jueves, 31 de mayo de 2012

DIE 31 MAII, B. MARIAE VIRG. REGÍNAE

María Virgo caelos ascéndit.
Cum Christo regnat in aetérnum

O Gloríosa Vírginum,
Sublímis inter dídera,
Qui te creávit, párvulum
 Lacténte nutris úbere.

Quod Heva tristis ábstulit,
Tu redddis almo gérmine:
Intrent ut astra flébiles,
Caeli reclúdis cárdines.

Tu regis alti iánua
Et aula lucis fúlgida:
Vitam datam per Vírginem,
Gentes redémptae. pláudite.

Iesu, tibi sit glória,
Qui natus es de Vírgine,
Cum Patre, et almo Spíritu,
In sempiterna saecula. Amen.

lunes, 28 de mayo de 2012

MES DE MAYO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (final)


DÍA VEINTIUNO

MARÍA, FLOR DE LAS FLORES

Fuiste Tú, Madre mía, la flor blanca, pura y nacarada, en cuyo cáliz se posó el rocío del cielo, Jesús... El Sol del cielo besó ese cáliz, fecundándolo... La gracia puso en Ti aromas y colores, que Te hacen la Flor por excelencia bella... Te levantas en el vergel florido de las almas buenas como el lirio se yergue en la pradera, para ser rey de los campos y de las flores...

Reina de las flores, gustas, Madre mía, que las almas sean jardín florido, bajo los rayos del Sol de la gracia, Jesús... Las flores de estos jardines son la mejor gala de tus altares en el mes de Mayo... ¿Hay flores en mi alma? Lirios de pureza, violetas de humildad, rosas de caridad, pasionarias de penitencia... ¿las hay en mi alma? Quiero cuidar con más cariño el árido, pobre jardín mío, hasta ahora tan abandonado...

Propósito.- Ofrece todos los días a María un flor espiritual.

DÍA VEINTIDOS

MARÍA, SENDA DEL PARAÍSO

Los hombres vivían alejados del camino de la verdadera vida... Cuarenta siglos anduvieron errantes, a ciegas, sin encontrarlo... Jesús vino a la tierra, y, sin que nadie pudiese discutirle, dijo: Yo soy el camino... Camino que lleva indefectible y seguramente a la vida, que es el mismo Dios... Pero, Tú, Madre mía, eres madre de Jesús, Tú eres Jesús comenzado, el principio de esa senda segura y hermosa del cielo... Encontrarte, tenerte a Ti, es encontrar y tener a Jesús...

Las madres enseñan a dar los primeros pasos a sus hijos... Las madres los llevan dulcemente de la mano, para que no tropiecen... Madre mía, enséñame, guíame en el camino del cielo... Tú eres ese mismo camino... ¡Qué dicha de haberte encontrado! ¡Oh, no quiero apartarme jamás de Ti!...

Propósito.- Confía a la Virgen la dirección de tu alma.

DÍA VEINTITRÉS

MARÍA, ESCALA DEL CIELO

Es cierto, Madre mía, que Jesús, tu Hijo, fue el soberano reconciliador de los hombres con Dios… El es, no sólo la Víctima, Hostia y Sacerdote, sino también el Medianero que vive siempre en el cielo, según frase de los Libros Santos, “intercediendo por nosotros”, como Hombre Dios… Pero, esta misma condición de Dios, ¿no pudiera ser motivo de temor a las almas débiles, pusilánimes, cargadas de crímenes, que han provocado las justas iras de ese Dios?... ¿Cómo acudir a Él por Él?...

Tú realizas, Madre mía, esa misión, recibiendo en tus brazos de madre a entrambos hijos: al ofendido y al ofensor… Por esto mismo eres la escala del cielo… Las almas débiles y pusilánimes, acobardadas por grandes pecados, pueden sin miedo acudir a Ti, seguras de que el miedo no las hará vacilar al subir por Ti a las alturas del Dios del cielo…

Propósito.- Acudir siempre a Jesús por María.

DÍA VEINTICUATRO

MARÍA, SEÑORA MÍA

No es preciso, ponderar, Madre mía, por qué soy tuyo… Tienes todos los títulos a un dominio pleno sobre mí, como Reina y Madre mía… Pero mi corazón, ansiando ligarse aún más fuertemente a Ti, quiere recrearse en este título con que hoy Te invoco… ¡Señora mía! No deseo tener otro dueño que Tú… Quiero pertenecerte entera y totalmente…

Tú, Madre mía, eres mi Señora, y yo soy tu siervo humilde… Tú mandas en mí, y yo quiero obedecerte… Tú no permitas que alguien impere en mí, y yo no quiero tener otra Señora que Tú… Tú vela y cuida de mí, y yo me abandono enteramente a tu protección… Tú recibe mis humildes servicios y dame, Señora, como mejor premio y salario el servirte eternamente.

Propósito.- Ofrécete y conságrate a María, como humilde esclavo suyo.

