Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

jueves, 31 de diciembre de 2020

PARA TERMINAR EL AÑO, VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA

 

Como hermoso olivo en la llanura (Eccli., 24, 19). Yo soy, dice María, el hermoso olivo del que siempre fluye el aceite de la misericordia. Y estoy en los campos para que todos me vean y recurran a mí todos.

Digámosle: “Acordaos, ¡oh piadosísima María!, que jamás se ha oído decir que haya sido desamparado de Vos ninguno de los que se han acogido a vuestro socorro” No quiero ser yo el primer desventurado que habiendo acudido a Vos quede sin amparo.


¡Oh María!, Vos sois la mujer escogida y privilegiada en quien el Divino Salvador encontró su reposo y a la que hizo participante sin medida de todos sus tesoros. Por esto todos los fieles honran vuestro casto seno como templo de Dios en el que comenzó a operarse la gran obra de la salvación del mundo. Allí se hizo la reconciliación entre Dios y el hombre. Vos sois, ¡oh Virgen Santa, oh Madre afortunada!, aquel jardín cerrado donde la mano del pecador no ha entrado jamás para coger sus frutos preciosos. Sois el magnífico vergel donde Dios ha puesto todas las flores que adornan la Iglesia, y, entre otras, estas divinas virtudes de humildad, pureza, caridad, dulzura, que adornan a un alma más que los lirios y las rosas pueden embellecer la tierra. Vos sois el paraíso delicioso de donde ha brotado la fuente de agua viva que ha regado toda la tierra. ¡Con cuántos beneficios habéis Vos enriquecido y llenado el mundo, llegando a ser al canal feliz por donde se han derramado sobre nosotros tantas gracias de salvación y de vida! Sed, pues, bendecida en todas las naciones y por todos los siglos.

 

San Bernardo






sábado, 19 de diciembre de 2020

LA EXPECTACIÓN DEL PARTO DE NUESTRA MADRE



La Iglesia celebra esta Expectación de la Santísima Virgen con una fiesta especial que le dedica en el Tiempo Santo del Adviento. Es fiesta genuinamente española, establecida probablemente por San Ildefonso, quien en los Maitines de media noche de esta fiesta, mereció ser revestido por la Santísima Virgen de una preciosa casulla que trajeron los ángeles del Cielo.

 

Vida de la Santísima Virgen en este tiempo.- Considera esta vida bajo dos aspectos: uno interior y otro exterior. Bajo el aspecto interior, la vida de María es de una absoluta compenetración con su Hijo. Madre e Hijo no vivían una vida semejante, sino una misma vida, una sola vida. No se puede concebir mayor dependencia que la de Jesús en el seno purísimo de María. De Ella recibiría toda su vida, de Ella dependería toda su vida. ¡Qué misterio! ¡Dios depende de una criatura!

Penetra en lo más profundo de esa intimidad divina entre María y su Hijo y aprende: recogimiento con el que María reconcentraba en Jesús sin cesar todo su ser; fervor y amor, con él vivía únicamente para Jesús. Ella veía más con los ojos de su Hijo que con los suyos propios, amaba con el Corazón de su Hijo y todos sus gustos eran dárselos a Él. ¡Qué amor no sentiría tan perfecto y tan puro hacia el Dios que encerraba en su seno! Vida de gozo y alegría inexplicable, porque todas las cosas divinas son gozosas y producen la dicha y felicidad, pero mucho más la posesión de Dios, como la tenía entonces María; no tenía que envidiar para nada la gloria de los bienaventurados del Cielo.

En fin, una vida de deseo y de ansia infinita, con las que sin cesar estaría en oración, haciendo violencia a Dios, para que acelerara cuanto antes la hora de revelarse al mundo. La hora de la Redención, esto sobre todo, es lo que más caracteriza este momento de la vida de María. ¡Qué dulce es pensar que en virtud de esta sublime y fervorosa oración, el Padre Eterno adelantó la hora de la Redención del mundo y nos envió a su mismo Hijo a salvarnos!

Su vida interior.- ¡Qué admirable es la Virgen en todo! , con una vida interior tan intensa y tan divina como llevaba entonces, no dejaba traslucir nada al exterior. Exteriormente una dulce calma, una simpática sencillez, una muy amable serenidad. Nadie sospechaba lo que pasaba por su interior, nadie, ni siquiera San José. ¡Qué santa avaricia la de María!, ¡cómo guardaba para sí el tesoro y no le confiaba a nadie! Ni la ambición, ni la soberbia, ni el amor propio, ni el deseo de alabanzas, la lanzan a comunicar a nadie su secreto, ni a darse importancia delante de los demás, creyéndose superior a todos, aunque en verdad lo era. ¡Qué humildad más practica! ¡Qué sencillez tan preciosa! Cuántas veces el mérito nuestro se evapora, porque le destapamos delante de los demás y no sabemos guardar nuestras cosas solo para Dios, o al menos peligra, porque imprudentemente las exponemos a los ojos de los hombres, buscando más o menos directamente alguna alabanza, alguna estima de ellos.





