Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

domingo, 23 de julio de 2017

¡OH MADRE DEL CARMEN!

¡Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre de los pecadores!, y especial Protectora de los que visten tu Sagrado Escapulario, ¡ruega por nosotros!

¡Oh Virgen del Carmen María Santísima!, que fuiste figurada en aquella nubecilla que el gran Profeta de Dios, Elías, vio levantarse del Mar, y con su lluvia fecundó copiosamente la tierra, significando la purísima fecundidad con que diste al mundo a tu querido Hijo Jesús, para remedio universal de nuestras almas: te ruego, Señora, me alcances de su majestad copiosas lluvias de auxilios, para que mi alma lleve abundantes frutos de virtudes y buenas obras, a fin de que sirviéndole con perfección en esta, vida, merezca gozarle en la eterna. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia...


sábado, 22 de julio de 2017

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

MILAGROS OBRADOS POR EL ESCAPULARIO CON EL CAPITÁN GÓMEZ SALAS

¡Oh Virgen Santísima Inmaculada, belleza y esplendor del Carmen! Vos, que miráis con ojos de particular bondad al que viste vuestro bendito Escapulario, miradme benignamente y cubridme con el manto de vuestra maternal protección

Mérida, la antiquísima y monumental Emérita Augusta, capital un día de la Lusitania, donde los emperadores romanos grabaron con sello indeleble los rasgos de su esplendor y magnificencia, se vio sujeta también, como tantas ciudades de España, a la tiranía feroz del marxismo.

Por ventura y dicha de sus moradores y para honor y gloria de la auténtica España, poco tiempo el feroz moscovita pudo sojuzgar, con el látigo de su tiranía, a esta reina de la antigüedad, que llevó uncido a la carroza de sus triunfos a los guerreros y emperadores más famosos.

Apenas iniciado el glorioso Movimiento salvador, Mérida sintió el despotismo y la tiranía brutal de un comité compuesto de indeseables e irresponsables, que hicieron sentir a sus pacíficos vecinos la zarpa del odio y todos los bajos instintos de la horda.

Bien pronto todo cuanto significaba religiosidad, valor, patriotismo, talento, honradez, fue conducido a presencia de aquellos sicarios de Moscú, que sin interrogarles siquiera las más de las veces, los conducían a la cárcel y si eran mujeres a la ermita de Santa Catalina.

Fueron más de un centenar las personas detenidas y aherrojadas por aquella horda de caribes, entre las que se hallaban distinguidas señoras y señoritas cuyo único delito consistía en ser apóstoles de la caridad; sacerdotes tan ejemplares como el virtuoso coadjutor de Santa María, don Victoriano Barroso; jurisconsultos tan dignísimos, acomodados labradores, honrados artesanos y militares tan prestigiosos como los hermanos Gómez Salas y el capitán don Federico Manresa, todos pertenecientes a la gloriosa Arma de Artillería.

Enumerar los ultrajes, vejaciones y groserías a que se vieron sometidos por aquella chusma soez, ebria de odio y de sangre, sería tarea más que prolija. Baste decir que se les sometía a los trabajos más penosos y a las faenas más rudas y humillantes, teniéndoles sin probar bocado hasta la caída de la tarde y negándoles, a veces, hasta el agua.

El día 8 de agosto, cuando ya el glorioso Ejército Nacional arrancaba de las garras del marxismo las hermosas ciudades extremeñas de Zafra, Los Santos de Maimona, Villafranca y Almendralejo, y se hallaban a muy pocos kilómetros de Mérida; los esbirros de Moscú, siguiendo su criminal consigna, sacaron de la cárcel a un grupo compuesto de unos quince hombres, entre los que se encontraba el pundonoroso capitán de Artillería don Federico Manresa, y con él lo más representativo y florido de la juventud emeritense, los cuales fueron vilmente asesinados, después de someterlos a todo género de vejaciones.

