Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 31 de diciembre de 2016

¡MADRE DE DIOS Y MADRE MÍA!

¡Oh clementísima!, ¡oh dulcísima Virgen María!, ¡oh Madre amabilísima!, qué aliento, confianza y alegría siente mi alma en nombraros y aun solamente en acordarme de Vos

¡Madre de Dios y Madre mía!, aunque mi lengua inmunda es indigna de nombraros, Vos, que me amáis y deseáis mi salvación, me habéis de conceder el que pueda invocar en mi favor vuestro Santísimo y Poderosísimo Nombre, de gracia y salud en vida y muerte.

¡Oh Virgen Purísima!, ¡oh Madre Amorosísima!, ¡oh María!, sea para mí en adelante vuestro Santo Nombre escudo y defensa, concediéndome que en todas mis tentaciones, necesidades y peligros, y con especialidad a la hora de la muerte, clame sin cesar: «¡María, María!», para tener así la suerte de acabar la vida felizmente y veros y bendeciros en el Cielo por toda la eternidad. ¡Oh clementísima!, ¡oh dulcísima Virgen María!, ¡oh Madre amabilísima!, qué aliento, confianza y alegría siente mi alma en nombraros y aun solamente en acordarme de Vos. Doy gracias a Dios de haberos dado, para mi bien, un nombre tan dulce, un nombre tan amable y tan poderoso.

Mas no me satisfago con que mis labios le pronuncien, sino que además quiero nombraros por amor y con amor; quiero que el amor me recuerde a cada hora tan hermoso Nombre; quiero poner todo mi amor en él.

¡Oh María, oh Jesús! Vivan únicamente vuestros dulcísimos nombres en mi memoria y en la de mis prójimos, olvidando cómo se llaman las criaturas para no tener otros en el corazón y la boca que los nombres adorables de Jesús y María.

¡Jesús amantísimo, Redentor mío!, ¡Madre amorosísima!, ¡Madre de mi alma!, por vuestros merecimientos os pido, como gracia especial, que a la hora de mi muerte las últimas palabras que articule sean decir:


¡Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía!


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