Novena a la Virgen del Carmen by Servus Mariae on Scribd
Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!
martes, 7 de julio de 2020
sábado, 4 de julio de 2020
HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES / FÁTIMA Y EL ESCAPULARIO DEL CARMEN
El Escapulario y la Virgen de Fátima.-
Es evidente que la Virgen
María quiere revelarnos de manera especial el escapulario. Reporta Lucía
(vidente de Fátima, Hermana María del Inmaculado Corazón) que en la última
aparición (Octubre, 1917, día del milagro del sol) la Virgen vino vestida con
el hábito carmelita y con el escapulario en la mano y recordó que sus
verdaderos hijos lo llevaran con reverencia.
También pidió que los que se
consagraran a ella lo usaran como signo de dicha consagración.
jueves, 2 de julio de 2020
2 DE JULIO, VISITACIÓN DE NUESTRA MADRE A SU PRIMA SANTA ISABEL
HOMILÍA DE SAN
AMBROSIO, OBISPO
Consideremos que el superior
se dirige al inferior para serle útil: María a Isabel; Jesucristo a Juan. De un
modo semejante, el Señor acudirá más tarde al bautismo de Juan para santificar
este bautismo. Consideremos también que los beneficios de la venida de María y
de la divina presencia no tardan en manifestarse. Procuremos discernir todas
estas cosas y aquilatar el significado propio de cada palabra. Isabel, conforme
al orden de la naturaleza, fue la primera en oír la voz; mas Juan, conforme a
la economía del misterio, fue el primero en recibir la gracia. Isabel sintió la
proximidad de María; Juan, la del Señor. Isabel y María hablan de la gracia;
sus respectivos hijos la producen en el interior de ambas; efecto de una piedad
filial que se anuncia por los beneficios que ambos procuran a sus madres; un
doble misterio hace que las dos profeticen bajo la inspiración de sus
respectivos hijos. Juan se sintió lleno de gozo; Isabel, del Espíritu Santo;
esta plenitud no fue otorgada primeramente a la madre, sino al hijo para que
inmediatamente se la comunicara a ella.
“¿De dónde me viene que la
madre de mi Señor se digne visitarme?” Lo cual significa: ¡Qué bien tan grande
es para mí la visita de la Madre de mi Señor! Yo veo el milagro y me explico el
misterio: la que aquí es llamada Madre del Señor ha concebido al Verbo, está
llena de la divinidad. “María permaneció tres meses con Isabel, después de los
cuales regresó a su casa”. Con muy buen acuerdo el Evangelista nos presenta a
la Virgen Santísima cumpliendo un deber de caridad, y fijando la duración de su
permanencia conforme a un número consagrado. En efecto, ella no permaneció
durante este tiempo cerca de Isabel con el único objeto de gozar de su
intimidad: hízolo además en provecho de aquel gran Profeta; porque si ya en el
primer momento se produjo un efecto tan maravilloso de la gracia, a saber, al
saltar Juan de gozo en el seno de su madre y el quedar ésta llena del Espíritu
Santo, ¡cuántas nuevas gracias les obtendría la presencia de María durante todo
el tiempo de su visita! Así fue como recibió el Precursor la unción del
Espíritu Santo, y se ejercitó desde el seno materno como un atleta esforzado.
Así fue como se preparó su vigor para los más rudos combates.
Del Oficio de Maitines,
del “Breviario Romano”
(Gubianas-1940)
miércoles, 1 de julio de 2020
EL ESCAPULARIO DE NUESTRA MADRE DEL CARMEN Y LOS SANTOS
El mismo día que San Simón
Stock recibió de María el escapulario y la promesa, él fue llamado a asistir a
un moribundo que estaba desesperado. Cuando llegó puso el escapulario sobre el
hombre, pidiéndole a la Virgen que mantuviera la promesa que le acababa de
hacer. Inmediatamente el hombre se arrepintió, se confesó y murió en gracia de
Dios.
San Alfonso Ligorio y San Juan
Bosco tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y usaban el escapulario.
