Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

domingo, 12 de julio de 2015

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

PONE DOS VECES EN ACELERADA FUGA UN PEQUEÑO NÚMERO DE CRISTIANOS A UN PODEROSO EJÉRCITO DE TURCOS, POR EL PODER CELESTIAL VINCULADO AL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN


El Rvdo. P. Mtro. Fr. Juan Bonet nos refiere que siendo Gobernador de Calabria el Gran Mestre de la Orden Militar de San Juan, Hurruitiner, aragonés de nacimiento y fervoroso devoto de la Virgen del Carmen, amaneció una mañana en el puerto y las playas de esta bella ciudad la armada turca, a las órdenes del General Zigala, quien desembarcó setenta mil hombres, intentando adueñarse por sorpresa de la plaza, ya que cogía del todo desprevenido a los defensores. Mas el Gobernador, hombre de fe, animoso y decidido como todos los maños, alentaba a sus huestes que, inferiores infinitamente en número, pues (sólo había podido reunir, entre infantes y de caballería, unos mil doscientos), se hallaban indecisos entre dar o rehusar el combate, puesto que ya se habían adueñado de muchos pertrechos así como de las principales posiciones. No obstante ser tanto en número, no desmayaba el ánimo del valiente capitán y enardecía a sus aguerridas huestes haciéndoles ver que lograrían infaliblemente el triunfo. Como alguno lo tomase a burla o a chanza, y uno de sus capitanes, tomando la palabra en nombre de todos, le dijese que: "¿Con qué armas y hombres hemos de resistir a setenta mil enemigos que nos cercan?", el piadoso y valeroso Hurruitiner, sacando su Escapulario del pecho, se les mostró elevándolo en sus manos y les dijo: "Este es la verdadera esperanza de nuestra indefectible victoria." Lanzados decididos al combate y saliendo él al frente de sus huestes el primero, le siguieron todos sin vacilar y arremetiendo con una fe ciega contra aquel ejército tan numeroso, no sólo lo diezmaron y arrollaron con su ímpetu incontenible, sino que le pusieron en precipitada y desesperada fuga. Los que escapaban a tan espantosa mortandad, se contentaban sólo con defenderse para saltar a sus naves y hacerse a la mar lo más pronto posible. Murieron en tal refriega un sin fin de infieles, sin que por parte de nuestros soldados hubiera que lamentar ni una sola baja.

Zigala, irritado, viendo frustrada su guerrera expedición, rehízo como pudo sus maltrechas huestes, decidiendo dar un asalto a la ciudad de Blanco, pero avisado Hurruitiner por los espías que observaban de cerca el rumbo de su flota, salió de nuevo contra ellos.

Dispuestas las huestes de don Jerónimo, marcharon aceleradamente al lugar que de antemano se les indicara, a fin de impedir el desembarco; mas por pronto que llegaron, ya los turcos habían ganado la orilla, aunque no estaban aún dispuestos ni aparejados para el combate. Alienta entones Hurruitiner a su gente e irrumpe con tal ímpetu sobre las huestes enemigas, que rompiendo el cerco se entró en la ciudad, sin que pereciera de los suyos ni un solo hombre. Ya dentro de la ciudad de Blanco, tomaron las tropas un leve refrigerio y, alentados con los pasados prodigios, salieron con buen orden de la ciudad, dispuestos a dar la batalla decisiva a los turcos y cayendo por segunda vez sobre éstos, les hicieron tal mortandad que los más emprendieron precipitadamente la fuga hacia sus embarcaciones, a fin de hacerse a la mar, sin pensar en nuevas y desastrosas aventuras como la pasada, sirviendo sólo de ocasión todos estos lances para que admiremos que el Santo Escapulario es inexpugnable escudo con el que la Santísima Virgen quiere sacarnos siempre indemnes e ilesos del poder de nuestros adversarios, a fin de que, constantemente, le demos la más rendidas y fervientes acciones de gracias por sus inenarrables bondades.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.D.