DÍA VEINTICINCO

MARÍA, SOSTÉN MÍO

¿No son los hijos siempre niños para sus madres, dulce Madre mía?... Porque lo son, se convierten ellas en el apoyo más fiel, dulce y fuerte y constante de ellos… En las horas de duda, lucha, vacilación, están ellas al lado de sus hijos con la ilusión y consagración de los días de la infancia, para llevarlos de la mano, sortear los peligros, calentarlos en su regazo y cobijarlos con su pecho…

Mi guía y sostén eres Tú, Madre mía de mi alma… Pobre niño, vacilo, y titubeo, y temo, y… no sé andar… Dame Tú la mano blanda, acariciadora, maternal, para que no tropiece, vacile y caiga… ¿Quién mejor puede sostenerme que Tú?... Madre mía, me apoyo e Ti, con la confianza y dejadez de un niño…

Propósito.- Ten sentimientos infantiles con relación a tu Madre, María.

DÍA VEINTISÉIS

MARÍA, GLORIA MÍA

¡Qué santo y legítimo es el orgullo con que un hijo llama madre a la mujer digna por todos los títulos, de este augusto nombre…! Madre, vale tanto como abnegación, dedicación, providencia, ternura, comprensión, indulgencia, amor, amor, amor… ¡Con qué santo orgullo pienso que Tú eres mi madre!, ¡oh, dulce Madre mía…! No hay dote excelsa que no brille en Ti para mí… La grandeza, la bondad, la belleza, triple diadema, hecha por Dios, ciñe tus sienes… para mí…

Tú, Madre mía, eres mi gloria, porque jamás pude soñar, ni mucho menos merecer, tenerte por madre… ¡Si yo fuera gloria tuya…! ¡Si pudiera ser para Ti el timbre de orgullo que lo son los buenos hijos para sus madres…! Quiero serlo… Pero, al menos, acuérdate de que, aunque no lo sea como debiera, siempre lo será para Ti el ser buena hasta para los malos… ¡Madre mía…!

Propósito.- No deshonres con tu vida el excelso título de hijo de María.

DÍA VEINTISIETE

MARÍA, CONSUELO MÍO

Es éste otro de los dulces oficios de madre: consolar a los hijos… La vida es inquietud, y en la inquietud hay torturas… La vida es llanto, y en el llanto hay duelo… La vida es un continuo agonizar, y la agonía es el mayor dolor… En las luchas, en las inquietudes, en las lágrimas, en la agonía… ¿quién puede consolar, sabe consolar y quiere consolar como una madre…?

Tú, Madre mía, fuiste para Jesús el único consuelo de su vida… Sus divinos ojos pudieron beber siempre el maternal consuelo en los tuyos maternales… En su infancia, en su destierro, en su vida apostólica, en su pasión… el único lenitivo fuiste Tú…
Jesús, Madre mía, Dios, no precisaba tanto esos maternales consuelos como yo, pobre, desgraciado hijo tuyo también… ¡Qué profundamente necesito en la vida, oh Madre, de tus consuelos…!

Propósito.- En las dificultades de la vida, acude siempre a María.

DÍA VEINTIOCHO

MARÍA, MADRE SOLÍCITA

Nadie vela con el interés de una madre. Únanse en ella la intuición y el instinto, el amor y el deber y la abnegación para convertirla en la providencia de los hijos… En el nido del hogar extiende las calientes alas, cobijando…; y clava los ojos, avizores, en el horizonte, precaviendo peligros…; y rasga el propio pecho, si es preciso, como el pelícano amoroso, dando la propia sangre, y en ella la vida, a sus hijitos…

Solicitud, desvelo constante eres Tú, Madre mía, para mí… Aquella escena de las bodas de Caná, en que atiendes con tierno interés la preocupación de los jóvenes esposos, e impulsas a tu Hijo a obrar el primer milagro… ¡qué constantemente se repite…! ¡No tienen vino…! exclamaste, dirigiéndote a Jesús… ¡Madre mía! Con intuición de madre Tú adivinas aun aquello mismo que no sé decirte o no acierto a decirte… Anticípate Tú a mis necesidades, cuídame, defiéndeme… interesa a Jesús por mí…

Propósito.- Ten gran confianza en la solicitud maternal de María, al mirar el provenir.

DÍA VEINTINUEVE

MARÍA, REINA Y MADRE DEL PURGATORIO

También en el Purgatorio, lugar de expiación y de dolor, reinas Tú, Madre mía… Las almas que allí viven te han amado en la tierra, han muerto en tus brazos, invocando tu Nombre… Te han encontrado nuevamente en el divino Tribunal, como Abogada y Defensora… Te aman ardientemente, cantando tus bondades, mirándote suplicantes en el Purgatorio… ¿Puede una madre ver, impasiblemente, sufrir a sus hijos?... ¿Podrá no estremecerse tu Corazón de ternura al ver las almas del Purgatorio, Madre mía?...

¡Qué poco invoco tu intercesión a favor de tantas almas queridas como en el Purgatorio tengo, Madre mía! ¡Qué poco recuerdo a quienes quiero y allí sufren…! Debo rectificar mi conducta… Nadie como Tú, Madre mía, puede y debe interesarse por mis almas queridas del Purgatorio… ¡Reina!: manda que se rompan sus cadenas… ¡Madre!: llévalas a Ti…

Propósito.- Haz en honor de María y provecho del Purgatorio, el voto de ánimas.

