Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

jueves, 24 de enero de 2013

CONOCIENDO A MARÍA

Nuestra Señora de la Paz, Patrona de Ronda
En la localidad de Ronda, enclavada en un maravilloso paraje natural que se abre a profundos cortados y a la que se accede a la altura de San Pedro de Alcántara en la N-340, tomando el desvío a la C-339, se alza el Santuario en el que venera la hoy mundialmente famosa imagen de Nuestra Señora de la Paz.

Su culto se pierde en la nebulosa de la historia, pero la advocación a la devoción son anteriores incluso a la reconquista del territorio a los árabes, que se produce en mayo de 1485. Precisamente el 23 de este mismo mes se crea la parroquia de Santa María la Mayor de la Encarnación, y dependiente de ella queda la iglesia de San Juan Evangelista o de Letrán, en la que se veneraba una imagen de Santa María por la población mozárabe. Los rondeños afirman que fue el propio Rey Fernando el Católico el que regaló la imagen, que se comenzó a venerar bajo la misma advocación que la antigua.

Poco después el estado de la iglesia hacía desaconsejable continuar el culto de la venerada imagen e incluso emprender obras de restauración, y se funda en al año 1540 la iglesia de la Vera Cruz y Sangre de Cristo, donde la imagen de la Virgen de la Paz pasa a ocupar un lugar preferente en el altar mayor. Aproximadamente de estos años data la Real y Pontificia Hermandad de Nuestra Señora de la Paz, la cual desempeñó un papel fundamental en la extensión del culto y su cuidado. La devoción de Nuestra Señora durante todo el siglo XVII llega a tal punto que la iglesia queda pequeña para albergar la enorme cantidad de exvotos que se reciben como agradecimiento a los favores concedidos por la Virgen.

Desde todos los puntos del mundo llegan nuevas prendas y a principios del siglo XVIII se inicia la construcción de la iglesia que ha llagado hasta hoy, que se consagra ya a la advocación de la imagen que albergaba: Nuestra Señora de la Paz.

El templo es de una sola nave, amplia, con bóveda de cañón. Dos capillas laterales se abren en los flancos, una consagrada al Señor de la Escala o Ecce Homo, la otra al beato fray Diego José de Cádiz, cuyos restos, al ser exhumados para regularizar el proceso de beatificación, aún exudaban sangre fresca, tal y como certificó el propio médico de la ciudad de Ronda.

Por desgracia, a finales del siglo XIX la iglesia se hallaba en un avanzado estado de abandono, por lo cual el Obispo Marcelino Spínola, delegado del Vaticano, solicitó la fundación de un convento y colegio por parte de la Orden de las Esclavas, como así se hizo en 1893.

El culto de Nuestra Señora de la Paz y el propio Santuario quedaron bajo los auspicios de las Esclavas, lo cual redundó en un nuevo impulso. Por entonces se envía a un sacristán a Sevilla para que sea testigo de las ceremonias y honores de que es objeto la Macarena. Gracia a esa visita nace la tradición del besamanos con el que es honrada la Virgen de la Paz el día de su fiesta principal. El 24 de enero, y el segundo domingo de mayo.

La imagen que se venera hoy en día, según se transmite por la tradición oral dentro de Ronda, es una talla del siglo XIV, hecha de madera de cedro, sin duda cortado en la propia serranía de Ronda. Sus ojos son cascarones de huevos de codorniz policromados. Está vestida con una rica túnica y un manto. La túnica contiene un relicario con restos de San Onofre. El cabello es natural.

Salvada de los destrozos que la Guerra Civil causó en el Santuario, la imagen fue coronada canónicamente el 15 de mayo de 1947, a la vez que Ronda reconocía oficialmente su patronazgo.

Hoy en día es posible contemplar en todo su resplandor el Santuario y la talla gracias a la dedicación de todo el pueblo rondeño, que aún sigue volcándose con devoción en su Patrona.

lunes, 14 de enero de 2013

CÓMO SALUDAR A LA GLORIOSA VIRGEN MARÍA

¡Virgen Madre de Dios, María, rogad a Jesús por mí!
Aunque yo no tenga mérito alguno y, al contrario, sea consciente de mis muy numerosos pecados, tengo sin embargo grandísima confianza en tu pasión, Señor Jesús, y en los méritos de la gloriosa santa Virgen María, Madre tuya. A propósito de ella quisiera detenerme un poco, rogando llegar a ser digno, ya que no puedo atreverme a acercarme a su persona sin haber obtenido antes su permiso. Bien sé que mi indignidad no debería presentarse ante la excelsa dignidad de aquella a quien los mismos ángeles veneran con admiración, exclamando:

"¿Quién es esta que se eleva sobre el desierto del mundo y rebosa de las delicias del paraíso?"

