domingo, 29 de septiembre de 2013

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN POR ESPAÑA


¡Oh Inmaculado Corazón de María!, velad por España. Invocad la misericordia de vuestro Divino Hijo para que ilumine las inteligencias de los que gobiernan, a fin de que vean claramente el recto camino de la verdad. 

¡Virgen Poderosa! Ahuyenta al enemigo de la España Católica. Defiende la integridad de la fe en las familias, dirige sus pasos para que superen toda crisis, vacilación y cansancio. 

¡Virgen Santísima! Haz que reine en España un constante empeño por llevar una vida cristiana. Muéstrate Madre indulgente con tu querida España, que fue siempre nación mariana de raíz profunda.


¡Inmaculado Corazón de María! Infunde la virtud en todos los españoles para que reine la fe, la honestidad y la paz. Amén.

SEÑORA, VIRGEN Y REINA DEL CIELO


Quien tuviere por  Señora
la Virgen, Reina del
Cielo, no tenga ningún recelo.

Pues a flacos corazones
con su gracia torna fuertes,
hace vidas de las muertes,
y es llave de las prisiones,
quien de sus intercesiones
alcanzare algún consuelo,
no tenga ningún recelo.

Siempre vive sin tristura,
quien La tiene devoción;
de muy gran consolación
la vista de su figura;
el que servirla procura
con amor en este suelo
no tenga ningún recelo.

A quien Ella de asadía
no teme ningún temor,
y si tiene algún dolor,
se le vuelve en alegría.

JUAN DEL ENCINA

martes, 24 de septiembre de 2013

BEATAE MARIAE VIRG. A MERCEDE

Esperanza de los cautivos, ¡ruega por nosotros!
Conocida primeramente con el nombre de Orden de Santa Eulalia para el rescate de los cautivos, la Orden de Nuestra Señora de la Merced (mercedes quiere decir rescate) fue creada en el siglo XIII; se había propuesto como fin el rescate de los cristianos presos de los musulmanes. En el siglo XV se atribuía su fundación a San Pedro Nolasco y a San Raimundo de Peñafort, a quienes se apareció la Santísima Virgen, tomando la obra bajo su protección. La fiesta del 24 de septiembre conmemora esta aparición; celebrada primeramente por la Orden, fue extendida a la Iglesia universal en 1696.

ORACIÓN

Oh Dios, que, por medio de la gloriosa Madre de tu Hijo, te has dignado dotar a la Iglesia con una nueva familia que librase a los fieles cristianos del poder de los sarracenos; haz que por los méritos e intercesión de aquella a quien devotamente veneramos como fundadora de tan grande obra, nos veamos libres de todos los pecados y del cautiverio del demonio Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor Amén.

sábado, 21 de septiembre de 2013

REINA DE LOS MÁRTIRES

¡Oh Santa Madre de Dios, grabad profundamente las llagas de Jesús en mi corazón!
Virgen Santísima y Reina de los Mártires, María, recibid el homenaje más sincero de mi amor filiar. Acoged en vuestro Corazón, atravesado por tantas espadas, a mi pobre alma. Recibidla por compañera de vuestros dolores junto a la Cruz, en la cual murió Jesús por la redención del mundo. Con Vos, Virgen dolorida, sufriré gustoso todas las angustias, las contradicciones y las enfermedades con las cuales el Señor se complacerá en visitarme. Todo os lo ofrezco en memoria de vuestros dolores, de suerte que todos los pensamientos de mi mente y todos los latidos de mi corazón sean un acto de compasión y de amor a Vos; y Vos, dulce María, tened compasión de mí, reconciliadme con vuestro Divino Hijo Jesús, conservándome en su gracia y asistiéndome en la última agonía, para poder llegar al cielo a cantar vuestras glorias. Así sea.

Indulgencia de quinientos días. (S. C. de Indul., 20 mar. 1887; S. Pen. Ap., 19 mayo 1934 y 18 jun. 1949) 

martes, 17 de septiembre de 2013

EL CORAZÓN DE TU SANTÍSIMA MADRE


Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas

domingo, 15 de septiembre de 2013

DOLORUM B. MARIAE VIRG.

Cuando mi cuerpo esté muerto,
haz que mi alma consiga
gozar contigo en el cielo
de aquella gloria infinita
V. Oh Dios, atended a mi socorro:
R. Acudid, Señor, luego a ayudarme.

Gloria al Padre… etc.

I. Os compadezco, oh María de los Dolores, por la aflicción que sintió vuestro tierno Corazón, al oír la profecía de Simeón el anciano. Amada Madre mía, por vuestro Corazón tan afligido, alcanzadme la virtud de la humildad y el don del santo temor de Dios.

Avemaría

II. Os compadezco, oh María de los Dolores, por la angustia que sufrió vuestro muy sensible Corazón durante la huída y permanencia en Egipto. Amada Madre mía, por vuestro tan angustiado Corazón, alcanzadme la virtud de la generosidad, particularmente para con los pobres, y el don de piedad.

Avemaría

III. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquellas ansias que sintió vuestro solícito Corazón, cuando perdisteis a vuestro querido Jesús. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal suerte agitado, alcanzadme la virtud de la castidad y el don de ciencia.