DÍA TREINTA

MARÍA, REINA DE LA PAZ

Después del diluvio de desventuras que el pecado trajo a la tierra, fuiste Tú, Madre mía, no sólo el arco iris que brilló en los cielos, anunciando el perdón y la compasión de Dios, sino también la blanca paloma que trajo el ramillete de oliva al mundo, símbolo de la paz entre el cielo y la tierra… Por Ti, los hombres se han reconciliado con Dios… En Ti el Juez y el reo se han encontrado, abrazándose…

Nadie mejor que Tú puede llevar el hermoso título de Reina de la paz… Por Ti se reconcilió Dios con los hombres, haciéndose Hijo tuyo, para ser Hermano nuestro y constituir la gran Familia Cristiana, en la cual todos somos hermanos, hijos de Dios, hijos tuyos… Por eso eres Madre no sólo de justos, sino hasta de pecadores, para que lo sentimientos de paz y fraternidad reinen en tus hijos… Dadme, Madre mía, la paz para el mundo, para mi Patria, para los míos, para mí…

Propósito.- Pide frecuentemente a María el bien de la paz.

DÍA TREINTA Y UNO

MARÍA, ABOGADA DE LA BUENA MUERTE

Nunca las madres aparecen más dignas de su augusto nombre como en el trance de la muerte de sus hijos… El amor y el dolor las transforma en tal manera, que borrado el fondo de egoísmo que existe en el ser humano, se idealizan en la sublimidad… Nadie más madre que Tú, Madre mía… Nadie mejor madre que Tú, Madre mía… ¡Cómo no auxiliarás a tus hijos moribundos…!

Recuerdo el momento doloroso del Calvario… Recuerdo la agonía dolorosísima de Jesús… Te veo a Ti, Madre mía, Amor y Dolor, velando aquel morir lento y cruel de tu Hijo… Contando los eternos minutos de su agonía, amargada con su hiel, herida con sus heridas, punzadas con sus espinas, taladradas con sus clavos y su lanza… Desde entonces sé cuánto sabes consufrir son tus hijos… ¡Cuánto espero de Ti en la hora de mi muerte…! ¡Madre!: Sélo entonces de este pobre hijo tuyo…
Propósito.- Haz, en honor de María y provecho del Purgatorio, el voto de ánimas. Pide frecuentemente a María el bien de la Paz. Reza diariamente Tres Avemarías a la Virgen, para que te ampare en la hora de la muerte.

Propósito.- Reza diariamente tres Avemarías a la Virgen, para que te ampare en la hora de la muerte.

"Mes de Mayo brevísimo" del R. P. Juan R. de Legísima, O.F.M.

miércoles, 23 de mayo de 2012

MES DE MAYO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA


DÍA ONCE

MARÍA ESPERANZA MÍA

Lo que el cielo sería sin sol, sería mi vida sin Ti, Madre mía... La tristeza, el miedo, el frío, la incertidumbre y la muerte... Toda mi existencia es el continuo despertar de la desilusión... Soy como el niño corriendo tras las aladas y frágiles mariposas... Sólo Tú no eres desilusión, porque eres eterna Esperanza mía... En Ti confío, como se confía en una Reina y en una Madre...

La Iglesia te llama "madre de la santa Esperanza", Madre mía. Me acojo a esa dulce invocación... Espero, Madre, que no te canses de mí, que me ames siempre, que me defiendas, que me consueles, que me salves... Espero en tu bondad... Espero en tu poder... Espero en tu Corazón... Espero en Ti, ¡Madre mía!

Propósito.- Aviva frecuentemente tu esperanza en María

DÍA DOCE

MARÍA, MADRE DEL AMOR HERMOSO

¿Por que la Iglesia y las almas te saludan, Madre mía, con este bellísimo título? Eres, en verdad la Madre del Amor por excelencia hermoso, de Jesús... Pero, no solamente eres Madre del Amor hecho carne en tu carne purísima, sino la amantísima Madre en las almas de ese amor que es desvelo y afán, apoyo y caricia, compasión y ternura en una Madre como Tú... No hay hermosura como la de tu amor maternal, que engendra hermosuras de virtudes, purifica a las almas, embellece los espíritus, asemeja a Dios, santifica y salva...

Dadme, Madre mía, las caricias de tu Hijo, Amor hermoso hecho carne... Dadme las tuyas, ¡oh Madre!, que purifiquen, santifiquen, embellezcan de amor puro y santo mi vida entera...

Propósito.- Pedir frecuentemente a María bendiga todos mis afectos

DÍA TRECE

MARÍA, MADRE DE LOS DOLORES

No llevaría, ¡oh Madre! tu amor el sello de lo maternal si no te hubiera costado amargas lágrimas y prolongados martirios… Por esto mismo venero y amo con ternura de hijo tu Corazón traspasado por tantas espadas de dolor… Ellas me hablan de tus penas acerbas en el Templo, y en Egipto, y en la calle de la Amargura y en el Calvario… Pero me hablan aun más alto de tu amor más grande y perdurable que el mismo dolor… No hay amor como el tuyo, porque no hubo color como el tuyo…

Yo bien sé, Madre mía, que mis pecados no son ajenos a tus dolores… Siempre los desvaríos de los hijos son la crucifixión y aun la muerte de las madres… Pero las madres, más grandes en su amor que en su dolor, aman tanto más a sus hijos cuanto más desgraciados... Madre mía: ¡mira si esta razón no te brinda un motivo más ¡ay! para quererme...!