sábado, 12 de diciembre de 2020

MARÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO



Las figuras.- Todas las mujeres célebres del Antiguo Testamento figuran a María. Eva, madre de la humanidad, pero para su perdición. María será la verdadera Madre para salvación nuestra. Abigail, que con su hermosura encanta y enamora a David, es María enamorando al mismo Dios. Jael, que traspasa con un clavo la cabeza de Sisara enemigo del pueblo de Dios, es la Santísima Virgen aplastando la cabeza del demonio. Judit, matando a Holofernes y librando a su pueblo del tirano, imagen es de María por la que todos nos libramos de Satanás. Ester ante el trono del rey intercediendo por su pueblo, significa a la Santísima Virgen, que sin cesar pide e intercede por nosotros ante el Trono de Dios. Y así sucesivamente podríamos recorrer todas las figuras grandes del Antiguo Testamento y en todas veríamos a María.

Abísmate ante el amor de Dios a María. Mírale tan enamorado de Ella que se complace en hablar incesantemente de Ella en profecías, símbolos y figuras. Parece que es el pensamiento dominante, la obsesión de Dios. ¿Y tú eres así con tu Madre? ¿Estás así de enamorado y encantado de Ella? ¿Es Ella el pensamiento central de tu entendimiento? ¿Piensas en Ella, hablas de Ella? ¿La ves en todas partes? ¿Te unes a Ella? ¿Vives en Ella y de Ella? ¿Sabes hacer algo sin Ella? Reflexiona, examina y saca la debida consecuencia de amar así con locura a tu Madre querida. 



martes, 8 de diciembre de 2020

sábado, 5 de diciembre de 2020

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES

 


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EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS

La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo: 

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»

En seguida dijo la Santísima Virgen: 

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

LA INTENCIÓN REPARADORA

Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.







sábado, 28 de noviembre de 2020

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA



¡Señora mía!, San Bernardo os llama robadora de corazones; dice que andáis robando corazones con vuestra hermosura y bondad; robad, os suplico, también mi corazón mi voluntad, que os entrego por completo, para que, unida con la vuestra, la ofrezcáis a Dios.


A Vos alzamos los ojos, ¡oh Soberana de los Ángeles y de los hombres! Un día todos nosotros hemos de comparecer ante nuestro Juez, cargados, ¡ay!, como estamos con tantos pecados. ¿Cómo osaremos comparecer ante Él, y quién apaciguará su justa cólera? Nadie hay que pueda hacerlo tan segura y eficazmente como Vos, ¡oh Madre de Misericordia!, que tanto le habéis amado y tan tiernamente habéis sido amada por Él. Abrid, pues, ¡oh Madre de gracias!, abrid el oído de vuestro Corazón a vuestros suspiros y entrañas de vuestra misericordia a nuestras lágrimas; recurrimos a Vos como a nuestra Divina Madre; aplacad la justa indignación de vuestro Divino Hijo y haced que entremos en su santa gracia. Vos no tenéis ninguna aversión al pecador, por indigno que él sea; no lo rechazáis en manera alguna si él suspira por Vos. Y si, penetrado del dolor de sus pecados, implora vuestra protección, Vos le animáis, incluso, a esperar, le sostenéis, le consoláis, y nunca le dejáis hasta que lo habéis reconciliado al fin con su Juez, para encontrar gracia a sus ojos. ¡Qué consuelo, qué motivo de esperanza para mí!

 

San Bernardo





sábado, 21 de noviembre de 2020

PRESENTACIÓN DE NUESTRA SANTÍSIMA MADRE EN EL TEMPLO



Contémplala cuando hace su primera entrada en el Templo. Sabe que es la casa de Dios, que no es menos santa que el cielo, y que no merece menos veneración que éste, puesto que el Dios del cielo está también allí presente, donde fija su morada como si fuera un cielo. Persuadiéndose además de que se encuentra ante la mirada de Dios como los ángeles que están en el cielo empíreo, se conduce en este lugar santo con un maravilloso respeto, piedad y devoción. Nada de pueril ni infantil veis en Ella; no observáis más que señales de un profundo recogimiento y de una angelical modestia. No vuelve la cabeza ni la vista de un lado a otro; a nadie mira, sus ojos permanecen modestamente bajos. Guarda un profundo silencio, sin hablar a nadie más que a Dios. Esta divina Niña que está en este Templo, Ella misma es un verdadero templo, un templo vivo, el templo de la Divinidad, un templo incomparablemente más augusto y santo que este templo material. Y, sin embargo, se humilla profundamente, se juzga indignísima de estar en este santo lugar. Y está siempre en él, no de pie o sentada, sobre cojines de seda, aunque sea princesa y de sangre real; no levantada en bancos o cátedras, sino de rodillas sobre el pavimento del Templo o postrando en tierra su rostro para adorar a su Dios. He aquí algo de su exterior.

Y ¿quién podrá decir lo que pasa en su interior? Todo su espíritu, toda su voluntad, todo su corazón, todas las potencias y afectos de su alma ocúpense en Dios: en amarle, glorificarle, contemplarle, adorarle, en ofrecerse, en darse, en consagrarse y sacrificarse enteramente a su divina Majestad. Le presenta adoraciones y alabanzas más santas y que le son más gratas que todas las que le han sido dadas en este Templo desde cerca de mil años que fue construido. En una palabra, diríais al verla que esto no es una niña, ni una criatura humana, sino un serafín encarnado que ha tomado la forma de niña.

