domingo, 30 de agosto de 2015

CONOCIENDO EL MENSAJE DE FÁTIMA

“La imagen de Nuestra Señora de Fátima recuerda la última intervención misericordiosa del Corazón de María para salvar a los hombres y a las naciones”, decía el Cardenal Cerejeira, Patriarca de Lisboa. Y Pío XII añadía: “Ha pasado la hora de discutir la realidad de las apariciones de Fátima. Ha llegado ya el momento de aceptar sus enseñanzas”

En Fátima la Virgen ha hablado al mundo y nos ha revelado su Corazón Doloroso e Inmaculado como arca de salvación, refugio y renovación de las almas, como camino seguro y sencillo para llegar a Dios en estos tiempos de tanto peligro y desorientación, a cambio tan sólo, así lo ha prometido Nuestro Señor, de un amor sincero de entrega y de reparación por las ofensas a su Corazón.

La historia de Fátima puede dividirse en tres capítulos, tan enlazados como distintos entre sí: las apariciones del Ángel en 1916, las apariciones de la Virgen desde mayo hasta octubre de 1917, y unas apariciones complementarias en donde la Virgen viene a realizar lo que prometiera el 13 de julio de 1917. Todo ello forma una unidad perfecta, en la que no es posible separar unas cosas de las otras, ni en los hechos ni en el mensaje.

El mensaje de Fátima se resume en el Corazón Inmaculado de María, elemento central y omnipresente en estas revelaciones.

Veamos qué gracias y perfecciones encierra este Corazón que Dios ha creado para su gloria y nuestra salvación.

Las Apariciones del Ángel

Cuando se produjeron los sucesos de 1917 Lucía, de 10 años, y sus primos Francisco y Jacinta, hermanos de 9 y 7 años respectivamente, guardaban ya un gran secreto: se les había aparecido un Ángel y les había hablado tres veces.


El Ángel de Fátima dejaba en los niños un sentimiento profundo de la Majestad de Dios ofendida, un sentimiento de reparación y deseo vehemente de sacrificio por los pecadores, mostraba la íntima unión de los Corazones de Jesús y María, y preparaba la manifestación del Corazón de la Madre de Dios.


MEMORIAS DE LUCÍA
LAS APARICIONES DEL ÁNGEL DE LA PAZ

Primera Aparición del Ángel

No recuerdo exactamente los datos, puesto que en aquel tiempo no sabía nada de años, ni de meses, ni tampoco de los días de la semana. Me parece que debe haber sido en la primavera de 1916 que nos apareció el Ángel por primera vez en nuestro “Loca de Cabeco”.

Como ya he escrito en el relato  sobre Jacinta, subimos con el ganado el cerro arriba en busca de abrigo, y después de haber tomado nuestro bocadillo y dicho nuestras oraciones, vimos a cierta distancia, sobre la cúspide de los árboles, dirigiéndose hacia el saliente, una luz más blanca que la nieve, distinguiéndose la forma de un Joven transparente y más brillante que el cristal traspasado por los rayos del sol. Al acercarse más pudimos discernir y distinguir los rasgos. Estábamos sorprendidos y asombrados.

Al llegar junto a nosotros dijo:
-No temáis. Soy el Ángel de la Paz. ¡Orad conmigo!
Y arrodillado en tierra inclinó la frente hasta el suelo. Le imitamos llevados por un movimiento sobrenatural y repetimos las palabras que le oímos decir.

-Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Después de repetir esto tres veces se levantó y dijo:
-Orad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas.
Y desapareció.

La atmósfera sobrenatural que nos envolvió era tan densa que casi no nos dábamos cuenta durante un largo espacio de tiempo de nuestra propia existencia permaneciendo en la posición en que el Ángel nos había dejado repitiendo siempre la misma oración. Tan íntima e intensa era la conciencia de la presencia de Dios, que ni siquiera intentábamos hablar el uno con el otro. Al día siguiente todavía sentimos la influencia de esa santa atmósfera que iba desapareciendo sólo poco a poco.

No decíamos nada de esta aparición, ni recomendamos tampoco el uno al otro guardar el secreto. La misma aparición parecía imponernos silencio. Era de una naturaleza tan íntima, que no era nada fácil hablar de ella. Tal vez por ser la primera manifestación de esta clase su impresión sobre nosotros era mayor.

Segunda Aparición del Ángel

La segunda aparición tiene que haber ocurrido sobre mitad de verano, cuando, debido al gran calor, llevamos los rebaños a casa hacia mediodía para regresar por la tarde.

Pasamos las horas de la siesta en la sombra de los árboles que rodeaban el pozo en la quinta llamada Arneiro, que pertenecía a mis padres.
-De pronto vimos al mismo Ángel junto a nosotros.

-¿Qué estáis haciendo? ¡Rezad! ¡Rezad! ¡Rezad mucho! Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia ¡Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo!
-¿Cómo hemos de sacrificarnos? –pregunté.
-De todo lo que pidierais ofreced un sacrificio como acto de reparación por los pecados con los cuáles Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Ángel de su Guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe.