sábado, 4 de julio de 2015

ORACIÓN A LA BEATÍSIMA VIRGEN DEL MONTE CARMELO

No permitáis, Señora mía, que el león rugiente asuste mi espíritu en el camino de la perfección
¡Oh piadosísima Virgen! Vos, que nueve siglos antes de existir fuisteis vista en profecía por el siervo de Dios nuestro Padre San Elías, y venerada por sus hijos allá en el Carmelo... Vos, que en carne mortal os dignasteis visitarles y les dispensasteis celestiales consuelos... Vos, que vigiláis siempre por la virtuosa familia que tuvo por Superior a vuestro estimado hijo San Simón Stock, por Padres y reformadores a la Seráfica Virgen y mística Doctora Santa Teresa de Jesús y al esclarecido y extático San Juan de la Cruz, así como por una de sus dignísimas hijas a la ejemplar Esposa de Jesucristo Santa María Magdalena de Pazzis, vuestra devotísima sierva... Vos, que engalanasteis a dicha Orden con la estimable prenda del Santo Escapulario.., y, en fin, Vos, que de tantas maneras habéis demostrado vuestro cariñoso amor a los carmelitas y sus allegados, recibid benévola mi corazón ardiente de fervoroso entusiasmo hacia la más pura de las criaturas y la más candorosa de las madres. No permitáis, Señora, que el león rugiente asuste mi espíritu en el camino de la perfección, y haced que logre arribar a salvamento en la gloria, como lo habéis alcanzado de vuestro Divino Jesús para los que, invocándoos con fe e imitando vuestras virtudes, murieron píamente con vuestra enseña. Amén.




miércoles, 1 de julio de 2015

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

DEFIENDE NUESTRA MADRE DEL CARMEN UNA CIUDAD AMENAZADA POR LOS HEREJES

Virgen del Carmen, Almería
El venerable P. Fr. Juan de Lezana nos dice que, habiendo las huestes luteranas destruido sin gran resistencia varias ciudades católicas, llegaron cierto día muy cerca de Geldría, y sabiendo por un soldado desertor o tránsfuga que se hallaba mal defendida y poco pertrechada, hacia ella encaminaron sus depravados designios. Cautelosamente se acercaron a media noche a los muros de la ciudad, rodeándola y cercándola por doquier, para que, al despuntar la aurora, les cogiese desprevenidos y lanzarse inesperadamente al asalto, si es que no lograban escalarla y pasarla a cuchillo durante la noche. Mas no era tan cerrada y oscura la noche que los centinelas de las murallas no divisaran en la penumbra algo extraño y percibieran el murmullo quedo de sus pisadas. Dieron aviso al punto al Gobernador y éste, convocando a toda prisa a su estado mayor y consejeros, después de oírles, se dio cuenta de que era imposible toda defensa natural, por lo cual se acogió al patrocinio y protección de la Virgen del Carmen, ordenando a todos se trasladasen con él a su templo para invocarla con fe y confianza. En efecto, al llegar se encontraron a la Virgen en su trono (pues había salido en procesión la tarde antes) y como propicia a repartir mercedes. Entonces el Gobernador, en nombre de todos, postrado de hinojos a sus plantas, la hizo una fervorosa súplica, entregándole las llaves de la ciudad, y entre lágrimas y suspiros la dijo: "Oh María, amparo y salvación del pueblo cristiano, socorre en este peligro a tu pueblo de Geldria".

Apenas pronunciadas estas palabras y mientras se rezaba el Trisagio para aplacar a la Divina Justicia por las ofensas que se le hubiesen inferido, la omnipotencia suplicante de María Santísima desencadenó todos los elementos y horrísonos truenos y trombas de agua y vientos huracanados se desataron contra los enemigos de la fe, que aun a los que favorecía la Santísima Virgen llenaban de espanto. Y no siendo bastante para que se retirasen los enemigos, tomando forma visible la Santísima Virgen se mostró a sus ojos espantados, capitaneando un formidable ejército, manifestándose a sus ojos tan airados que corrieron en precipitada fuga. Dejaron el campo lleno de víveres y municiones y al verse libres los sitiados, corrieron a dar gracias a la Virgen del Carmen por tan señalado favor, sacándola en procesión y dedicándole una fiesta anual, que se celebraba con fervor delirante.


