Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 1 de marzo de 2017

VIRTUDES DE NUESTRA MADRE, LA DULZURA DE LA VIRGEN MARÍA

Pensemos cada vez que contemplamos una de sus imágenes, pensemos cada vez que invocamos su Santo Nombre, pensemos cada vez que acudimos a Ella… que sosiego y paz nos transmiten; y todo ello es por su Dulzura

La dulzura tiene su origen en la bondad del corazón que derrama sobre nosotros y nuestras acciones un encanto inefable, al paso que la brutalidad y aspereza nos alejan de nuestros semejantes. La virtud de la dulzura nos ayuda a que nuestros actos, gestos, palabras, formas sean suaves y amables.

Hay dulzuras falsas: la hipócrita y mundana que finge, la interesada que busca ser correspondida, la afectada e indiscreta, la blanda y débil, la ocasional o particular que solo vivimos por momentos o con ciertas personas...

La Virgen María es la Virgen siempre dulce. Imaginemos su rostro, sus miradas, sus gestos y su porte… Vayamos repasando las escenas de su vida: la anunciación, la visitación a su prima, el viaje a Belén y el nacimiento del niño Jesús… todo, su vida diaria, hasta el mismo momento del Calvario y la sepultura de su Hijo….  Dulce en su porte, dulce en su mirada, dulce en su rostro, dulce en su sonrisa, dulce en sus miradas, dulce toda ella… y, sin ficción, sin hipocresía, sin interés, sin pusilanimidad ni blandura…

Pensemos cada vez que contemplamos una de sus imágenes, pensemos cada vez que invocamos su nombre, pensemos cada vez que acudimos a ella… que sosiego y paz nos transmiten; y todo ello es por su dulzura.

La dulzura de la Virgen está unida a su Maternidad: quizás considerando la dulzura nuestra propia madre podremos atisbar un poco la Dulzura de nuestra Señora.

Hemos de esforzarnos por vivir la virtud de la dulzura en nuestras formas, en nuestros gestos, en nuestro porte, en nuestras palabras. Hemos de esforzarnos por vivir esta virtud unida al amor al prójimo por amor de Dios. Hemos de vivir la virtud de la dulzura con todos y siempre. Hemos de vivir la virtud de la dulzura juntamente con la firmeza, sin ceder por comodidad o cobardía.

Si nuestro carácter es agrio e iracundo, brusco y desagradable, hemos de trabajar para conseguir esta virtud: pues si en ella no avanzaremos en la santidad. Si las malas experiencias de la vida han podido también agriarnos o han levantado una muralla de dureza e insensibilidad para “proteger-aislar” nuestro corazón por medio a sufrir, hemos de volver a abrirnos a esta virtud sin la cual no hay verdadera caridad. 

Utilicemos también esta virtud para ganar almas para Cristo: “Se cogen más moscas con una cucharada de miel que con un tonel de vinagre”.

ORACION PARA PEDIR LA DULZURA


¡Oh Clementísima Reina y Auxiliadora de los cristianos! Con las más ardientes súplicas vengo a pedirte la gracia que necesito… y me concedas además la santa dulzura, que es el ropaje de la humildad y la virtud predilecta del Sacratísimo Corazón de Jesús. Débil y orgulloso como soy, jamás llegaría a revestir mi alma de este encantador ropaje sin tu misericordia. Ayúdame a ser cortés en el trato, dulce en el sentir y en el hablar, bueno con todos y especialmente con quien se me manifieste frío y maligno, a fin de procurarte una complacencia a Ti y a tu dulcísimo Jesús. Amén.



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