Quae est ista, quae progréditur quasi auróra consurgens, pulchra ut luna, elécta ut sol, terríbilis ut castrórum ácies ordináta? - ¿Quién es ésta que se levanta como la aurora naciente, hermosa como la luna, escogida como el sol, terrible como un ejército formado en orden de batalla? (Cant. 6)

sábado, 19 de mayo de 2012

CONOCIENDO A MARÍA


La capital jienense venera desde hace cinco siglos una talla policromada del siglo XV conocida bajo la advocación de Nuestra Señora de la Capilla, reconocida oficialmente como la Patrona de Jaén. La imagen no está consagrada en un templo dedicado a su advocación, sino que recibe culto en una capilla que alberga la parroquia de San Ildefonso.
La leyenda dice que le noche del 10 al 11 de junio de 1430 la Virgen bajó del cielo y recorrió las calles de la ciudad en compañía de un cortejo celestial, deteniéndose tras la iglesia en la que recibe culto, donde celebró maitines. Tal prodigio se refrendó en documento público elevado ante notario por los cuatro testigos presénciales, dos hombres y dos mujeres.
El culto a Nuestra Señora de la Capilla se extendió rápidamente por la ciudad. Cada día 11 de junio se celebra, desde el siglo XV, el aniversario de su aparición, con una solemne procesión y honores rendidos por el cabildo catedralicio y municipal.
La Cofradía encargada de su culto remonta sus estatutos al siglo XVI, y recibió la dignidad de Real cuando en 1926 se reunieron en una sola todas las hermandades de la ciudad y Alfonso XIII distinguió esta asociación.
Prueba de la extensión de la devoción a Nuestra Señora de la Capilla puede ser esta breve y resumida referencia de cuantos personajes se han postrado a los pies de la imagen coronada canónicamente el 11 de junio de 1930 y recoronada en 1953 en la fecha de s aniversario: Felipe II, la Infanta Isabel, San Antonio María Claret y otras muchas personalidades que sería imposible nombrar.
La imagen de Nuestra Señora de la Capilla representa al Niño en su brazo izquierdo, al que parece acunar, y con la mano derecha sosteniendo un sable. Sobre su pedestal está la representación de la luna y alude claramente al simbolismo de su victoria sobre el infiel, atribuida por aquella época en gran medida a su intercesión.

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