REFLEXIÓN GRATULATORIA

¡Oh Capitana invicta de los ejércitos de Dios, cuyo primer paso en la tierra fue un glorioso triunfo sobre el príncipe del mal! No son estos solos los victoriosos triunfos que vuestra piedad ha dado por vuestro bendito Escapulario a sus devotos: sólo es poner al referirlos un incentivo a la devoción de vuestros cofrades fervorosos, a fin de que os invoquen en toda suerte de peligros semejantes, y para que fervorosa crezca en vuestras glorias y alabanzas la piedad de los fieles. Amén.




lunes, 29 de junio de 2015

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA


Vos sois, ¡oh María! la verdadera mujer fuerte en quién el Señor ha encontrado reposo, y a quien ha hecho depositaría de todos sus tesoros. El universo entero honra vuestro casto seno como el verdadero templo de Dios donde ha comenzado la salud del mundo, y donde se ha efectuado la reconciliación entre Dios y el hombre. Vos sois el paraíso cerrado donde no ha podido penetrar el pecado para devastarlo; Vos sois el hermoso jardín en que Dios ha colocado todas las flores que adornan su Iglesia, y entre otras la hermosa violeta de vuestra humildad y la aromática rosa de vuestra caridad. ¡Oh, Madre de gracia y de bondad! ¿A quién podremos compararos? Vos sois el paraíso de Dios; de Vos brota la fuente de agua viva que riega la tierra y la fecunda; vuestros sufrimientos en el Calvario os han hecho merecedora de ser el acueducto saludable del género humano, y por Vos ha recibido el mundo inmensos beneficios. Dignaos hacer que lleguen hasta nosotros los benéficos efectos de vuestra poderosa influencia, para que lavados en sus purísimas aguas, podamos algún día ser admitidos en el reino eterno en donde no tiene entrada la más leve mancha. Amén.

ANÓNIMO



domingo, 28 de junio de 2015

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA

NO EXPLOTARON LAS BOMBAS


El 3 de agosto de 1936, el alférez de aviación, villa caballos, que luego murió en el frente, arrojó saber la basílica del Pilar varias bombas, las cuales no explotaron, según él mismo cuenta:

“La cosa fue de este modo, El coronel Sandino recibió en Barcelona, donde yo prestaba entonces mis servicios, la confidencia de que dentro del Templo del Pilar se recogían durante la noche algunas centurias de Falange Española. Sandino es como mi padre espiritual. Tiene en mis condiciones de piloto una confianza absoluta. Me llamó aparte y me dijo: tienes que salir esta noche para un servicio especial. Vas a volar sobre Zaragoza a bombardear el Templo del Pilar… Me dispuse a cumplir lo ordenado. Preparé mi aparato y mandé equiparlo con seis bombas de cincuenta kilos cada una. Salí el aeródromo del Prat de Llobregat con tiempo magnífico. Desde nuestro frente de Aragón me habían enviado datos sobre las condiciones atmosféricas. Todo invitaba a elevarse, noche tranquila, visibilidad absoluta gracias a la luna llena, horizonte despejado…

