Y esa lágrima parece decir; ¡oh Madre mía! Decid qué deseáis; todo lo mío es también vuestro ¿Esta concedido; Jesús ha sido ganado! ¡Ha sido tocado en su punto flaco! Ahora pide; lo obtendrás todo, absolutamente todo lo que sea conforme a la gloria de Dios y no perjudique a tu salvación. ¿No es consoladora y confortante esa certeza de ser oído y esa seguridad de poder decir; yo puedo alcanzarlo todo de mi Divino Salvador y Él no me puede negar nada? Pruébalo, y experimentarás que no es ficción piadosa sino dulce realidad. En las penas, en las tentaciones, ve a Jesús con esta simple expresión: "Jesús, aquí tenéis a vuestra Madre!

miércoles, 21 de noviembre de 2018

21 DE NOVIEMBRE, PRESENTACIÓN DE NUESTRA MADRE EN EL TEMPLO

Tan tierno y delicado es este misterio de la vida de la Santísima Virgen, cuanto sumamente práctico por las grandes enseñanzas que encierra para nuestras almas

Prontitud en seguir la vocación de Dios.- He aquí una de los enseñanzas más admirables de este paso. Contempla a la Virgen niña, de edad de tres años, desprenderse de sus padres, subir corriendo las gradas del Templo, sin volver la vista hacia atrás y ofrecerse al servicio de Dios en el Santuario. ¡Qué detalles más divinos! ¡A los tres años! Profundiza bien en esto ¡Qué prisa se da la Virgen por consagrarse al Señor! Por un milagro excepcional, María, a esa edad, tenía todo el uso de su razón y con esa razón, deliberadamente, dándose cuenta de lo que hacía, ¡a los tres años!, corre al Templo. No tenía ningún peligro en su casa, que era de Santos. No repara en su tierna edad, en que aún son tan necesarios los cuidados de un padre y sobre todo de una madre. No piensa en el dolor que va a causar a sus padres, ni le preocupa el nuevo género de vida que desconoce.

Todo eso, son razones de la prudencia humana. Ella ha oído la voz de Dios e inmediatamente corre a seguirla, ¡Cuánto antes mejor! Todo le parece demasiado tarde y por eso, sube corriendo las gradas del Santuario. ¡Qué lección de fervor nos da esta Niña! Compárate con Ella y mira si así sirves tú al Señor. ¿Qué haces con las inspiraciones y llamamientos de Dios? ¿Los sigues con esa prontitud? ¿Te arrojas así de ciegamente, sin pensar en nada, así de confiadamente, sin preocuparte por nada, como María en brazos del Señor, y dejando a Él el cuidado de todas las cosas? ¡Cuándo llegaremos a este desprendimiento de todo, hasta de nosotros mismos, de nuestro modo de ver las cosas, de nuestro propio parecer, para obrar solo como Dios quiere!



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