Por eso, dulcísima María, es inconveniente que yo, polvo y ceniza, mejor dicho más vil que el polvo por ser pecador y muy propenso a toda perversidad, me atreva a detenerme para considerar tu belleza y tu magnificencia. Tú, en cambio, encumbrada sobre el cielo, tienes el mundo bajo los pies y eres digna de honor y reverencia por el honor de tu Hijo. Tu inefable bondad, que sobrepasa toda imaginación, con frecuencia me fascina y atrae mi afecto, porque eres el consuelo de los afligidos y estás siempre dispuesta a socorrer a los miserables pecadores.

Estoy necesitado de gran consuelo, sobre todo de la gracia de tu Hijo, pues no me encuentro en absoluto en condiciones de ayudarme a mí mismo. Pero tú, Madre misericordiosísima, si te dignaras considerar mi pequeñez, de muchas maneras podrías socorrerme y confortarme con abundantes consuelos. Por eso, apenas me sienta oprimido por las dificultades o por las tentaciones, inmediatamente recurriré a ti, puesto que donde sobreabunda la gracia es más solícita la misericordia.

Luego, si quiero realizar el intento de comprender tu gloria excelsa y saludarte dignamente desde lo íntimo del corazón, debo proceder con espíritu mucho más puro, porque los que pretenden acercarse sin respeto a tu puerta, no obtienen gloria sino justa vergüenza. Por lo tanto, quien se aproxima a ti debe comportarse con grandísima reverencia y humildad y, sin embargo, con gran esperanza de ser admitido en virtud de tu misericordiosa clemencia.

Por consiguiente, voy hacia ti con humildad y, reverencia, con devoción y confianza, llevando en los labios el saludo de Gabriel, que te dirijo suplicante: saludo que repito con alegría, con la cabeza inclinada por respeto y los brazos abiertos con gran devoción, rogando que sea repetido en mi lugar cien, mil y más veces todavía por todos los espíritus celestiales. No sé realmente qué pueda haber más dulce y más digno para ofrecerte.

Y ahora escucha también al devoto enamorado de tu nombre:

"El cielo se regocija y la tierra se asombra, cuando digo: Ave María. Satanás huye, el infierno tiembla, cuando digo: Ave María. El mundo se vuelve despreciable, la carne repugnante, cuando digo: Ave María. Desaparece la tristeza y vuelve la alegría, cuando digo: Salve María. Se disipa la tibieza y el corazón se inflama de amor, cuando digo: Salve María. Aumenta la devoción, nace la compunción, se acrecienta la esperanza, se intensifica el consuelo, cuando digo: Salve María. El ánimo se renueva y se refuerza el empeño en el bien, cuando digo: Ave María"

"Imitación de María", del Beato Tomás de Kempis

jueves, 10 de enero de 2013

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA


CONVERSIÓN DE MARÍA EGIPCIACA

Es Famosa la historia de Santa María Egipciaca, como se cuenta en el libro primero de las Vidas de los Padres del Yermo. A los doce años se escapó de casa de sus padres, y se fue a Alejandría, donde con su mala vida era el escándalo de toda la ciudad.

Pasados otros dieciséis, salió de allí y vagando llegó a Jerusalén, a tiempo que se celebraba la fiesta de la Santa Cruz, y viendo entrar en la iglesia mucha gente, quiso también entrar en ella, más por curiosidad que por devoción; pero en la puerta sintió que una mano invisible la detenía. Hizo otra vez por entrar, y le sucedió lo mismo, hasta tercera y cuarta vez.