Propósito.- Medita con frecuencia en los Dolores de María

DÍA CATORCE

MARÍA, MADRE CLEMENTÍSIMA

Permite, Madre mía, que mi egoísmo de pobre pecador medite uno de los títulos que más ligan tu bondad y poder a mi ruindad y miseria… Siempre fue para Ti un excelso honor el desempeñar oficios de misericordia… ¡Misericordia!, es decir, “corazón entregado al miserable”. ¡Madre mía! ¡Cuánto te obliga este título para conmigo! ¡Cuánta confianza me inspira en Ti…!

Díjose ya desde muy antiguo que el “miserable, el pobre, es cosa sagrada”. Su propia miseria y desamparo le hacen digno de compasión y lástima a los buenos corazones… ¿Hay corazón más clemente y bueno que el tuyo, Madre mía? Tu vida entera en la tierra fue un acto de clemencia y compasión de los pecadores… Tu vida del cielo es la entronización de la Clemencia al lado de la propia Justicia… ¡Oh María! Tú eres Madre del Juez y del reo… Libra el pobre reo de las justas iras del Divino Juez…

Propósito.- Se misericordioso con tu prójimo, para merecer la clemencia de la Virgen

DÍA QUINCE

MARÍA, FORTALEZA DE LAS ALMAS

Nada hay, Madre mía, que tanto valor infunda a un hijo como la sombra de su madre. Cubierto y amparado por ella, siéntese héroe, lucha, triunfa y muere fiel a su deber… Tu manto, Madre mía, es coraza para tus hijos; tu mano, escudo protector… Tu mirada alienta al heroísmo… A tu lado, mi alma se siente fuerte contra los embates del mundo y del demonio…

Quiero, Madre mía, luchar por ser bueno a tu lado. Vencedora del pecado y del infierno, Torre de fortaleza, acógeme a tu abrigo y protección, seguro de que tu nombre será mi égida y mi amparo y mi galardón… No es posible la derrota a tu lado…

Propósito.- Ten valor en las tentaciones, confiando en María

DÍA DIECISÉIS

MARÍA, ESPEJO PURÍSIMO

El mismo Dios, Madre mía, se ha mirado en Ti, como en espejo cristalino, sin mancha… Nadie como Tú, ha reflejado su Imagen; nadie la aprisionó como Tú… Era para Jesús una de sus mayores delicias pirarse en Ti y contemplar la fidelidad con que El se veía reproducido en Ti.

Una de las mayores alegrías de la maternidad, es la de sentirse prolongada, continuada en los hijos… Quisiera, Madre mía, que al mirarme, como a pobre hijo tuyo, te sintieras reflejada en mí, por tu pureza, humildad, obediencia… ¿No es sagrado deber de un hijo el ser fiel a la sangre y espíritu heredados? ¡Cómo debo trabajar, Madre mía, por asemejarme más a Ti!

Propósito.- Resuelve hacer más honor a tu excelso título de María

DÍA DIECISIETE

MARÍA, LUZ DEL ALMA

Pobre niño, aunque los años hayan pasado sobre mi vida, la incertidumbre, la ignorancia, el halago y el miedo… ¡qué triste influencia, Madre mía, ejercen en mi alma! Parece que a cada paso que doy, las tinieblas de la duda, del temor, de la inconstancia me rodean más densas y tristes… ¡Madre!: Tú eres mi estrella polar, la luz de mis ojos, guía firme y fidelísimo en el laberinto de mi vida…

Jesús, el Sol que ilumina, calienta y vivifica, te eligió por Aurora, Madre mía. La aurora es primicia dulce y blanda del sol… ¡Qué María ilumine siempre mi alma por su protección y su ejemplo, y Jesús, Sol divino, la calentará, vivificará y salvará…!

Propósito.- Pide siempre a la Virgen que te ilumine y te lleve de la mano

DÍA DIECIOCHO

MARÍA, PASTORA DE LA ALMAS

La pobrecita oveja, tantas veces díscola y extraviada, reconoce en Ti, Madre mía, a su Pastora… Alimentas a tu rebaño con tu propia carne y sangre, que son carne y sangre de Jesús… Lo defiendes de los asaltos y ardides del demonio, lobo hambriento y astuto que gira en torno del redil… Lo proteges, velando siempre, día y noche, en preocupación e intercesión constantes, por tus ovejuelas… Esperas, llamas, buscas, acaricias, curas… a las tristes ovejas descarriadas…

¡Cuántas ovejas, Madre mía, perdidas si no fuera por Ti…! ¡Cuántas, cuántas, salvadas por Ti! Yo me encuentro en el número dichoso de éstas… Tú me has llamado, buscado, encontrado, traído al redil… Tú me has guardado con solicitud amorosa, bajo tu cayado de Pastora amabilísima…