Estas palabras hicieron una profunda impresión en nuestros espíritus como una luz que nos hacía comprender quién es Dios, cómo la agrada y cómo concede en atención a esto la gracia de conversión a los pecadores. Por esta razón, desde ese momento, comenzamos a ofrecer al Señor cuanto nos mortificaba no buscando jamás otros caminos de mortificación y penitencia sino los de quedar durante horas con las frentes tocando el suelo, repitiendo la oración que el Ángel nos enseñó.

Tercera Aparición del Ángel

Me parece que la tercera aparición debe haber sido en octubre o finales de septiembre, porque ya no volvíamos a casa para el descanso del mediodía. Como ya he escrito en el relato acerca de Jacinta, pasamos un día desde Pregueira (un pequeño olivar propiedad de mis padres) a la cueva llamada Lapa (Loca de Cabeco), caminando alrededor del cerro el lado que mira a Ajustrel y Casa Velha. Allí decíamos nuestro rosario y la oración que el Ángel nos enseñó en la primera aparición.

Estando allí apareció por tercera vez, teniendo en sus manos un Cáliz, sobre el cual estaba suspendida una Hostia, de la cual caían gotas de sangre al Cáliz. Dejando el Cáliz y la Hostia suspensos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces esta oración:

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

Después, levantándose, tomó de nuevo en la mano el Cáliz y la Hostia. Me dio la Hostia a mí y el contenido del Cáliz lo dio a beber a Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo:

-Tomad el Cuerpo y bebed la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crimines y consolad a vuestro Dios.

De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros hasta por tres veces la misma oración: Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo… et cétera y desapareció.

Impulsados por la fuerza de lo sobrenatural que nos envolvía imitamos al Ángel en todo, esto es, postrándonos nosotros como él y repitiendo las oraciones que él decía. Tan intensamente sentimos la presencia de Dios, que estábamos completamente dominados y absorbidos por ella. Parecía que por un tiempo bastante largo estábamos privados de nuestros sentidos corporales. Durante los días siguientes nuestras acciones estaban impulsadas del todo por este poder sobrenatural. Por dentro sentíamos una gran paz y alegría que dejaban el alma completamente sumergidas en Dios. También era grande el agotamiento físico que nos sobrevino.

No sé por qué las apariciones de Nuestra Señora producirían en nosotros afectos bien diferentes. La misma alegría íntima, la misma paz y felicidad pero en vez de ese abatimiento físico, una cierta agilidad expansiva; en vez de ese aniquilamiento en la divina presencia, un exultar de alegría; en vez de esa dificultar en hablar, un cierto entusiasmo comunicativo.


miércoles, 26 de agosto de 2015

DULCE ENCUENTRO CON MARÍA (Audios)

NUESTRA SEÑORA DEL VIEJO, PATRONA DE NICARAGUA


Para escuchar el audio, pinchar AQUÍ

sábado, 22 de agosto de 2015

EL CORAZÓN DE MARÍA

Cobijad en Vos la Santa Iglesia; guardadla y sed siempre su dulce asilo y su torre inexpugnable contra todos los ataques de sus enemigos

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre Nuestra!; Corazón amabalísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad y digno de toda veneración; Corazón el más semejante al de Jesús, del cual sois la más perfecta imagen; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias, dignaos romper el hielo de nuestros corazones y haced que se vuelvan enteramente al del Divino Salvador. Infundid en ellos el amor de vuestras virtudes; inflamadlos en aquel bendito fuego en que ardéis continuamente. Cobijad en Vos la Santa Iglesia; guardadla y sed siempre su dulce asilo y su torre inexpugnable contra todos los ataques de sus enemigos. Sed nuestro camino para ir hacia Jesús, y el canal por donde recibimos todas las gracias necesarias para salvarnos. Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro alivio en las aflicciones, nuestro aliento en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones, nuestra ayuda en todos los peligros, pero especialmente en el último combate de nuestra vida, en la hora de la muerte, cuando todo el infierno se desencadenará contra nosotros, para arrebatar nuestra alma, en aquel formidable momento, en aquel trance terrible, del cual depende nuestra eternidad. ¡Ah!, entonces, ¡oh Virgen Piadosísima!, haced que sintamos la dulzura de Vuestro Corazón Maternal y la fuerza de Vuestro poder ante Jesús, abriendo en la fuente misma de la Misericordia un seguro refugio, desde donde podamos llegar a bendecirle, con Vos en el Paraíso, por todos los siglos de los siglos. Así sea.



Indulgencia de quinientos días.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre, si se reza devotamente esta oración, durante un mes entero, todos los días. (S.C. de Indulg., 18 agost. 1807 y 1 febr. 1816; S. Pen. Ap., 15 sept. 1934)

sábado, 15 de agosto de 2015

LA ASUNCIÓN DE NUESTRA MADRE A LOS CIELOS

“¡Oh Madre de Dios y Madre de los Hombres! Te suplicamos que purifiques nuestros sentidos para que aprendamos desde aquí abajo a gustar a Dios, a Dios solo, en el encanto de las criaturas”

La Virgen, que hoy contemplamos subiendo a la gloria del cielo en cuerpo y alma, nos recuerda con una fuerza especial que nuestra morada permanente no es la tierra sino el cielo, adonde, junto con su divino Hijo, nos ha precedido en la integridad de su persona.

