Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

martes, 17 de septiembre de 2013

EL CORAZÓN DE TU SANTÍSIMA MADRE


Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas

domingo, 15 de septiembre de 2013

DOLORUM B. MARIAE VIRG.

Cuando mi cuerpo esté muerto,
haz que mi alma consiga
gozar contigo en el cielo
de aquella gloria infinita
V. Oh Dios, atended a mi socorro:
R. Acudid, Señor, luego a ayudarme.

Gloria al Padre… etc.

I. Os compadezco, oh María de los Dolores, por la aflicción que sintió vuestro tierno Corazón, al oír la profecía de Simeón el anciano. Amada Madre mía, por vuestro Corazón tan afligido, alcanzadme la virtud de la humildad y el don del santo temor de Dios.

Avemaría

II. Os compadezco, oh María de los Dolores, por la angustia que sufrió vuestro muy sensible Corazón durante la huída y permanencia en Egipto. Amada Madre mía, por vuestro tan angustiado Corazón, alcanzadme la virtud de la generosidad, particularmente para con los pobres, y el don de piedad.

Avemaría

III. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquellas ansias que sintió vuestro solícito Corazón, cuando perdisteis a vuestro querido Jesús. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal suerte agitado, alcanzadme la virtud de la castidad y el don de ciencia.

Avemaría

IV. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquella consternación que sintió vuestro Corazón, cuando encontrasteis a Jesús con la Cruz a cuestas. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal manera apenado, alcanzadme la virtud de la paciencia y el don de fortaleza.

Avemaría

V. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquel martirio que soportó vuestro generoso Corazón, cuando asististeis a Jesús agonizante. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal manera martirizado, alcanzadme la virtud de la templaza y el don de consejo.

Avemaría

VI. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquella herida que padeció vuestro Corazón, cuando aquella lanzada abrió el costado de Jesús e hirió su amantísimo Corazón. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal manera lacerado, alcanzadme la virtud de la caridad fraterna y el don de entendimiento.

Avemaría

VII. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquel espasmo que sintió vuestro Corazón, al ser sepultado Jesús. Amada Madre mía, por vuestro Corazón en extremo afligido, alcanzadme la virtud de la diligencia y el don de sabiduría.

Avemaría

V. Rogad por nosotros, Virgen dolorosísima.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

OREMOS

Os rogamos, Señor Jesucristo, que la Bienaventurada Virgen María, cuya sacratísima alma, en la hora de vuestra Pasión, fue atravesada por una espada de dolor, interceda por nosotros ante vuestra clemencia, ahora y en la hora de la muerte, Por Vos, Jesucristo, Salvador del mundo, que con el Padre y el Espíritu Santo vivís y reináis, por los siglos de los siglos. Así sea.

Indulgencia de cinco años.
Indulgencia de siete años, cada uno de los días del mes de septiembre.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre si se repiten estas preces, durante un mes entero, todos los días. (Pío VII, Audiencia, 14 de enero 1815; S. Pen. Ap., 6 oct. 1935 y 3 abril 1941)

jueves, 12 de septiembre de 2013

DULCE NOMBRE DE MARÍA

Nuestra Señora del Dulce Nombre de María
Alcalá de Guadaira-Sevilla

ORACIÓN

Te suplicamos, ¡oh Dios omnipotente!, nos concedas que tus fieles, que se glorían del Nombre y la protección de la Santísima Virgen María, se vean libres por su piadosa intercesión, de todos los males en el tierra, y merezcan llegar a los goces eternos del cielo. Por Nuestro Señor Jesucristo.



domingo, 8 de septiembre de 2013

NATIVITATE B. MARIAE VIRG.

"Tu natividad, ¡oh Virgen Madre de Dios!, anunció la alegría al mundo entero; porque de ti salió el Sol de justicia, Cristo nuestro Dios"
Días antes de su parto, Ana había anunciado a su esposo Joaquín que este suceso se aproximaba. Envió ella mensajeros a Séforis donde vivía su hermana Maraha, al valle de Zabulón a casa de María Enué, hermana de Isabel y a Betsaida a la casa de su sobrina María Salomé para invitarlas a que viniesen a su casa. Vi a Joaquín la víspera del parto de Ana, enviar numerosos servidores a los parajes en que pacían sus ganados. Entre las nuevas criadas de Ana, no dejó en casa sino las indispensables para el servicio; él mismo fue al campo más inmediato.

Joaquín oró por largo tiempo, escogió los más hermosos corderos, cabritos y bueyes y los envió al templo como sacrificio de acción de gracias. No volvió a casa sino hasta la noche.

