Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

domingo, 15 de septiembre de 2013

DOLORUM B. MARIAE VIRG.

Cuando mi cuerpo esté muerto,
haz que mi alma consiga
gozar contigo en el cielo
de aquella gloria infinita
V. Oh Dios, atended a mi socorro:
R. Acudid, Señor, luego a ayudarme.

Gloria al Padre… etc.

I. Os compadezco, oh María de los Dolores, por la aflicción que sintió vuestro tierno Corazón, al oír la profecía de Simeón el anciano. Amada Madre mía, por vuestro Corazón tan afligido, alcanzadme la virtud de la humildad y el don del santo temor de Dios.

Avemaría

II. Os compadezco, oh María de los Dolores, por la angustia que sufrió vuestro muy sensible Corazón durante la huída y permanencia en Egipto. Amada Madre mía, por vuestro tan angustiado Corazón, alcanzadme la virtud de la generosidad, particularmente para con los pobres, y el don de piedad.

Avemaría

III. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquellas ansias que sintió vuestro solícito Corazón, cuando perdisteis a vuestro querido Jesús. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal suerte agitado, alcanzadme la virtud de la castidad y el don de ciencia.

Avemaría

IV. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquella consternación que sintió vuestro Corazón, cuando encontrasteis a Jesús con la Cruz a cuestas. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal manera apenado, alcanzadme la virtud de la paciencia y el don de fortaleza.

Avemaría

V. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquel martirio que soportó vuestro generoso Corazón, cuando asististeis a Jesús agonizante. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal manera martirizado, alcanzadme la virtud de la templaza y el don de consejo.

Avemaría

VI. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquella herida que padeció vuestro Corazón, cuando aquella lanzada abrió el costado de Jesús e hirió su amantísimo Corazón. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal manera lacerado, alcanzadme la virtud de la caridad fraterna y el don de entendimiento.

Avemaría

VII. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquel espasmo que sintió vuestro Corazón, al ser sepultado Jesús. Amada Madre mía, por vuestro Corazón en extremo afligido, alcanzadme la virtud de la diligencia y el don de sabiduría.

Avemaría

V. Rogad por nosotros, Virgen dolorosísima.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

OREMOS

Os rogamos, Señor Jesucristo, que la Bienaventurada Virgen María, cuya sacratísima alma, en la hora de vuestra Pasión, fue atravesada por una espada de dolor, interceda por nosotros ante vuestra clemencia, ahora y en la hora de la muerte, Por Vos, Jesucristo, Salvador del mundo, que con el Padre y el Espíritu Santo vivís y reináis, por los siglos de los siglos. Así sea.

Indulgencia de cinco años.
Indulgencia de siete años, cada uno de los días del mes de septiembre.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre si se repiten estas preces, durante un mes entero, todos los días. (Pío VII, Audiencia, 14 de enero 1815; S. Pen. Ap., 6 oct. 1935 y 3 abril 1941)

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