Volé hasta Zaragoza sin la menor novedad. Estaba seguro de que mi llegada había de ser una gran sorpresa y de que nadie me aguardaba. Iba a bastante altura, pero una vez que me encontré sobre la ciudad, descendí tranquilamente y empecé a fijarme en las siluetas de la seo y del Pilar. Divisaba perfectamente los dos templos. No tuve, pues, inconveniente en colocarme encima del segundo. Los que me vieron debían creer por algunos signos del aparato que se trataba de un avión amigo. El caso es que llegué a descender hasta unos cincuenta metros sobre las bóvedas de la iglesia. Di una pequeña vuelta a fin de centrar bien mis blancos y, una vez que obtuve la seguridad del éxito, lancé cuatro bombas seguidas, una cayó al río, dos entraron en el Templo, lo vi perfectamente, la cuarta cayó delante de la puerta. Me eleve rápidamente a fin de evitar los efectos de la explosión y, cuando hube ganado altura, advertí que la explosión no llegaba. Mi asombro no tuvo límites. ¿Qué acontecía? Rondé el Pilar durante un par de minutos y nada. No estallaron las bombas. Me quedé perplejo. Estuve tentado de lanzar las dos que e quedaban en el aparato, pero mi extrañeza fue tan que preferí poner rumbo a Barcelona y averiguar la causa de lo ocurrido”.

¿No le pareció al coronel Sandino poco verosímil que pernoctasen las tropas en una iglesia? ¿Ni se acordaba que él mismo había sido bautizado en ese Santuario? Reconoce el aviador que por algunos signos debieron creer en Zaragoza que era avión amigo. Efectivamente, llevaba las luces encendidas y engañosamente pintada la bandera nacional. Después, los informes técnicos del Parque de Artillería confirmaban que la bombas llevaban espoleta, no les faltaba nada… nadie se explicaba por qué no explotaron… nadie, excepto Sta. María, la Reina y los ángeles “poderosos ejecutores de las órdenes divinas” (Salm. 102).

P. José Luis de Urrutia, S. I. Colección: “Apariciones de la Virgen”



domingo, 31 de mayo de 2015

SANTA MARÍA REINA

Beáta es, Virgo María, quae sub cruce Dómini sustinuísti. Nunc cum eo regnas in aetérnum

El pueblo cristiano, con su instinto certero, ha reconocido siempre la dignidad real de la Madre del “Rey de reyes y Señor de los señores”. Padres, Doctores y Papas se han hecho a lo largo de los siglos sus intérpretes autorizados y el triunfal testimonio de esta universal creencia brilla en los esplendores del arte y en la clara catequesis de la liturgia. Por su parte, los Teólogos han demostrado con éxito cuán acreedora es la Madre de Dios al Título de Reina, por su íntima asociación a la obra redentora de su Hijo y por su misión de mediadora de todas las gracias.

Respondiendo al deseo unánime de los fieles y de los pastores, Su Santidad Pío XII, con su encíclica del 11 de octubre de 1954, instituyó la fiesta de María Reina, aprobando así el culto que en su corazón rendían ya todos a la Soberana Reina de cielos y tierra.


ORACIÓN

Concédenos, Señor, que quienes celebramos la solemnidad de la Bienaventurada Virgen María, Reina nuestra, merezcamos con su apoyo conseguir la paz en esta vida y la gloria en la otra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén


miércoles, 20 de mayo de 2015

MARÍA Y LOS SANTOS


1) Ante Dios, los ruegos de los santos son ruegos de amigos, pero los ruegos de María son ruegos de Madre (San Alfonso).

2) Siempre tuve fe en María Auxiliadora y he visto suceder cosas admirables (San Juan Bosco).

3) Había trabajado mucho por convertir a un gran pecador y nada lograba. Entonces decidí encomendárselo totalmente a la Santísima Virgen y la gracia se obtuvo prontamente (Santa Gemma Galgani).

4) He recomendado muchas veces a la gente que repita frecuentemente esta oración: “Oh María, rogad a Jesús por mí” y los resultados obtenidos son maravillosos (San Alfonso Ligorio).

5) Si tú haces algo por la Virgen María, la Virgen María hará mucho por ti (Siervo de Dios Felipe Rinaldi).

6) Hay que predicar a todos, grandes y chicos, que son hijos de María santísima, que ella los quiere librar de los peligros del mundo y llevarlos a la gloria celestial, y que a los que la honran con sus oraciones y con el cumplimiento exacto de su deber, ella les concederá infinitas gracias y favores (San Juan Bosco).