Cuando murieron los enterraron con sus vestiduras sacerdotales y con su
escapulario. Muchos años después cuando abrieron sus tumbas encontraron que sus
cuerpos y todas las vestimentas estaban hechas polvo, sin embargo sus
escapularios estaban intactos. El escapulario de San Alfonso está en exhibición
en su Monasterio en Roma. San Alfonso Ligorio nos dice: "Herejes modernos
se burlan del uso del Escapulario. Lo desacreditan como una insignificancia
vana y absurda."
San Pedro Claver, se hizo
esclavo de los esclavos por amor. Cada mes llegaba a Cartagena, Colombia, un
barco con esclavos. San Pedro se esforzaba por la salvación de cada uno.
Organizaba catequistas, los preparaba para el bautismo y los investía con el
escapulario. Algunos clérigos acusaron al santo de celo indiscreto. Sin embargo
él continuó su obra hasta tener más de 300.000 conversos.
San Claudio de Colombiere,
(director de St. Margarita María), "Yo quería saber si María en realidad se
había interesado en mí, y en el escapulario Ella me ha dado la seguridad más
palpable. Sólo necesito abrir mis ojos, Ella ha otorgado su protección a este
escapulario: -Quien muera vestido en él no sufrirá el fuego eterno-" Dijo
también: "Debido a que todas las formas de amar a la Santísima Virgen y
las diversas maneras de expresar ese amor no pueden ser igualmente agradables a
ella y por consiguiente no nos ayudan en el mismo grado para alcanzar el cielo,
lo digo sin vacilar ni un momento, ¡El Escapulario Carmelita es su
predilecto!", y agrega, "Ninguna devoción ha sido confirmada con
mayor número de milagros auténticos que el Escapulario Carmelita"
sábado, 27 de junio de 2020
CONOCIENDO A MARÍA
![]() |
| Nuestra Señora del Prado - Ciudad Real |
NOTAS
HISTÓRICAS ALREDEDOR DE LA IMAGEN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL PRADO, AQUÍ
HIMNO DE LA VIRGEN DEL PRADO
Santa María del
Prado
Reina de Ciudad
Real
A quien siempre
han invocado
Tus hijos de fe
filial;
¡Líbranos de todo
mal!
Salve Virgen
escogida,
Salve
bienaventurada,
sin mancilla
concebida
por los siglos
preservada
Inmaculada
para ser por tu
humildad
de la Santa
Humanidad
custodia, templo y
morada.
Siempre casta,
siempre pura,
toda hermosa, toda
plena
de bondad y de
dulzura,
lámpara de gracia
llena,
Azucena
que en tu candor
mereciste
poner fin a
nuestra triste
desventura
condena.
Fuiste la verga y
el tallo
de donde surgió la
flor,
alba que no rompió
el rayo
nido que abrigó el
Amor
Redentor
de nuestra tierra
maldita
que te proclamo
bendita
lumbrera de su
dolor.
Bendita entre las
mujeres,
digna de inmensa
alabanza,
de canto y de
amor, pues eres
la salud y la
esperanza
Sin tardanza
que tu hijo
nuestra Luz,
en los brazos de
la Cruz
nos dejara por
fianza.
Hija del eterno
Padre,
del Santo Espíritu
Esposa,
acuérdate que eres
Madre,
no sólo de Dios
gloriosa
más piadosa
Madre de los
pecadores
¡Oh mejor de las
mejores
sin igualdad
poderosa!
Muéstrate Madre,
María,
por la tu
virginidad
nos dejes de ser
la guía
de toda la
cristiandad,
Ten piedad
de nosotros en tal
suerte
que nos depare la
muerte
la eterna
felicidad.
