Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

domingo, 3 de junio de 2012

CONOCIENDO A MARÍA


En las tierras regadas por el canal de San José, en la comarca del vino, en el término municipal de Madridanos, que se encuentra a pocos kilómetros al este de Zamora, se levanta la iglesia de San Juan de Bamba, en cuyo interior se venera la tristemente deteriorada imagen de Nuestra Señora del Viso.

La leyenda vincula la aparición de esta advocación con el descubrimiento de los restos de San Ildefonso. Al decir de la tradición, estaba un pastor durmiendo en las cercanías de una ermita templaría que, desde su altura, domina la vista de los alrededores, cuando la Virgen se le apareció en sueños y le encomendó que se dirigiese a la ciudad de Zamora y se presentase al sacerdote de la iglesia de San Pedro para decirle que dentro del sagrado recinto se hallaban los restos de San Ildefonso. Así lo hizo el pastor, y el sacerdote, junto con otros representantes del cabildo, desenterraron el cuerpo sin vida del Santo.

Sin duda, por la historia relatada se confundió durante mucho tiempo la advocación de Nuestra Señora del Viso con Nuestra Señora del “Aviso”.

Desgraciadamente, no queda el más mínimo vestigio de la ermita original, que, a pesar de la concurrencia y la devoción de sus fieles, llegó a tal estado de ruina que se aconsejó desmantelarla por completo, trasladando a la iglesia de Bamba la imagen, una talla de piedra arenisca policromada que actualmente se exhibe para vestir, con un metro veinte centímetros de altura y originaria de finales del siglo XIV, principios del XV. Al margen de la frecuentes rogativa, documentadas desde muy remota época, la fiesta más solemne, previa novena, se celebra el Lunes de Pentecostés, en la cual, tras la Misa, tiene lugar una popular romería.

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