Entonces la infeliz retirándose a un rincón del atrio, conoció con luz superior que su mala conducta la echaba de la iglesia. Alzó los ojos y vio allí cerca, por dicha suya, una imagen de María Santísima, a la cual empezó a decir, llorando, de esta manera: “¡Oh Madre de Dios, tened piedad de esta pecadora! No merezco que me miréis, pero Vos sois el refugio de los pecadores: amparadme y favorecedme por el amor de Jesucristo vuestro Santísimo Hijo. Haced que puede entrar en la iglesia, y mudaré de vida, y me iré a hacer penitencia donde vos me digáis.” Entonces oyó una voz interior, como de la Virgen, que le decía: “Pues que acudes a Mí con propósito de enmendarte ya puedes entrar.” Entró, adoró la Santa Cruz con abundancia de lágrimas, volvió a la imagen, y le dijo: “Vedme pronta. Señora: ¿dónde queréis que me retire?” “Pasa el Jordán –le respondió la Virgen-, y allí encontrarás tu descanso.” Confesó y comulgó, y, pasando el rio, llegó al desierto y entendió que allí era donde se debía quedar.

Los diecisiete años primeros tuvo que sufrir terribles asaltos de los demonios; pero acudía siempre a la Virgen, y la Virgen santísima le alcanzaba fuerzas para resistir y vencer. Finalmente, habiendo pasado en aquella soledad cincuenta y siete años, siento ya de edad de ochenta y siete, la encontró por divina providencia San Zósimo, abad, a quién refirió todo el relato de su vida, suplicándole que volviese al año siguiente con la sagrada comunión. Hizolo así, y le pidió lo mismo para otro año, al cabo del cual volvió pero la halló ya muerta, aunque rodeada de un gran resplandor, y con estas palabras escritas de su mano: “Entierra aquí el cadáver de esta pecadora y pide a Dios por su alma.” Vino corriendo un león, hizo un hoyo con las garras, el Santo la sepultó, y volvió al monasterio, contando a todos las misericordias que Dios había obrado con aquella felicísima penitente. 

San Alfonso Mª de Ligorio, "Las Glorias de María"


lunes, 7 de enero de 2013

MEDITACIONES - SOBRE EL AVE MARÍA

"Et ingressus angelus ad eam dixit: Ave gratia plena: Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus" (Secundum Lucam 1, 28)
Aprendimos esta salutación de un Ángel, de una mujer llena del Espíritu Santo, que fue Santa Isabel, y de la santa Iglesia; porque todos han de alabar a María: los Ángeles y los hombres, la Iglesia y la sinagoga. Tomemos por padrinos para entrar a hablar a tan Soberana Reina, a San Gabriel y Santa Isabel; y entremos con grande confianza de alcanzar lo que deseamos, porque ni el Hijo sabe negar lo que pide su Madre, ni la Madre de Misericordia lo que le ruegan sus devotos.

Considerando a Dios presente, se pedirá gracia para alabar a su Santísima Madre.

En cada palabra del Ave María considerará la excelencia de la Virgen que significa. Se gozará de ella. Dará gracias a Dios porque se la dio. Pedirá a la Virgen le alcance alguna gracia, conforme al Misterio.

Dios te salve. Así saludó la Santísima Trinidad a María Santísima, por boca de San Gabriel; el Padre, como a Hija, el Hijo, como a Madre, que luego había de ser; el Espíritu Santo, como a Esposa. Gocémonos de la honra de María. Demos gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Pidamos a María que nos salude diciendo Dios te salve.

María. Ese nombre añadió aquí la Iglesia a las primeras palabras del Arcángel, porque advirtamos mejor con quién hablamos, y demos a María Santísima esta alabanza, que es sumario de todas sus alabanzas; porque este nombre, dado de Dios a la Virgen, significa Estrella del Mar, Señora, Madre de Dios y otras grandezas suyas. Gocémonos de que tenga la Virgen tan excelente nombre. Demos gracias al Señor porque se lo dio. Roguemos a María Santísima que, conforme a su nombre de Estrella del Mar, nos alumbre y guíe entre las tempestades del mundo.

Llena eres de gracia. María es toda graciosa, mar de todas las gracias, piélago de todas las virtudes; abismo de todas las perfecciones, a quien no falta ninguna gracia, ni tuvo entrada alguna culpa. Gocémonos y demos gracias al Señor y pidamos a María Santísima nos alcance gracia para excusar toda culpa.