Historia del Himno, AQUÍ
sábado, 20 de junio de 2020
PARA LA VISITA A NUESTRA MADRE MARÍA
![]() |
| "Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo, prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás" |
Virgen Santísima Inmaculada y
Madre mía María, a Vos que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la
abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que
soy el más miserable de todos. Os venero, ¡oh gran Reina! y os doy gracias por
todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme
librado del infierno, que tantas veces he merecido. Os amo, Señora amabilísima,
y por el amor que os tengo, prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para
que también seáis amada de los demás. Pongo en Vos toda mi esperanza, toda mi
salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, ¡oh
Madre de Misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas
las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os
pido un verdadero amor a Jesucristo. Espero de Vos tener una buena muerte.
Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero
más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis salvo en
el cielo, para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la
eternidad. Así lo espero. Así sea.
San Alfonso María de
Ligorio
A los fieles que rezaren
devotamente esta oración delante de una imagen de la Virgen, se les concede:
Indulgencia de tres años.
Indulgencia plenaria, en las
condiciones de costumbre, si se reza esta oración, durante un mes entero, todos
los días. (Pío IX, Rescr. Manu Propr., 7 sept. 1854; S. Pen. Ap., 18 mayo
1934.)
viernes, 19 de junio de 2020
CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS POR MEDIO DE NUESTRA MADRE MARÍA
¡Sacratísima Reina de los
cielos y Madre mía amabilísima! Yo (N. N.), aunque lleno de miserias y
ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús,
deseo consagrarme a Él; pero conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera
ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados, el
hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.
Corazón dulcísimo de Jesús,
Rey de bondad y amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi
alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes
que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus
manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior,
miserias; mi cuerpo, vida y salud, todo lo poquito bueno que yo haga o por mí
ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi
familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en
cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el
Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me
cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi
bien.
Quiero en cambio, Corazón
amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer
algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo, quiero con
oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas
aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda, no estar,
a ser posible, un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de
tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que, ¡ojalá! sea
el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol
fervorosísimo. Amén.
sábado, 13 de junio de 2020
A NUESTRA MADRE MARÍA...
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Vuestro nombre ¡oh Santa Madre de Dios!, contiene todas
las gracias y todas las bendiciones divinas
|
¡Oh divina Madre de la Gracia! Por Vos ha venido hasta
nosotros el Autor de todas las gracias. Vos las poseéis todas desde el
principio de vuestra Inmaculada Concepción, y el Señor nos las comunica por
vuestro conducto. Pero ¡ah! el pecado nos ha despojado de ellas; tened Señora
misericordia de nosotros, y obtenednos todas las gracias que necesitamos. Amén.
sábado, 6 de junio de 2020
HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES
EL CORAZÓN DE MARÍA Y LOS PRIMEROS SÁBADOS
La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra. La primera promesa la cumplió la Virgen el 10 de diciembre de 1925. Sor Lucía, como postulante Dorotea, estaba en su celda cuando se le apareció Nuestra Señora poniéndole una mano sobre el hombro mientras le mostraba en la otra un corazón rodeado de espinas. Al lado de la Virgen estaba el Niño Jesús subido en una nube de luz, que le dijo:
«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas»
En seguida dijo la Santísima Virgen:
«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas»
LA INTENCIÓN REPARADORA
Sin esta intención general, sin esta voluntad de amor que desea reparar y consolar a la Virgen, sin esta “compasión”, todas estas prácticas serían incompletas. Se trata de consolar al Corazón Doloroso e Inmaculado de Nuestra Madre. Aunque aquí no se trata en primer lugar de consolar a la Virgen María compadeciéndose de su Corazón traspasado por causa de los sufrimientos de su Hijo, sino que el sentido preciso de esta devoción reparadora considera las ofensas que actualmente recibe el Corazón Inmaculado de María por parte de los que rechazan su mediación materna y menosprecian sus prerrogativas. Son éstas otras tantas espinas que hay que arrancar de su Corazón por estas prácticas de reparación, para consolarla y obtener así el perdón para las almas que le ofenden tan gravemente.
domingo, 31 de mayo de 2020
MES DE MAYO, MES DE MARÍA / SANTA MARÍA REINA
María, Sancta María, Santa María.- Sólo Dios puede reivindicar el
atributo de la santidad, por lo cual cantamos: Tu solus sanctus, “Sólo tú eres
santo”. Entendemos por santidad la ausencia de todo lo que mancha, empaña y
degrada a una naturaleza racional, todo lo que es más contrario y más opuesto
al pecado y a la falta.
