Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 26 de noviembre de 2016

DE LA PACIENCIA DE MARÍA

Cuando nos sintamos, pues, oprimidos bajo el peso de las cruces, acudamos a María

Siendo este mundo un lugar de méritos, con razón se llama valle de lágrimas; pues aquí todos estamos puestos para padecer y conquistar con la paciencia la vida eterna a nuestras almas, como ya lo expresó el Señor diciendo: “Con vuestra paciencia poseeréis vuestras almas” Dios nos dio a la Virgen María como modelo de todas las virtudes, pero especialmente como ejemplar de paciencia. San Francisco de Sales hace entre otras reflexión, que Jesucristo en las bodas de Caná dio para este fin a la Santísima Virgen aquella contestación con la cual parecía que no hacía caso de sus ruegos, precisamente para ofrecernos un ejemplo de la paciencia de su Santa Madre. Mas ¿qué necesidad hay de citar casos cuando toda la vida de María fue un continuo ejercicio de paciencia, cuando la Bienaventurada Virgen vivió siempre entre penas, como el Ángel lo reveló a Santa Brígida? Solamente el dolor que sintió por los tormentos del Redentor bastó para hacerla mártir de paciencia; por lo que dijo  San Buenaventura: “Crucificada concibió al Crucificado” Cuánto padeciese en el viaje y permanencia en Egipto, así como durante todo el tiempo que vivió con su Hijo en la tierra de Nazaret, ya lo hemos considerado antes al hablar de sus dolores. Solamente la presencia de María junto a su Hijo moribundo en el  Calvario es suficiente para probar cuán constante y sublime fue su paciencia. Entonces fue cuando por el mérito de su paciencia, como dice el beato Alberto Magno, se hizo  nuestra Madre y nos parió en la vida de la gracia.

Si deseamos, pues, ser hijos de María, debemos procurar imitar su paciencia. “¿Qué modo mejor  -dice San Cipriano-, para enriquecernos de méritos en esta vida y de gloria en la otra, que el sufrir con paciencia las penas? Dios dijo por boca de Oseas: “Yo cerraré tu camino con espinas”, a lo que San Gregorio añade: “Las sendas de los escogidos están circuidas de espinos. Así como se circuye la viña de espinos para conservarla, así Dios rodea de tribulaciones a sus siervos para que no tengan apego a las cosas de la tierra” Por eso concluye San Cipriano que la paciencia nos libra del pecado y del infierno, y es la que hace los Santos, llevando con paz las cruces que nos vienen directamente de Dios, esto es, las enfermedades, la pobreza, et cétera, lo mismo que las que nos vienen de los hombres, como persecuciones, injurias, et cétera. San Juan vio a todos los Santos con palmas en las manos (señal del martirio); lo que significa que todos los adultos que se salvan han de ser mártires o de sangre o de paciencia. A la vista de esto exclama lleno de gozo San Gregorio: “Si conservamos la paciencia, podemos ser también mártires sin hierro” Si sufrimos las penas de esta vida, como dice San Bernardo, con paciencia, con gusto y con alegría, ¡ah!, ¡cómo fructificará en el cielo cada pena sufrida por Dios! Por esto, el Apóstol nos anima a que suframos las breves aflicciones de esta vida; y Santa Teresa nos hace estas hermosas advertencias: “El que abraza la Cruz no la siente. Cuando alguno se decide a sufrir, la pena se acaba” Cuando nos sintamos, pues, oprimidos bajo el peso de las cruces, acudamos a María, a la cual la Iglesia llama: “Consuelo de afligidos”; y San Juan Damasceno: 

“Medicamento para todos los dolores de los corazones” ¡Ah Señora mía dulcísima, Vos inocente padecisteis con tanta paciencia, y yo reo del infierno rehusaré padecer! Madre mía, no os pido hoy la gracia de que me libréis de las cruces, sino la de llevarlas con paciencia. Por el amor de Jesús os ruego que me alcancéis esta gracia que espero de Vos. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario