Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

miércoles, 5 de julio de 2017

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

EL SANTO ESCAPULARIO PROTEGE LA CASTIDAD DE UNA DONCELLA FERVOROSA

Mater et Decor Carmeli, ora pro nobis!

El venerable P. Fr. Alonso de la Madre de Dios, en un manuscrito que pude, tras examen pericial, identificar hace un par de años, nos refiere que, por el año 1611, en que él se hallaba de conventual en Salamanca, un demonio lascivo, en ademán y figura de arrogante galán, apuesto y bellísimo, se dio en perseguir o asediar a una doncellita recatada, de familia distinguida, que llevaba con gran devoción el Santo Escapulario de nuestra Madre del Carmen.

Empleó toda suerte de ardides y astucias para hacerla caer en sus redes, sin que jamás hallase un resquicio su diabólica perfidia, para hacer que se detuviese ni un instante en pensamiento contrario a la virtud angélica.

Mientras mayores eran los asedios del común enemigo, más invicta era la fortaleza de esta fiel amadora de la castidad.

El Dios de las misericordias, que para aumentar en su sierva amadísima la corona de sus méritos permitió que el demonio la tentase sobremanera, no consintió que la oprimiese con violencia, ni que osara tocar aquel templo vivo del Espíritu Santo. Cuando más arreciaba en sus asaltos, y el diablo, con palabras y movimientos obscenos, solicitaba su consentimiento, ella, levantando la parte anterior del Santo Escapulario, que jamás se quitaba, cubriéndose con él los ojos y besándolo con fervor, lo oponía al demonio como su escudo protector, sintiéndose ella inundada de celestial pureza en su alma y en su cuerpo, y aquella bestia infernal en figura de mancebo, viéndose vencido, lanzaba improperios y maldiciones contra el Escapulario, viendo que por él era vencido de una frágil doncella, y así unas veces con halagos, otras con espantos y amenazas, la instaba a que se quitase la librea de los hijos de la Virgen; mas ella, conocedora de la virtud del Escapulario, mientras más arreciaba Lucifer en sus asaltos, más veneraba ella su Escapulario y lo estrechaba fervorosa contra su corazón ; hasta que Dios fue servido de librarla del maligno espíritu, haciendo que éste, confundido, la dejara, para no molestarla más en el resto de su vida, según manifestó a su director.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen,
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.



domingo, 2 de julio de 2017

2 DE JULIO, VISITACIÓN DE NUESTRA MADRE A SU PRIMA SANTA ISABEL

“Al verte, Isabel se queda atónita y exclama: ´¿De dónde a mí tanto honor, que la Madre de mi Dios venga a mí?´ Pero es aún mayor mi asombro al ver que Tú, igual que tú Hijo, has venido no para ser servida, sino para servir… Precisamente por este motivo te trasladas a casa de Isabel” 

“… E Isabel, en voz alta, exclamó: Bendita Tú entre todas las mujeres y benditos el fruto de tu seno. Y ¿de dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí?” Iluminada interiormente por el Espíritu Santo, Isabel reconoce en su joven prima a la Madre de Dios y, conmovida, prorrumpe en acentos de alabanza y admiración. María no protesta; escucha con sencillez, porque sabe muy bien  que esas palabras de encomio no le conciernen tanto a Ella cuanto al Omnipotente que en Ella ha obrado cosas grandes, y al punto, de su corazón humilladísimo todas las alabanzas de Isabel rebotan a Dios con movimiento espontáneo y rapidísimo: Tú, Isabel, ensalzas a la Madre del Señor –dice la Virgen-, pero “mi alma ensalza al Señor”. Tú afirmas que a mi voz tu hijo ha exultado de alegría en tu seno,  pero “mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador…”. Tú proclamas feliz a la que ha creído, pero el motivo de su fe y de su felicidad es la mirada que la bondad divina la ha dirigido, Sí, “todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque Dios ha puesto su mirada en la bajeza de su sierva” (San Bernardo). Esta hermosa paráfrasis del Magníficat nos permite captar al vivo las emociones del espíritu de María: se hunde en la humilde confesión de su propia nada, toca, por así decirlo, el fondo de su bajeza y luego, cuando más bajo ha descendido, se eleva tanto más alto, se eleva a Dios, no temiendo reconocer y alabar las cosas grandes que Él en Ella ha realizado, precisamente porque ve con toda claridad que esto es puro don suyo.

Si frente a tus éxito, a las alabanzas y a al aplauso de las criaturas, si ante las gracias que Dios te concede eres todavía capaz de vana complacencia, es precisamente porque no has tocado aún, como María, el fondo de tu bajeza, no te has hundido bastante en la consideración de tu nada, no te has convencido aun prácticamente de tu radical insuficiencia, impotencia, miseria y debilidad. Pide a María la gracia de introducirte en este conocimiento claro y práctico de tu nada. No te hagas ilusiones; el camino para arriba a esa meta, reservado a ti, que has heredado de Adán el germen del orgullo, es un camino áspero y duro: el camino de las humillaciones. Pero María es Madre; y si Ella te acompaña, con su ayuda se hará todo más fácil y suave.



sábado, 1 de julio de 2017

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

Mater et Decor Carmeli, ora pro nobis!

