Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 14 de mayo de 2016

MES DE MAYO, MES DE MARÍA

El título de Madre de Dios, es el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen Santísima

“Madre de Dios”, “Theotokos”, es el título que se atribuyó oficialmente a María en el siglo V, exactamente en el Concilio de Éfeso, del año 431, pero ya se había consolidado en la devoción del pueblo cristiano desde el siglo III, en el contexto de las fuertes disputas de ese periodo sobre la persona de Cristo. El título de Madre de Dios, es el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen Santísima. Expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación. Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio del Verbo Divino.

En el centro de la escena del Nacimiento de Niño Jesús en Belén, encontramos a la Virgen Madre que ofrece al Niño Jesús a la contemplación de quienes acuden a adorar al Salvador: los pastores, la gente pobre de Belén, los Magos llegados de Oriente. Más tarde, en la fiesta de la “Presentación del Señor”, serán el anciano Simeón y la Profetisa Ana y quienes recibirán de las manos de la Madre al pequeño Niño y lo adorarán. La devoción del pueblo cristiano siempre ha considerado el nacimiento de Jesús y la maternidad divina de María como dos aspectos del mismo misterio de la Encarnación del Verbo Divino. Por eso, nunca ha considerado la Navidad como algo del pasado. Somos “contemporáneos” de los pastores, de los Magos, de Simeón y Ana, y mientras vamos con ellos nos sentimos llenos de alegría, porque Dios ha querido ser Dios con nosotros y tiene una Madre, que es nuestra Madre.

De la audiencia general de SS Benedicto XVI,
el día 2 de enero de 2008

Propuesta de una flor a la Virgen: Ofrece un pequeño sacrificio por el aumento y la santidad de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.





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