Parece lógico que no parase aquí el monstruo rojo en sus ansias de exterminio y en su sadismo inaudito de crímenes sin cuento, y, sin embargo, y esto es lo verdaderamente milagroso y lo que precisamente motiva estas páginas de loor y agradecimiento a nuestra Madre bendita del Carmen.

Unos ochenta y cinco hombres quedaban hacinados en la cárcel de Mérida, que constituían la flor y nata de la población, y que dadas las circunstancias, máxime siendo algunos de ellos militares y otros personas de elevada posición social, parece lo más lógico debieran ser al punto fusilados.

Mas la Virgen Santísima del Carmen, que prometiera un día ser salvación en los peligros de la vida para todos cuantos la invocan y llevan con devoción su, bendito Escapulario, se mostró una vez más propicia y atendió el ruego que le dirigiese su devoto hijo, el ferviente capitán don Gaspar Gómez Salas, quien desde muy niño le profesó una devoción filial y ferviente, fruto de aquella educación cristianísima que recibiera de sus santos padres, quienes tuvieron siempre por su mayor timbre de gloria el hacer de su hogar una solera de acendrado patriotismo, basado en el temor de Dios y en el] amor más puro y ferviente a la Virgen del Carmen.

En esa cantera de rancio abolengo cristiano que formaban las almas de don Ángel Gómez Góngora y doña María Salas, se forjaron los corazones de sus cristianos hijos.

Debían sacarles una madrugada, para darles el paseíto, como solían decir en son de mofa los milicianos. Los infelices detenidos tenían ya el ánimo hecho a que así había de suceder, y trataban de disponerse lo mejor posible para el viaje a la eternidad, encomendándose a Dios Nuestro Señor de lo íntimo de sus almas.

"No sé por qué —me dice mi ilustre interviuvado— sentía en mi interior una confianza ilimitada y tenía la convicción firmísima de que nada me había de suceder mientras pendiese de mi cuello el Santo Escapulario, que siempre llevé con singular afecto y devoción. Para arrancármelo, si hubieran tratado de hacerlo aquellos miserables, me hubiesen tenido que quitar la vida."

Y aquí está lo prodigioso, lo circunstancial, lo peregrino del caso: Aquellos hombres que habían decidido quitarles la vida cierta noche, no se sabe cómo ni el por qué, desisten de su resolución, tal vez por un fútil motivo; quizá no arrancara el camión en que debían ser conducidos al lugar previamente designado y, tras ligera discusión, determinan dejar para otra noche el fusilamiento, cosa que tampoco se efectúa.

¿Casualidad...? ¿Suerte...? ¿El destino...? Así discurriría, sin duda, un espíritu superficial, un materialista o un impío. Para nosotros los cristianos hay una Providencia, sin cuya permisión ni uno solo de los cabellos de nuestra cabeza se desprende ni cae del árbol la hoja, ni los planetas dejan de describir su órbita, y esa Providencia actúa casi siempre bajo el influjo de las súplicas misericordiosas de María.

Unos días después las Banderas del Tercio mandadas por el bizarro general Asensio y en cuyas vanguardias figuraba el heroico comandante Castejón, acampaban en el Tiro de Pichón, proponiéndose al día siguiente dar el asalto definitivo a la ciudad embellecida por Agripa y Trajano. El comité estaba reunido en sesión permanente, teniendo el propósito de quemar vivos, antes de salir de la ciudad, a sus presos, a quienes tenían hacinados como reses en uno de los salones de las Casas Consistoriales.

Los bidones de gasolina estaban a punto para ser rociados por las puertas y muros del edificio; se oían los primeros disparos cruzados entre los guardias de Asalto traidores y la Quinta Bandera del Tercio, que se los merendó en menos de una hora.

