nuestra Madre del cielo toma bajo su
protección a los hijos que se han desviado del camino recto. Como buena Madre,
llena de bondad y de ternura, ejerce las delicadas atenciones de su corazón con
más predilección con aquellos que más lo necesitan, los pobres pecadores.
Cuando oye sus gemidos pidiéndole socorro, los acoge al instante. Ella les
conseguirá las gracias que facilitarán su arrepentimiento y la confesión de sus
pecados por numerosos y graves que sean. Ella es, por excelencia, la
reconciliadora de los pecadores, y merece por tanto con justicia el título de “Refugio
de los pecadores”.
OREMOS
¡Oh Dios Omnipotente
y misericordioso!, que has puesto en la Bienaventurada y siempre Virgen María
el refugio y auxilio de los pecadores; concédenos que, bajo su protección,
libres de todas las culpas, consigamos el fruto feliz de tu misericordia. Por
Nuestro Señor Jesucristo. AMÉN
miércoles, 2 de julio de 2014
VISITACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA A SU PRIMA SANTA ISABEL
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| ¡Oh Madre mía, María Santísima! Sé siempre mi modelo, mi sostén y mi guía |
¡Oh María, qué eminente es tu humildad apresurándote al
servicio ajeno! Si es cierto que quien se humilla será ensalzado, ¿quién lo
será más que Tú que te has humillado tanto?
Al verte, Isabel se queda atónita y exclama: “¿De dónde a mí
tanto honor, que la Madre de mi Dios venga a mí?” Pero es aún mayor mi asombro
al ver que Tú, igual que tu Hijo, has venido no para ser servida, sino para
servir… Precisamente por este motivo te trasladas a casa de Isabel.
Tú, la
Virgen, junto a la mujer casada, la Reina junto a la sierva, la Madre de Dios junto
a la madre del Precursor; Tú que darás a luz al Hijo de Dios junto a la que
darás a luz a un esclavo.
San Bernardo
martes, 1 de julio de 2014
¡OH VIRGEN SANTA DEL CARMEN!
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Nuestra Señora del Rosario del Carmen
(imagen de veneración
privada, en la localidad de Herencia, Cuidad Real)
|
¡Oh Virgen Santa del Carmen! Jamás podremos corresponder
dignamente a los favores y gracias que nos has hecho al darnos tu santo
Escapulario. Acepta nuestro sencillo, pero hondamente sentido, agradecimiento
y, ya que nada te podemos dar que sea digno de Ti y de tus mercedes, ofrecemos
nuestro corazón, con todo su amor, y toda nuestra vida, que queremos emplear en
el amor y servicio de tu Hijo Señor nuestro, y en propagar tu dulce devoción,
procurando que todos nuestros hermanos en la fe, con los cuales la divina
Providencia nos hace convivir y relacionar, estimen y agradezcan tu gran don,
vistiendo el santo Escapulario, y que todos podamos vivir y morir en tu amor y
devoción. Amen.
sábado, 28 de junio de 2014
EL SANTO PADRE PÍO Y LA SANTÍSIMA VIRGEN
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| "Reflexionad y tener siempre ante los ojos de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y Madre nuestra" |
Cuanto más crezcan en vuestra alma las gracias los favores de Jesús, tanto más debéis
humillaros, recordando siempre la humildad de nuestra Madre celestial, la cual,
en el mismo instante en que llega a ser Madre del Dios, se reconoce sierva y
esclava del mismo Dios.
Reflexionad y tener siempre ante los ojos de la mente la
gran humildad de la Madre de Dios y
Madre nuestra. En la medida en que crecía en ella los dones del cielo, ahondaba
cada vez más en la humildad.
Hijo, tú no sabes qué produce la obediencia por un solo sí,
por hacer la voluntad de Dios, María llega a ser Madre del Altísimo,
confesándose se esclava, pero conservando la virginidad que tan grata era de
Dios y a Ella. Por aquel sí pronunciado por María Santísima, el mundo obtuvo la
salvación, y la humanidad fue redimida.
Hagamos también nosotros siempre la voluntad de Dios, y
digamos también siempre sí al Señor
No os entreguéis de tal manera a la actividad de Marta que
lleguéis a olvidar el silencio y la entrega de María. La Virgen, que tan bien
encarna a una y a otra, os sirva de suave modelo y os inspire.
