Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 21 de mayo de 2016

MES DE MAYO, MES DE MARÍA

"una doble tradición –en Jerusalén y en Éfeso- atestigua su “dormición” en Dios. Este acontecimiento que precedió su paso de la tierra al cielo, ha sido confesado por la fe ininterrumpida de la Iglesia"

En el Biblia, la última referencia a la vida terrena de la Virgen María se halla al comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles, que presenta a María recogida en oración con los discípulos en el Cenáculo en espera del Espíritu Santo (Hch. 1, 14). Posteriormente, una doble tradición –en Jerusalén y en Éfeso- atestigua su “dormición” en Dios. Este acontecimiento que precedió su paso de la tierra al cielo, ha sido confesado por la fe ininterrumpida de la Iglesia. En el siglo VIII, por ejemplo, San Juan Damasceno, gran Doctor de la Iglesia Oriental, afirma explícitamente la verdad de su asunción corpórea, estableciendo una relación directa entre la “dormición” de María y la muerte de Jesús. Escribe en una célebre homilía: “Era necesario que la que había llevado en su seno al Creador cuando era niño, habitase con Él en los tabernáculos del cielo” (Homilía II sobre la Dormición, 14: PG 96, 741 B). Como es sabido, esta firme convicción de la Iglesia halló su coronación en la definición Dogmática de la Asunción, pronunciada por mi venerado predecesor Pío XII en al año 1950.

En esta perspectiva, “la Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en Cuerpo y Alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor (cf. 2 P3, 10), brilla ante el pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo” (Lumen gentium, 68). Desde el paraíso la Virgen sigue velando siempre, especialmente en las horas difíciles de la prueba, sobre sus hijos, que Jesús mismo le confió antes de morir en la Cruz. ¡Cuántos testimonios de esta maternidad solicitud suya se encuentran al visitar los santuarios a Ella dedicados!

María elevada al cielo nos indica la meta última de nuestra peregrinación terrena. Nos recuerda que todo nuestro ser – espíritu, alma y cuerpo- está destinado a la plenitud de la vida; que quien vive y muere en el amor de Dios y del prójimo será transfigurado a imagen del cuerpo glorioso de Cristo Resucitado; que el Señor humilla a los soberbios y enaltece a los humildes (cf. Lc. 1, 51-52). La Virgen proclama esto eternamente con el misterio de su Asunción. ¡Que Tú seas siempre alabada, oh Virgen María! Ruega al Señor por nosotros.

De las palabras de SS Benedicto XVI en el rezo del Ángelus,
el día 15 de agosto de 2008

Propuesta de una flor a la Virgen: Reza el 4º misterio glorioso: la Asunción de la Virgen en Cuerpo y Alma al Cielo, por los Consagrados que viven dificultades.




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