No había, pues, tiempo que perder, y los poncios del comité revolucionario decidieron emplear la gasolina para acabar con aquellos a quienes ya no podían rematar a tiros. Mas, ¡oh providencia maternal de la Virgen Santísima del Carmen!, un cañonazo del inmortal Barrón hizo blanco unos centímetros por bajo del reloj del Ayuntamiento y, penetrando en el salón de sesiones, puso en precipitada huida a los primates del comité, quienes, como conejos espantados, abandonaron a toda prisa el local, como alma que lleva el diablo, y sólo pensaron en salvarse por pies, sin cuidarse para nada de su presa.

"Reinó un silencio importante, escalofriante —nos dice mi buen amigo don Gaspar—. Ante el peligro inminente en que nos vimos de que otro disparo más largo que el anterior cayese en nuestra prisión, yo me puse por fuera el Santo Escapulario, apresurándome, como otros muchos, a pedir la absolución de mis culpas al dignísimo sacerdote que con nosotros se hallaba detenido."

Ante el alborozo general de verse libres de sus carceleros y escucharse ya tan cerca los disparos de nuestro glorioso ejército, los más impulsivos quisieron abrir las puertas de la prisión y lanzarse impetuosos y eufóricos a las calles, pudiendo, a duras penas, el capitán que con ellos se hallaba recluido, en unión de otros cuantos varones prudentes, disuadirlos de su descabellado propósito, ya que habría sido una temeridad el lanzarse a la calle, pues el ver salir corriendo de un local a unos ochenta hombres hubiese dado motivo a los legionarios y demás fuerzas liberadoras a creerlos rojos y disparar sobre ellos.

Se impuso al fin la cordura y la sensatez, decidiendo esperar a sus libertadores. El momento fue de una emoción y de un dramatismo indescriptible. Una avanzadilla del Tercio llegó hasta la puerta principal de las Casas Consistoriales. Como la hallasen cerrada, golpearon una y otra vez con las culatas, por ver si cedían, cada golpe era un aldabonazo dado en el corazón de los que allí se encontraban que les anunciaba el término de sus padecimientos y su incorporación a la auténtica y verdadera España, por la que tanto habían suspirado.

Al fin suenan golpes de hacha y la puerta cede; entran con precaución los del Tercio, pues saben sobradamente que el enemigo es felino, traicionero y cobarde... Los de dentro perciben claramente esta voz: "Mi teniente, debe ser por aquí. Estos son, sin duda alguna, soldados de España, pues se advierte la sumisión y el respeto al oficial y al Mando."

Un golpe a la puerta que les oculta y retiene, unos fusiles que apuntan y luego un ¡¡Viva España!! Estentóreo que sale de todos los pechos y vibra más por lo mucho que estuvo represado y contenido en aquellas gargantas viriles.

Después, abrazos, risas y lágrimas, todo mezclado, en que se confunden libertados y libertadores.

"Fue una vez más la Santísima Virgen del Carmen —me vuelve a repetir mi amigo— la que nos salvó de este segundo peligro, y estoy pronto y dispuesto a sostenerlo y afirmarlo con todas las veras de mi alma, pues ninguno que la invocó con fe, como yo, en aquellas horas terribles, dejó de experimentar su protección misericordiosa."

Apenas si había transcurrido un mes; era el día 13 de septiembre, y en el contrataque a Villa Gonzalo, yendo al mando de las Milicias de Mérida, fue herido mi buen amigo el capitán Gómez Salas de un balazo en la sien, tiro que debió ser mortal de necesidad, según dictaminaran los médicos.

Mas aquel Escapulario bendito, que él guarda como venerada reliquia y que jamás le abandonó en los peligros, por tercera vez le salvó de una muerte ciertísima, sanando de la herida en muy pocos días y quedando como si nada le hubiese sucedido. Fue vehemente deseo de este hijo agraciado y protegido por la Virgen el que se difundiera esta merced que le dispensara la Virgen del Carmen, a fin de que se avive cada día más en las almas el amor a la Reina del Carmelo y para que se aumente incesantemente en los corazones la devoción a su Santo Escapulario.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen,
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.


domingo, 16 de julio de 2017

16 DE JULIO, NUESTRA MADRE DEL MONTE CARMELO

Tengo mil dificultades: ¡ayúdame!
De los enemigos del alma: ¡sálvame!

