sábado, 27 de septiembre de 2014

REINA Y MADRE (pensamiento para hoy sábado)


María participó estrechísimamente, y de manera muy especial, en las grandezas y en las humillaciones de Jesucristo, para ser con Él coronada de gloria y de honra, elevada con Él por encima de los mismos ángeles, compartiendo su soberanía, Reina Madre junto al Rey su Hijo.

P. Pierre Rogatien Bernard, OP





viernes, 19 de septiembre de 2014

19 DE SEPTIEMBRE, NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE

Le pidió a los niños que recen, hagan sacrificios y propaguen su mensaje

Recuerda, Nuestra Señora de la Salette, verdadera Madre de la aflicción, las lágrimas que derramaste por mí en el Calvario; no te olvides tampoco del continuo cuidado que has tenido para protegerme de la justicia de Dios; y considera si puedes ahora abandonar a tu hijo, por quien has hecho tanto. Inspirado por este consolador pensamiento, vengo a postrarme a tus pies, a pesar de mi infidelidad e ingratitud.

No rehúses mis ruegos, Oh Virgen de reconciliación, conviérteme, obtened para mí la gracia de amar a Jesucristo sobre todas las cosas y de consolarte a ti también viviendo una vida santa, para que un día yo pueda verte en el Cielo. Amén.



La Virgen lloraba, con su cabeza entre sus manos, porque los hombres ignoran la Cruz de Jesucristo

Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios

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lunes, 15 de septiembre de 2014

LOS DOLORES DE NUESTRA SEÑORA

¡Madre mía, María! Tú que has pasado por un dolor tan grande y un sufrimiento tan profundo, ayúnados a seguir tu ejemplo ante las dificultades de nuestra propia vida

¡Oh Virgen!, la más dolorosa del mundo después de tu Hijo, a cuyos dolores estuviste perpetuamente asociada: te ruego que me alcances fortaleza para sufrir por mis pecados, como tú sufriste por los nuestros, a fin de que, crucificando mis pasiones y concupiscencias en la Cruz de Cristo, llevando la cruz de mi deber por el camino de mi vida, caminando en pos de mi Señor y perseverando constantemente a tu lado, ¡oh Madre mía!, al pie de la Cruz de tu Hijo, viva siempre y muera contigo, redimido y santificado por la sangre preciosísima de nuestro Redentor.

¡Oh Virgen Dolorosa!, siendo tú árbol florido y fructuoso, fuiste tan afligida, y yo árbol seco e inútil, quiero vivir regalado y soy impaciente de toda molestia y adversidad. Te ruego me concedas espíritu de penitencia, humildad y mortificación cristiana para imitarte a Ti y a tu amado Hijo, crucificado por mí. Así sea



viernes, 12 de septiembre de 2014

DULCE NOMBRE DE MARÍA

¡Qué aliento, dulzura y confianza, qué ternura siento con sólo nombrarte y pensar en Ti!

¡Madre de Dios y Madre mía María! Yo no soy digno de pronunciar tu nombre; pero Tú que deseas y quieres mi salvación, me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura, que pueda llamar en mi socorro tu santo y poderoso nombre, que es ayuda en la vida y salvación al morir. ¡Dulce Madre, María! haz que tu nombre, de hoy en adelante, sea la respiración de mi vida. No tardes, Señora, en auxiliarme cada vez que te llame. Pues en cada tentación que me combata, y en cualquier necesidad que experimente, quiero llamarte sin cesar; ¡María! Así espero hacerlo en la vida, y así, sobre todo, en la última hora, para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado: 

“¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!” 

¡Qué aliento, dulzura y confianza, qué ternura siento con sólo nombrarte y pensar en ti! Doy gracias a nuestro Señor y Dios, que nos ha dado para nuestro bien, este nombre tan dulce, tan amable y poderoso. Señora, no me contento con sólo pronunciar tu nombre; quiero que tu amor me recuerde que debo llamarte a cada instante; y que pueda exclamar con san Anselmo: “¡Oh nombre de la Madre de Dios, tú eres el amor mío!” Amada María y amado Jesús mío, que vivan siempre en mi corazón y en el de todos, vuestros nombres salvadores. Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre, para acordarme sólo y siempre, de invocar vuestros nombres adorados. Jesús, Redentor mío, y Madre mía María, cuando llegue la hora de dejar esta vida, concédeme entonces la gracia de deciros: “Os amo, Jesús y María; Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía”.



lunes, 8 de septiembre de 2014

LA NATIVIDAD DE MARÍA

Tu natividad, ¡oh Virgen Madre de Dios!, anuncio la alegría al mundo entero; porque de Ti salió el Sol de justicia, Cristo nuestro Dios

Cuando en el mar de este mundo me siento juguete de las borrascas y tempestades, tengo los ojos fijos en ti, ¡oh María!, fúlgida estrella, para no ser sumergido por las olas.

Cuando se levantan los vientos de las tentaciones, cuando encallo en la escollera de las tribulaciones. Pongo en ti mis ojos y te invoco ¡oh María! Cuando me agitan las olas de la soberbia, de la ambición, de la maledicencia y de la envidia, pongo en ti mis ojos y te invoco, ¡oh María! Cuando la cólera o la avaricia o las seducciones de la carne azotan la frágil barquilla de mi alma, siempre miro a ti, ¡oh María! Y si, turbado por la enormidad de las culpas, confundido por la fealdad de mí conciencia, aterrado por la severidad del juicio. Me sintiese arrastrado al vórtice de la tristeza, al abismo de la desesperación, elevaría aun a ti los ojos, invocándote siempre, ¡oh María!

En los peligros, en las angustias, en las perplejidades siempre pensare en ti, ¡oh María!, siempre te invocaré. No te apartes, ¡oh María!, de mi boca, no te apartes de mi corazón; para obtener el apoyo de tus plegarias, haz que no pierda nunca de vista los ejemplos de tu vida. Siguiéndote, ¡oh María!, no me extravío, pensando en ti no yerro, si tú me sostienes no caigo, si tú me proteges no tengo que temer, si tú me acompañas no me fatigo, si tú me eres propicia llegaré al término

San Bernardo


La natividad de María es el preludio de la natividad de Jesús, porque precisamente en aquella tiene su primer principio la realización del gran misterio del Hijo de Dios hecho hombre para salvación de la humanidad



sábado, 6 de septiembre de 2014

SANCTAE MARIAE IN SABBATO

La zarza que había visto Moisés, ardiente e incombustible, es una figura de la conservación de vuestra admirable virginidad. Santa Madre de Dios, intercede por nosotros

Creador del orbe, acordaos
que tomasteis nuestra carne
en el purísimo seno
de una Virgen toda amable.

María, Madre de gracia,
de clemencia dulce Madre,
protégenos del demonio,
y en la muerte no nos faltes.

Jesús, a Ti se dé gloria,
Hijo de Virgen y Madre,
 y al Padre y al almo Espíritu,
Por los siglos eternales.

Así sea.

Del Oficio Parvo de la Santísima Virgen María