Nuestro venerable P. Fr. Miguel de la Fuente nos dice, en su "Compendio Historial", que un niñito de diez años, que vestía con devoción el Escapulario de nuestra Santísima Madre, ofendió con una simplicidad propia de sus cortos años y de su candorosa inocencia a un hombre desalmado, el cual, montando en cólera, lo hirió gravísimamente y, dándole por muerto, lo echó en un profundo pozo que había en las cercanías del lugar donde se desarrollara el suceso, para ocultar su crimen, cargándole o arrojando sobre el niño gran cantidad de enormes piedras, para dificultar más el que pudiera ser de algunos descubierta su monstruosa barbarie.

Al echarle de menos, sus afligidos padres corrieron como una exhalación en todas direcciones, por hallar vivo o muerto al hijo de sus entrañas, al que creyeran como, Jacob a su José devorado por alguna fiera inhumana. Desconfiados de hallarle con vida, hicieron voto a la Santísima Virgen nuestra Madre de entrarle o consagrarle a Ella en nuestra sagrada religión, como se les manifestase, y al instante comenzaron a paladear y gozar del fruto de su promesa, pues un humilde pastorcito, llamado Aníbal, que apacentaba sus ganados no lejos de aquel pozo donde se hallaba sepultado el niño devoto de la Virgen, vio que una de sus ovejitas, separándose de las demás, se iba acercando al pozo, corriendo peligro de caer dentro del mismo, por no tener brocal. El pastorcito le tiro una piedra, por ver si lograba alejarla de allí, mas, con el ruido vio que se acercaba más al borde, por lo que decidió acercarse él mismo para espantarla y alejarla. Mas, ¡Oh, milagro de la Madre de las misericordias! Tan luego como se acercó percibió una voz lastimera y decaída que le llamaba por su nombre desde el fondo: ¡Aníbal, Aníbal!, oyó el pastor que le gritaban. Se turbo todo con tan extraña novedad y asegurándose de lo que oía corrió presuroso al lugar a fin de dar cuenta a la Justicia del suceso.

Corrieron todos despavoridos hacia el pozo y percibieron la misma voz que les anunciara Aníbal haber oído. Amarraron con una cuerda a un joven decidido y le hicieron descender hasta el fondo. Fue quitando una a una las piedras que cubrían el cuerpecito del delicado niño y que hubiesen bastado para aplastarle y matarle sin remedio, si la Virgen Santísima no velase por él; y al reconocer que era Dominguito, a quien sus padres lloraban sin consuelo, comenzó a dar voces de indecible júbilo, comunicando a todos la fausta noticia. Le saco del pozo vivo, aunque con poquísimos alientos, por el gran peso que gravitara sobre el infeliz, mas, al instante se recobró, pues llevado en brazos al lugar, al siguiente día, que era sábado, le vieron del todo sano, jovial y alegre, sin recordarse de lo que pasara en el fondo del pozo por la ira de aquel hombre malvado.

Le llevaron al siguiente día, domingo, en procesión solemne a la ciudad de Nápoles, rodeándole inmensa multitud de fieles, y le condujeron a nuestro convento donde, sin dilación, lo entregaron sus devotos padres a María Santísima, vistiéndole nuestro santo hábito y practicando heroicamente lo que dice el Real Salmista : Vovete et reddite Deo vestro, etc. "prometed y cumplid"; donde entre el prometer a Dios y el cumplir lo prometido sólo media una dicción (que no es dilación), sino que une con su cumplimiento la promesa, pues en materia de votos lo mismo debe ser el prometer que el cumplir. Así vemos que lo practicaron estos devotos padres, para ejemplo nuestro, quedando auténtico en Nápoles tal prodigio para que nosotros demos perennes gracias a María Santísima por tanta merced y tan insigne beneficio.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen,
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.



HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES

«¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?»