Avemaría

IV. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquella consternación que sintió vuestro Corazón, cuando encontrasteis a Jesús con la Cruz a cuestas. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal manera apenado, alcanzadme la virtud de la paciencia y el don de fortaleza.

Avemaría

V. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquel martirio que soportó vuestro generoso Corazón, cuando asististeis a Jesús agonizante. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal manera martirizado, alcanzadme la virtud de la templaza y el don de consejo.

Avemaría

VI. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquella herida que padeció vuestro Corazón, cuando aquella lanzada abrió el costado de Jesús e hirió su amantísimo Corazón. Amada Madre mía, por vuestro Corazón de tal manera lacerado, alcanzadme la virtud de la caridad fraterna y el don de entendimiento.

Avemaría

VII. Os compadezco, oh María de los Dolores, por aquel espasmo que sintió vuestro Corazón, al ser sepultado Jesús. Amada Madre mía, por vuestro Corazón en extremo afligido, alcanzadme la virtud de la diligencia y el don de sabiduría.

Avemaría

V. Rogad por nosotros, Virgen dolorosísima.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

OREMOS

Os rogamos, Señor Jesucristo, que la Bienaventurada Virgen María, cuya sacratísima alma, en la hora de vuestra Pasión, fue atravesada por una espada de dolor, interceda por nosotros ante vuestra clemencia, ahora y en la hora de la muerte, Por Vos, Jesucristo, Salvador del mundo, que con el Padre y el Espíritu Santo vivís y reináis, por los siglos de los siglos. Así sea.

Indulgencia de cinco años.
Indulgencia de siete años, cada uno de los días del mes de septiembre.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre si se repiten estas preces, durante un mes entero, todos los días. (Pío VII, Audiencia, 14 de enero 1815; S. Pen. Ap., 6 oct. 1935 y 3 abril 1941)

jueves, 12 de septiembre de 2013

DULCE NOMBRE DE MARÍA

Nuestra Señora del Dulce Nombre de María
Alcalá de Guadaira-Sevilla

ORACIÓN

Te suplicamos, ¡oh Dios omnipotente!, nos concedas que tus fieles, que se glorían del Nombre y la protección de la Santísima Virgen María, se vean libres por su piadosa intercesión, de todos los males en el tierra, y merezcan llegar a los goces eternos del cielo. Por Nuestro Señor Jesucristo.



domingo, 8 de septiembre de 2013

NATIVITATE B. MARIAE VIRG.

"Tu natividad, ¡oh Virgen Madre de Dios!, anunció la alegría al mundo entero; porque de ti salió el Sol de justicia, Cristo nuestro Dios"
Días antes de su parto, Ana había anunciado a su esposo Joaquín que este suceso se aproximaba. Envió ella mensajeros a Séforis donde vivía su hermana Maraha, al valle de Zabulón a casa de María Enué, hermana de Isabel y a Betsaida a la casa de su sobrina María Salomé para invitarlas a que viniesen a su casa. Vi a Joaquín la víspera del parto de Ana, enviar numerosos servidores a los parajes en que pacían sus ganados. Entre las nuevas criadas de Ana, no dejó en casa sino las indispensables para el servicio; él mismo fue al campo más inmediato.

Joaquín oró por largo tiempo, escogió los más hermosos corderos, cabritos y bueyes y los envió al templo como sacrificio de acción de gracias. No volvió a casa sino hasta la noche.

Las tres parientas de Ana llegaron al anochecer a la casa de Joaquín. La visitaron en el cuarto que seguía a la sala principal y la abrazaron.  Ana después de anunciarles la proximidad de su parto, estando de pié entonó con ellas un cántico en éstos o semejantes términos: “Alabad al Señor Dios; El ha tenido piedad de su pueblo, ha cumplido la promesa que hizo a Adán en el Paraíso, cuando le dijo que la descendencia de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente”

Después de ésta oración de bienvenida, se sirvió a las mujeres una pequeña cena de pan, frutas y agua mezclada con bálsamo.  Ellas comieron y bebieron de pié y después se fueron a dormir para descansar del viaje y Ana se quedó de pié y oraba.  A medianoche despertó a sus parientas para que orasen con ella; la siguieron y se colocaron detrás de una cortina en el sitio del lecho.

Abrió Ana las puertas de un pequeño nicho cavado en el muro y que encerraba reliquias en una caja. En ambos lados encendieron luces pero ignoro si eran lámparas. Un escabel rellenado estaba al pié de esa especie de altarcillo. En el relicario había cabellos de Sara, por quien Ana conservaba gran veneración, huesos de José que Moisés trajo de Egipto, cierta cosa de Tobías, quizá algún pedazo de vestido y el vasito brillante en forma de pera en el cual bebió Abraham cuando lo bendijo el ángel y que Joaquín había recibido con la bendición. Ahora sé que ésta bendición era de pan y vino y como un nutrimento o comida sacramental.