Propósito.- Confía a la Virgen la defensa y cuidado de tu alma

DÍA DIECINUEVE

MARÍA, PUERTA DEL CIELO

Día triste aquel, Madre mía, en que la madre de todos los mortales, Eva, salió llorando del paraíso y vio cerrarse tras sí las puertas del Edén… En las negruras de este día, sólo brilla, como luz de esperanza, la profecía de Aquel que, siendo el Cielo, te escogería a Ti como dorada Puerta suya… Eva nos las cerrará. Tú, no sólo las abres, sino que eres la misma Puerta del Cielo, Jesús…
Por Ti, Madre mía, se va a Jesús… Encontrarte a Ti es encontrarle a El… Para ir a El, es preciso ir por Ti… Sois inseparables… Por eso eres Puerta de la eterna vida, en donde Jesús, tu Hijo es la Vida eterna de los suyos… ¡Qué dicha, Madre mía, que Tú seas mi Puerta del cielo…!

Propósito.- Da rendidas gracias a María, porque te abrió las puertas del cielo

DÍA VEINTE

MARÍA, TRONO DE DIOS

Nunca, Madre mía, adoro a Jesús con tanta ternura como al verle entronizado en tu virginal regazo… La epifanía de Belén y del Clavario es perpetua para mí… Muéstrase Jesús a las almas en Belén, entronizado en tu regazo maternal, como en solio de pureza y amor, no temible, sino dulce y adorable. El Divino Niño me invita a caer de rodillas ante El… Muéstrase en el Calvario, yerto en tus brazos, Madre mía, muerto por mí, amando, perdonando, redimiendo…

Quiero, Madre mía, adorar a Jesús en tus virginales brazos, unido a Ti. Así serás más mío, porque veré en El a tu Hijo y a mi Hermano, y a Ti en medio, reconciliándome con El… ¡Papel adorable de una Madre como Tú!...

Propósito.- Fomenta la devoción a la infancia y pasión de Jesús

martes, 22 de mayo de 2012

MES DE MAYO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA


DÍA QUINTO

LA INMACULADA

Desde la eternidad ocupas, Madre mía, lugar privilegiado en la mente de Dios... Predestinada a ser Hija predilecta del Padre, Madre amadísima del Hijo, Esposa Santísima del Espíritu Santo, eres "escogida como el sol", como la criatura más ligada a la Santísima Trinidad. ¡Cuánta perfección veo en Ti, Madre mía!

No hay sombra de mancha en Ti. Eres toda hermosa, dice el Espíritu Santo al mirarte... Satanás, a quien venías a humillar para siempre, no tuvo parte en Ti...; no pudo mancharte con su baba inmunda... ¡Madre mía!, triunfadora de Satán; humíllalo otra vez en mí... ¡Que yo, ayudado por Ti, triunfaré de las tentaciones con que me asalta...!

Propósito.- En las tentaciones invoca siempre a María

DÍA SEXTO

MISIÓN DE MARÍA

¡Qué papel tan admirable, Madre mía, te ha adjudicado Dios para mí...! Asociada constantemente a la misión redentora y salvadora de Jesús, por la Encarnación le robas a los cielos y le das tu propia carne y sangre, para dármela...; por la Redención ofreces a los cielos en holocausto y expiación de mis pecados esa carne y sangre adorables...; por la Eucaristía, te constituyes en verdadera Madre mía, al darme la carne y sangre de Jesús, que son carne y sangre tuyas... ¡Qué bien cumples tus deberes de Madre para mí...!

Encarnación, Redención, Eucaristía, misterios del Amor Divino, pero misterios también del Amor tuyo hacia mí, Madre mía... Quiero meditarlos, venerarlos, amarlos en este aspecto íntimo y particular... ¡Qué Madre eres, Madre mía...!

Propósito.- Comulga siempre con vivo afecto y espíritu de unión a María

DÍA SÉPTIMO

SANTIDAD DE MARÍA

¡Admirable santidad la tuya, Madre mía! Predestinada para ser en la tierra madre del Santo de los Santos, de la Santidad misma, ¡de qué dones, gracias, carismas y virtudes debió de enriquecerte...! Tú fuiste el riquísimo estuche que encerró la inapreciable joya de Jesús... Y si las almas se santifican en el trato con Dios, Tú, Madre mía, Tú "Templo de Dios", "Sagrario del Espíritu Santo", Madre de Dios, ¡qué maravilla de perfección y santidad eres...!

Brota en tu alma, Madre mía, otra fuente de santidad no menos rica. Bien puedes decir: "Mi amado para mí y yo para El!, porque si Dios "te eligió y reeligió", como dice la Iglesia, ¡qué dedicación y consagración la tuya a El...! Tu vida es un continuo acto de amor a Dios esencia y resumen de toda santidad... ¡Santa Madre mía!