7) Nunca he visto que un pecador haya rezado con fe y perseverancia a la Santísima Virgen y haya tenido mala muerte (San Alfonso).

8) Si yo no tuviera a la Madre de Dios, que me defiende a cada paso de los peligros del alma, ya habría caído en poder de Satanás (Santo Cura de Ars).

9) Hay una novena bienaventuranza. Dice así: Bienaventurados los devotos de la Santísima Virgen, porque tendrán sus nombres escritos en el libro de la Vida Eterna (San Buenaventura).

10) Cuando las tentaciones pongan en peligro tu salvación, y la tristeza te quite las fuerzas y los deseos de seguir trabajando por conseguir la santidad, acuérdate de María y llámala en tu ayuda; llámala insistentemente como el niño aterrorizado pide ayuda a su madre, y ella que es causa de nuestra alegría, correrá a ayudarte. Te desafío a que hagas la prueba. No te fallará ni una sola vez (San Bernardo).




domingo, 17 de mayo de 2015

HISTORIA PARA NIÑOS... ¿O ADULTOS LLENOS DE FE?

¿Debemos juzgar por las apariencias?

Una limosna, por el amor de Dios. Una limosna…

-Ya te he dicho que no tengo nada.
-¡Fuera de aquí so perezoso! ¡No molestes más!

Reprensiones y humillaciones como ésas formaban parte del día a día de Lucrecio, un pobre jorobado que  llevaba muchos años vagando por aquella pintoresca ciudad entre colinas.

Nadie sabía a ciencia cierta su origen: algunos decían que había sido abandonado por sus padres siendo aún muy pequeño, porque no tenían condiciones de mantenerlo o quizá, porque nació con esa irreversible deformación… Meras hipótesis, pues ni él mismo sabía de dónde venía.

Había salido numerosas veces en busca de empleo, para poder ganarse lo suficiente para subsistir, pero a causa de su cuerpo deformado siempre recibía la misma respuesta:

-¡¡¡No!!!...

Ni siquiera tenía un sitio donde cobijarse. Vivía al aire libre, refugiándose ora en alguna cueva, ora en casa de alguna alma caritativa, lo cual era extremadamente raro. Se podía decir que Lucrecio era un monumento de desdichas. Todos lo rechazaban, no conseguía nada de lo que deseaba y con muchísima dificultad obtenía el pan de cada día.

Sin embargo ese pobre hombre era portador de un alma de oro, resignada con la voluntad de Dios y muy devota de su Santísima Madre. Mientras iba andando por las calles, con saco bastante gastado donde ponía lo que le daban, solía rezarle a María pidiéndole que bendijera su jornada. Tenía tanto entusiasmo por la Virgen de las vírgenes que era frecuente verlo improvisando canciones en su honor.

Un día decidió marcharse a una zona de la ciudad que no acostumbraba frecuentar, pues en el sitio donde hasta entonces mendigaba diariamente se le habían cerrado todas las puertas. ¿Sería esto una actitud prudente? Si donde ya lo conocían le negaban ayuda, ¡imaginemos cómo sería tratado en un lugar donde nunca lo habían visto! Pero no tenía otra salida: o se exponía a correr ese riesgo, o moriría de hambre… Se echó su vacío saco al hombro y empezó su lento caminar.

Subiendo por aquí, bajando por allá, Lucrecio iba recorriendo senderos desconocidos. Poco a poco se fue dando cuenta de que el panorama que se desvelaba ante sus ojos era bien diferente: las casas eran más grandes y más bonitas, las ventanas adornadas con flores, las calles empadradas. Entonces dijo para sí:

-En casas tan grandes como esas debe de haber mucho espacio… Ya se está haciendo de noche y no he conseguido ni un pedazo de pan. ¡Virgen Santísima, váleme! ¿No será que alguien de aquí me hospedaría?