El Señor es contigo. Dios estuvo siempre en la Virgen como en templo, trono y sagrario; en cuanto hombre estuvo nueve meses en su vientre, treinta años en su casa, muchas veces en su pecho sacramentado, y ahora no se apartará de ella por toda la eternidad. Gocémonos y demos gracias al Señor y pidamos a la Señora que esté con nosotros por su piedad, para que esté Dios en nosotros por gracia.

Bendita eres entre todas las mujeres. Es bendita María entre todas las mujeres, porque mereció la bendición que ninguna alcanzó, ser Madre sin dejar de ser Virgen, parir sin dolor y sin corrupción, y vencer en su Hijo solo la fecundidad de todas las madres, sin perder la primacía de todas las vírgenes. Gocémonos y demos gracias al Señor y pidamos a María que nos bendiga para merecer ser benditos de su Hijo.

Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Por Jesús es bendita María, como el árbol por su fruto. Gocémonos de que Jesús sea fruto de María y de que María llevase por fruto a Jesús. Bendigamos a Jesús. Porque quiso ser fruto de tal árbol. Y pidámosle, por el amor de su Madre, que nos diga el día del juicio: Venid, benditos de mi Padre, a poseer el reino.

Santa María, Madre de Dios. Esta es la mayor dignidad que cabe en pura criatura, y la mayor alabanza que podemos dar a la Virgen. Gocémonos de la suma dignidad de María y demos gracias a Dios. Pidamos a la Madre de Dios que no se dedigne de ser Madre de los pecadores.

Ruega por nosotros pecadores. Pedimos a María que ruegue, porque sus ruegos pueden más que los de todos los Santos; y si Ella no ruega por nosotros pecadores, ¿qué será de nosotros, que merecemos por nuestros pecados estar en el infierno? Ya estuviéramos destruidos, ya estuviera el mundo acabado, si no fuera por los ruegos de María. Gocémonos del poder de María y demos gracias de Dios, que se lo dio para su honra y nuestro provecho. Pidamos a María que no cese de rogar.

Ahora y en la hora de nuestra muerte. Ahora, que es el día de hoy, y todo el tiempo de esta vida, que es una continua batalla con el mundo, el demonio y la carne, en que seremos vencidos si nos falta la protección de María. Y en la hora de nuestra muerte, que es el tiempo más peligroso, y el momento de que pende la eternidad de la pena o de la gloria. Gocémonos del poder de María y demos gracias a Dios. Pidamos a la Madre de Misericordia que no nos desampare en la hora de la muerte.

AMÉN. Así sea.

jueves, 3 de enero de 2013

DEPÓSITO DE TODAS LAS GRACIAS

Vos sois mi Madre, Virgen María; defendedme para que jamás ofenda a vuestro amadísimo Hijo, y haced que siempre y en todas las cosas le complazca
Indulgencia de trescientos días

Dios Padre creó un depósito de todas las aguas, y lo llamó mar. Creó un depósito de todas las gracias, y lo llamó María. 

El Dios omnipotente posee un tesoro o almacén riquísimo en el que ha encerrado lo más hermoso, refulgente, raro y precioso que tiene, incluido su propio Hijo. Este inmenso tesoro es María, a quien los santos llaman el tesoro del Señor, de cuya plenitud se enriquecen los hombres.

San Luis Mª Grignion de Montfort, "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen"



martes, 1 de enero de 2013

CONSAGRACIÓN DEL NUEVO AÑO A LA VIRGEN

¡¡¡Viva siempre María, la Inmaculada, la siempre Virgen, la bendita entre las mujeres, la Madre de nuestro Señor Jesucristo, la Reina de Paraíso!!!

Pasa la vida, Señor, y porque precisamente se escapa sin remedio
sentimos la necesidad de agarrarnos a Alguien permanente,
a Alguien que nunca muera
a Alguien que nos espere
a Alguien que nos ayude
Sale a nuestro encuentro, Señor, un nuevo año
Un nuevo año no exento de dificultades
Por ello mismo, Señor,
Ponemos en las manos de tu Madre
Nuestros deseos e inquietudes
Nuestra lucidez y nuestra entrega
Nuestros pasos y nuestros esfuerzos
Para que, en el mundo,
pueda brillar de una vez para siempre
La paz que vence a la guerra
El amor que se impone al odio
La esperanza que aplasta al derrotismo

Sí, Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra
Necesitamos de tus cuidados para no morir
Recurrimos a tu mano para no sucumbir
Buscamos tu mirada para ver bien
Hambreamos tu pensamiento
para pensar correctamente
Admiramos tu belleza
porque somos conscientes de que, por poco o nada,
vamos perdiendo la beldad
que se nos dio en el día de nuestro Bautismo.

