¡Oh Corazón Inmaculado de María, generoso y magnánimo como de Reina, amoroso y compasivo como de Madre!: oíd los suspiros del último de vuestros hijos que confiado acude a depositar en Vos los sentimientos y aspiraciones de su alma


sábado, 23 de diciembre de 2017

LA ESPERA y IV

Es Jesús el primer esclavo de María. De Ella depende toda su vida. Así debe ser la tuya, una vida entregada por completo a María, sin acertar, sin poder hacer nada sin Ella

Esa deba ser, sobre todo, tu vida. Eso es vivir, vivir para Jesús dándole todo a Jesús como a María. Esa es la dulzura y el encanto y la perfección que encierra la vida interior. Aprende y pide esta vida a Jesús y a María. Examina cómo te encuentras con relación a ella. Mira si te gusta ese silencio, esa oscuridad, esa sencillez exterior de que va acompañada y si despliegas en tu interior ese fervor y ese amor de María, para ver siempre y tratar con Jesús en lo más íntimo del alma.

Especialmente después de comulgar, ¿por qué ese contacto de Jesús y esa presencia suya, semejante a la que tuvo en el seno de su Madre, no produce en ti la santidad que en Ella? Para ello hay que vigilar los sentidos, las potencias, mortificándolos sin cesar y reconcentrándolos en el interior para que vean allí a Jesús y se acostumbren a tratar con Él, allí precisamente en lo más íntimo del corazón.

Por último, mira cómo aquí tienes un modelo perfectísimo de esclavitud mariana. Es Jesús el primer esclavo de María. De Ella depende toda su vida. Así debe ser la tuya, una vida entregada por completo a María, sin acertar, sin poder hacer nada sin Ella. 




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