Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

domingo, 22 de mayo de 2016

MES DE MAYO, MES DE MARÍA

La Asunción de María al cielo es, por lo tanto, el misterio de la Pascua de Cristo plenamente realizado en Ella

Para entender la Asunción debemos mirar a la Pascua, el gran Misterio de nuestra salvación, que marca el paso de Jesús a la gloria del Padre a través de la Pasión, Muerte y Resurrección. María, que engendró al Hijo de Dios en la carne, es la criatura más insertada en este misterio, redimida desde el primer instante de su vida, y asociada de modo totalmente especial a la Pasión y a la Gloria de su Hijo. La Asunción de María al cielo es, por lo tanto, el misterio de la Pascua de Cristo plenamente realizado en Ella: está íntimamente unida a su Hijo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, plenamente configurada con Él. Pero la Asunción es una realidad que también nos toca a nosotros, porque nos indica de modo luminoso nuestro destino, el de la humanidad y de la historia. De hecho, en María contemplamos la realidad de gloria a la que estamos llamados cada uno de nosotros y toda la Iglesia.

En el relato de la visita de María a Isabel (cf. Lc. 1, 39-56), la Virgen es proclamada bendita entre todas las mujeres y dichosa por haber creído en el cumplimiento de las palabras que le había dicho el Señor. Y en el canto del Magníficat, que eleva con alegría a Dios, se refleja su fe profunda. Ella se sitúa entre los “pobres” y los “humildes”, que dejan espacio a su acción capaz de obrar cosas grandes precisamente en la debilidad. La Asunción con abre al futuro luminoso que nos espera, pero también nos invita con fuerza a confiar en Dios, a abandonarnos más a Dios, a seguir su Palabra, a buscar y cumplir su voluntad cada día: este es el camino que nos hace “ dichosos” en nuestra peregrinación terrena y nos abre las puertas del cielo. 

De la audiencia general de SS Benedicto XVI,
el día 15 de agosto de 2012

Propuesta de una flor a la Virgen: Repite a lo largo del día esta jaculatoria: “Madre de Cristo Sacerdote, cuida de los sacerdotes”





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