Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

miércoles, 27 de abril de 2016

LA HUMILDAD DE MARÍA

¿Cómo pudiste unir, compaginar en tu Corazón un concepto tan humilde de Ti misma, con tanta pureza, tanta inocencia, y especialmente con esa plenitud total de gracia?

¡Qué grande y qué sublime es tu humildad, que no siente seducción de la gloria, ni conoce la altivez en el honor! Has sido predestina a ser Madre de Dios, y te llamas esclavas. ¡Oh Señora! ¿Cómo pudiste unir, compaginar en tu Corazón un concepto tan humilde de Ti misma, con tanta pureza, tanta inocencia, y especialmente con esa plenitud total de gracia? ¡Oh bienaventura! ¿Dónde se plasmó esa tu humildad tan profunda? Ciertamente, has merecido por esta virtud que el Señor te mirase con especial amor, has merecido que el Rey se enamorase de tu belleza, has merecido arrancar el Hijo del seno del Padre y que se hiciese carne en el tuyo (San Bernardo)

¡Oh María! Te declaraste esclava del Señor, y has vivido de verdad como una esclava, siempre sometida humildemente a su voluntad, siempre pronta a cumplir sus órdenes, sus llamamientos. ¿Hay alguien que con más verdad que Tú pueda como Jesús decir: “Mi comida es hacer la voluntad de mi Padre?” (Jn. 4, 44). ¡Oh María, Hija Dulcísima del Padre Celestial! Imprime en mi corazón un poco de tu docilidad y de tu amor a la voluntad de Dios, para que pueda servirte menos indignamente.



miércoles, 20 de abril de 2016

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA


¡Oh, Santísima Virgen! Vuestra gloria excede a todos los elogios. El cielo y la tierra os rinden el culto y los homenajes de veneración que os son debidos. Con mucha más razón debemos nosotros honraros y bendeciros. Amén.

San Ireneo


sábado, 16 de abril de 2016

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA

LA BATALLA DE LEPANTO SE GANO POR EL REZO DEL SANTO ROSARIO

Entonces, San Pío V, viendo las fuerzas de los cristianos tan inferiores a las de los infieles, de manera que la victoria, humanamente hablando, hubiera sido imposible, pone toda su confianza en María

La Historia nos suministra abundantes ejemplos de la solicitud de María en socorrer a los cristianos cuando se hallan en peligro. Referiremos, entre otros, la victoria que los cristianos obtuvieron contra los Turcos, por su protección. Después que esos enemigos de Jesucristo habían triunfado en muchos combates, pasaron al filo de la espada a veinte mil cristianos, en sólo la ciudad de Nicosia, desollando y mutilando un gran número de ellos. No satisfechos con semejantes crueldades, amenazaron con el exterminio a la Cristiandad entera. ¿Qué fuerzas serán poderosas para contener a esos formidables invasores? El Papa San Pío V, que a la sazón gobernaba la Iglesia, se esforzó en unir en una santa liga a los príncipes cristianos: exhórteles a armarse contra el enemigo común; pero sólo el Rey de España, Felipe II, el Duque de Saboya, Manuel Filiberto, y algunos otros príncipes italianos, secundaron la voz del Vicario de Jesucristo.

Entonces, San Pío V, viendo las fuerzas de los cristianos tan inferiores a las de los infieles, de manera que la victoria, humanamente hablando, hubiera sido imposible, pone toda su confianza en María. Ordena públicas plegarias en toda la Cristiandad: y, lleno de fe, espera el socorro de esta celestial Madre. Enseguida recomienda a todos los generales de la armada cristiana que despidan a todos los hombres de mala vida, y que a los que queden bajo sus órdenes les exija una irreprochable conducta y una perfecta devoción a María. Los combatientes, después de haberse confesado todo, recibido la sagrada Comunión y la bendición papal, se pusieron en marcha contra el enemigo, bajo la égida de la Reina del Cielo.

El ocho de octubre, las dos flotas se encuentran frente a frente en el golfo de Lepanto. Eran las cuatro de la tarde. Las trompetas dan la señal del combate; y los cristianos, al grito de ¡Viva María!, se arrojan contra los infieles. Ya hace una hora que se baten con encarnizamiento de una y otra parte, y la victoria está indecisa, cuando he aquí que el generalísimo de la Armada turca cae muerto. De repente los bárbaros caen en el estupor, y la confusión les hace emprender la fuga; sus navíos son tomados al abordaje, arrollados o incendiados, y su derrota es completa. En pocas horas los turcos han perdido treinta mil hombres, doscientos veinticuatro navíos y cuatrocientos veintisiete cañones. Este golpe aplastó el poder musulmán y marcó la era de su decadencia. 



