Regína Caeli, laetáre, Allelúia! Quia quem meruisti portáre, Allelúia! Resurréxit sicut dixit, Allelúia! Ora pro nobis Deum, Allelúia!

lunes, 11 de octubre de 2021

11 DE OCTUBRE, MATERNIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

 

Dichosa Tú, ¡oh María!, en quien no sufrieron mengua la humildad ni la virginidad: virginidad, por cierto, singular, que lejos de empañarse con la fecundidad, recibió de ella mayor lustre; humildad verdaderamente privilegiada, no menguada, sino realzada por la virginidad fecunda; fecundidad incomparable, acompañada a la vez de la virginidad y de la humildad. ¿Hay aquí que no sea admirable, extraordinario y único? 


Admírate por ambas cosas, y considera que sea más admirable, si la benignísima dignación del Hijo o la excelentísima dignidad de la Madre. Ambas causan estupor, ambas constituyen un milagro. Que Dios se someta a una mujer, constituye un acto de humildad sin igual y que una mujer mande a un Dios, puedes ver en ello una sublimidad sin par. En alabanza de las Vírgenes se canta que siguen al Cordero dondequiera que vaya. Ahora bien: ¿de qué alabanzas juzgas digna a la que le precede? Aprende, ¡oh hombre!, a obedecer; aprende, tú, que eres tierra, a estar sumiso; aprende, ¡oh polvo!, a sujetarte. Hablando de tu Hacedor, dice el Evangelista: “Y les estaba sometido”. ¡Avergüénzate, polvo soberbio! Dios se sujeta a los hombres, ¿y tú, deseando dominar a los hombres, pretendes, ser más que tu Hacedor?


Del Oficio de Maitines,
del “Breviario Romano”
(Gubianas-1940)






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