¡Oh María, Madre de Misericordia!, acuérdate de los hijos que tienes en el Purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu Hijo Bendito. ¡Oh Glorioso Patriarca San José!, intercede juntamente con tu Santísima Esposa ante tu Hijo por las almas del Purgatorio. Amén.

martes, 22 de agosto de 2017

DÍA 22 DE AGOSTO, INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA

"Desde que Dios determinó hacerse hombre, fijó su vista en María y desde entonces dispuso todos los preparativos necesarios. Además la previno con bendiciones de dulzura y puso sobre su cabeza una corona de piedras preciosas, esto es, de gracias y bellezas, pero mucho más enriqueció su Corazón"

“Las Tres Divinas Personas tomaron tres gotas de la sangre del Purísimo Corazón de María; de esta sangre formaron un cuerpo, criaron un alma racional y la unieron a aquel cuerpo, y al cuerpo y al alma así unidos, se unió la Segunda Persona de la Santísima Trinidad; y he aquí lo que fue encarnarse o hacerse hombre el Hijo de Dios”

“El Corazón de María es el altar de la gracia. En la ley antigua había dos altares, uno de oro y otro de bronce (en la ley nueva existen también dos altares): El Corazón de María y la Cruz; el sacrificio matutino y el vespertino: María y Jesucristo... Con Jesús era Cor unum et anima una. Lo mismo que en el Calvario, también en la misa... Sobre este altar del Corazón de María, jamás faltó el fuego del amor”


“Nadie se puede salvar sin el auxilio de la gracia que viene de Jesús, como cabeza que es de la Iglesia o cuerpo, y María es como el cuello que junta, por decirlo así, el cuerpo con la cabeza; y así como el influjo de la cabeza al cuerpo ha de pasar por el cuello, así, pues, las gracias de Jesús pasan por María y se comunican al cuerpo o a los devotos, que son sus miembros vivos: In Christo fuit plenitudo gratiae sicut in capite fluente; in María sicut in collo transfundente

“María es, pues, el corazón de la Iglesia. He aquí por qué brotan de él todas las obras de caridad. Sabido es que el corazón tiene dos movimientos, que llaman los facultativos sístole y diástole. Con el primero se encoge y absorbe la sangre; con el segundo se dilata y la derrama por las arterias. Así también María está continuamente ejercitando esos dos movimientos: absorbiendo la gracia de su querido Hijo y derramándola en los pecadores”

San Antonio María Claret,
 Apóstol del Corazón de María


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