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viernes, 30 de junio de 2017

DE LA OBEDIENCIA DE MARÍA

La obediencia de María fue mucho más perfecta que la de todos los demás Santos

Por el amor que la Virgen tenía a la virtud de la obediencia, en la Anunciación del Arcángel San Gabriel no quiso darse otro nombre que el de esclava: “He aquí la esclava del Señor” “Sí, esclava –dice Santo Tomás de Villanueva-, porque esta fiel esclava ni con las obras ni con el pensamiento contradijo jamás al Señor, sino que careciendo de voluntad propia obedeció siempre, y en todo vivía sumisa a la voluntad de Dios”. Ella misma declaró que Dios se había complacido en su obediencia cuando dijo: “Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava”, porque la humildad de una esclava consiste en estar siempre dispuesta a obedecer. “Con su obediencia –dice San Agustín- reparó la divina Madre el mal que Eva hizo con su desobediencia. La obediencia de María fue mucho más perfecta que la de todos los demás Santos, porque hallándose todos los hombres inclinados al mal por el pecado original, hallen dificultad en obrar bien; “más no sucedió así con la Bienaventurada Virgen María –escribió San Bernardino-, porque hallándose exenta de la culpa, nada había que pudiese impedir amar a Dios, sino que fue como una rueda que se movía veloz a todas las inspiraciones Divinas”, “por lo que no hizo otra cosa en este mundo –como dice el mismo Santo-, sino observar y practicar lo que era del agrado de Dios”. De Ella se dijo: “Mi alma quedó desfallecida al oír la voz de mi amado”. A lo que Ricardo añade que el alma de María era como un metal derretido a tomar todas las formas que Dios quería darle.

En efecto, María manifestó bien cuán pronta se hallaba a obedecer, primeramente cuando para complacer a Dios quiso también obedecer al emperador romano, haciendo aquel viaje tan largo de noventa millas desde Nazaret a Belén, en tiempo de invierno, estando encinta y tan pobre que se vio después obligada a parir en un establo. Así también estuvo pronta al aviso de San José, para ponerse luego en camino en aquella misma noche y emprender otro viaje más largo y penoso a Egipto. Aquí pregunta Silveira: “¿Por qué la revelación de la huida a Egipto se hizo a San José y no a la Bienaventurada Virgen, que debía experimentar más la fatiga del viaje? Y contesta: “Para que le Virgen tuviese ocasión de practicar este acto de obediencia a lo que se hallaba tan dispuesta”. Mas, en lo que principalmente demostró su heroica obediencia a la voluntad de Divina, fue cuando ofreció su Hijo a la muerte con tanta constancia, que, como dijo San Ildefonso, a falta de verdugos, hubiera estado pronta para crucificarle. Así es que sobre las palabras que dijo el Redentor a aquella mujer del Evangelio, cuando exclamó: “Bienaventurado el vientre que te llevó”, y Jesús contestó: “Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican”, el venerable Beda escribió que María fue más dichosa por la obediencia de la Divina Voluntad que por haber sido Madre del mismo Dios.

Por esto los que practican la obediencia complacen especialmente a la Virgen. Un día se apareció la misma a un religioso franciscano llamado Acorso, en su misma celda; pero, a pesar de esta visita, éste salió de la celda porque le llamó la obediencia para ir a confesar a un enfermo. Habiendo regresado, encontró a María que le estaba esperando y le alabó mucho su obediencia. Al contrario, reprendió mucho a otro religioso porque oyendo tocar al refectorio se detuvo a concluir unas oraciones. Y hablando a Santa Brígida de la seguridad que ofrece obedecer al padre espiritual le dijo: “La obediencia introduce a todos en la gloria”. Así es –decía San Felipe Neri-, porque Dios no pide cuenta de las cosas hechas por obediencia, habiendo Él mismo dicho: “El que os escucha, me escucha a Mí, y el que os desprecia, a Mí me desprecia. Por fin, la misma Madre de Dios reveló también a Santa Brígida que por el mérito de su obediencia había alcanzado del Señor que todos los pecadores arrepentidos que acudiesen a Ella sean perdonados.




¡Ah Reina y Madre nuestra!, rogad a Jesús por nosotros, y alcanzadnos por el mérito de vuestra obediencia el ser fieles en someternos a su voluntad y a los preceptos de nuestros padres espirituales. Amén 


martes, 27 de junio de 2017

27 DE JUNIO, NUESTRA MADRE DEL PERPETUO SOCORRO

Escucha a este pecador que confía en tu Misericordia y Piedad y socórreme, Piadosísima Madre del Perpetuo Socorro

¡Santísima Virgen María, que para inspirarme confianza habéis querido llamaros Madre del Perpetuo Socorro! Yo os suplico me socorráis en todo tiempo y en todo lugar; en mis tentaciones, después de mis caídas, en mis dificultades, en todas las miserias de la vida y, sobre todo, en el trance de la muerte. Concédeme, ¡oh amorosa Madre!, el pensamiento y la costumbre de recurrir siempre a Vos; porque estoy cierto de que, si soy fiel en invocaros, Vos seréis fiel en socorrerme. Alcanzadme, pues, la gracia de acudir a Vos sin cesar con la confianza de un hijo, a fin de que obtenga vuestro perpetuo socorro y la perseverancia final. Bendecidme y rogad por mí ahora y en la hora de mi muerte. Así sea.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Rogad a Jesús por mí, y salvadme



lunes, 26 de junio de 2017

MADRE DE DIOS

¡Oh Virgen María! ¡Con cuánta devoción debería mi corazón abrirse y darse todo a Ti!

