Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

jueves, 18 de octubre de 2012

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA



CAMINO DEL INFIERNO 

En un rincón de la Misión una anciana se encuentra enferma de muerte. Bautizada pero apóstata con escándalo de todo el pueblo, el misionero no se resigna a perder esta alma y manda al catequista, pero ella se niega a oír hablar de Dios. Cierto día el misionero se presenta en su casa con resolución: “Vengo a recordarle que usted recibió un día el bautismo y que Dios la quiere perdonar”. Con las manos encrespadas rechaza al misionero, gritándole: “¡Que no, que no! Déjeme, no quiero salvarme”. 

El misionero marcha con el alma destrozada. El catequista, apenado, murmura: “Padre, esta desgraciada me parece que ya está empaquetada para el infierno”. “No, eso no será así –contesta el misionero-. Volvamos otra vez. Pero con un arma de la que nos olvidamos antes: recemos un Avemaría”. Desandan el camino y entran en la casa. La anciana ha sufrido un nuevo ataque y parece ya cadáver; no tiene fuerzas para rebelarse o es que Dios no se lo permite. Comenzó la preparación de la moribunda. Había perdido la facultad de hablar, pero con una señal de arrepentimiento pudo ser absuelta de sus pecados. La invitó a recibir la Extremaunción y un nuevo movimiento de cabeza es el acepto complaciente de la enferma. Ella misma presenta con ansia las manos para la Unción. 

El misionero quiere que la Virgen esté presente de un modo más explícito, y decide imponer el Santo Escapulario. La anciana se muestra complacida, y la Virgen toma bajo su custodia el alma que Ella misma ha salvado. Toda la vecindad, reunida en su casa, se admira del cambio producido en brevísimos instantes. 

Transcribo las palabras del misionero: “Yo me complazco en pensar con las almas sencillas, que si esto es lo que llamamos milagro de la gracia, en la Virgen esto no es milagro, sino estilo ordinario que Ella usa, cuando se le invoca de veras a favor de un alma. He sentido como si la Virgen me dijera: Pero hijo, ¿por qué te extrañas?” 

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