Todos reconocieron que esta prodigiosa victoria fue debida a la protección de María, la que en aquel mismo momento se había dignado revelarlo, por medio de una visión celestial, a su siervo San Pío Pío V; quien, en testimonio de gratitud, decretó añadir a las Letanías de la Santísima Virgen, llamadas Lauretanas, la invocación: Auxilium christianorum, ora pro nobis!


viernes, 15 de abril de 2016

LA ESCLAVA DEL SEÑOR

¡Oh María, que te reconociste esclava del Señor! Enséñame a consagrar mi vida y mis fuerzas al servicio de Dios
María vivió la filiación divina con un sentido profundísimo de humilde dependencia, de amorosa conformidad con todas las manifestaciones de la voluntad divina; esto es lo que nos refleja hermosamente la respuesta de María al mensaje del Ángel: “He aquí la esclava del Señor… (Lc. 1, 38) Aunque Dios la haya elevado a tan alta dignidad “ la más grande de que se pueda pensar después de la de Dios” (Pío XII), María consciente de su posición de criatura en orden al Creador, no encuentra nada más propio para sintetizar y expresar sus relaciones con el Señor que declararse su “ esclava”, palabra que expresa magníficamente la actitud interior de la Virgen para con Dios; una actitud no transitoria, sino permanente y habitual en todos los momentos y acciones de su vida, semejante a la de Jesús, que, al entrar en este mundo, dijo: “Heme aquí que vengo para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad” (Heb. 10, 7) Del mismo modo María, que había de ser la imagen más fiel de Cristo, se ofrece a la voluntad del Padre Celestial, diciendo: “He aquí la esclava del Señor; se cumpla en mí según tu palabra” Fiel a su ofrecimiento, María aceptará incondicionalmente cualquier deseo manifiesto de la voluntad divina; más, cualquier circunstancia que Dios disponga: aceptará el largo y molesto viaje que la llevará lejos de su casa, precisamente en los días en que había de dar a luz al Hijo de Dios, aceptará el humilde y pobre albergue de un establo; la fuga a Egipto en medio de la noche, las dificultades y molestias del destierro, el trabajo y las fatigas de una vida pobre, la separación del Hijo que la abandona para cumplir su misión apostólica, las persecuciones e injurias que sufrirá su Jesús, tan dolorosas para su Corazón de Madre; aceptará finalmente la vergüenza de la Pasión y del Calvario, la muerte de su amado Hijo. Estamos ciertos de que en toda circunstancia, en todo momento, las disposiciones interiores de María eran las mismas del día de la Anunciación: “He aquí la esclava del Señor” Este es el ejemplo y la lección que nos de María: una dependencia humilde de Dios, una fidelidad absoluta a su voluntad, y una perseverancia invencible en la vocación, a pesar de la dificultades y sacrificios que podados encontrar en nuestro camino. 




miércoles, 13 de abril de 2016

¡OH MARÍA, PARAÍSO DE DIOS!

“Toda hermosa eres, ¡oh María!, y no hay mancha de pecado en Ti. Tú eres la gloria de Jerusalén; Tú eres la alegría de Israel; Tú el honor de nuestro pueblo” 
¡Oh María, toda Pura y Santa!, Paraíso de Dios, hija predilecta suya, elegida desde la eternidad para ser Madre del Unigénito del Padre, a quien Dios preservó de toda mancha de pecado y enriqueció de todas las gracias. ¡Oh María, qué grande eres y qué hermosa! “Toda hermosa eres, ¡oh María!, y no hay mancha de pecado en Ti. Tú eres la gloria de Jerusalén; Tú eres la alegría de Israel; Tú el honor de nuestro pueblo” (De la Liturgia)