¡Oh Virgen Santísima del Carmen!, llenos de la más tierna confianza, como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. Por eso a Ti clamamos en todos nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados.

Tu eres la Madre de la Divina Gracia, conserva puras nuestras almas; eres la Torre poderosa de David, defiende el honor y la libertad de nuestra Patria; eres el Refugio de los pecadores, troncha las cadenas de los esclavos del error y el vicio; eres el consuelo de los afligidos, socorre a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; eres el auxilio de los cristianos, conserva nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus obispos, sacerdotes y religiosas.

Desde el trono de vuestra gloria, atiende nuestras súplicas, ¡Oh Madre del Carmelo! Abre vuestro manto y cubre con él a todos. Te pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y la piedad para los matrimonios y familias, el santo temor de Dios para los maestros, la inocencia para los niños, y para la juventud una cristiana educación. Apartad de nuestra Patria los terremotos, epidemias y calamidades, alejad de nuestros mares las tormentas y dad la abundancia a nuestros campos y montañas. Sé el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protección especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio.

 Óyenos, ¡oh Madre Clementísima del Carmen! y permite que vivamos unidos en la vida a la confesión de una misma fe y la práctica de un mismo amor al Corazón Divino de Jesús, y podamos ser trasladados de la patria terrenal a la Patria inmortal del cielo en que te alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Así sea.


jueves, 13 de julio de 2017

TERCERA APARICIÓN - 13 DE JULIO DE 1917

Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado corazón

Viernes, 13 de julio

El Gran Secreto

Momentos después de haber llegado a Cova de Iría, junto a la encina, entre numeroso público (unas 4.000 personas) que estaban rezando el rosario, vimos el rayo de luz una vez más y un momento más tarde apareció la Virgen sobre la encina.
-¿Qué es lo que quiere de mí? –pregunté.
-Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene, y continuéis rezando el rosario todos los  días en honra a Nuestra Señora del Rosario, con el fin de obtener la paz del mundo y el final de la guerra porque sólo Ella puede conseguirlo.

Dije entonces:
-Quisiera pedirle nos dijera quién es, y que haga un milagro, para que todos crean que usted se nos aparece.
-Continuad viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy y lo que quiero, y haré un milagro que todos han de ver para que crean.

Aquí hice algunos pedidos que ahora no recuerdo. Lo que recuerdo es que Nuestra Señora dijo que era preciso rezad el rosario para alcanzar las gracias durante el año, y continuó:

-Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces y especialmente cuando hagáis un sacrificio: ¡Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María!”

Al decir estas  últimas palabras abrió de nuevo las manos como los meses anteriores. El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como un mar de fuego y sumergidos en ese fuego los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, de forma humana, que fluctuaban en el incendio llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos lados, semejante a la caída de pavesas en grandes incendios, pero sin peso ni equilibrio, entre gritos y lamentos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debía ser a la vista de eso que si un “ay” que dicen haber oído) Los demonios de distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes con negros tizones en brasa. Asustados y como pidiendo socorro levantamos la vista a Nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza:

-Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado corazón. Si hacen lo que yo os digo se salvaran muchas almas y tendrán paz. La guerra terminará, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando viereis una noche alumbrada por una luz desconocida sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra del hambre, de la persecución de la Iglesia y del Santo Padre. Para impedir eso vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieren mis deseos, Rusia se convertirán y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia; los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal el dogma de la fe se conservará siempre, etc. (Aquí comienza la tercera parte del secreto, escrita por Lucía entre el 22 de diciembre de 1943 y el 9 de enero de 1944) Esto no lo digáis a nadie. A Francisco si podéis decírselo.

-Cuando recéis el rosario, decid después de cada misterio: “Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas”
Seguía un instante de silencio y después pregunté:
-¿Usted no quiere nada más?
-No, no quiero nada más por hoy.
Y como de costumbre comenzó a elevarse en dirección a Oriente hasta que despareció en la inmensidad del firmamento.


martes, 11 de julio de 2017

¡OH MADRE DE FÁTIMA!