Este el pensamiento dominante de la liturgia de hoy: “¡Oh Dios Omnipotente, dice el Oremus del día, que habéis elevado en cuerpo y alma a la gloria celeste a la Inmaculada Virgen María, Madre de vuestro Hijo! Haced, os suplicamos, que, atentos siempre a los bienes celestiales, merezcamos ser asociados a su gloria”. Sí, la fiesta de la Asunción es para nosotros una invitación apremiante a vivir “atentos siempre a los bienes celestiales”, no dejándonos arrastrar por las vicisitudes y halagos de la vida terrena. No sólo nuestra alma está creada para el cielo, sino también el cuerpo, el cual, después de la resurrección de la carne, será acogido en los alcázares del cielo y admitido a participar de la gloria del espíritu. Esta glorificación completa de nuestra humanidad, que no sólo para nosotros, sino también para los santos canonizados tendrá lugar al fin de los tiempos, la contemplamos hoy plenamente realizada en María, nuestra Madre. Este privilegio le convenía muy bien a Ella, toda Santa, cuyo cuerpo nunca estuvo oscurecido por la sombra del mal, sino que fue siempre Templo del Espíritu Santo, y cuyo seno virginal fue Tabernáculo Inmaculado del Hijo de Dios. Y este privilegio nos incita a nosotros a elevar toda nuestra vida, no solamente la del espíritu, sino también la de los sentidos, a la altura de la vida celestial que nos espera.

“¡Oh Madre de Dios y Madre de los Hombres! –exclama el Venerable Pío XII en su bellísima plegaria a la Asunción-: Te suplicamos que purifiques nuestros sentidos para que aprendamos desde aquí abajo a gustar a Dios, a Dios solo, en el encanto de las criaturas”.



Cuán privilegiada eres, y cuán digna, Virgen María, pues, sin menoscabo de tu integridad te ves Madre del Salvador. Virgen Madre de Dios, el que no cabe en el orbe entero, hecho hombre, se ha encerrado en tu seno



miércoles, 12 de agosto de 2015

LA MADRE...


Sólo un hijo ha podido crear a su gusto a la madre de la cual nacería, perfercionarla constantemente a fin de amarla siempre más, sin limitación a la generosidad y a la alegría de su amor. Ese hijo es Jesús, el Verbo Encarnado, el Dios que depositó toda su complacencia en María, mucho antes de llamarla a la vida terrena. La mera previsión de la parte que Ella le correspondía en la Encarnación la unía íntimamente a Él. Y para resguardarse a sí mismo en su humanidad de la ofensa del pecado, la purificó anticipadamente de la mancha original y la revistió de una pureza inmaculada.

P Marie-Joseph Ollivier, OP




sábado, 8 de agosto de 2015

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA


¡Oh poderosa Soberana nuestra! Venid a socorrernos en nuestra debilidad, y dignaos interceder por nosotros con vuestro Divino Hijo, nuestro Señor Jesucristo. ¿Quién podrá hacerlo mejor que Vos, su Madre, que tan íntimamente gozasteis las dulzuras de su amor y su compañía en la tierra y que ahora le poseéis plenamente en el cielo? Hablad a vuestro Hijo, ¡oh Purísima Virgen!, habladle, os lo suplicamos; porque a Vos os escucha y os concede todo cuanto le pedís. Dignaos pedir para nosotros un gran amor de Dios, la perseverancia en su santa gracia, y la felicidad de morir en su amistad, a fin de poderos ver y alabar con Él eternamente. Amén.

San Bernardo



sábado, 1 de agosto de 2015

ORACIÓN EN HONOR AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA

¡Oh Corazón Purísimo de la Santísima Virgen María, alcanzadme de Jesús la

pureza y la humildad de corazón!

¡Amabilísimo Corazón de María!, que ardéis continuamente en vivas llamas de amor divino; por Él os suplico, ¡Madre mía amorosísima!, abraséis mi tibio corazón en ese divino fuego en que estáis toda inflamada. 

Avemaría y Gloria

¡Purísimo Corazón de María!, de quien brota la hermosa azucena de virginal pureza. Por ella os pido, ¡Madre mía inmaculada!, purifiquéis mi impuro corazón, infundiendo en él la pureza y castidad. 

Avemaría y Gloria

¡Afligidísimo Corazón de María!, traspasado con la espada de dolor por la pasión y muerte de vuestro querido Hijo Jesús, y por las ofensas que de continuo se hacen a su Divina Majestad; dignaos, ¡Madre mía dolorida!, penetrar mi duro corazón con un vivo dolor de mis pecados y con el más amargo sentimiento de los ultrajes e injurias que está recibiendo de los pecadores el Divino Corazón de mi adorable Redentor


Avemaría y Gloria


¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!