lunes, 28 de julio de 2014

FRAGMENTO DE LA POESÍA MÁS HERMOSA...


De Beata Virgine, Dei Matre Maria


Antes de lanzar
con su palabra
los mundos en el espacio,
antes de extender
la inmensa tierra,
ya Dios te había concebido
en su mente eterna
y concebido como su Madre
en la gloria de la virginidad.

¿Dónde estarías entonces
a los ojos del divino Padre,
cuando surgió en el universo
el torbellino de los mundos?

Aunque las olas
del mar sin límites
no se arrastrasen por las
playas
ni se deslizara el río
en curvas caprichosas;
aunque del fecundo tremedal
las fuentes no brotaran,
ni se asentaran
sobre las moles gigantescas
los picos acantilados:
ya te había concebido
en su mente
el Padre supremo,
que tu habías de concebir
en tu seno, como a un hijo,
para purificar el mundo entero
de las hediondas manchas
y ser eficaz medicina
a mis llagas.

¿Quién puede decir
tu hermosura,
tu encanto,
si te idolatró el artífice divino?
Futura salvación,
prometida al primer padre,
tú le habías de restituir la vida
en el casto fruto
de tus entrañas.
Como el letal veneno
Eva nos había de corromper:
concebida sin mancha,
nos presentarías
tú el antídoto.

Estremeció, al nombre
de la segunda mujer,
la astuta serpiente,
que endereza en sus lazos a la
primera.

Concebida en seno materno
como todos nosotros,
sólo tú, oh Virgen,
fuiste libre de deshonra
que mancha a los demás,
y aplastas con el calcañar
la cabeza
del enroscado dragón,
reteniendo bajo las plantas
su frente humillada.

Toda bella de albura y luz
no hubo sombra en ti,
dulce novia de Dios.
Jamás se estampó
en tu pecho
la mancha del crimen;
mácula alguna, por mínima
que fuese,
empapó jamás tu belleza.
Oh hermosura sin par...

San José de Anchieta



sábado, 26 de julio de 2014

VOS...


Mis ojos y mi alma se vuelven hoy hacia Vos, Virgen del Carmen: Vos que habéis sido la inspiradora de una gran corriente de profetas, desde Elías hasta el carisma profético de la Santa Iglesia en el Nuevo Testamento; Vos que enseñasteis incluso antes de existir, y fuisteis el modelo de los que creyeron en el Salvador prometido en las Escrituras; Vos que representasteis el apogeo de la esperanza de esos hombres de Dios, porque fuisteis la nube de la cual llovió el Redentor; Vos sois hoy el Arca de la Alianza de la que ha de venir la victoria para el mundo, como lo anunciasteis en Fátima: 

“Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”

Inundad mi alma, ¡oh Madre!, de la certeza de ese triunfo y de la valentía de permanecer en pie en la derrota, en la adversidad, esperando el día de vuestra gloria. Así sea.

Plinio Corrêa de Oliveira



martes, 22 de julio de 2014

EL PODER DEL SANTO NOMBRE DE MARÍA...



El Nombre de María tiene ese poder mágico sobre el corazón de Dios. Dios, Hijo, Jesucristo, entrega todo lo que tiene a los que le extienden la mano en nombre de su Madre; Dios Padre, fuente de toda riqueza, concede toda la gracia a los que mendigan ante Él invocando el nombre de su Hija muy amada.

Padre Jean Guibert



miércoles, 16 de julio de 2014

16 DE JULIO, NUESTRA MADRE DEL CARMEN

Oh Virgen Santísima, amparad y asistid a los que os veneramos bajo el dulce título del Carmen y hacednos dignos de vuestras promesas. Salvadnos y abridnos las puertas del cielo. Amén

La Virgen es la Madre que nos viste de la gracia, que toma bajo su protección nuestra  vida sobrenatural hasta asegurar su florecimiento en la vida eterna. Ella, la toda limpia, llena de gracia desde el primer instante de su Concepción, toma nuestras almas manchadas por el pecado, y con gesto maternal las lava en la Sangre de Cristo, las reviste de la gracia que, juntamente con Él, nos ha merecido. Podemos muy bien decir que el vestido de la gracia ha sido tejido por las manos benditas de María, la cual, día tras día, momento tras momento, se ha dado a sí misma entera, en unión con su Hijo, por nuestra redención. La leyenda habla de la túnica inconsútil que la Virgen tejió para Jesús; mas para nosotros –y es una realidad- ha hecho mucho más: ha cooperado a procurarnos el vestido de nuestra salvación eterna, vestido de bodas por el cual seremos introducidos en la sala del banquete celestial. ¡Cómo quisiera Ella que este vestido fuese imperecedero! Desde el momento en que lo hemos recibido, María no ha cesado jamás de seguirnos con su mirada maternal para tutelar en nosotros la vida de la gracia. Cada una de nuestras conversiones a Dios, cada levantarnos de la culpa –grande o pequeña-, cada progreso en la gracia se efectúa siempre por la mediación de María. El escapulario que la Virgen del Carmen nos ofrece no es más que el símbolo externo de esta su asidua tarea maternal; símbolo, pero también prenda de salvación eterna. 