Resolvió probar suerte llamando a la puerta de la casa más cercana. Tras unos instantes  de silencio, se oyó la suave voz de una mujer. Se trataba de una rica viuda, Margarita, que vivía allí con su único hijo, Leopoldo, que se encontraba de viaje.

-¿Quién es? –preguntó.
-Una limosna, por caridad, o al menos algo para comer…
-Espera un momento.

La puerta se abrió y Margarita le entregó unos panes. Pero al ver su cansada y sufrida fisonomía, y además su enorme joroba, tuvo compasión.

-Entra. Creo que es conveniente que pases la noche aquí. A estas horas las calles son muy peligrosas.

Lleno de alegría, aunque estupefacto por tan generosa recepción, Lucrecio le contó un poco de su historia y entró en la casa, donde la fue servida una deliciosa cena y preparada una habitación para dormir.

A la mañana siguiente, agradeció efusivamente la acogida y, despidiéndose, ya se marchaba para continuar con su vida de mendigo.

-¿A dónde vas ahora? –le preguntó Margarita.

Y no obtuvo respuesta…

-¿Qué opinas de trabajar aquí? Me parece que en el jardín habría mucho que hacer.

Lucrecio no se podía creer lo que estaba escuchando y aceptó la propuesta. ¡Era una respuesta a sus oraciones! Sin embargo, ¿qué diría Leopoldo cuando volviese y encontrase en su casa a un pobre jorobado? Faltaban dos semanas para  que regresara de viaje…

Infelizmente Leopoldo no tenía el corazón generoso y cristiano de su madre. Era muy apegado al dinero y al ver al nuevo jardinero se llenó de cólera y le insistió a su madre para que lo despidiera.

Al percibir lo que estaba sucediendo, Lucrecio decidió abandonar la casa en secreto para no ser motivo de peleas o tristeza para la buena mujer. En mitad de la noche, mientras todos dormían, cogió su viejo saco, relleno con los obsequios que había recibido de Margarita, y silenciosamente escaló el muro.

En ese momento pasaba por la calle un guardia. Cuando vio aquella extraña figura sobre el muro empezó a gritar:

-¡Al ladrón! ¡Al ladrón!

El vecindario entero acudió para ver qué estaba pasando. Cogieron al pobre infeliz, que hizo de todo para alegar su inocencia, pero no sirvió de nada. A pesar de la defensa de Margarita, su hijo testificó en su contra, inventándose acusaciones absurdas que, no obstante, fueron dadas por verdaderas. El tribunal de la ciudad lo condenó a la horca, como un vil malhechor. Lucrecio no tenía nada que hacer. Sólo se encomendó a la Virgen, confiando en que Ella resolvería su caso…

Finalmente, llegó el día señalado para la ejecución. Mientras iba andando hacia el patíbulo, Lucrecio rezaba:

-¡Virgen Santísima, ven en mi auxilio! ¡María Santísima, socórreme!

Los verdugos lo colgaron de la cuerda y se quedaron a la espera de su muerte. Muchos de los asistentes se alegraban, pues por fin ese jorobado tan desagradable no volvería a molestarles. Pero el tiempo pasaba y el reo no moría… Al contrario, se volvía cada vez más sonriente y con mejor aspecto.

-¡Se está haciendo el vivo! –exclamó el alcalde de la ciudad.

Y ordenó que lo dejaran suspendido allí dos días más. Al expirar el plazo y comprobar que Lucrecio estaba realmente vivo, el alcalde mandó que lo soltaran, porque aquello era un milagro que probaba su inocencia. Asombrado, le preguntó al jorobado a respecto de lo que había pasado:

-Pues, como siempre he tenido mucha devoción a la Virgen, me encomendé a Ella para que me ayudase en mi última hora. En el instante de la ejecución vino una hermosísima señora a sostenerme en el  aire, impidiendo que la cuerda me ahorcase, y ahí permanecí hasta hace poco… Sentía tanta alegría que habría sido mejor que no me hubieran sacado de la horca.