Decimos que sólo Dios es
santo, pues en verdad todos sus atributos infinitamente elevados son poseídos por
Él con aquella plenitud, que hace que podamos decir con verdad que sólo Él los
posee. Así, en cuanto a la bondad, el mismo Señor dijo a un joven: “Nadie es
bueno sino Dios”. De la misma manera, sólo Dios es Poder, sólo Él es Sabiduría,
sólo Él es Providencia, Amor, Misericordia, Justicia, Verdad. Pero la santidad
queda aparte, como su prerrogativa especial, porque, no sólo señala más que los
otros atributos su superioridad sobre todas las criaturas, sino también afirma
su distinción con respecto a ellas. Por eso esto leemos en el libro de Job: “¿Puede
el hombre ser justificado, si se compara con Dios, y puede parecer puro el
nacido de mujer? He aquí que la misma luna no brilla, ni las estrellas son ya
puras ante sus ojos” “He aquí que entre sus santos ninguno es inmutable y los
cielos no son puros en su presencia”
Esto es lo que debemos aceptar
y entender en primer lugar. Mas en seguida sabemos también que Dios, en su
misericordia, ha comunicado sus grandes atributos, en diferentes medidas, a sus
criaturas racionales; y, ante todo, por ser el más necesario, el de la
santidad. Así Adán, desde el momento de su creación, estuvo dotado, aparte de
otras cosas y por encima de su naturaleza humana de la gracia de Dios,
habiéndole sido dada esta gracia para unirlo con su Creador y hacerlo santo.
Por esta razón la gracia se llama la santa gracia; por ser santa, forma el lazo
que une al hombre con Dios. Adán, en el paraíso terrenal, podía poseer la
inteligencia, otros talentos y muchas virtudes, pero estos dones no lo unían
con su Creador. Era la santidad lo que lo unía con Él, porque, como dice San Pablo:
“Sin la santidad ningún hombre verá a Dios” Después que el hombre perdió esta
santa gracia, todavía continuó poseyendo muchos dones de Dios; pudo aún ser
veraz, misericordioso, amante y justo; pero estas virtudes no lo unían con
Dios: le faltaba la santidad; por lo cual el primer acto de la bondad de Dios
para con nosotros es, según el Evangelio, librarnos, por el sacramento del
Bautismo de esta condición de extraños a la santidad, y, por la gracia que
entonces se nos da, abrir de nuevo las comunicaciones, durante tanto tiempo cerradas,
entre el alma y el cielo.
Por aquí vemos el alcance del
título que damos a nuestra Señora, cuando la llamamos Santa María. Cuando Dios
quiso preparar una madre humana para su Hijo, la hizo Inmaculada en su
Concepción. No comenzó, pues, concediéndole el don del amor, de la verdad, de
la dulzura o de la devoción; poseía ya estos dones como consecuencia de su
privilegio. Inauguró su grandiosa obra, aun antes de que Ella hubiera nacido,
antes de que pudiera pensar, hablar, obrar, haciéndola santa, y, por lo mismo,
aunque hija de la tierra, dándole derecho de ciudadanía en el cielo. Tota
pulchra es María! Nada de la deformidad del pecado tuvo jamás parte en Ella.
Difiere, por esto, de todos los santos. Ha habido grandes misioneros,
confesores, obispos, doctores y pastores en la Iglesia. Han realizado grandes
obras y han llevado en pos de sí al cielo innumerables penitentes y una inmensa
cosecha de almas; han sufrido mucho y han ganado sobreabundantes méritos. Pero
María se parece de tal suerte a Jesús, que poniendo la santidad de su divino
Hijo aparte de todas las criaturas, también la plenitud de la gracia que hay en
Ella, la pone aparte de todos los ángeles y santos.