El Altísimo te ha mirado siempre con complacencia y ha querido comunicarse a Ti de una manera especial. “El Señor es contigo, ¡oh María! Está contigo Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, Dios Trino y Uno. Dios Padre, de quien eres hija nobilísima; Dios Hijo, de quien eres Madre dignísima; Dios Espíritu Santo, de quien eres Esposa hermosísima. Verdaderamente Tú eres la Hija de la Suma Eternidad, la Madre de la Suma Verdad, la Esposa de la Suma Bondad, la esclava de la Trinidad Suma” (Conrado de Sajonia). De todos estos títulos Tú has escogido uno, el último, el más humilde, el más bajo: quieres ser la esclava del Señor.



sábado, 9 de abril de 2016

DULCE ENCUENTRO CON MARÍA (Audios)

Ntra. Sra. de la Candelaria de Copacabana, Patrona de Bolivia


Ntra. Sra. de las Nieves, Patrona de Costa Rica


Para escuchar el audio, pinchar AQUÍ

martes, 5 de abril de 2016

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

 "María, mírame, si Tú me miras, Él también me mirará"
(San Alberto Hurtado)

¡Oh Santa Madre de Dios! ¡Dignaos protegernos y conservarnos bajo las alas de vuestra Piedad y vuestra Misericordia! ¡En Vos tenemos toda nuestra confianza! Desde nuestra infancia estamos consagrados a Vos como nuestra Soberana: Vos sois el puerto en que nos refugiamos. ¡Oh Virgen Inmaculada, a Vos nos ofrecemos eternamente, y nos ponemos bajo vuestra protección para siempre! Amén.

San Efrén



lunes, 4 de abril de 2016

LA ANUNCIACIÓN (Trasladada)

¡Oh María, templo de la Trinidad! ¡Oh María, vaso de humildad! Tú agradaste tanto al Eterno Padre, que Él te arrebató y te atrajo hacia sí amándote con un amor singular. Con la luz y el fuego de tu caridad y con el aceite de tu humildad hiciste que la Divinidad viniese a Ti 

(Santa Catalina de Sena)
A través de la sugestiva narración de San Lucas (1, 26-38), procuremos intuir las disposiciones espirituales de María en el momento de la Anunciación.

El Ángel, enviado por Dios, encuentra a la Virgen retirada en soledad y, entrando a Ella, le dice: “Dios te salve, llena de gracia, al Señor es contigo. Bendita eres entre las mujeres” Al oír tales palabras, María –dice el sagrado texto- “se turbó”; no hay que interpretar esta expresión en el sentido de esa turbación propia y verdadera, por la causa de la cual se llega a perder la serenidad de la mente, sino en el significado de una profunda admiración por el inesperado saludo, una admiración tan grande que se traduce en una cierta especie de temor. Esa fue la primera reacción de María ante el mensaje del Ángel, reacción provocada por su humildad profundísima, para la cual aquella alabanza extraordinaria tenía mucho de extraño. Mientras tanto el Ángel le comunicaba el gran mensaje: Dios quiere que Ella sea Madre del Redentor. María, movida en todo por la acción continua del Espíritu Santo, por inspiración precisamente del mismo Espíritu, había hecho voto de virginidad, y por eso estaba convencida de que la voluntad de Dios era que permaneciese siempre virgen. Ahora es Dios quien la comunica que es la elegida para ser Madre de su Hijo, y Ella, Humilde esclava, está dispuesta a aceptar los designios de Dios; sin embargo, no comprende cómo podrá ser al mismo tiempo madre y virgen; por eso pregunta al Ángel: “¿Cómo podrá ser esto?” El Ángel le contestó y le dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre Ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra” Su maternidad será obra directa del Espíritu Santo y se respetará su virginidad.

La voluntad de Dios se le ha manifestado claramente, y María, que en todo momento de su vida ha sido siempre y solamente movida por la voluntad divina, la abraza inmediatamente con la más sincera decisión y el más intenso y puro amor: “He aquí a la Sierva del Señor; hágase en mí según tu Palabra” La aceptación completa está acompañada de una entrega absoluta: María acepta ofreciéndose y se ofrece entregándose. Se ofrece como Sierva; más, como Esclava, si traducimos la palabra en toda la fuerza del texto griego; se da abandonándose, como cautiva, a la voluntad divina, aceptando desde ahora todo lo que quiere de Ella. Aceptación pasiva y activa al mismo tiempo, por la que María quiere todo lo que quiere Dios, queriendo todo lo que Él hace y haciendo todo lo que Él quiere. María se presenta así a nuestros ojos como modelo del alma totalmente unida, plenamente entregada a la voluntad de Dios.