El Inmaculado Corazón de María


¡Oh Santísima Virgen María, Madre nuestra Dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de vuestro Corazón Misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea vuestro Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro Hijo Jesús.


sábado, 8 de julio de 2017

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

INDUCIDO POR LUCIFER, CAE EN SUS REDES Y ES CUBIERTO DE LEPRA, SANANDO MILAGROSAMENTE  POR LA VIRTUD DEL SANTO ESCAPULARIO

Mater et Decor Carmeli, ora pro nobis!
"En el año 1604 un religioso Carmelita descalzo, que yo bien conocí, de la provincia de nuestro P. San Elías (habla Fray Alonso de la Madre de Dios, M. S. 6.851, pág. 104), fue llevado a una tentación o seducido por el demonio, a causa de haber diferido o retardado la profesión; hallándose con el ánimo amargado y viéndose en la oportunidad de haber salido solo para ciertos negocios del convento: como se viese a solas y sin testigos en el campo, cayó en la tentación de despojarse del Santo Hábito y del Escapulario bendito de la Reina del Carmelo, para ponerse en traje de seglar. Pero, ¡oh misterios de la gracia y la bondad de Nuestro Señor!, cuando a él le parecía que nadie le veía, ni le podía ir a la mano, mirándole Dios con ojos compasivos y amorosos, como a Saulo y a Franco de Sena, en el instante mismo en que se despojaba del Santo Escapulario, cediendo a inspiraciones e insidias de Lucifer, en aquel mismo instante le cubrió de lepra repugnante, a fin de que, entrando dentro de sí mismo, comprendiese su yerro y se volviera arrepentido a Dios y a su Santísima Madre, para impetrar su gracia y volver de nuevo al redil de la Divina Pastora de las almas.

"Vuelto en sí, lloró amargamente su culpa e hizo asperísima penitencia en la soledad de unas abruptas y escarpadas montañas; la cual mostró haber sido aceptada a los ojos del Señor, pues volviéndose a poner nuevamente el Escapulario le devolvió íntegramente la salud, a fin de que al regresar de nuevo al convento en el tiempo señalado, le encontrasen sano y apto para desempeñar todos los oficios conventuales. No obstante, en la cara y en las manos se podían advertir las señales que le dejara la lepra para recuerdo y escarmiento. Solamente su confesor y el fueron conocedores de este prodigio de la misericordia del Señor; sabiéndolo también por haber intervenido en la dirección de esta alma santa, el P. Procurador General y el P. Alonso de la Madre de Dios, que nos lo dejara en sus escritos y que fuera testigo de su vida fervorosa y santa."

 Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen,
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.



miércoles, 5 de julio de 2017

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

EL SANTO ESCAPULARIO PROTEGE LA CASTIDAD DE UNA DONCELLA FERVOROSA

Mater et Decor Carmeli, ora pro nobis!

El venerable P. Fr. Alonso de la Madre de Dios, en un manuscrito que pude, tras examen pericial, identificar hace un par de años, nos refiere que, por el año 1611, en que él se hallaba de conventual en Salamanca, un demonio lascivo, en ademán y figura de arrogante galán, apuesto y bellísimo, se dio en perseguir o asediar a una doncellita recatada, de familia distinguida, que llevaba con gran devoción el Santo Escapulario de nuestra Madre del Carmen.

Empleó toda suerte de ardides y astucias para hacerla caer en sus redes, sin que jamás hallase un resquicio su diabólica perfidia, para hacer que se detuviese ni un instante en pensamiento contrario a la virtud angélica.

Mientras mayores eran los asedios del común enemigo, más invicta era la fortaleza de esta fiel amadora de la castidad.