Las tres parientas de Ana llegaron al anochecer a la casa de Joaquín. La visitaron en el cuarto que seguía a la sala principal y la abrazaron.  Ana después de anunciarles la proximidad de su parto, estando de pié entonó con ellas un cántico en éstos o semejantes términos: “Alabad al Señor Dios; El ha tenido piedad de su pueblo, ha cumplido la promesa que hizo a Adán en el Paraíso, cuando le dijo que la descendencia de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente”

Después de ésta oración de bienvenida, se sirvió a las mujeres una pequeña cena de pan, frutas y agua mezclada con bálsamo.  Ellas comieron y bebieron de pié y después se fueron a dormir para descansar del viaje y Ana se quedó de pié y oraba.  A medianoche despertó a sus parientas para que orasen con ella; la siguieron y se colocaron detrás de una cortina en el sitio del lecho.

Abrió Ana las puertas de un pequeño nicho cavado en el muro y que encerraba reliquias en una caja. En ambos lados encendieron luces pero ignoro si eran lámparas. Un escabel rellenado estaba al pié de esa especie de altarcillo. En el relicario había cabellos de Sara, por quien Ana conservaba gran veneración, huesos de José que Moisés trajo de Egipto, cierta cosa de Tobías, quizá algún pedazo de vestido y el vasito brillante en forma de pera en el cual bebió Abraham cuando lo bendijo el ángel y que Joaquín había recibido con la bendición. Ahora sé que ésta bendición era de pan y vino y como un nutrimento o comida sacramental.

Ana se arrodilló delante del nicho, dos de las mujeres estaban a sus costados y la tercera a sus espaldas; Ana dijo entonces un cántico y creo que era sobre la zarza de Moisés.  En ese instante una luz sobrenatural llenó el cuarto y se movía y condensaba en derredor de Ana.  Las mujeres cayeron de cara como desvanecidas; la luz tomó en torno de Ana la forma de la zarza de Moisés en el Horeb, de suerte que no vi más a la esposa de Joaquín.  La llama radiaba hacia el interior y de repente, vi que Ana recibiese en sus brazos a la niña María toda resplandeciente; la envolvió en su capa, la estrechó contra su seno y enseguida la puso sobre el escabel ante el relicario y continuó en oración.  Entonces oí llorar a la niñita y vi que Ana sacaba pañales debajo del gran velo que la cubría.   Envolvió a la criatura hasta bajo sus brazos, dejando descubierto pecho, cabeza y brazos, la aparición de la zarza ardiendo se había disipado.

Las mujeres se levantaron y quedaron sorprendidas, verdaderamente emocionadas y tomaron a la recién nacida en sus brazos; ellas lloraban de puro contento. Todas entonaron un nuevo cántico en acción de gracias y Ana suspendió en el aire a la niña como para ofrecerla a Dios.

En ese instante vi de nuevo llenarse de luz el aposento y oí a muchos ángeles que cantaban “Gloria” y “Aleluya”. Entendí todo lo que decían: Anunciaban que a los 20 días, la niña recibiría el nombre de María.

Ana entró a su pieza para acostarse y se puso en la cama.  Las mujeres desnudaron a la niña, la bañaron y la envolvieron de nuevo.  Después de esto, la llevaron a su madre, cuya cama estaba dispuesta de manera que se podía poner en ella un canasto descubierto en donde la niña tenía un lugar aparte al lado de su madre.

Las mujeres llamaron entonces a su padre Joaquín, vino cerca del lecho de Ana, se arrodilló y derramó abundantes lágrimas sobre la niña; luego la levantó en sus brazos y entonó un cántico de alabanzas como Zacarías en el nacimiento de Juan.

En ese salmo habló del santo germen que, puesto por Dios en Abraham, se perpetuó en el pueblo de Dios con la alianza sellada por la circuncisión y que en ésta niña llegaba en su última florescencia. Oí además en éste cántico que la palabra del profeta Isaías: “Una vara saldrá de la raíz de Jessé”, estaba ahora cumplida.  Dijo también con mucho fervor y humildad que ahora moriría él de buena gana.

Beata Ana Catalina Emmerich

lunes, 2 de septiembre de 2013

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA

Cuando el mundo, el demonio y mis propias pasiones, coaligados para mi perdición, me persigan con sus tentaciones y quieran hacerme perder el tesoro de la divina gracia: 

¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
Se narra en la historia de las fundaciones de la Compañía de Jesús en el reino de Nápoles de un noble joven escocés llamado Guillermo Elphinstone. Era pariente del rey Jacobo, y habiendo nacido en la herejía, seguía en ella; pero iluminado por la gracia divina, que le iba haciendo ver sus errores, se trasladó a Francia, donde con la ayuda de un buen sacerdote, también escocés, y, sobre todo, por la intercesión de la Virgen María, descubrió al fin la verdad, abjuró la herejía y se hizo católico. Fue después a Roma. Un día lo vio un amigo muy afligido y lloroso, y preguntándole la causa le respondió que aquella noche se le había aparecido su madre, condenada, y le había dicho: “Hijo, feliz de ti que has entrado en la Verdadera Iglesia; yo, por haber muerto en la herejía, me he perdido”.