Es evidente que, ante tamaño milagro, Lucrecio fue absuelto. Y los habitantes del lugar aprendieron que no se debe juzgar por las apariencias… Poco después, ingresó en un monasterio, en el que, años más tarde, moriría en olor de santidad.

Hna. Ariane Heringer Tavares, EP

Fuente revista "Heraldos del Evangelio", número 138, enero 215



martes, 5 de mayo de 2015

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

 Los Ángeles y los Arcángeles sirven con temor a Aquel que habita en tu seno, y no se atreven a hablarle; Tú, sin embargo, hablas con él libremente

¡Oh Virgen!, tu gloria supera todas las cosas creadas. ¿Qué hay que se pueda semejar a tu nobleza, Madre del Verbo Dios? ¿A quién te compararé, ¡oh Virgen!, de entre toda la creación? Excelsos son los ángeles de Dios y los arcángeles, pero ¡cuánto los superas Tú, María! Los ángeles y los arcángeles sirven con temor a aquel que habita en tu seno, y no se atreven a hablarle; Tú, sin embargo, hablas con él libremente. Decimos que los querubines son excelsos, pero Tú eres mucho más Excelsa que ellos: los querubines sostienen el trono de Dios; Tú, sin embargo, sostienes a Dios mismo entre tus brazos. Los serafines están delante de Dios, pero Tú estás más presente que ellos; los serafines cubren su cara con las alas no pudiendo contemplar la gloria perfecta; Tú, en cambio, no sólo contemplas su cara, sino que la acaricias y llenas de leche su boca santa.

Acoged, ¡oh Virgen Santísima!, nuestras súplicas, y acordaos de nosotros.
Dispensadnos los dones de vuestras riquezas y de la abundancia de las gracias de que estáis llena.
El Arcángel os saluda y os llama llena de gracia.

Todas las naciones os llaman bienaventurada, todas las jerarquías del Cielo os bendicen, y nosotros, que pertenecemos a la jerarquía terrestre, os decimos también Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo; ruega por nosotros, ¡oh Madre de Dios!, Nuestra Señora y nuestra Reina.

San Atanasio de Alejandría





sábado, 2 de mayo de 2015

DULCE ENCUENTRO CON MARÍA (Audios)

Nuestra Señora de la Merced, Patrona de Perú. Nuestra Señora de La Alta Gracia, Patrona de República Dominicana. Nuestra Señora Chiquinquira, Patrona de Colombia.

Nuestra Señora de la Merced, Patrona de Perú

Nuestra Señora de La Alta Gracia, Patrona de República Dominicana

Nuestra Señora Chiquinquira, Patrona de Colombia

Para escuchar el audio, pinchar AQUÍ y AQUÍ

viernes, 1 de mayo de 2015

¡¡¡AVE MARÍA!!!

"De Maria nunquam satis"
(Santa María del Alcor, Patrona de El Viso del Alcor - Sevilla)

Es tan grande la dulzura de este bendito saludo, que no admite explicación con palabras humanas. Resulta en efecto siempre más elevado y profundo de lo que pueda comprender toda criatura. Por eso doblo una vez más las rodillas delante de Ti, Santísima Virgen María, y digo: "Ave María llena de gracia". Clementísima Señora mía, Santa María, acepta este tan devoto saludo y, con él, acéptame también a mí, para que pueda yo tener algo que sea de tu agrado, que fortalezca mi confianza en ti, que encienda en mí un amor cada vez más grande y me conserve por siempre devoto a tu Santo Nombre.

Quiera el cielo que, para satisfacer mi deseo de honrarte y de saludarte eternamente desde lo profundo del corazón, todos mis miembros se transformen en lenguas y las lenguas en voces de fuego. Madre de Dios, quisiera poder dirigirte este saludo como pura y santa ofrenda de oración, en expiación de todas mis culpas, por las cuales he merecido la ira divina, he entristecido gravemente a tu Hijo, he deshonrado y ofendido muy a menudo a Ti y a toda la corte celestial.