“Recibe, hijo amadísimo –dijo la Virgen a San 

Simón Stock-, este escapulario; quien muera 

con él no parecerá el fuego eterno”





La Virgen asegura la gracia suprema de la perseverancia final a todos los que llevan dignamente su Santo Escapulario

“Quien lleve el escapulario –ha dicho el Venerable Pío XII-, hace profesión de pertenecer a Nuestra Señora”; precisamente en fuerza de nuestra pertenencia a Ella, la Virgen se toma un cuidado especialísimo por nuestras almas: lo que es suyo no puede perderse, no puede ser tocado por el fuego eterno. Su poderosa intercesión maternal le da derecho a repetir a favor de sus hijos las palabras de Jesús: “Padre Santo…, he guardado a aquellos que Tú me diste, y ninguno de ellos ha perecido” (Jn. 17, 12).


Flor del Carmelo, Viña florecida, Esplendor del cielo, Virgen singular; Madre bondadosa e intacta, otorga a tus Hijos tus privilegios, ¡oh Estrella del mar!

San Simón Stock



lunes, 14 de julio de 2014

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN


FAVORECE MARÍA SANTÍSIMA A UNA DONCELLA DEVOTA Y PUDOROSA A QUIEN UN HOMBRE LIVIANO Y DESALMADO ARROJARA AL MAR

Nuestra Señora del Carmen - Granada

Don Alfonso de Meneses, Prefecto de las Galeras de Nápoles, tenía a su servicio una tierna doncellita, llamada Lelia, tan hermosa e inteligente como honesta y recatada, la cual era en extremo devotísima de nuestra Santísima Madre del Carmen, vistiendo desde su niñez el Santo Escapulario. Prendóse de ella tan ciega y apasionadamente un infeliz mancebo, que sólo su modestia pudiera refrenar sus atrevidos pensamientos. Aparentó cesar en su loco devaneo, pero fue sólo para mejor lograr lo que urdía o maquinaba su depravada malicia. 

Habiendo salido el Señor de Nápoles con sus galeras, fingió el criado que le había dejado dicho su señor, al hacerse a la mar, que en tal día de la semana próxima fuese Lelia acompañada del criado en una chalupa para llevarle unas mudas de ropa a un puerto cercano. La inocente muchacha, luego que llegó el día señalado, creyendo obedecer el mandato de su amo, tomando la ropa que juzgara necesaria, sin advertir ni reparar el menor peligro, entró sola con el soldado en la chalupa. A los pocos minutos de hacerse a la mar ya conoció la inocente doncellita los depravados designios de aquel avieso y lascivo mancebo. Ya que estuvieron en alta mar, creció de todo punto su tribulación con la furiosa tempestad que el corazón podrido de aquel licencioso lanzaba bramando contra ella. Viendo el desalmado mancebo que se resistía trató de violentarla, mas ella se defendió tan valerosamente que nada pudo conseguir su instinto bestial y depravado. 

Ebrio y ciego de furor el licencioso mancebo, tomándola por la cintura, arrojóla al mar, cosa a la que Lelia no se resistió, por librarse de las miradas lascivas de aquel monstruo del averno, pues confiaba en el poderoso valimiento y en el auxilio presto y eficaz de la Virgen Santísima del Carmen, cuyo Escapulario llevaba al cuello, con fervor, desde muy niña. Y en efecto, no se hizo esperar un solo instante. 

No haría un cuarto de hora que estaba sumergida en las aguas, e invocando sin intermisión a la Santísima Virgen, cuando la Divina Providencia dispuso que pasara muy cerquita de ella una nave, e inspirada por la Reina del Cielo comenzó a dar voces diciendo: ¡Pedro Andrés Cenemón, socorredme! Percibiéronse claramente en la nave las tristes y decaídas voces que diera la infeliz, sin que el ruido del oleaje pudiese desvanecer el triste acento de la doncella, y quedando maravillado el patrón de que le llamaran por su propio nombre. 