Desde entonces se enfervorizó más y más en la devoción a María, eligiéndola por su única Madre, y Ella le inspiró hacerse religioso, a lo que se obligó con voto. Pero como estaba enfermo, se dirigió a Nápoles para curarse con el cambio de aires. Y en Nápoles quiso Dios que muriese siendo religioso. En efecto, poco después de llegar, cayó gravemente enfermo, y con plegarias y lágrimas impetró de los superiores que lo aceptasen. Y en presencia del Santísimo Sacramento, cuando le llevaron el Viático, hizo sus votos y fue declarado miembro de la Compañía de Jesús.

Después de esto, era de ver cómo enternecía a todos con las expresiones con que agradecía a su Madre María el haberlo llevado a morir en la Verdadera Iglesia y en la Casa de Dios, en medio de los religiosos sus hermanos. “¡Qué dicha -exclamaba- morir en medio de estos ángeles!”

 Cuando le exhortaban para que tratara de descansar, respondía: “¡No, ya no es tiempo de descansar cuando se acerca el fin de mi vida!” Poco antes de morir dijo a los que le rodeaban: “Hermanos, ¿no veis los ángeles que me acompañan?” Habiéndole oído pronunciar algunas palabras entre dientes, un religioso le preguntó qué decía. Y le respondió que el Ángel le había revelado que estaría muy poco tiempo en el Purgatorio y que muy pronto iría al Paraíso.

Después volvió a los coloquios con su dulce Madre María. Y diciendo: “¡Madre, Madre!”, como niño que se reclina en los brazos de su madre para descansar, plácidamente expiró. Poco después supo un religioso, por revelación, que ya estaba en el Paraíso.

jueves, 22 de agosto de 2013

CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

22 DE AGOSTO, FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

¡Oh Corazón adorable de María!, alcanzadme la gracia de que, meditando constantemente la ley santa de Dios, procure imitaros en el fervoroso ejercicio de las cristianas virtudes
Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra; Corazón amabilísimo, objeto de las placencías de la adorable Trinidad y digno de toda veneración y ternura de los Ángeles y de los hombres; Corazón el más semejante al de Jesús, del cual sois la más perfecta imagen; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias, dignaos romper el hielo de nuestros corazones y haced que se vuelvan enteramente al del Divino Salvador. Infundid en ellos el amor de vuestras virtudes; inflamadlos en aquel bendito fuego en que ardéis continuamente. Cobijad en Vos la Santa Iglesia; guardadla y sed siempre se dulce asilo y su torre inexorable contra todos los ataques de sus enemigos. Sed nuestro camino para ir hacia Jesús, y el canal por donde recibimos todas las gracias necesarias para salvarnos. Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro alivio en las aflicciones, nuestro aliento en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones, nuestra ayuda en todos los peligros, pero especialmente en el último combate de nuestra vida, en la hora de la muerte, cuando todo el infierno se desencadenará contra nosotros, para arrebatar nuestra alma, en aquel formidable momento, en aquel trance terrible, del cual depende nuestra eternidad. ¡Ah!, entonces, ¡oh Virgen piadosísima!, haced que sintamos la dulzura de Vuestro Corazón maternal y la fuerza de vuestro poder ante Jesús, abriendo en la fuente misma de la misericordia un seguro refugio, desde donde podamos llegar a bendecir, con Vos, en el paraíso, por los siglos de los siglos. Así sea.

Indulgencia de quinientos días.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre, si se reza devotamente esta oración, durante un mes entero, todos los días. (S.C. Pen. Ap., 15 sept. 1934)

lunes, 19 de agosto de 2013

MI ESPERANZA ES LA MADRE DE DIOS

¡OH MARÍA!

¡Oh María, Madre mía! Enséñame a vivir escondido contigo a la sombra de Dios
¡Oh María! Nosotros confiamos que tus ojos misericordiosos se inclinen sobre nuestras miserias y sobre nuestras angustias, sobre nuestras luchas y sobre nuestras debilidades, que tus labios sonrían compartiendo nuestros gozos y nuestras victorias; que escuches a Jesús decirte de cada uno de nosotros, como en otro tiempo del discípulo amado: “He ahí a tu hijo”. Y nosotros, que te invocamos como Madre nuestra, te tomamos, como Juan, por guía, fuerza y consuelo de nuestra vida mortal.