Santo Padre Pío
miércoles, 25 de junio de 2014
MARÍA MODELO Y GUÍA
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Me acojo, ¡oh María!, bajo tu amparo; sé la guía y el modelo
de mi vida interior
|
Todo corazón cristiano se vuelve espontáneamente a la Madre
del cielo con ansias de vivir más íntimamente en unión con Ella y de
fortalecer los lazos que lo atan a Ella.
¡Qué dulce y confortador es encontrar en nuestro camino espiritual, duro a
veces de fatigas y dificultades, la figura delicada de una madre! Se está tan
bien junto a la Madre… Con Ella todo se hace fácil: el corazón abatido y
cansado, el corazón azotado por las tempestades encuentra la fuerza y la
esperanza que perdió y reanuda con nueva energía el camino.
“Si se levanta los vientos de las tentaciones –canta San Bernardo- si chocas contra los escollos de las tribulaciones, mira la Estrella, invoca a María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María: invoca a María”.
Hay momentos en que la senda dura de la nada cansa y
confunde nuestra debilidad: entonces, más que nunca, necesitamos una mano que
nos sostenga, la mano de una madre. Antes que nosotros recorrió María Santísima
el camino estrecho y difícil de la santidad, antes que nosotros llevó la cruz y
antes que nosotros escaló las alturas del espíritu a través del sufrimiento.
Quizás a veces no nos atrevemos a fijar nuestra mirada en Jesús, el
Hombre-Dios, porque su Divinidad está muy lejos de nuestra pequeñez; pero
pensemos que junto a Él está María, su Madre y nuestra Madre, una criatura,
excelentísima ciertamente, pero criatura como nosotros; y por lo tanto el
modelo más accesible a nuestra debilidad.
María sale a nuestro encuentro para tomarnos de la mano,
para introducirnos en el Secreto de su vida interior y ser de esta manera el
modelo y la norma de la nuestra.
lunes, 23 de junio de 2014
sábado, 21 de junio de 2014
HISTORIA PARA NIÑOS... ¿O ADULTOS LLENOS DE FE?
¡La mejor noche de mi vida!
Aquella aldea era tan pequeñita que parecía perdida en medio
de los Alpes. Aislada entre altas montañas, lejos de la agitación de las villas
y ciudades, la tranquilidad reinaba en las pintorescas casas que la componían.
Sus habitantes eran, además, profundamente religiosos y gracias a la fuerza de
su fe pasaban por dificultades, cansancios y arduas labores de la vida
cotidiana con los ojos puestos en Dios, sin perder nunca la calma.
Carlos, un honesto leñador, vivía allí con su esposa, Isabel, y con sus cinco hijos: María Luisa, Enrique, Juana, Bernardo y Clara. Todos los días salía para su trabajo al amanecer y regresaba cuando el sol se estaba poniendo.
Un mañana, Isabel, como andaba un poco atrasada con sus
quehaceres y tenía que llevarle la comida a su marido, le dijo a su hija mayor:
-María Luisa, necesito que hoy le lleves el almuerzo a tu
padre. ¿Quieres?
-Sí, mama. Te veo muy ocupada con las tareas de la casa;
yo ya he terminado los deberes del colegio.
-Está trabajando en el valle de los Patos, junto al Gran
Bosque. Ten cuidado y presta atención para no perderte. Cuando llegues a la
colina de los Cedros, lo llamas y él irá.
María Luisa, contenta por ayudar a su madre, se puso su
pequeño delantal azul, su sombrero y salió a toda prisa. Al verla corriendo,
Isabel no pudo contener un suspiro: la pequeña sólo tenía diez años y era la
primera vez que salía sin compañía…
En la medida de lo posible, la niña andaba a pasos
agigantados, porque quería entregar la comida aún caliente. Recorriendo
encrucijadas y montes, llegó a la colina de los Cedros, jadeante y cansada.
-¡Papa! –decía.
Nada…
-¡Don Carlos!...
El viento y el trino de los pájaros eran la respuesta.
-Todavía debo de estar lejos- se dijo para sí.
Siguió adelante, más, más y más. Sin embargo, tuvo que
pararse forzosamente: enfrente de ella se erguía majestuoso y temible el Gran
Bosque, indicándole el final del trayecto.