Sí, Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra
consagramos este año 2013 a tu persona.
Eres pórtico de estos 365 días, recórrelos junto a nosotros
Eres dintel de estos 12 meses
ayúdanos a ser cristianos fuertes y vigorosos
Eres huella permanente en nuestra vida
cuida de nuestra fe y de nuestra entrega
Eres estrella que se enciende en la primera noche del nuevo año,
ilumina las sombras y las oscuridades que se abran en la azotea de nuestra felicidad

A Ti, Virgen Santa, Madre y Virgen
consagramos todos y cada uno de los próximos días, cada uno de los inmediatos meses

A Ti, Santa María, Madre de Dios,
elevamos nuestra oración sincera y nuestra plegaria confiada
para que, Tú, como Madre que nos conoce y quiere
nos cuide y, un día, ruegue por nosotros
ante Dios al cual esperamos y deseamos abrazar en el cielo. Amén

(P. Leoz)

lunes, 31 de diciembre de 2012

AL FINALIZAR EL AÑO, DULCE MADRE MÍA...

"Reina del mundo dignísima, María, Virgen perpetua, intercede por nuestra paz y por nuestra salvación, Vos que engendrasteis a Cristo el Señor Salvador de todos"
Indulgencia de trecientos días

Al finalizar el año, Dulce Madre mía, quiero pedirte perdón por todo cuanto te ofendí, por todo el mal que hice y el bien que dejé de hacer, por la oración aplazada y mal hecha, por todos mis pecados y miserias… y darte gracias por todos los beneficios que me has traído, sin yo merecerlos, de Dios, con tus generosas y benditas manos.

Te encomiendo a todos los míos, familiares y amigos, con la seguridad de que los guiarás a todos, con tu maternal dulzura.

Ayúdame, Madre mía, a ser bueno, y se mi Luz y mi Camino, para llegar a tu Divino Hijo Jesús. AMÉN


sábado, 22 de diciembre de 2012

MARÍA, DE JESÚS LA AURORA...


María, Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.
Amén.


LA ESPERA DE MARÍA


martes, 18 de diciembre de 2012

18 DE DICIEMBRE, EXPECTACIÓN DEL PARTO DE LA B. VIRGEN MARÍA

Allelúia, allelúia. Ecce Virgo concípiet, et páriet fílium Iesum Christum. Allelúia



Como la Anunciación cae dentro de la Cuaresma y en este santo tiempo no se celebraban antiguamente fiestas de los santos, decretaron los Padres españoles en el Concilio Toledano (año de 650) que la solemnidad de la Anunciación de María se trasladase al 18 de diciembre, Ésta y la Asunción eran las dos únicas fiestas mariales.

Llamóse después Expectación del Parto,  y más tarde Nuestra Señora de la O, sin duda por coincidir ese día 18, en las 1ª vísperas, con el comienzo de las grandes Antífonas O, que caracterizan esta última semana del santo tiempo de Aviento.

La Santa Misa es del todo parecida a la votiva de la Virgen en Adviento, y nos dispone admirablemente a las santas alegrías de Navidad, haciendo más fervientes nuestra extectación y los deseos por que venga a nuestras almas el Redentor del mundo.

ORACIÓN

¡Oh Dios!, que al anuncio del ángel has querido que tu Verbo tomase carne de las entrañas de la bienaventurada Virgen María, concede a tus siervos que, pues la creemos verdadera Madre de Dios, gocemos ante Ti del apoyo de su intercesión. Por el mismo Señor nuestro.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

CONSAGRACIÓN DE NUESTRA VIDA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA Y ACTO DE REPARACIÓN

Mater admirábilis, ora pro nobis!