San Juan Eudes, “La infancia admirable
de la Santísima Madre de Dios”



sábado, 14 de noviembre de 2020

EL CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN – MISERICORDIA DE MADRE

 


Y es que la misericordia de María, como su Corazón de donde brotaba era de una Madre; esta es la razón suprema que explica esa bondad y misericordia. Ya puede un hijo ser un desgraciado, ya puede estar plagado de miserias físicas y morales, ya puede ser el deshecho de todos, aunque a los demás inspire más bien repulsión, asco y repugnancia, pero el corazón de su madre sentirá palpitar sus entrañas con nuevo cariño, con nuevo y más encendido amor, cuando vea más y más desgracia y miseria en su hijo.

El corazón de una madre nunca desmayará, ni se cansa, siempre espera, siempre confía poder remediar la situación de su hijo. Y no es que se engañe y se ciegue, es que tiene una luz, una clarividencia e intuición de corazón, que ve más allá de los demás, donde ya no se espera cosa alguna, sino males y miserias irremediables, el corazón de una madre ve rasgos o indicios, ve sedimentos que aún pueden levantar y dignificar el corazón de su desgraciado hijo. Una madre será capaz, por la fuerza de su ternura, por la bondad de su corazón, de reanimar sentimientos al parecer extinguidos, levantar un corazón que todos creían muerto, resucitar una conciencia endurecida por el pecado y las pasiones. Pregunta sobre esto a un San Agustín, dile que te diga lo que puede el corazón compasivo, piadoso, misericordioso de una madre.

Y ahora penetra en el Corazón de la Virgen, más Madre que ninguna otra madre, con una bondad y misericordia, resumen de todo lo que Dios derramó sobre todas las demás madres de la tierra. ¿Cómo sería y cómo será actualmente su Corazón? Por otra parte, no es ésta una comparación estéril, como tiene que ser muchas veces la de una madre que quiere, pero no sabe o no puede remediar a su hijo. María posee la omnipotencia del mismo Dios y toda ella la emplea generosamente para socorrer a sus hijos. ¿No lo hizo así en las bodas de Caná haciendo que Jesús obrara su primer milagro? ¿No obró de este modo con los Apóstoles los días de desolación y desconcierto? Ella, olvidándose hasta de sí misma, fue su única esperanza, su fuerza y su consuelo y los Apóstoles animados con esta bondad eficacísima de Madre, se agruparon en torno a Ella.

Y entre todos, ¿no fue San Pedro el que más experimentó la misericordia de su dulcísimo Corazón? Sin duda que a Ella acudió el santo cuando lleno de dolor por su triple negación, abandonó la casa del Sumo Sacerdote. A los pies de María debió San Pedro derramar sus primeras lágrimas, allí hizo la primera confesión de su cobarde apostasía. ¡Qué suerte la suya al encontrarse con el Corazón de la Santísima Virgen! ¿Qué hubiera sido de aquella alma sin este Corazón? Quizás un Judas, podía ser, motivos tenía tantos o más que aquel para desesperarse.

Pero a los pies de la Virgen, ante su Corazón no es posible desesperarse, ni desalentarse siquiera. Pedro se levantó de sus pies, seguro de su perdón, por eso no sólo no se desesperó como Judas, ni huyó como Adán al pecar; se quedó allí aguardando, esperando la resurrección de Jesús con el corazón lleno de la dulcísima confianza que había recibido de la Santísima Virgen. ¡Qué misericordia más de Madre! 



sábado, 7 de noviembre de 2020

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES

 


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EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS

La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo: 

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»

En seguida dijo la Santísima Virgen: 

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»

LA INTENCIÓN REPARADORA

Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.








sábado, 31 de octubre de 2020

PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA



“Yo soy la Madre del amor hermoso” (Eccli., 24,24), dice María, es decir, del amor que hermosea las almas. Santa María Magdalena de Pazzi vio a María Santísima que iba repartiendo un suave licor, que no era sino el amor divino. Este don sólo por María se concede; pidámoslo, pues, a Ella.

 

¡Oh María, Soberana del Universo! Vos, que sois nuestra alegría, nuestro apoyo y nuestra defensa, interesaos por mí ante el Señor, obtenedme la gracia de volverme digno de gozar un día de esta felicidad que Vos gozáis actualmente en el cielo. Sí, yo os lo suplico, ¡oh Reina mía, refugio mío, esperanza mía, alegría mía y, después de Dios, vida mía!: haced que yo obtenga con Vos un puesto entre los escogidos. Sé que por ser la Madre de Dios podéis obtenerme  este favor, si lo pedís para mí. ¡Oh Virgen siempre sin mancilla! Vos sois omnipotente cerca de Dios para salvar los pecadores y consolar los afligidos; y yo sé también que para compadeceros de nuestras miserias no necesitáis otra recomendación, pues sois por excelencia la Madre de Misericordia.

 

San Germán