Propósito.- Haz frecuentes actos de presencia de Dios

DÍA OCTAVO

MARÍA, REINA

No hay imperio como el tuyo, Madre mía. El cielo y la tierra, los ángeles y los hombres, el mismo Dios, tu Hijo, te obedecen... Vestida del sol, calzada de la luna, coronada de estrellas, a la diestra del mismo Dios, levantas el cetro amable de tu poder... Los hombres jamás pudimos soñarla como Tú...

Eres mi Reina, Madre mía, por todos los títulos... Los tienes todos a mi veneración y cariño. ¿Hay poder, y belleza y bondad y benignidad como la tuya? ¡Qué grato vivir bajo tu cetro! Mi alma y mi vida, como si no tuvieses tantos títulos a su veneración y afecto, te eligen su Reina por aclamación... ¡Reina y Madre mía! ¡Vasallo e hijo tuyo!

Propósito.- Aclama frecuentemente a María por Reina tuya

DÍA NOVENO

DULZURA DE MARÍA

Eres para mí, Madre mía, un tesoro de dulzura. Tu corazón se inclina siempre hacia mí, a pesar de tanta miseria como me rodea... Tus oídos me escuchan siempre, cuando te llamo... Tus labios tienen mieles para mí... Tus ojos me envuelven es esa mirada de Madre tan digna de Ti... Las amarguras de la tierra y del alma, encuentran en Ti, Madre mía, no sólo un dique, sino un remedio.

Madre de Aquel que es dulzura de los cielos, has inundado la vida de consuelo... Sin Ti, Madre mía, la vida sería dura y amarga y triste, como lo es un hogar sin madre, en el que no hay caricias para los pequeñuelos... ¡Madre mía! Tú has suavizado mi vida, Tú la has llenado de dulzura al llenarla de consuelos y esperanzas...

Propósito.- En las penas, pedir siempre consuelo a María

DÍA DIEZ

MARÍA, REFUGIO DE PECADORES

Es para mí, Madre mía, este título uno de los que más te honran y más me consuelan... Pienso, al evocarte con él, que tu maternal compasión te hizo olvidar las torturas del Calvario, causadas por los pecadores, y que las has convertido en mieles para tus pobres hijos...

¡Qué profundo y regalado consuelo! Ya el demonio, el infierno y el pecado no podrán atemorizarme ni desesperarme... ¿Quién me separará de tu maternal regazo? ¿Quién podrá arrancarme de tus brazos? ¿Quién se atreverá conmigo, Refugio mío, amparo de este pobre pecador? ¡Oh, Madre mía, qué confianza grande tengo en tu protección!...

Propósito. - En las tentaciones, acógete al amparo de María

lunes, 21 de mayo de 2012

MES DE MAYO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA


ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

Por la señal. etc…

¡Madre mía! Déjame que te llame así, aunque sea el más pobre y el más malo de tus hijos. Para los más pobres tienes Tú, dulce Madre las más esplendidas generosidades, y para los más malos, tus ternuras más maternales.
Mírame, ¡oh Madre mía! mírame a tus pies, con esa mirada de misericordia con que las madres envuelven a sus pobres hijos. Soy hijo tuyo, porque Jesús me ha confiado a Ti, porque Tú me has aceptado por hijo, porque yo te he escogido por Madre, porque yo te confieso la mejor, la mas buena, la más tierna de las Madres. Soy tuyo, Madre mía, y no puedes mirarme, a pesar de mis miserias, ni con indiferencia, ni con desamor. Mi ruindad misma ¿no es un título más que me hace acreedor a tu benigna indulgencia, Reina y Madre de misericordia?
Aquí me tienes en brazos de tu maternal bondad. Quiero rendirte un tributo de cariño y gratitud durante este mes de mayo, mes florido para Ti. Mi alma no tiene flores que ofrecerte porque me veo estéril para toda virtud, lleno de miserias, pecados e imperfecciones. Ofrézcote, en cambio, Madre mía, mi vida entera, mi alma toda, en homenaje de total entrega a Ti. Se mi Reina, para compadecerte de mi; se mi Madre, para quererme. Compadéceme, quiéreme siempre, no me desampares nunca, vela por mí, para que sea un trofeo más de tu misericordia y bondad, en la tierra y en el cielo. AMEN

DÍA PRIMERO

MARÍA, MADRE DE DIOS

Es el mejor, el más excelso de tus títulos... Dijiste Tú, Madre mía, que te llamarían "bienaventurada todas la generaciones"... ¡Cómo se apiña en torno tuyo el mundo entero, el mundo del dolor, sobre todo...! También yo he pecado...; sufro...
¿Por qué, Madre mía, el mundo entero acude a Ti...? ¡Porque eres Madre del mismo Dios...! La carne y la sangre de Jesús son tu carne y sangre virginales... Jesús es hijo tuyo, te debe la vida de su cuerpo... Por eso Tú eres mi vida, que me has dado a Jesús... ¡Vida mía, Madre mía...!

Propósito.- Invoca a María con verdadero espíritu filial.

