Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 28 de enero de 2017

¡OH MADRE DE FÁTIMA!

Os suplicamos nos concedas, ¡Madre mía!, que meditando los misterios del Santísimo Rosario, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen

¡Oh Santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el Santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los Santos Mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la otra. Así sea.



miércoles, 25 de enero de 2017

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

Vos, ¡oh Madre de misericordia! ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte

¡Oh Inmaculada Virgen y Madre de Dios, Reina y Señora de la gracia! Dignaos por caridad dar una compasiva mirada a este mundo perdido. Reparad como todos han abandonado el camino que se dignó enseñarles vuestro Santísimo Hijo; se han olvidado de sus santas leyes y se han pervertido tanto, que se puede decir: “Non est qui faciat bonum, non est usque ad unum”. Se ha extinguido en ellos la santa virtud de la fe, de suerte que apenas se encuentra sobre la tierra. ¡Ay! Extinguida esta divina luz, todo es obscuridad y tinieblas, y no saben donde caen. Sin embargo, agolpados van con paso apresurado por el ancho camino que les conduce a la eterna perdición. ¿Y queréis Vos, Madre mía, que yo, siendo un hermano de estos infelices, mire con indiferencia su total ruina? ¡Ah no! Ni el amor que tengo a Dios ni el que tengo al prójimo lo pueden tolerar. […] ¿Cómo tendré caridad, si, sabiendo que los carnívoros lobos están degollando a las ovejas de mi amo, callo? ¡Ah!, no es posible callar, Madre mía, en tales ocasiones; no, no callaré, aunque supiera que de mí han de hacer pedazos; no quiero callar; llamaré, gritaré, daré voces al cielo y la tierra a fin de que se remedie tan gran mal; no callaré; y si de tanto gritar se vuelven roncas o mudas mis fauces, levantaré las manos al cielo, se espeluznarán mis cabellos, y los golpes que con los pies daré en el suelo suplirán la falta de mi lengua.

San Antonio María Claret



domingo, 22 de enero de 2017

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA LA HORA DE LA MUERTE

“A todos los que piadosamente me sirven les asisto fidelísimamente, como Madre Piadosísima, les consuelo y amparo”

¡Oh Dulcísima Madre! ¿Cuál era la muerte de este miserable pecador? Cuando pienso en el último instante de mi vida y en aquel tribunal estrecha cuenta que me aguarda; cuando reflexiono que con mis pecados tengo merecida sentencia de condenación, me lleno de espanto.

En la sangre de mi Redentor y en vuestra intercesión poderosa pongo toda mi esperanza. 

Aunque sois Reina del Cielo, Señora del mundo y Madre de Dios, que es de todas la mayor dignidad, tanta grandeza no os aleja de nosotros, antes bien, os inclina más a tener compasión de nuestra miseria, porque Vos no hacéis como los amigos del mundo, que si los levanta la fortuna, se olvidan de lo que fueron y no se dignan mirar siquiera a sus amigos antiguos caídos en desgracia. 

Vuestro noble Corazón, al contrario, donde ve mayor necesidad, allí acude más pronto.


Luego que os invocamos, y aun antes, venís. Nos consoláis en nuestras aflicciones, disipáis las tempestades, vencéis a nuestros enemigos, y en toda ocasión procuráis nuestro bien.

Sea para siempre bendita la mano divina que en Vos ha juntado tanta majestad y ternura, tanta grandeza y amor. Doy al Señor gracias porque en vuestra felicidad consiste la mía, y de vuestra suerte pende mi suerte.

¡Oh Consoladora de los afligidos! Consolad a uno que viene a buscaros. Los remordimientos me atormentan, así por los muchos pecados que cometí como por saber si los he ya llorado debidamente. Veo que todas mis obras han sido malas, que los enemigos infernales esperan mi muerte para acusarme y que la divina Justicia, ofendida, pide satisfacción.