El Dios de las misericordias, que para aumentar en su sierva amadísima la corona de sus méritos permitió que el demonio la tentase sobremanera, no consintió que la oprimiese con violencia, ni que osara tocar aquel templo vivo del Espíritu Santo. Cuando más arreciaba en sus asaltos, y el diablo, con palabras y movimientos obscenos, solicitaba su consentimiento, ella, levantando la parte anterior del Santo Escapulario, que jamás se quitaba, cubriéndose con él los ojos y besándolo con fervor, lo oponía al demonio como su escudo protector, sintiéndose ella inundada de celestial pureza en su alma y en su cuerpo, y aquella bestia infernal en figura de mancebo, viéndose vencido, lanzaba improperios y maldiciones contra el Escapulario, viendo que por él era vencido de una frágil doncella, y así unas veces con halagos, otras con espantos y amenazas, la instaba a que se quitase la librea de los hijos de la Virgen; mas ella, conocedora de la virtud del Escapulario, mientras más arreciaba Lucifer en sus asaltos, más veneraba ella su Escapulario y lo estrechaba fervorosa contra su corazón ; hasta que Dios fue servido de librarla del maligno espíritu, haciendo que éste, confundido, la dejara, para no molestarla más en el resto de su vida, según manifestó a su director.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen,
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.



domingo, 2 de julio de 2017

2 DE JULIO, VISITACIÓN DE NUESTRA MADRE A SU PRIMA SANTA ISABEL

“Al verte, Isabel se queda atónita y exclama: ´¿De dónde a mí tanto honor, que la Madre de mi Dios venga a mí?´ Pero es aún mayor mi asombro al ver que Tú, igual que tú Hijo, has venido no para ser servida, sino para servir… Precisamente por este motivo te trasladas a casa de Isabel” 

“… E Isabel, en voz alta, exclamó: Bendita Tú entre todas las mujeres y benditos el fruto de tu seno. Y ¿de dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí?” Iluminada interiormente por el Espíritu Santo, Isabel reconoce en su joven prima a la Madre de Dios y, conmovida, prorrumpe en acentos de alabanza y admiración. María no protesta; escucha con sencillez, porque sabe muy bien  que esas palabras de encomio no le conciernen tanto a Ella cuanto al Omnipotente que en Ella ha obrado cosas grandes, y al punto, de su corazón humilladísimo todas las alabanzas de Isabel rebotan a Dios con movimiento espontáneo y rapidísimo: Tú, Isabel, ensalzas a la Madre del Señor –dice la Virgen-, pero “mi alma ensalza al Señor”. Tú afirmas que a mi voz tu hijo ha exultado de alegría en tu seno,  pero “mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador…”. Tú proclamas feliz a la que ha creído, pero el motivo de su fe y de su felicidad es la mirada que la bondad divina la ha dirigido, Sí, “todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque Dios ha puesto su mirada en la bajeza de su sierva” (San Bernardo). Esta hermosa paráfrasis del Magníficat nos permite captar al vivo las emociones del espíritu de María: se hunde en la humilde confesión de su propia nada, toca, por así decirlo, el fondo de su bajeza y luego, cuando más bajo ha descendido, se eleva tanto más alto, se eleva a Dios, no temiendo reconocer y alabar las cosas grandes que Él en Ella ha realizado, precisamente porque ve con toda claridad que esto es puro don suyo.

Si frente a tus éxito, a las alabanzas y a al aplauso de las criaturas, si ante las gracias que Dios te concede eres todavía capaz de vana complacencia, es precisamente porque no has tocado aún, como María, el fondo de tu bajeza, no te has hundido bastante en la consideración de tu nada, no te has convencido aun prácticamente de tu radical insuficiencia, impotencia, miseria y debilidad. Pide a María la gracia de introducirte en este conocimiento claro y práctico de tu nada. No te hagas ilusiones; el camino para arriba a esa meta, reservado a ti, que has heredado de Adán el germen del orgullo, es un camino áspero y duro: el camino de las humillaciones. Pero María es Madre; y si Ella te acompaña, con su ayuda se hará todo más fácil y suave.



sábado, 1 de julio de 2017

PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN

Mater et Decor Carmeli, ora pro nobis!