Amabilísima y admirabilísima Virgen María, Madre de mi Salvador Jesucristo y madre mía. Postrado a vuestros pies, uniéndome humildemente a todos los actos de devoción y amor de todos los corazones que os aman en el Cielo y en la Tierra, os saludo Madre queridísima, os venero y os elijo hoy Soberana mía y Reina de mi corazón; la guía de mi vida, la protectora, mi abogada y refugio mío en todas mis necesidades espirituales y corporales.

Yo os ofrezco y consagro mi alma, mi corazón, mi cuerpo y todo lo que me pertenece. Deseo también que todos mis pensamientos, palabras, acciones, todos los alientos de mi respiración y latidos de mi corazón, sean en el presente y en el futuro, otros tantos actos de alabanza a la Santísima Trinidad por todos los privilegios y Gracias incomparables que os ha concedido.

¡Oh Virgen amabilísima!, entrego confiadamente a vuestras manos maternales todos mis deseos, propósitos y anhelos, y no quiero jamás aspirar a algo más allá, de lo que sea conforme a la Voluntad de vuestro Divino Hijo y la vuestra. Aceptadme, os lo ruego divinísima Madre, entre vuestros hijos predilectos, y en el número de los servidores escogidos, privilegiados, de poder colaborar con la preparación del Triunfo de vuestro Corazón Inmaculado. Consideradme y tratadme enteramente como posesión vuestra. Disponed de mi y conducidme siempre y en todo lugar –no según mis propias inclinaciones y deseos- sino según vuestro propio beneplácito.

Yo por mi parte, tomo hoy la firme resolución de observar fielmente los mandamientos de vuestro Divino Hijo Jesús; de seguir vuestras maternales exhortaciones ¡Oh Reina del Santo Rosario!, de amaros tiernamente y de consolaros. Quiero también –en cuanto me sea posible- con mis Oraciones y Sacrificios llevar a muchas otras almas a hacer lo mismo. Sobre todo, quiero venerar con especial devoción vuestro Purísimo Corazón ardiente de Caridad, y con vuestra poderosa asistencia ¡Oh mediadora de todas las Gracias!, tratar de imitar tanto como pueda, las sublimes virtudes que os adornaban aquí en la Tierra.

¡Oh Reina de mi corazón!, que por el misterioso obrar del Espíritu Santo en vuestra alma Santísima habéis sido transformada en un verdadero espejo de la Justicia de Jesús vuestro Divino Hijo, imprimid en mi corazón, os lo ruego, una imagen perfecta de las virtudes del vuestro, a fin de que el mío sea un retrato vivo del vuestro Inmaculado.

¡Oh Virgen Gloriosa!, vuestro Purísimo Corazón ha estado durante su existencia terrenal, entrañablemente unido al Divino Corazón de vuestro Hijo, compartiendo plenamente sus nobilísimos sentimientos y espíritu de Sacrificio. Y ahora, elevada a la bienaventuranza del Cielo está perennemente unido a El de modo inigualable en la más sublime felicidad. Por ello os ruego ¡Oh Madre de Dios!, unid mi pobre corazón de tal manera al de mi Jesús, que no abrigue otros sentimientos y deseos que los vuestros, y que no obre nunca, sino lo que sea más agradable a Su Sacratísimo Corazón y a vuestro dulcísimo Corazón Inmaculado, oh Madre benignísima. Amén. 

ACTO DE REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

"Oh Madre mía, a vuestro Corazón confío las angustias de mi corazón, y a él vengo a buscar ánimo y fortaleza"

Santa Bernardita

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas! Aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados.

Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres. Terminar con las siguientes jaculatorias:

¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
Refugio de pecadores, rogad por nosotros.
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Padrenuestro, Ave María y Gloria por las intenciones del Romano Pontífice. 


A LA EMPERATRIZ DE LAS AMÉRICAS

¡Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias!

¡Oh Virgen Inmaculada,
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
De una plena fidelidad a Jesucristo a su Iglesia:
No nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos
Los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios
y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares
la gracia de amar y de respetar la vida que comienza
con el mismo amor con el que concebiste en tu seno
la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias,
Para que estén muy unidas, y bendice a la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión,
Enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos
a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestra culpas
y pecados en el sacramento de la Penitencia,
que trae sosiego al alma.

Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos,
Que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.

Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
Con nuestros corazones libres de mal y de odios,
Podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz,
que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
que con Dios Padre y con el Espíritu Santo,
vive y reina por los siglos de los siglos. Amén