¡Ay, Madre amorosa! ¿Qué ha de ser de mí? Si Vos no me amparáis me doy por perdido. ¿Qué decís? ¿Qué me protegeréis? Decid que sí, Virgen piadosísima, y alcanzadme un verdadero dolor de mis pecados, gracia para enmendarme y firmeza en el servicio del Señor los pocos días que me quedan de vida. 

Y cuando llegue la hora de la muerte y me veáis en aquellas angustias, no me abandonéis, Esperanza mía, sino ayudadme entonces mucho más para que no desespere, acordándome de la multitud y gravedad de mis pecados y viendo a mis enemigos en orden de batalla para acometerme.


Más os quiero pedir, y perdonad mi atrevimiento: Venid Vos en persona a consolarme con vuestra presencia. Este favor, que a tantos habéis hecho, yo también lo reclamo.

Si es grande mi audacia, mayor es vuestra bondad. Madre sois, y siempre buscáis a los más necesitados para llenarlos de consuelo. En Vos confío. 

Sea gloria vuestra el haber salvado a un infeliz merecedor del eterno castigo haberle abierto las puertas del reino celestial, donde, al veros, correré a vuestros pies para adoraros, rendiros gracias, bendeciros y amaros por toda la eternidad. Amén.


miércoles, 11 de enero de 2017

DICHOS DE LOS SANTOS EN ALABANZA DE LA VIRGEN

¡Ave!, blanca azucena de la resplandeciente y siempre pacífica Trinidad. ¡Ave!, Bellísima Rosa de celestial amenidad de quien quiso nacer y de cuya leche quiso alimentarse el Rey de los Cielos; dignaos alimentar nuestras almas con la gracia celestial

María es más feliz por comprender la fe de Cristo que por concebir la Carne de Cristo. Su unión maternal no le hubiese servido de nada si no hubiera sido más feliz de llevar a Cristo en su Corazón que de llevarle en su carne.

De la Virgen María, para honor de Cristo, no quiero que haya duda cuando se trata de pecados. Sabemos, en efecto, que le fue concedida una gracia mayor para vencer en todo momento al pecado, porque ha merecido concebir y dar a luz al que es seguro que no tuvo ningún pecado.

San Agustín




sábado, 7 de enero de 2017

¡OH MADRE DE FÁTIMA!


¡Oh Santísima Virgen María!, Madre de la divina gracia, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales. Así sea.



HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES



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miércoles, 4 de enero de 2017

SÚPLICA A JESÚS

Mi mayor deseo es el de ser el servidor de su Hijo, y tener a la Madre por Soberana

¡El más bello honor a mi libertad! ¡El más magnífico título de nobleza! ¡La gloriosa y segura garantía de mi grandeza, que acabará en la gloria eterna! ¡En mi pobre tristeza, yo desearía llegar a ser, para mi reparación, el servidor de la Madre de mi Señor! ¡Separado en otro tiempo, cuando nuestro primer padre, de la comunión de los ángeles, desearía ser el servidor de la sierva y de la Madre de mi Creador! Como un instrumento dócil entre las manos del Dios Soberano, yo desearía estar ligado al servicio de la Virgen Madre, y consagrarme a su servicio. Concédemelo, Jesús, Dios Hijo del hombre; dámelo, Señor de todas las cosas e Hijo de tu sierva; hazme esta gracia, Dios abajado en el hombre; permíteme, a mí, hombre elevado hasta Dios, el creer en el alumbramiento de la Virgen, y estar lleno de fe en tu encarnación, y al hablar de la maternidad virginal tener la palabra embebida de tu alabanza, y al amar a tu Madre estar lleno de tu amor. Haz que yo sirva a tu Madre de modo que me reconozcas Tú mismo por tu servidor; y que Ella sea mi soberana en la tierra de manera que Tú seas mi Señor por la eternidad. Ved con qué impaciencia deseo ser el servidor de esta Soberana, con qué fidelidad me entrego al gozo de su servidumbre; cómo deseo hacerme plenamente el servidor de su voluntad, con qué ardor quiero no sustraerme jamás a su imperio, cuánto quiero no ser nunca arrancado de su servicio: que pueda yo ser admitido a su servicio, y, sirviéndola, merecer sus favores, vivir para siempre bajo su mandato y amarle en la eternidad.