“Tal vez papá habrá preferido almorzar a la sombra”,
pensaba mientras se adentraba entre los árboles. Con todas las fuerzas de sus
pequeños pulmones y levantando las manos hasta la boca gritó de nuevo. Y de
nuevo se quedó sin respuesta…
Empezando a quedarse afligida, rezó en voz alta:
-Oh Santísima Virgen, te prometo un Rosario entero si encuentro
a mi padre.
Y continuaba avanzando. No obstante, el tiempo pasaba con
una rapidez espantosa y María Luisa, en medio de su preocupación, no se había
dado cuenta de que unos nubarrones cubrían el cielo, anunciando una tormenta.
Después de una hora más de caminata cesó la lluvia y la
niña, que no dejaba de adentrarse en el enmarañado bosque, se sintió agotada y
se sentó bajo un árbol. El sol ya se estaba poniendo y María Luisa estaba
solita… ¿Qué animales feroces le haría compañía a la pequeña esa noche que
tendría que pasar en el Gran Bosque?...
Mientras tanto, Carlos llegaba de vuelta a casa, bastante
tranquilo. Isabel lo recibió contenta.
-Ah, qué bien que has llegado. ¿Y María Luisa?
-¿María Luisa? –le respondió –No la he visto.
-¿Qué no la has visto? Fue a llevarte la comida hace
mucho tiempo…
-Mira, no he visto ni el almuerzo ni a María Luisa. Por
cierto, estoy con mucha hambre.
La fisonomía de la mujer se contrajo de susto y su
corazón dio un vuelco, junto con el de su marido. Carlos salió de inmediato en
busca de la pequeña, olvidándose de su hambre, e Isabel, afligida, le rezaba a
la Virgen:
-Madre mía, tú que también pasaste por la angustia de
perder a tu Hijo en el Templo, ¡ayúdanos! Si encontramos a María Luisa, mañana
encomendaremos una Misa en tu honor…
Las horas se hacían eternas… Sonaba la media noche en el
reloj del campanario de la parroquia cuando Carlos regresaba abatido y solo.
Había buscado cuidadosamente por los alrededores de la colina, pero en vano: no
había encontrado ni el mínimo rastro de María Luisa.
Al día siguiente, antes de amanecer, Isabel y sus hijos
fueron a rezar a la iglesia por la niña, porque una noche en ese bosque lleno
de osos y lobos hacía temer seriamente por ella. Los vecinos, apenados, se
unieron a las oraciones de la familia, mientras el marido salía a toda prisa,
una vez más, hacía la colina de los Cedros.
Llegaron allí, Carlos pudo escuchar el canto de una dulce
voz… Venía del Gran bosque. Siguiéndola, se encontró con un conocido delantal
azul y con un rostro radiante que, al escuchar el ruido, corría en su dirección
con los brazos abiertos.
-¡María Luisa! –exclamó el afligido leñador, abrazando a
su hija.
-¡Papá!
-¿Has pasado la noche en el bosque? ¿Qué ocurrió? ¿No
tuviste miedo por quedarte sola?
-Oh no, no estuve solita. Al principio, sí, tuve mucho
miedo. Me vi rodeada de oscuridad y perdida. Pero cogí mi rosario y empecé a
rezar. En poco tiempo, todo a mi alrededor se volvió claridad y una Señora
reluciente vino a hacerme compañía.
-¿Hablaste con ella?
-Sí, y me contó muchas cosas. Me dijo que era María
Santísima y que ama mucho a quien en Ella confía, porque a todos quiere salvar
y llevar por el buen camino, y nunca deja de oír las oraciones de los que piden
su intercesión; no obstante, se disgusta enormemente cuando ofenden a su Hijo,
Jesús. Como la noche estaba avanzada, aunque quería continuar conversando, me
mandó que durmiera un poco. Me acosté sobre su regazo y la Virgen me cubrió con
su hermoso y perfumado manto.
-Y cuando te despertaste ¿todavía estabas en sus brazos?
-¡Claro! Y me miraba sonriendo. Dijo que tenía que
marcharse, pero que yo fuese siempre buena y piadosa, y nunca me olvidase de ese
encuentro. Papá, ésta ha sido la mejor noche de mi vida.