John Henry, Cardenal, Newman
LA REALEZA DE MARÍA
Esta fiesta de la Santísima
Virgen, establecida por el Papa Pío XII el primero de noviembre de 1954,
aniversario de la proclamación del Dogma de la Asunción, pone de manifiesto uno
de los títulos más gloriosos de la Madre de Dios. Todos los siglos de la era
cristiana han desfilado ante el Trono de la Reina del Universo, y en un “crescendo”
continuo, cada vez más entusiasta, la han reconocido y saludado como a su
Soberana, María es Reina de los Ángeles y de los hombres, porque aventaja en
perfección y en dignidad a todos los seres criados. Y, como Reina, ejerce sus
funciones desde el Cielo. Aun cuando nosotros no nos acordemos de Ella ni le
rindamos pleitesía y vasallaje, no por eso deja de prodigarnos sus favores, de
interceder por nosotros y de alcanzarnos las gracias que necesitamos para
servir a su Hijo con lealtad y honrarle a Él en Ella.
sábado, 30 de mayo de 2020
MES DE MAYO, MES DE MARÍA
María, Virgo Veneranda, Virgen digna de veneración.- Nos servimos
generalmente de la palabra venerable, para calificar lo que es viejo. Por esta
causa, sólo la vejez posee comúnmente aquellas cualidades que mueven a
reverencia y veneración.
Un gran rasgo histórico, un
carácter noble, la madurez en la virtud, la bondad, la experiencia, mueven a
respeto, y estas cualidades no pertenecen ordinariamente a la juventud.
Mas esto deja de ser verdad
cuando consideramos a los santos. Para ellos una vida breve es una larga vida.
He aquí lo que dice la Sagrada Escritura: “La vejez venerable no es la del
tiempo, y no se cuenta por el número de años, sino que la prudencia del hombre
suple por las canas, y es edad anciana la vida inmaculada. Si el justo es
arrebatado por una muerte prematura, vivirá en el reposo. Con lo poco que
vivió, llenó la carrera de una larga vida” (Del Libro de la Sabiduría)
Un escritor pagano, que nada
sabía de los santos, dice que se debe un gran respeto a los niños, porque
todavía son inocentes. Este sentimiento aparece difundido y expresado en todos
los países, de tal manera que ha ocurrido, a veces, que la vista de los que no
han pecado (es decir de los que por falta de edad suficiente todavía no han
podido caer en el pecado mortal) y aun el solo encanto del sonreír de su
inocencia, han sido bastantes para turbar a hombres miserables, que se
disponían a cometer algún crimen, y para detenerles, por un temor saludable,
que les ha conducido, sino al arrepentimiento, a lo menos a la renuncia de sus
culpables designios.
Y, pasando de nuestra bajeza
al Altísimo, ¿qué diremos del Eterno Padre, sino que precisamente porque es
eterno, es siempre joven, sin comienzos, y, por esta causa, sin mudanza, y que,
en la perfección y en la plenitud de sus atributos incomprensibles, es ahora
exactamente el que era hace un millón de años? Con verdad se llama en la
Escritura “Anciano de días”, y por esto mismo es infinitamente venerable. Luego
para ser venerable no tiene necesidad alguna de la edad, ni nada posee de
aquellos atributos humanos y de aquellos títulos materiales que los escritores
sagrados le prestan de una manera figurada, para hacernos sentir en su
presencia aquel profundo abatimiento y aquel respetuoso temor, que su sola idea
debería siempre inspirarnos.
Lo mismo se diga de la Madre de Dios, en la
medida que una criatura puede ser semejante al Creador. Su inefable pureza y su
entera inmunidad de la sombra del más leve pecado, su Inmaculada Concepción, su
Virginidad Perpetua, todas sus prerrogativas, (a pesar de su extremada juventud
en el momento en que Gabriel le fue enviado), son de tal naturaleza, que han de
hacernos exclamar, con una mezcla de alegría y de temor, empleando las palabras
proféticas de la Escritura: “¡Tú eres la
gloria de Jerusalén y el gozo de Israel! ¡Tú eres el honor de nuestro pueblo!