Los que aman a Dios saben mi deseo; los que le son fieles, lo ven; los que se unen a Dios, lo comprenden, y lo conocen aquellos a los que Dios conoce. Escuchad, vosotros sus discípulos; prestad atención, infieles; sabedlo, vosotros que no pensáis más que en la desunión; comprended, sabios de este mundo, que hace insensatos a los ojos de la sabiduría divina lo que os hace sabios a los ojos de vuestra necedad..., vosotros que no aceptáis que María sea siempre virgen; que no queréis reconocer a mi Creador por su Hijo, y a Ella por la madre de mi Creador; que rehusáis creer que Ella sólo tenga por hijo al Señor de sus criaturas; que no glorificáis a este Dios como su Hijo, que no proclamáis bienaventurada a la que el Espíritu Santo ha mandado a todas las naciones llamar bienaventurada; que oscurecéis su gloria al rehusarle la incorruptibilidad de la carne, que no rendís honor a la Madre del Señor, a fin de rendir honor a Dios su Hijo; que no glorificáis como Dios al que habéis visto hacerse hombre y nacer de Ella; que confundís las dos naturalezas de su Hijo; que rompéis la unidad de la Persona de su Hijo; que negáis la divinidad de su Hijo; que rehusáis creer en la verdadera carne y en la Pasión verdadera de su Hijo; que no creéis que ha sufrido la muerte como Dios, y que ha resucitado de los muertos como Dios. Pues si El ha muerto, es en cuanto hombre; y si ha resucitado, es en cuanto Dios. Mi mayor deseo es el de ser el servidor de su Hijo, y tener a la Madre por soberana. Para estar bajo el imperio de su Hijo, yo quiero servirla; para ser admitido al servicio de Dios, quiero que la Madre reine sobre mí como testimonio. Para ser el servidor devoto de su propio Hijo, aspiro a llegar a ser el servidor de la Madre. Pues servir a la sierva, es también servir al Señor; lo que se le da a la Madre se refleja sobre el Hijo, yendo desde la Madre a Aquel que Ella ha alimentado, y el Rey ve recaer sobre sí mismo el honor que hace el servidor a la Reina.

Bendiciendo con los ángeles, cantando mi alegría junto con las voces de los ángeles, exultando de gozo con los himnos angélicos, regocijándome con las aclamaciones de los ángeles, yo bendigo a mí Soberana, canto mi alegría a la que es la Madre de mi Señor, canto mi gozo con la que es la sierva de su Hijo. Yo me alegro con la que ha llegado a ser la Madre de mi Creador; con aquella en la que el Verbo se ha hecho carne. Porque con Ella yo he creído lo que sabe Ella misma conmigo, porque he conocido que Ella es la Virgen Madre, la Virgen que dio a luz, porque yo sé que la concepción no le ha hecho perder nada de su virginidad, porque yo he aprendido que una inmutable virginidad precedió a su alumbramiento, porque tengo la certeza de que su Hijo le ha conservado la gloria de la virginidad, y todo ello me llena de amor, pues sé que todo esto ha sido hecho por mí. Yo no olvido que es gracias a la Virgen el que la naturaleza de mi Dios se ha unido a mi naturaleza humana, para que la naturaleza humana sea asumida por mi Dios; que no hay más que un solo Cristo, Verbo y carne, Dios y hombre, Creador y criatura, el autor de la obra al mismo tiempo que era su forma, a la vez el que ha hecho y el que ha sido hecho.

San Ildefonso de Toledo




domingo, 1 de enero de 2017

¡OH MADRE DE FÁTIMA!

"el dolor que os causan los pecados de los hombres"

¡Oh Santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado. Así sea.


EL GRAN MENSAJE DE FÁTIMA PARA EL MUNDO

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”


Conociendo el Mensaje de Fátima I 
Conociendo el Mensaje de Fátima II 
Conociendo el Mensaje de Fátima III 
Conociendo el Mensaje de Fátima IV 

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