Entonces María Luisa y su padre regresaron a casa donde
su familia los recibió con enorme alegría. La pequeña fue creciendo, sin
embargo, nunca se olvidó de la sonriente mirada de la Santísima Virgen. De
hecho, aquella había sido la mejor noche de su vida.
María Beatriz
Ribeiro Matos
Fuente revista "Heraldos del Evangelio", número 130, mayo 214
jueves, 12 de junio de 2014
martes, 10 de junio de 2014
LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA
MARÍA LA PECADORA, CONVERTIDA EN LA HORA DE LA MUERTE
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| Refúgium peccatórum, ora pro nobis! |
Se cuenta en la Vida de Sor Catalina de San Agustín que
en el pueblo donde moraba había también una mujer llamada María, que habiendo
sido escandalosa en la juventud, no era mejor siendo ya vieja, por lo cual la
echaron del pueblo y se refugió en una cueva, donde al cabo murió medio
podrida, sin sacramentos y abandonada de todo el mundo, y así, la enterraron en
el campo como a una bestia. Sor Catalina, aunque acostumbrada a encomendar a
Dios muy de veras las almas de todas las personas que allí morían, habiendo
sabido la desgraciada muerte de la vieja, no pensó en pedir por ella,
teniéndola, como ya todos la tenían, por condenada. Al cabo de cuatro años se
le aparece de pronto un alma en pena, que le dice:
«Catalina, ¿he de tener yo tan mala suerte? Tú encomiendas a Dios a todos los que mueren aquí, y sólo de mi alma no tienes compasión.» «¿Quién eres?», le preguntó la sierva de Dios. «Soy María, la que murió en la cueva.» « ¡Cómo!, ¿tú en carrera de salvación?» «Sí — volvió a decir el alma —, lo estoy gracias a la misericordia de la Reina del Cielo. Oye cómo fue. Cuando ya vi cerca la muerte, mirándome tan abandonada y llena de pecados, volví los ojos a la Madre de Dios, diciendo: Señora, no hay quien me valga en este último trance; pero Vos acogéis a todos los desamparados, Vos sois mi única esperanza, Vos sola me podéis ayudar; tened compasión de mí. No se hizo sorda la Virgen sacratísima; me alcanzó de Dios la gracia de hacer un acto de verdadera contrición, morí entonces, y así me salvé. Ahora, en el purgatorio, me ha obtenido también el favor de que se me abrevie la pena, haciendo que sufra con más intensión lo que hubiera tenido que padecer por muchos años, y sólo me falta que se celebren algunas misas por mi alma, las cuales te pido que me mandes decir, y yo te prometo rogar siempre en el Cielo por ti a Dios y a su santísima Madre.»
Cuidó Sor Catalina que al instante se aplicasen las
misas, y a los pocos días se le volvió a aparecer el alma más resplandeciente
que el sol, dándole gracias por el beneficio, y diciendo que iba a la gloria a
cantar para siempre las misericordias del Señor y a rogar por ella
De “Las Glorias de
María”, de San Alfonso María de Ligorio
lunes, 9 de junio de 2014
domingo, 8 de junio de 2014
ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA PARA PEDIR ALGUNA GRACIA AL ESPÍRITU SANTO
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| Sponsa Dei Spíritus Sancti, ora pro nobis! |
¡Oh, María, Hija Humildísima del Padre, Madre Purísima
del Hijo, Esposa Amadísima del Espíritu Santo! Yo te amo y te ofrezco todo mi
ser para que lo bendigas, ¡Madre admirable!, Consuelo del que llora, Abogada Dulcísima
de los pecadores; ten piedad de todos aquellos a quienes amo; y por tu
Inmaculado Corazón, Sagrario de la Santísima Trinidad, Asiento de tu poder,
Trono de Sabiduría y Océano de bondad, alcánzanos que el Espíritu Santo forme
en cada uno de nuestros corazones un nido en el que repose para siempre.
Alcánzame lo que con todo el fervor de mi alma te pido
por los merecimientos de Jesús y los tuyos, si es para mayor gloria de la
Trinidad Santísima y bien de mi alma. ¡Virgen Santa, Esposa del Espíritu Santo,
acuérdate de que eres mi Madre! Amén.
Tres Avemarías a la Santísima Virgen
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