DÍA SEGUNDO

MARÍA, MADRE DE LOS HOMBRES

La primera y natural condición de una madre es amar, amar mucho a sus hijos...¡Cuánto me has querido, Madre mía, pues por mi amor has sacrificado a Jesús, tu Hijo amadísimo...! Tu amor lleva, pues, el sello de lo inequívoco, el sello del sacrificio...
Tengo en el cielo una Madre de cuyo poder no puedo dudar: es Madre de Dios...; de cuya bondad no debo dudar: me ha querido hasta el sacrificio de la Cruz... Sus ojos me miran siempre... Su corazón late por mí... Su manto es mi refugio... ¡Madre, Madre mía...!

Propósito.- Durante este día conságrate como hijo a María.

DÍA TERCERO

EL NOMBRE DE MARÍA

Tu nombre, Madre mía, es un abismo de grandeza y de ternura... ¡Qué admirablemente te compendia y te explica a mi corazón de hijo...! Significará "Iluminada e Iluminadora", "Estrella del mar", "Señora", "Mar"..., pero siempre dirá a mi alma que eres luz de mis ojos... sol de mi vida... océano de dulzura y de bondad... ¡Que dicha llamarte así, María!

En las dudas, Sol de mi vida, ilumíname y guíame... En las tristezas, Océano de dulzura, embriágame... En las tentaciones, Mar de fortaleza, defiéndeme... En la vida y en la muerte, "Señora" mía, tenme por tuyo... ¡María!

Propósito.- Repite frecuentemente en Santo Nombre de María

DÍA CUARTO

BELLEZA ESPIRITUAL DE MARÍA

¡Qué hermosa eres, Madre mía!... El Espíritu Santo dijo de Ti que "muchas hijas acumularon riquezas, pero que Tú las aventajaste a todas..." Por esto fuiste "jardín de delicias", lleno de flores y de aromas... De Ti, en Ti, nació la Belleza increada... Eres madre de la misma Belleza, Jesucristo, la cumbre del Arte Divino...

¿Por qué tanta hermosura?... Porque eres Madre de la Divina Gracia... Nadie como Tú recibió más gracias... Nadie las aprovechó mejor... Fuiste llena de gracia... "Llena para Ti, desbordante para mí..."

¡Madre de la divina gracia, hazme fiel a ella!

Propósito.- Ser fiel a las divinas inspiraciones.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

¡Madre de Jesús y dulce Madre mía! Antes de levantarme de tus pies y arrancarme de tus brazos maternales para cumplir los deberes de mi vida, permíteme te salude e invoque en este mes de mayo como Flor del Campo, Rosa de Caridad, Lirio de Candor, Violeta de Humildad, las tres virtudes predilectas  de tu Corazón. Infúndelas en el mío, ¡oh, María!, y que la caridad, la pureza y la humildad broten en mi árido corazón, fecundadas con el calor de la gracia, cuidadas por tus virginales mano. Así tus ojos maternales y misericordiosos me mirarán siempre aunque pobre pecador, para no dejarme nunca sin amparo. ¡Lo necesito tanto, Madre mía! Sin tu protección ¡qué triste sería el vivir, y cuán horrible sería el morir! Con ella no temo a la vida ni a la muerte. Ampárame siempre, no me dejes nunca, pues confío plenamente en Ti, para que calmes los anhelos de mi alma, para que protejas a los míos, remedies mis necesidades espirituales y materiales, intercedas por mis difuntos y en la hora de mi muerte no te apartes de mí para alentarme, defenderme y salvarme. AMÉN

Récense tres Avemarías y una Salve.

domingo, 20 de mayo de 2012

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE, MARÍA


SANTA MUERTE DE UNA PASTORCILLA

Una pastorcilla que guardaba ganado tenía puesta toda su afición y delicia en ir muchas veces a una ermita de Nuestra Señora, edificada en el monte, y pasar allí el tiempo en obsequios y amorosos coloquios con su dulce Madre. Y por no estar la imagen, que era de bulto, tan adornada como convenía, le hizo con mucha fatiga un manto decente. Un día trajo una guirnalda de flores silvestres, y subiéndose al altar, se la puso, diciendo: “Madre mía, yo quisiera que fuese una corona de oro y piedras preciosas; pero como pobre os ofrezco esta guirnalda de flores; aceptarla en testimonio de lo mucho que os amo” Con estos y otros obsequios semejantes procuraba venerarla y servirla

Veamos ahora cual fue la recompensa de parte de la tierna Señora para con esta su querida hija. Habiendo caído enferma de peligro, sucedió que yendo por allí de viaje dos religiosos, y habiéndose sentado a descansar a la sombra de un árbol, tuvieron una visión, el uno en sueños y el otro despierto. Vieron que se acercaba una compañía de doncellas muy hermosas, y una entre todas mucho más hermosa y llena de majestad, a la que preguntó: “Señora, ¿quién sois y a dónde vais por estos caminos?” “Soy la Madre de Dios, respondió, que con estas santas vírgenes voy a visitar aquí cerca a una pastorcilla que se está muriendo, pues ella me ha visitado muchas veces a Mí” Y dicho esto, desaparecieron. Los dos religiosos siervos de Dios se dijeron uno a otro: “Vamos también nosotros” Y llegando a la choza, hallaron a la moribunda echada en la paja. La saludaron, y ella les dijo: “Hermanos, pedid a Dios que os obra los ojos del alma para que veáis la compañía que me asiste” Se arrodillaron y vieron a la Virgen, que, con una corona en la mano, estaba consolándola. En esto comenzaron las vírgenes a cantar, y al mismo tiempo se desató del cuerpo aquella alma dichosa. María le puso la corona, y tomándola en sus dulces brazos, se la llevó consigo al Cielo.

