Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 22 de febrero de 2017

UNA ERA HISTÓRICA NUEVA

Ella es la Virgen Prudentísima, en cuyo Inmaculado Corazón ardió continuamente la lámpara del amor Divino, sin ningún tipo de apego a las cosas terrenas
P. Zéphyr-Clément Jourdain

Realeza de Jesucristo y realeza de María Santísima no son cosas diferentes. La realeza de María no es sino un medio, o más bien el medio, para la realización de la realeza de Jesucristo.

El Corazón de Jesús reina y triunfa en el reinado y en el triunfo del Corazón de María. El reinado y el triunfo del Corazón de María no consiste sino en hacer que triunfe y reine el Corazón de Jesús. Y así estas dos grandes corrientes de devoción nacidas poco después del protestantismo caminan hacia un mismo término, hacia la preparación de un mismo hecho: la realeza de Jesús y de María, en una era histórica nueva.

Plinio Corrêa de Oliveira
Pío XII y la era de María. In “Revista
Catolicismo”, diciembre de 1954




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