Te doy gracias, Señor, desde lo más íntimo del corazón porque te dignaste tomar por nosotros, indignos y miserables, nuestra naturaleza, y quisiste, al nacer de la Virgen, ser amamantado, ser adormecido en su seno, y estar sujeto a Ella. Tú que conservas y gobiernas todas las cosas, te has dignado iluminarme mostrándome que tienes una Madre, y me has concedido, a mí, indignísima criatura, que pueda y me atreva a saludarla… ¡Oh Virgen María! ¡Con cuánta devoción debería mi corazón abrirse y darse todo a Ti! Mi boca debería henchirse de una admirable dulzura, cuando te saludo, ¡oh dulce y benigna Señora!, y cuando bendigo el fruto de tu seno. ¿Cómo es posible, Madre mía, que, al saludarte, no me sienta inundado de tanto placer que olvide por Ti y por tu Fruto todas las cosas de este mundo? ¿Hay algo que puedas escuchar con más gusto que el saludo, que te reconoce Madre de Dios? Tú quieres que los hombres se gocen en Ti, de tal modo que su amor y su afecto termine siempre en Aquél, de quien eres Madre; porque Tú sólo deseas una cosa, ser saludada y conocida como Madre de Dios

San Buenaventura




sábado, 17 de junio de 2017

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

Yo os escojo por Madre de mi alma en honor y memoria del placer que el mismo Dios tuvo al elegiros por Madre suya

¡Oh Virgen amabilísima! Habéis hallado gracia delante de Dios para concebir a su Divino Hijo y habéis recibido todas las gracias, ¡oh humildísima María! para asistirnos en nuestras necesidades, como en efecto lo hacéis. Vos ayudáis a los buenos sosteniéndolos, y socorréis a los malos disponiéndolos a recibir la divina misericordia. Vos protegéis a los moribundos contra las asechanzas del demonio y los amparáis aun después de la muerte, recibiendo sus almas y conduciéndolas a la morada de los bienaventurados, a donde os suplicamos os dignéis conducirnos a todos. Amén.

Venerable Abad de Cilles




martes, 13 de junio de 2017

SEGUNDA APARICIÓN - 13 DE JUNIO DE 1917

Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios

Había pasado un mes. El escenario, el mismo. Los personajes, idénticos. Lucía:
«Quería pedirle que nos llevase al Cielo»
La Virgen:
«Sí, a Jacinta y a Francisco los llevaré pronto. Pero tú te quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado; a quien la abrazare le prometo la salvación; y estas almas serán amadas con predilección por Dios, como flores puestas por mí para adornar su trono» 
Lucía:
«¿Me quedo aquí sola?»
La Virgen:
«No, hija. ¿Y tú sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.
 
Fue en el momento en que dijo estas palabras cuando la Virgen abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de esa luz inmensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba al Cielo y yo en la que se esparcía sobre la tierra. Delante de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora estaba un corazón, cercado de espinas, que parecían estar clavadas en él. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la Humanidad que pedía reparación»

domingo, 11 de junio de 2017

DICHOS DE LOS SANTOS EN ALABANZA DE LA VIRGEN

Este molde perfectísimo es María, y nosotros somos la materia

Como quiera que toda nuestra perfección consiste en estar conformes, unidos y consagrados a Jesucristo, resulta que la más perfecta de la devociones será la que más nos conforme, nos una y nos consagre totalmente y lo más perfectamente posible a Cristo. Ahora bien: Siendo María la Criatura más conforme a la voluntad de Cristo, se sigue que, la entrega más completa y total a Ella, es la que más nos une y nos hace vivir consagrados totalmente a Cristo...

De dos maneras puede un escultor sacar al natural una estatua. La primera es usando su fuerza y sabiduría, y con buenos instrumentos ir labrando la figura… Largo, difícil y expuesto es este primer modo: un golpe mal dado bastaría para echarlo todo a perder. En cambio, el segundo modo es mucho más fácil y menos peligroso; bastaría con tener un molde perfecto y que la materia empleada sea completamente manejable… Este molde perfectísimo es María, y nosotros somos la materia, que si nos damos totalmente a Ella y no le oponemos resistencia, nos hará completamente semejantes a Cristo, cual es la figura del molde que es Ella misma.

San Luís María Grignión de Monrfort



lunes, 5 de junio de 2017

¡OH MADRE DE FÁTIMA!

María, Reina del Rosario

Regina Sacratissimi Rosarii, ora pro nobis!

¡Oh Santísima Virgen María!, que en vuestra última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, así públicas como privadas. Infundid en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honraros a Vos, acompañando vuestros gozos, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal protección y asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de la muerte.