Ana se arrodilló delante del nicho, dos de las mujeres estaban a sus costados y la tercera a sus espaldas; Ana dijo entonces un cántico y creo que era sobre la zarza de Moisés.  En ese instante una luz sobrenatural llenó el cuarto y se movía y condensaba en derredor de Ana.  Las mujeres cayeron de cara como desvanecidas; la luz tomó en torno de Ana la forma de la zarza de Moisés en el Horeb, de suerte que no vi más a la esposa de Joaquín.  La llama radiaba hacia el interior y de repente, vi que Ana recibiese en sus brazos a la niña María toda resplandeciente; la envolvió en su capa, la estrechó contra su seno y enseguida la puso sobre el escabel ante el relicario y continuó en oración.  Entonces oí llorar a la niñita y vi que Ana sacaba pañales debajo del gran velo que la cubría.   Envolvió a la criatura hasta bajo sus brazos, dejando descubierto pecho, cabeza y brazos, la aparición de la zarza ardiendo se había disipado.

Las mujeres se levantaron y quedaron sorprendidas, verdaderamente emocionadas y tomaron a la recién nacida en sus brazos; ellas lloraban de puro contento. Todas entonaron un nuevo cántico en acción de gracias y Ana suspendió en el aire a la niña como para ofrecerla a Dios.

En ese instante vi de nuevo llenarse de luz el aposento y oí a muchos ángeles que cantaban “Gloria” y “Aleluya”. Entendí todo lo que decían: Anunciaban que a los 20 días, la niña recibiría el nombre de María.

Ana entró a su pieza para acostarse y se puso en la cama.  Las mujeres desnudaron a la niña, la bañaron y la envolvieron de nuevo.  Después de esto, la llevaron a su madre, cuya cama estaba dispuesta de manera que se podía poner en ella un canasto descubierto en donde la niña tenía un lugar aparte al lado de su madre.

Las mujeres llamaron entonces a su padre Joaquín, vino cerca del lecho de Ana, se arrodilló y derramó abundantes lágrimas sobre la niña; luego la levantó en sus brazos y entonó un cántico de alabanzas como Zacarías en el nacimiento de Juan.

En ese salmo habló del santo germen que, puesto por Dios en Abraham, se perpetuó en el pueblo de Dios con la alianza sellada por la circuncisión y que en ésta niña llegaba en su última florescencia. Oí además en éste cántico que la palabra del profeta Isaías: “Una vara saldrá de la raíz de Jessé”, estaba ahora cumplida.  Dijo también con mucho fervor y humildad que ahora moriría él de buena gana.

Beata Ana Catalina Emmerich

lunes, 2 de septiembre de 2013

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA

Cuando el mundo, el demonio y mis propias pasiones, coaligados para mi perdición, me persigan con sus tentaciones y quieran hacerme perder el tesoro de la divina gracia: 

¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
Se narra en la historia de las fundaciones de la Compañía de Jesús en el reino de Nápoles de un noble joven escocés llamado Guillermo Elphinstone. Era pariente del rey Jacobo, y habiendo nacido en la herejía, seguía en ella; pero iluminado por la gracia divina, que le iba haciendo ver sus errores, se trasladó a Francia, donde con la ayuda de un buen sacerdote, también escocés, y, sobre todo, por la intercesión de la Virgen María, descubrió al fin la verdad, abjuró la herejía y se hizo católico. Fue después a Roma. Un día lo vio un amigo muy afligido y lloroso, y preguntándole la causa le respondió que aquella noche se le había aparecido su madre, condenada, y le había dicho: “Hijo, feliz de ti que has entrado en la Verdadera Iglesia; yo, por haber muerto en la herejía, me he perdido”.

Desde entonces se enfervorizó más y más en la devoción a María, eligiéndola por su única Madre, y Ella le inspiró hacerse religioso, a lo que se obligó con voto. Pero como estaba enfermo, se dirigió a Nápoles para curarse con el cambio de aires. Y en Nápoles quiso Dios que muriese siendo religioso. En efecto, poco después de llegar, cayó gravemente enfermo, y con plegarias y lágrimas impetró de los superiores que lo aceptasen. Y en presencia del Santísimo Sacramento, cuando le llevaron el Viático, hizo sus votos y fue declarado miembro de la Compañía de Jesús.

Después de esto, era de ver cómo enternecía a todos con las expresiones con que agradecía a su Madre María el haberlo llevado a morir en la Verdadera Iglesia y en la Casa de Dios, en medio de los religiosos sus hermanos. “¡Qué dicha -exclamaba- morir en medio de estos ángeles!”

 Cuando le exhortaban para que tratara de descansar, respondía: “¡No, ya no es tiempo de descansar cuando se acerca el fin de mi vida!” Poco antes de morir dijo a los que le rodeaban: “Hermanos, ¿no veis los ángeles que me acompañan?” Habiéndole oído pronunciar algunas palabras entre dientes, un religioso le preguntó qué decía. Y le respondió que el Ángel le había revelado que estaría muy poco tiempo en el Purgatorio y que muy pronto iría al Paraíso.

Después volvió a los coloquios con su dulce Madre María. Y diciendo: “¡Madre, Madre!”, como niño que se reclina en los brazos de su madre para descansar, plácidamente expiró. Poco después supo un religioso, por revelación, que ya estaba en el Paraíso.