sábado, 19 de mayo de 2012

CONOCIENDO A MARÍA


La capital jienense venera desde hace cinco siglos una talla policromada del siglo XV conocida bajo la advocación de Nuestra Señora de la Capilla, reconocida oficialmente como la Patrona de Jaén. La imagen no está consagrada en un templo dedicado a su advocación, sino que recibe culto en una capilla que alberga la parroquia de San Ildefonso.
La leyenda dice que le noche del 10 al 11 de junio de 1430 la Virgen bajó del cielo y recorrió las calles de la ciudad en compañía de un cortejo celestial, deteniéndose tras la iglesia en la que recibe culto, donde celebró maitines. Tal prodigio se refrendó en documento público elevado ante notario por los cuatro testigos presénciales, dos hombres y dos mujeres.
El culto a Nuestra Señora de la Capilla se extendió rápidamente por la ciudad. Cada día 11 de junio se celebra, desde el siglo XV, el aniversario de su aparición, con una solemne procesión y honores rendidos por el cabildo catedralicio y municipal.
La Cofradía encargada de su culto remonta sus estatutos al siglo XVI, y recibió la dignidad de Real cuando en 1926 se reunieron en una sola todas las hermandades de la ciudad y Alfonso XIII distinguió esta asociación.
Prueba de la extensión de la devoción a Nuestra Señora de la Capilla puede ser esta breve y resumida referencia de cuantos personajes se han postrado a los pies de la imagen coronada canónicamente el 11 de junio de 1930 y recoronada en 1953 en la fecha de s aniversario: Felipe II, la Infanta Isabel, San Antonio María Claret y otras muchas personalidades que sería imposible nombrar.
La imagen de Nuestra Señora de la Capilla representa al Niño en su brazo izquierdo, al que parece acunar, y con la mano derecha sosteniendo un sable. Sobre su pedestal está la representación de la luna y alude claramente al simbolismo de su victoria sobre el infiel, atribuida por aquella época en gran medida a su intercesión.

UNA NUEVA ANDADURA


Estimados Hermanos en el Señor y en su Santa Madre.
Un nuevo blog empieza su andadura por estos mundos de Internet. Dedicado plenamente a la Excelsa Madre de Dios María Santísima. Pretende ser humilde y sencillo, como Ella. Y que por medio de él, aprendamos a más conocerla y amarla. Espero su comprensión y paciencia por los fallos que pueda cometer. Y para empezar pidiendo su bendición para todos nosotros vamos con una preciosa oración. 


 
¡Oh Señora, os diré como San Buenaventura, oh amabilísima Señora, que amando y dispensando gracias robáis los corazones de los hombres!: llevaos también el mío, pues, aunque miserable, desea amaros ardientemente. Vos, Madre mía, con vuestra belleza enamorasteis al mismo Dios, y le trajisteis del Cielo a vuestro seno purísimo; ¿cómo podré yo vivir sin amaros? Igualmente os diré con aquel otro vuestro amante hijo San Juan Berchmans: “No descasaré hasta conseguir un amor muy afectuoso a mi dulcísimo Madre”, un amor tierno y constante, pues que fue tan grande el vuestro para conmigo, sin merecerlo, antes bien, ano haber sido por él y por las muchas misericordias que de Dios me habéis alcanzado, ¿qué sería ya de mí? Si, pues, aun entonces, que no os amaba, Vos me amabais tanto, ¿qué no debo esperar de la bondad de vuestro Corazón ahora que ya os amo? Os amo, Madre mía, si, os amo, y quisiera juntar en mi pecho el amor de cuantos infieles hay en el mundo que no quieren amaros. Quisiera tener millares de lenguas para dar a conocer vuestra grandeza, vuestra santidad, vuestra misericordia y el amor grande con que correspondéis a todos los que os aman. Si tuviese riquezas, todas las emplearía en vuestro honor y culto; si tuviese vasallos, a todos los quisiera obligar a ser vuestros amantes. Quiera dar la vida por Vos, siendo necesario. Os amo, Madre mía, pero, por otra parte, temo que el mío no es amor verdadero, pues dicen que el amor hace semejantes a las personas que se aman. Y así, viéndome tan diferente a Vos, lo tengo por señal de no amaros como debo. Vos tan pura, yo tan inmundo; Vos tan humilde, yo tan soberbio: Vos tan santa, yo tan pecador. Mas esto es lo que hoy humildemente os pido, que ya que vuestro amor para conmigo es tan grande, que me hagáis semejante a Vos. Poder tenéis para mudar los corazones; aquí está el mío: tomadle en vuestra manos sacratísimas y trocadle enteramente, dando a conocer al mundo lo mucho que podéis a favor de los que amáis, y haciéndome de este modo santo e hijo digno de tan alta Madre, como lo espero con toda confianza por vuestra bondad. AMÉN