Dado que mi vida es frágil y caduca a causa de todos mis excesos, de todas mis negligencias, de todos los pensamientos vanos, inmundos y perversos, quiera el cielo que todos los espíritus bienaventurados y las almas de los justos, con purísima devoción y muy ardiente plegaria, te dirijan, ¡Oh Beatísima Virgen María!, y repitan cien veces en tu honor el altísimo saludo con que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueron los primeros en querer saludarte por medio del ángel. De alguna manera, hallaría así un digno incienso de suave fragancia, ya que en mí nada hay de bueno ni nada que merezca recompensa.

Pero ahora me postro ante Ti, impulsado por sincera devoción; y totalmente encendido en veneración hacia tu suave nombre, te repito el gozo de aquel saludo nuevo, jamás oído hasta entonces, cuando el Arcángel Gabriel, enviado por Dios, entró en la intimidad de tu morada y, doblando reverente las rodillas, te rindió honor al decirte: "Ave, llena de gracia, el Señor es contigo". Yo deseo, en consonancia con la preciosa costumbre de los fieles y, en todo lo posible, con labios puros, dirigirte este saludo, como también deseo, desde lo profundo del corazón, que te lo dirijan del mismo modo todas las criaturas: "Ave, María, llena de gracia.
El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es, el fruto de tu vientre, Jesucristo. Amén".

Este es el saludo angélico, compuesto por inspiración del Espíritu Santo, del todo adecuado a tu Dignidad y a tu Santidad. Es una oración pobre en palabras, pero rica en misterios. Breve como discurso, pero profunda como contenido; más dulce que la miel y más preciosa que el oro, digna de repetirse con mucha frecuencia de todo corazón, devotamente y con labios puros, porque, aunque sea el resultado de muy pocas palabras, se esparce en un vastísimo torrente de celestial suavidad.

Pero ¡ay! de aquellos que se aburren, que la rezan sin devoción, que no reflexionan sobre sus palabras más valiosas que el oro, que no saborean sus copas de miel, que tantas veces recitan el Avemaría sin atención ni respeto. ¡Oh dulcísima Virgen María!, presérvame de una tan grave negligencia y falta de atención, perdona mi pasado desempeño. Seré más devoto, más fervoroso y más atento al recitar el Avemaría, cualquiera sea el lugar en que pudiera hallarme.

Ahora, después de estas consideraciones, ¿qué te pediré, mi muy querida Señora? Para mí, indigno pecador, ¿hay algo mejor, más útil, más necesario que hallar gracia delante de ti y de tu amadísimo Hijo? Por lo tanto, pido la gracia de Dios por tu intercesión, ya que, como afirma el ángel, tú has encontrado la plenitud de la gracia ante Dios.

Nada de lo que pida es más precioso que la gracia, ni tengo necesidad de ninguna otra cosa fuera de ella y de la misericordia de Dios. Me basta su gracia y no necesito nada más: sin la gracia, en efecto, ¿qué resultado tendría cualquier esfuerzo mío? En cambio, ¿qué puede ser para mí imposible, si me asiste y me ayuda la gracia? Tengo muchos y diversos defectos espirituales, pero la gracia de Dios es una medicina eficaz contra todas las pasiones y si Él se dignara socorrerme, las atenuará a todas.

Adolezco asimismo de pobreza en sabiduría y en ciencia espiritual, pero la gracia de Dios es suprema maestra y dispensadora de la disciplina celestial. Por consiguiente, ella me basta para instruirme en todos los asuntos necesarios, y me disuade de buscar cualquier cosa fuera de lo imprescindible, y de querer conocer temas más allá de lo lícito. Pero amonesta y enseña a humillarse ya contentarse solamente con ella.

Por lo mismo, ¡Oh clemente Virgen María!, consígueme con tus ruegos está gracia, que es tan noble y preciosa: que yo no desee ni pida nada más que la gracia por la gracia.

"Imitación de María", del Beato Tomás de Kempis