Desde esta tierra, donde peregrinamos, confortados por la fe en la futura resurrección, miramos hacia Ti, nuestra vida, nuestra dulzura y nuestra esperanza. Atráenos con la dulzura de tu voz, para mostrarnos un día, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre, ¡oh clemente, oh piadosa oh dulce Virgen María!

Venerable Pío XII

sábado, 17 de agosto de 2013

¡OH VIRGEN INMACULADA!

¡Oh María, asunta al cielo! Te suplico purifiques mis  sentidos, para que aprenda a gustar de Dios desde aquí abajo
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre de los hombres!

Nosotros creemos con todo el fervor de nuestra fe, en tu Asunción triunfal en cuerpo y alma al cielo, donde eres aclamada Reina de todos los coros angélicos y de todos los ejércitos de los santos; nos unimos a ellos para alcanzar y bendecir al Señor, que te ha ensalzado sobre todas las demás puras criaturas, y para ofrecerte las aspiraciones de nuestra devoción y de nuestro amor.

Sabemos que tu mirada, que maternalmente acariciaba la humanidad abatida y doliente de Jesús en la tierra, se sacia en el cielo con la vista de la humanidad gloriosa de la Sabiduría increada, y que la alegría de tu espíritu al contemplar cara a cara a la adorable Trinidad, hace a tu corazón estremecerse de beatificante ternura; y nosotros, pobres pecadores, nosotros a quienes el cuerpo corta el velo del alma, te suplicamos que purifiques nuestros sentidos, para que aprendamos desde aquí abajo, a gustar a Dios, a Dios sólo, en el encanto de las criaturas


Venerable Pío XII

jueves, 15 de agosto de 2013

15 DE AGOSTO, ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

O prima, Virgo, pródita e Conditóris spíritu, Praedestináta Altíssimi Gestáre in alvo Fílium

Una gran señal aparecío en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna debajo de sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.



Como es sabido, el Papa Pío XII, declaró el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma al Cielo el día 1 de noviembre de 1950.

Lo hizo desde el atrio exterior de San Pedro Vaticano, rodeado de 36 Cardenales, 555 Patriarcas, Arzobispos y Obispos, de gran número de dignatarios eclesiásticos y de una muchedumbre entusiasmada, de aproximadamente un millón de personas. Definió así solemnemente, con su suprema autoridad, este dogma mariano.

A continuación, las palabras mismas que definen este Dogma, tomadas de la Bula Munificentissimus Deus:

"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial"

jueves, 1 de agosto de 2013

MADRE ADMIRABLE

¡María, Virgen Santa, Sierva del Señor, Tú has llevado en tu seno el fruto precioso de la Misericordia divina!

Lirio frágil y esbelto tan fragante
quiero verte a mi lado,
mi ternura de Madre por ti vela
con amor exquisito, dulce amparo.

Si peligros te cercan por doquiera
con fermentido halago,
y el mundo te presenta sus hechizos,
que encierran brillo falso.

Acude a mí. Mi velo te cobija
con maternal cuidado, y este velo
de virgen sabrá darte de la pureza
los divinos rasgos.

En contra del demonio y sus
ardides cubrirte he con mi manto.
Este manto de reina es poderoso,
y defender sabré tu débil tallo.

Y si las amarguras de la vida
te causaran quebranto, ven a mi
corazón, nido de amores, que
consuelo te brinda de antemano.

Mi corazón de Madre siempre
escucha, a aquél, que suspirando,
acude a mi, nadie ha podido decir,
que me invocó sin resultado.

Mi corazón de Madre es el
tesoro que da tierno descanso,
esa paz abundosa, reposada,
para las luchas y dolores arduos.

Mi corazón de Madre quiere darte
un don, el más preciado,
que conozcas, que ames a mi hijo,
y que grabes en ti todos sus rasgos.

Es el Amigo Fiel que no abandona,
su amor es soberano.
Con ternura especial por ti vela,
como nadie jamás habría velado.

Y aunque todos te olviden,
te desprecien, o te sean ingratos,
Jesús por siempre te amará con
creces, como nadie jamás te
hubiera amado.

No olvides pues su amor ni lo
desdeñes, y en El siempre confiando,
hallarás fuerza invicta en la
ardua lucha por conservar tu brillo
siempre intacto.

Y con mi velo virginal cubierto,
y con mi regio manto, vivirás,
lirio fiel, cabe tu Madre su corazón
por ti siempre velando.

Madre Teresa Guevara, Religiosa del Sagrado Corazón de Jesús