Nuestro venerable P. Fr. Miguel de la Fuente nos dice, en su "Compendio Historial", que un niñito de diez años, que vestía con devoción el Escapulario de nuestra Santísima Madre, ofendió con una simplicidad propia de sus cortos años y de su candorosa inocencia a un hombre desalmado, el cual, montando en cólera, lo hirió gravísimamente y, dándole por muerto, lo echó en un profundo pozo que había en las cercanías del lugar donde se desarrollara el suceso, para ocultar su crimen, cargándole o arrojando sobre el niño gran cantidad de enormes piedras, para dificultar más el que pudiera ser de algunos descubierta su monstruosa barbarie.

Al echarle de menos, sus afligidos padres corrieron como una exhalación en todas direcciones, por hallar vivo o muerto al hijo de sus entrañas, al que creyeran como, Jacob a su José devorado por alguna fiera inhumana. Desconfiados de hallarle con vida, hicieron voto a la Santísima Virgen nuestra Madre de entrarle o consagrarle a Ella en nuestra sagrada religión, como se les manifestase, y al instante comenzaron a paladear y gozar del fruto de su promesa, pues un humilde pastorcito, llamado Aníbal, que apacentaba sus ganados no lejos de aquel pozo donde se hallaba sepultado el niño devoto de la Virgen, vio que una de sus ovejitas, separándose de las demás, se iba acercando al pozo, corriendo peligro de caer dentro del mismo, por no tener brocal. El pastorcito le tiro una piedra, por ver si lograba alejarla de allí, mas, con el ruido vio que se acercaba más al borde, por lo que decidió acercarse él mismo para espantarla y alejarla. Mas, ¡Oh, milagro de la Madre de las misericordias! Tan luego como se acercó percibió una voz lastimera y decaída que le llamaba por su nombre desde el fondo: ¡Aníbal, Aníbal!, oyó el pastor que le gritaban. Se turbo todo con tan extraña novedad y asegurándose de lo que oía corrió presuroso al lugar a fin de dar cuenta a la Justicia del suceso.

Corrieron todos despavoridos hacia el pozo y percibieron la misma voz que les anunciara Aníbal haber oído. Amarraron con una cuerda a un joven decidido y le hicieron descender hasta el fondo. Fue quitando una a una las piedras que cubrían el cuerpecito del delicado niño y que hubiesen bastado para aplastarle y matarle sin remedio, si la Virgen Santísima no velase por él; y al reconocer que era Dominguito, a quien sus padres lloraban sin consuelo, comenzó a dar voces de indecible júbilo, comunicando a todos la fausta noticia. Le saco del pozo vivo, aunque con poquísimos alientos, por el gran peso que gravitara sobre el infeliz, mas, al instante se recobró, pues llevado en brazos al lugar, al siguiente día, que era sábado, le vieron del todo sano, jovial y alegre, sin recordarse de lo que pasara en el fondo del pozo por la ira de aquel hombre malvado.

Le llevaron al siguiente día, domingo, en procesión solemne a la ciudad de Nápoles, rodeándole inmensa multitud de fieles, y le condujeron a nuestro convento donde, sin dilación, lo entregaron sus devotos padres a María Santísima, vistiéndole nuestro santo hábito y practicando heroicamente lo que dice el Real Salmista : Vovete et reddite Deo vestro, etc. "prometed y cumplid"; donde entre el prometer a Dios y el cumplir lo prometido sólo media una dicción (que no es dilación), sino que une con su cumplimiento la promesa, pues en materia de votos lo mismo debe ser el prometer que el cumplir. Así vemos que lo practicaron estos devotos padres, para ejemplo nuestro, quedando auténtico en Nápoles tal prodigio para que nosotros demos perennes gracias a María Santísima por tanta merced y tan insigne beneficio.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen,
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.



HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES

«¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?»



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