Por esto, la mano del Señor te ha robustecido, y eres bendita para siempre”
(Del Libro de Judith)
John Henry, Cardenal, Newman
miércoles, 27 de mayo de 2020
MES DE MAYO, MES DE MARÍA
María, Rosa mystica, Rosa Mística.- ¿Cómo llegó a ser María Rosa
mystica, la flor escogida, la flor delicada y perfecta de la creación? Fue al
nacer, al ser alimentada y protegida en el jardín místico o paraíso de Dios. La
Escritura emplea la figura de un jardín, siempre que quiere hablar del cielo y
de sus bienaventurados habitantes. Un jardín es un terreno cultivado, reservado
para las plantas y los árboles bienhechores y variados, para los frutos
agradables al gusto y para las flores perfumadas, cosas todas éstas o hermosas
a la vista o útiles como alimento. Por consiguiente, en sentido espiritual, hay
que entender por jardín la morada de los espíritus bienaventurados y de
aquellas almas santas, que viven en comunidad, almas que llevan a la vez las
flores y los frutos, que han producido por la providencia de Dios, flores y
frutos de gracias, flores más bellas y más perfumadas que las de jardín alguno,
frutos más exquisitos y más deliciosos de cuantos pueden madurar por el cultivo
de la tierra.
Todo lo que Dios ha hecho
habla de su Creador; las montañas hablan de su eternidad, el sol y los vientos
de su omnipotencia y de su inmensidad. Asimismo, las flores y los frutos hablan
de su santidad, de su amor y de su providencia; y si tales son las flores y los
frutos, tal debe ser el lugar donde se encuentran. Un jardín también ha de
tener sus propias excelencias que nos hablen de Dios. No sería natural
encontrar hermosas flores en las desnudas rocas y frutos sabrosos en los
desiertos. Puesto que, en sentido místico, los frutos y las flores significan
las gracias y los dones del Espíritu Santo, hay que entender místicamente por
jardín un lugar de reposo espiritual, de tranquilidad, de paz, de refrigerio y
de deliciosos encantos.
Así, nuestros primeros padres
fueron colocados en un “jardín de delicias”, a la sombra de árboles “agradables
a la vista, que producían frutos sabrosos al paladar”; el Árbol de la Vida
estaba en medio de este jardín, y un río lo regaba. Nuestro Señor, hablando de
lo alto de la Cruz al ladrón arrepentido, llama “paraíso” al lugar bendito, al
cielo, adonde le conducirá. Por esta causa, también San Juan, en el
Apocalipsis, habla del cielo, del palacio de Dios, como de un jardín o paraíso,
en el cual el Árbol de la Vida da sus frutos todos los meses.
Tal fue el jardín en el cual
la Rosa Mística, la Inmaculada María, habitó y fue criada para llegar a ser
Madre del Dios de toda santidad, desde su nacimiento hasta sus desposorios con
San José, es decir, hasta los trece años. Pasó tres de estos años en brazos de
su madre, Santa Ana, y después pasó los otros diez en el Templo de Dios. En
estos benditos jardines, si así puede decirse, vivió sola, visitada
continuamente por la gracia de Dios, y creciendo de día en día como una flor
celestial, hasta que quedó convertida en morada perfecta, digna de recibir al
Santo de los Santos. Fue éste el resultado de la Inmaculada Concepción. A
excepción de Ella, las más hermosas rosas del Paraíso han sido marchitas y han
estado expuestas a los asaltos de los insectos; todas menos María. Ella fue,
desde el principio, perfecta en su suave hermosura, y cuando el ángel Gabriel
la visitó, la encontró “llena de gracia”, de aquella gracia, que por el santo
uso que hizo, se acumuló y creció en Ella desde el primer momento de su
existencia.
John Henry, Cardenal, Newman
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