El primer pensamiento o la primera corazonada de Pedro fue el creer que algún conocido, desde alguna embarcación cercana, le llamaba; mas le desengañó la vista, pues en cuanto alcanzaba el horizonte no pudo descubrir ser alguno. Volvió a repetir otra vez la misma plañidera voz igual exclamación, y al oído certificó la vista, pues vio sobre el agua a una mujer, y arrojándose al punto al mar libró de aquel peligro a la que María Santísima había querido salvar maravillosamente. 

Ya en la nave, y luego que se hubo Lelia recobrado, comenzó a dar gracias a María Santísima entre amorosos suspiros y tiernísimas lágrimas, sin que el patrón de la nave y los demás compañeros saliesen de su estupor, al ver que le había llamado por su propio nombre sin que jamás le hubiera conocido. Interrogada por éste respondió : "Has de saber, Pedro, que luego que caí al mar, me recogió en su manto una hermosísima Señora vestida de hábito del Carmen, la cual, cuando pasabas, me indicó te llamase por tal nombre, pues tú me sacarías del mar." 

No le cabía el gozo en el corazón a Pedro Andrés viéndose favorecido por la Madre de Dios para librar a su devota hija de semejante peligro. Y dejando el rumbo que llevaba encaminó la proa de su embarcación hacia Nápoles, a fin de dejar allí su milagrosa huésped. Llegados al puerto, desembarcó Lelia, la cual, sin detenerse un punto, corrió hasta el convento de los Carmelitas, publicando a voces por las calles la misericordia que María Santísima había obrado con ella. 

Dio a la Virgen Santísima, en su imagen de la Bruna, las más rendidas acciones de gracias, y después de autenticar este prodigio se pintó en un lienzo a la Virgen Santísima sosteniéndola en las aguas y a Pedro depositándola en su nave, para que no faltase en lo futuro quien diese gracias a nuestra Madre amorosísima por semejantes prodigios como reserva y dispensa a sus devotos. Ave María. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.




sábado, 12 de julio de 2014

NUESTRO IMITAR A MARÍA

Si nuestro corazón, como el de María, está fuertemente anclado en Dios, nada podrá arrancarlo de su actividad interior, que es buscar, amar al Señor y vivir en su intimidad

Santa Teresa del Niño Jesús, hablando de ciertos sermones sobre la Virgen Santísima, decía que “se la presenta a la Virgen inaccesible, habría que presentarla imitable”. Es verdad que María es inaccesible en los altísimos  privilegios que coronan su maternidad divina, y es justo considerar tales privilegios para admirar, contemplar y alabar las grandezas de nuestra Madre y para enamorarnos más de Ella; pero al mismo tiempo hay que mirar a María en el cuadro concreto de su vida terrena, ambiente humilde y sencillo, que no rompe las líneas de la vida ordinaria común a toda madre de familia. No hay duda que bajo ese aspecto María es verdaderamente imitable. Contemplar las grandezas de María, esforzarnos por imitar sus virtudes, he aquí el programa de todo cristiano. Hemos de considerar especialmente a María como modelo e ideal de las almas de vida interior. Nadie ha comprendido mejor que Ella la profundidad de aquellas palabras de Jesús: “Sólo una cosa es necesaria”, y nadie ha vivido como Ella su significado. Desde el primer instante de su vida María fue toda de Dios y vivió únicamente para Dios; recuérdense los años pasados a la sombra del Templo en el silencio y en la oración; los meses transcurridos en Nazaret íntimamente recogida, en oración continua al Verbo eterno encarnado en su seno; los treinta años vividos en dulce intimidad con Jesús, su Hijo y su Dios; más tarde la vida apostólica de Jesús, su Pasión, donde María, participó plenamente y, finalmente, los años pasados junto a Juan, cuando María, con su oración escondida, era el sostén de la Iglesia que nacía. Aunque cambie el fondo que ambienta sus pasos y su actividad, aunque cambien las circunstancias externas que rodean su existencia, la vida de María sigue inmutable en su sustancia, en la búsqueda íntima y silenciosa de lo “único necesario”, en la unión con Dios solo. El sucederse de los acontecimientos, o su misma actividad exterior no le impiden vivir siempre en esta actitud de continua oración, en que nos la presenta hermosamente San Lucas. “María guardaba todo esto –los misterios del Niños Dios- y lo meditaba en su corazón” (2, 19 y 51).


miércoles, 9 de julio de 2014

EL SANTO PADRE PÍO Y LA SANTÍSIMA VIRGEN

¡Que la Virgen, clemente y piadosa, nos continúe obteniendo de la inefable bondad del Señor fuerza para afrontar hasta el final las pruebas de amor que nos sobrevengan!

Santo Padre Pío

María sufrió atrozmente ante su Hijo Crucificado; sin embargo, no puedes decir de Ella se hallase abandonada. Más aún, jamás había amado tanto a su Hijo como entonces, que ni siquiera podía llorar. Apóyate, como la Virgen, en la Cruz de Cristo, y hallarás alivio en tus sufrimientos.
La Virgen de los Dolores nos consiga de su Santo Hijo la gracia de hacernos penetrar cada vez más en el misterio de la Cruz y asociarnos con Ella a los padecimientos de Jesús.
María, la Madre de Jesús y Madre nuestra, nos haga entender todo cuanto encierra el secreto del dolor cristianamente soportado y nos alcance la fuerza necesaria para poder subir hasta la cumbre del Calvario, cargados con la propia Cruz.

Santo Padre Pío



lunes, 7 de julio de 2014

¡OH SEÑORA MÍA! YO QUISIERA SUPLICARTE UNA MIRADA DE TU MISERICORDIA...


¡Oh bendita entre todas las mujeres, que vences en pureza a los ángeles, que superas a los santos en piedad! Mi espíritu moribundo aspira a una mirada de tu gran benignidad, pero se avergüenza al espectro de tan hermoso brillo. ¡Oh Señora mía!, yo quisiera suplicarte que, por una mirada de tu misericordia, curases las llagas y úlceras de mis pecados; pero estoy confuso ante ti a causa de su infección y suciedad. Tengo vergüenza, ¡oh Señora mía!, de mostrarme a Ti en mis impurezas tan horribles, por temor de que Tú a tu vez tengas horror de mí a causa de ellas, y sin embargo, yo no puedo, desgraciado de mí, ser visto sin ellas.

San Anselmo




viernes, 4 de julio de 2014

4 DE JULIO, SANTA MARÍA REFUGIO DE LOS PECADORES

Nuestra Señora "Refugio de los Pecadores", Poggio Prato (Italia) 

Es indiscutible que nuestra Madre del cielo toma bajo su protección a los hijos que se han desviado del camino recto. Como buena Madre, llena de bondad y de ternura, ejerce las delicadas atenciones de su corazón con más predilección con aquellos que más lo necesitan, los pobres pecadores. Cuando oye sus gemidos pidiéndole socorro, los acoge al instante. Ella les conseguirá las gracias que facilitarán su arrepentimiento y la confesión de sus pecados por numerosos y graves que sean. Ella es, por excelencia, la reconciliadora de los pecadores, y merece por tanto con justicia el título de “Refugio de los pecadores”.

OREMOS

¡Oh Dios Omnipotente y misericordioso!, que has puesto en la Bienaventurada y siempre Virgen María el refugio y auxilio de los pecadores; concédenos que, bajo su protección, libres de todas las culpas, consigamos el fruto feliz de tu misericordia. Por Nuestro Señor Jesucristo. AMÉN 




miércoles, 2 de julio de 2014

VISITACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA A SU PRIMA SANTA ISABEL

¡Oh Madre mía, María Santísima! Sé siempre mi modelo, mi sostén y mi guía

¡Oh María, qué eminente es tu humildad apresurándote al servicio ajeno! Si es cierto que quien se humilla será ensalzado, ¿quién lo será más que Tú que te has humillado tanto?

Al verte, Isabel se queda atónita y exclama: “¿De dónde a mí tanto honor, que la Madre de mi Dios venga a mí?” Pero es aún mayor mi asombro al ver que Tú, igual que tu Hijo, has venido no para ser servida, sino para servir… Precisamente por este motivo te trasladas a casa de Isabel. 

Tú, la Virgen, junto a la mujer casada, la Reina junto a la sierva, la Madre de Dios junto a la madre del Precursor; Tú que darás a luz al Hijo de Dios junto a la que darás a luz a un esclavo.

San Bernardo



martes, 1 de julio de 2014

¡OH VIRGEN SANTA DEL CARMEN!

Nuestra Señora del Rosario del Carmen 

(imagen de veneración privada, en la localidad de Herencia, Cuidad Real)

¡Oh Virgen Santa del Carmen! Jamás podremos corresponder dignamente a los favores y gracias que nos has hecho al darnos tu santo Escapulario. Acepta nuestro sencillo, pero hondamente sentido, agradecimiento y, ya que nada te podemos dar que sea digno de Ti y de tus mercedes, ofrecemos nuestro corazón, con todo su amor, y toda nuestra vida, que queremos emplear en el amor y servicio de tu Hijo Señor nuestro, y en propagar tu dulce devoción, procurando que todos nuestros hermanos en la fe, con los cuales la divina Providencia nos hace convivir y relacionar, estimen y agradezcan tu gran don, vistiendo el santo Escapulario, y que todos podamos vivir y morir en tu amor y devoción. Amen.